Me casé con 19 años. No estaba embarazada. Si estaba un poco loca, Locamente enamorada. Hace ya un porrón de años. Cuando me lo preguntan tengo que hechar cuentas. He estado enamorada durante años y años, más de veinte, más de lo que la gente normal está. Pero hace cuatro o cinco años, por fin he dejado de estar locamente enamorada para quererlo con locura, pero esto ya es otra cosa. Ya no recorro Madrid de punta a punta para pasar por delante de su trabajo. Ya no me recorren mariposas por la tripa cada vez que le veo. Ya no me pinto los ojos a las nueve de la noche que él llega a casa. Por fin soy capaz de aparecer con rulos delante de él, de dejarlo en casa y salir un sábado o un domingo por la tarde sin él. Me siento más libre, pero muchas veces hecho de menos ese cosquilleo de antes.