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"No cometas la locura de pretender ser cuerdo del todo" (Voltaire, Memnon o la sabiduría humana)

1 Diciembre 2006

LEYENDO EN EL METRO

LIBROS PARA QUE LA GENTE TE MIRE EXTRAÑADA AL VERTE REíR

-La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Ignatius J. Reilly es el freaky más auténtico de toda Nueva Orleans y el resto del mundo.
-Wilt, de Tom Sharpe. Las confusiones con la muñeca hinchable de este sufrido profesor que planea matar a su esposa son doscojonantes.
-Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza. Un extraterrestre pierde a su compañero en la Barcelona pre-olímpica y debe familiarizarse con la fauna terrestre mientras lo encuentra.
LIBROS DE LOS QUE AVERGONZARSE SI ALGÚN CURIOSO ESTÁ DEMASIADO CERCA

-El almuerzo desnudo de William S. Burroughs. La mezcla de escatología sexual con drogas garantiza el rubor si alguien se asoma y lee cualquier línea. Además la portada de la edición de Anagrama es muy sugerente.
-Cualquier cómic de Ralf König. Escenas de besos negros a doble página garantizan una mirada extraña (o cómplice) del compañero de asiento, cuando no una señal de la cruz de una pudorosa viejecita.

LIBROS CON LOS QUE PASARSE LA PARADA

-Cualquiera de Paul Auster (Brooklyn Follies, por ejemplo). Las intrincadas historias, la presencia del azar, las pérdidas y reencuentros de personajes fascinantes... Uno de mis autores favoritos... como el de tantos otros, qué le vamos a hacer.
-El Maestro y margarita, de Mijaíl Bulgakov. Lo podría haber incluido en la primera lista (algunos pasajes son desternillantes), pero lo incluyo aquí porque es uno de los mejores libros que he leído nunca.
-Las ciudades invisibles, de Italo Calvino. Perfecto para pasarse la parada: tanta imaginación en tan poco espacio obliga al lector a cerrar los ojos para imaginarse las ciudades imposibles...
-Estación de tránsito, de Cliford D. Simak. No es un libro tan conocido como los otros (fuera del mundillo de la ciencia ficción), pero recuerdo su lectura (métrica, claro que sí)como una experiencia fantástica para desarrollarla viajando...

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26 Noviembre 2006

EL PERFUME, superproducción "indie"

Siempre es complicado juzgar imparcialmente y sin prejuicios una película basada en un libro que se ha leído y disfrutado con anterioridad. Efectivamente, El perfume es uno de esos raros casos de best-sellers que aúnan calidad y éxito masivo.
Lo recuerdo como una lectura que logra transportar al lector a los paisajes y ambientes que se describen: realmente se puede llegar a oler (o simular cerebralmente la sensación olfativa equivalente) las calles nauseabundas de París, húmedas y repletas de restos de pescado. Realmente es difícil que un libro consiga tal poder de sugestión.
El cine es otra cosa; las primeras secuencias de la película en las calles de París intentan suscitar las sensaciones que Süskind evocaba únicamente con la palabra echando mano de primerísimos planos y una fotografía hiperrealista (colores fríos, tonalidades grises, aspecto húmedo y gélido, etc.). Realmente en la primera parte del film encontramos algunas de las escenas más escatológicas que recuerdo del cine actual (fuera de los circuitos del gore o terror-serie B). No obstante, el uso (y abuso) de los primeros planos es un demérito para una producción (verdadera superproducción) que ha recreado estupendamente los ambientes de la época (siglo XVIII). Obsérvese que no es una crítica a la ambientación, sino todo lo contrario: precisamente por haberse recreado tan bien los ambientes sórdidos de París y otras ciudades, centrando la acción en la intra-historia de la época (se pretende reflejar la vida cotidiana y no los grandes acontecimientos históricos), es una pena que los espectadores no gocemos más con la contemplación de algunos escenarios en planos generales o de conjunto (e incluso medios). Además, como es sabido, la película se ha rodado en España (son reconocibles algunas sinuosas calles del casco histórico medieval de Girona).
Está claro que el rodaje de una película que no muestra directamente (con planos generales) los decorados consigue una verosimilitud mayor, ya que el espectador debe reconstruir el fondo (macroespacio) a partir de los sucesivos planos o secuencias centrados en fragmentos (microespacios). Por otra parte, es estimable que Tykwer consiga una sensación claustrofóbica y tétrica, como de novela gótica, precisamente con la fotografía tenebrista y los primeros planos. Las secuencias en las que apenas unos atisbos de luz iluminan las felinas pupilas y delimitan la sombra fantasmagórica de Jean Baptiste acechando tras una puerta para asaltar a sus víctimas, constituyen ejemplos paradigmáticos de cine de suspense o terror sin necesidad de recurrir a los montajes videocliperos, repletos de gritos y músicas que asustan infantilmente al espectador.

Respecto a la fidelidad a la novela cabe decir que el director alemán ha logrado plasmar la vida de este asesino “genial” sin traicionar el espíritu de la novela. Creo que es verdaderamente difícil narrar la vida de un asesino en serie sin conseguir un rechazo evidente del espectador. Pienso que Tykwer ha salido bien parado de este reto. La cavernosa voz en off (en el original pertenece a John Hurt,) ayuda a distanciar el punto de vista pero también a guiar la narración hacia los fines del protagonista, no carentes de una lógica, aunque sea macabra y egoísta. Quizá no se ha incidido lo suficiente en el film sobre las carencias existenciales de Jean Baptiste: un hombre sin olor que busca ser aceptado y amado. La secuencia de la caverna en la que toma consciencia de sí mismo está narrada correctamente, pero sin otorgarle la preponderancia suficiente en la continuidad narrativa. Además, el libro se detiene en los experimentos de Grenouille para conseguir determinados perfumes que mejoren su adaptación en la sociedad (pasar desapercibido, ser respetado, amado, etc). Únicamente se observa este afán en la película en la secuencia en la que el marido de la perfumista siente unos inexplicables deseos de tratar respetuosamente a Jean Baptiste, cuando sus propósitos iniciales eran bastante más hostiles; la explicación evidentemente está en la gota de perfume recién destilado que corre por la mano del protagonista.
A pesar de todo, el balance sobre la película es claramente satisfactorio. Tom Tykwer ha demostrado que se mueve con la misma soltura en filmes independientes y de culto, como la frenética Corre, Lola , corre, y en superproducciones de gran envergadura como el proyecto que nos ocupa. Menos mal que la adaptación la ha llevado a cabo un cineasta de estas características (además de ser alemán, como el autor de la novela). Me imagino los resultados si el director hubiera sido algún currante a las órdenes de algún megaestudio de Hollywood que traslada a la pantalla los ingredientes pactados de antemano con los productores para augurar a la obra un éxito seguro. Como se ha podido comprobar, he tenido que bucear mucho en los aspectos técnicos de la película para encontrar algunos defectillos, que no desmerecen para nada una (super) producción fantástica, por lo menos a la altura de lo que se merece una de las novelas más recordadas de finales del siglo XX

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30 Octubre 2006

SCOOP: MENOS MAL QUE ES DE WOODY ALLEN…

La nueva película de Woody Allen relata con un tono cómico la investigación de una periodista inexperta que casualmente descubre que un acaudalado y guapo magnate está involucrado en unos crímenes. Aunque el tema de los serial-killers está más que trillado en el cine, Allen da otra vuelta de tuerca al tema enfocándolo desde una perspectiva evidentemente cómica y dando cabida, incluso, a componentes fantásticos y sobrenaturales.
La comicidad viene garantizada con la sola presencia del propio Allen como protagonista. Aquí, además, el personaje que interpreta (un mago de segunda categoría que siempre hace los mismos trucos y gasta los mismos chistes) es uno de los más divertidos y estrambóticos de los que recuerdo en mucho tiempo en su filmografía. Por lo menos habría que remontarse al entrañable representante de artistas acabados Danny Rose, protagonista de la peli “Broodway Danny Rose” de mediados de los 80. Incluso el director se homenajea a sí mismo (copiando una escena de esta obra) en una de las primeras escenas en la que realiza un travelling circular alrededor de una mesa de café en la que están reunidos unos hombres que recuerdan a un amigo recientemente perdido (el periodista que desvela la relación del magnate con los asesinatos).
Otros aspectos graciosos de la película son los relacionados con las costumbres londinenses (inglesas, en general), en especial la norma de conducir por la izquierda. Como se imaginará todo seguidor de Allen, este tipo de cosas las lleva muy mal este entrañable y acérrimo neoyorquino que siempre se ha caracterizado por su falta de periocia en la conducción. Merece la pena comentarse que el director ubica por segunda vez (tras la reciente “Match Point”) la obra en Londres. A pesar de que pudiera pensarse en una hipotética serie (¿trilogía?) centrada en las clases altas de la capital inglesa (como tantas veces ha hecho con las análogos protagonistas neoyorquinos), la diferencia en el tono y la profundidad de ambos filmes, como se verá a continuación, apunta a que no pertenecen a un todo previsto de antemano.
Curiosamente, uno de los pilares donde debía residir la comicidad no se sostiene por ningún lado. Me refiero a la neumática Scarlett Johanson, que sobreactúa y se muestra demasiado tensa interpretando un papel de una joven que a veces parece hiperactiva, otras se asemeja a una “gili” con unas gafotas que se escurren por el tabique nasal y, finalmente, se muestra como una parodia de sí misma cuando interpreta las escenas amorosas o de seducción (aquí es ella la que es seducida, todo lo contrario que en “Match Point”, donde sus armas de mujer sí se mostraban efectivas y cautivaban al espectador).
En cuanto a los componentes fantásticos o sobrenaturales, me parecen más acertados, especialmente porque contienen una carga cómica indudable y muy propia del autor (referencias cultas y a la vez iconoclastas y sarcásticas). Me estoy refiriendo a la tétrica barca que navega por la tenebrosa Laguna Estigia comandada por la figura de una muerte enfundada en una túnica negra que tapa su rostro y esgrime una guadaña. Esta referencia clásica y mitológica sobre el tránsito de las almas recién fallecidas al Hades es revisitado de manera grotesca.
Otro aspecto fantástico es el contacto con el mundo real que mantiene uno de los viajeros de la barca comandada por la muerte. Para rizar el rizo, Allen lo hace aparecer en la caja donde el mago interpretado por él mismo hace desaparecer a los espectadores. Estas secuencias, como se puede observar, recuerdan vivamente a las actuaciones de hipnosis en “La maldición del escorpión de Jade”.
En definitiva, la comicidad y los elementos fantásticos se entrecruzan en esta farsa que revisita uno de los géneros más prolíficos del cine actual, pero que contiene la huella inconfundible del director neoyorquino. Precisamente esta huella y marca de estilo, presente en todas sus películas, es lo que salva a una cinta que no aporta nada a la ya extensa filmografía de Allen. Los seguidores de este director reconocerán y agradecerán estas señas de identidad, pero echarán en falta la profundidad y las implicaciones existenciales que sí tenía, por ejemplo, “Match Point”. En cuanto a los seguidores de Scarlet Johanson, es posible que se deleiten con su presencia, aunque haya adolecido de una ausencia absoluta de glamour y feminidad que la aleja de las grandes divas del cine (Lauren Bacall, Rita Hayworth, Audrey Hepburn, etc.) Lo dicho: una película aceptable para los fieles allenianos, aunque no será recordada como una de sus obras más estimables.

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17 Octubre 2006

LA LOCURA EN EL CINE Y LAS LETRAS (I)

Una reciente visita al blog Donnie Darko me suscitó una serie de reflexiones acerca del tratamiento de la locura en el cine y la literatura.
La película que da título al blog citado es un reciente acercamiento (Richard Kelly, 2001) al tema de la locura como tema genérico y, más concretamente, a las paranoias, alucinaciones, desdoblamientos e incluso conductas esquizofrénicas o amnésicas. Todas estas patologías psicológicas se abordan, directa o indirectamente, en el film. La presencia fantasmagórica del inquietante conejo antropomorfo recuerda vivamente a la gigantesca mascota imaginaria llamada Harvey que acompaña constantemente a James Stewart en la película “El invisible Harvey” (Harvey, Henry Koster, 1950). Este film trata el tema de la locura desde una óptica de realismo mágico, casi infantil. El conejo resulta ser un “pooka”, un espíritu de la mitología celta que podemos relacionar con una especie de ángel de la guarda que acompaña y protege al protagonista, que destaca por su buen humor, candidez y bondad desinteresada, algo que resulta extraño en una sociedad hostil y desconfiada; en efecto, el protagonista pronto recala en un manicomio, recluido por voluntad de su familia, harta de escuchar y ver actuar a su allegado como si de verdad existiese Harvey.
En esta película el conejo resulta ser una metáfora de las ganas de vivir, de la alegría y la bondad, algo inusual en nuestro tiempo; algo que pasa desapercibido para casi todo el mundo (Harvey es invisible) y que hace parecer ingenuo y poco cuerdo a los que siempre están de buen humor, sonriendo y que hacen buenas acciones sin pedir nada a cambio (James Stewart es confinado en un manicomio). Finalmente, Harvey es requerido por más gente: se han dado cuenta de que sus vidas necesitan alegría y serenidad.
Como se puede comprobar, el tratamiento del tema aquí es alegórico, aunque las secuencias del manicomio estén narradas con realismo. Esta obra recuerda otras guiadas por el mismo espíritu (se ha llamado el espíritu del “New Deal” roosveltiano), como por ejemplo “¡Qué bello es vivir!” de Frank Capra, también protagonizada por Stewart (ambos son paradigmas de este tipo de cine).
Pues bien, Harvey poco tiene que ver con el misterioso ser-viajero del tiempo que vislumbra Donnie Darko. En este film la locura es relativa: por loco toman a Donnie las personas que no conocen los sucesos inverosímiles que le ocurren; no obstante, el espectador sí que conoce estos hechos y, por lo tanto, relativiza la locura del protagonista en la medida en que existe la posibilidad esotérica de creer lo que se sugiere (capacidad premonitoria, viajes en el tiempos, etc).

Otro ejemplo de tratamiento del tema de la locura en el cine lo constituye la película de culto del inclasificable Samuel Fuller “Corredor sin retorno” (Shock corridor, 1963). Se trata de una película que aborda la locura y las alucinaciones directamente, sin tapujos; muestra las aberraciones mentales más extremas; existen momentos en la obra difíciles de ver por su dureza o estridencia (los gritos como expresión máxima de la locura desaforada). El argumento es simple: un periodista ambicioso se interna voluntariamente en un manicomio fingiendo una atracción incestuosa para desenmascarar a un asesino internado allí. Poco a poco la convivencia con el resto de enfermos y los desproporcionados tratamientos de médicos y enfermeros provocan serios desequilibrios mentales al protagonista justo cuando había averiguado quién era el asesino.
Creo que los principales aciertos de la película son el tratamiento formal y visual de las alucinaciones y la crudeza con que se muestran distintas patologías mentales extremas. No obstante, quizá este último hecho obliga a ofrecer en poco tiempo un catálogo de desequilibrios extremos que es seguramente poco verosímil (realmente merecería estudiarse a los locos representados en la película: jamás se había visto trastornos y alucinaciones tan “originales”).
Desde otro punto de vista, “Alguien voló sobre el nido del cuco” (Milos Forman, 1975) también se desarrolla en un hospital psiquiátrico. Aquí, sin embargo, el objetivo es relativizar los conceptos de locura y cordura, normalidad y anormalidad; e incluso se puede interpretar políticamente: los individuos inconformistas son los “anormales” y, por tanto, son marginados y silenciados por el poder para no contagiar al resto de individuos sanos. El inconformismo, aquí, está encarnado por MacMurray, curiosamente el cuerdo más loco de todo el manicomio. La proverbial escena final del “mudo” Jefe Escoba escapando después de arrojar la pesada fuente arrancada del suelo deja lugar a la esperanza después de la marginación-lobotomía a la que es sometido el protagonista al tratar de rebelar al resto de locos-inconformistas.
Como es sabido Milos Forman adaptó magistralmente la no menos genial novela del excéntrico Ken Kesey (para más información sobre Kesey es imprescindible el libro "Ponche de ácido lisérgico" de Tom Wolfe), el cual, como el

protagonista de la película comentada anteriormente, también se internó voluntariamente para conocer de primera mano los anticuados y agresivos métodos empleados en los psiquiátricos de finales de los años 50 y principios de los 60. Dos de los más impactantes eran el electro-shock y, especialmente, la lobotomía. Si a esto añadimos que gran parte de la obra fue concebida y parida bajo los efectos del ácido comprenderemos mejor las lisérgicas pero no menos completas descripciones de los efectos del shock y la medicación: son memorables las reiteradas secuencias de la niebla que parece que se contagia al lector cuando lee estos pasajes.
Otra pelícla que aborda el tema de la locura (o que se desarrola en hospitales psiquiátricos) es "De repente el último verano" (1959) de Joseph L. Mankiewicz, adaptada de una obra de Tenesse Williams y protagonizada nada más y nada menos que por Katherine Hepburn, Montgomery Clyff y Elizabeth Taylor. Aquí de nuevo se abnorda la monstruosidad que supone la lobotomía. También es inolvidable la secuencia en la que Katherine Hepburn baja por un ascensor sentada en una butaca de aires principescos con un semblante que ejemplifica perfectamente un estado mental perturbado.
No es mi intención analizar en profundidad todos los filmes que han tratado este tema, abundantes y muy variados. A modo ilustrativo, propongo una lista con algunos títulos que se me vienen a la cabeza, aunque en ella se observarán ejemplos que no se ciñen exclusivamente al tratamiento de las perturbaciones mentales: también tienen cabida ejemplos de filmes protagonizados por personajes con algún tipo de tara psicológica o patología mental; en este caso las incluyo porque el protagonista y su enfermedad son el tema central de la película. En primer lugar destaco “Olvídate de mí” (“Eternal sunshine of the spotless mind”, Michel Gondry, 2004), la que considero una de las mejores películas del cine independiente actual (no en vano el guión está firmado por el siempre imaginativo Charlie Kaufman –“Cómo ser John Malkovich”-), protagonizada por un extrañamente poco histriónico Jim Carrey y una camaleónica Kate Winslet. En ella la extraña amnesia que padecen los protagonistas es fruto del uso de futuristas técnicas neuro-psicológicas e informáticas. Otras pelis con aspectos interesantes son: “Mad love” (película más comercial pero que aborda el tema de la esquizofrenia asociada a la rebeldía juvenil), “Shine” (Geoeffry Rush ganó un Oscar por su genial interpretación de un pianista judío que enloquece al interpretar una pieza imposible de Rachmaninov), "Rain man" (donde Dustin Hoffman borda su papel de autista entrañable)y, por supuesto, "El resplandor", quizá la película que contiene los gestos más estremecedoramente locos de un actor (recuérdese la proverbial persecuación de Jack Nicholson con el hacha).
Finalmente quiero hacer mención de un actor que ha realizado numerosos papeles de "loco" o excéntrico: Dennis Hooper; su título más emblemático es "Terciopelo azul" de David Lynch (otro director muy interesado en mostrar excentricidades, las cuales abundan en la mítica serie "Twin Peaks"). Tampoco desmerece nada su papel en "Apocalipsis Now" de Francis Ford Coppola, aunque el "loco" extrañamente lúcido y carismático (es un filósofo del horror) interpretado por Marlon Brando es lo que ha quedado en la retina de todos los espectadores que han gozado de esta obra maestra.
Para terminar, emplazo a los interesados para un próximo capítulo de cine y locura, donde intentaré hablar también de algunos libros básicos que abordan este tema.

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13 Octubre 2006

A PROPÓSITO DE LOS BYRDS

Como en otras facetas de la cultura, en la música también se debate acerca de la paternidad o creación de las tendencias. Se considera prestigioso ser el “pionero” en experimentar un nuevo estilo, temática o estructura formal; los demás son imitadores; sólo el visionario es el genio. Estas dos últimas afirmaciones me parecen descabelladas. Pensar que sólo merecen considerarse clásicos a los innovadores significaría prescindir de gran parte de la cultura occidental (por lo menos a partir de los griegos: los romanos fueron los primeros imitadores). Sería tan absurdo como tachar a Cervantes de imitador por haber parodiado los libros de caballería. Precisamente la parodia es una innovación.
En música un ejemplo lo tenemos en Frank Zappa, o incluso los Ramones: ¿verdad que ambos conjuntos se consideran clásicos, genios, visionarios, innovadores…? El primero se reía de todos los estilos, los mezclaba y llevaba hasta el extremo…; con los Ramones pasa lo mismo. Parece que inventaron el punk, cuando en realidad lo que hicieron es acelerar y macarrear temas clásicos del pop y soul femenino (chicle) y del surf (v. gr. Geena is a punk rocker).
Pues bien, todo este amplio preámbulo viene a propósito del debate sobre la paternidad de la psicodelia. Unos dicen que el Sgt. Peppers de los Beatles fue el primero; otros, el primer disco de Pink Floyd… Pues bien, ambos discos –de 1967- son clásicos de la psicodelia, a pesar de ser muy distintos. Quizá sí fueron los que definieron el género y crearon más escuela, pero no fueron los primeros de este género ni tampoco se carece de precedentes que, si bien no sería lícito denominar psicodélicos, sí supusieron tentativas interesantes que ayudaron a gestar el género.
Para empezar, el término psicodelia no sólo se circunscribe al ámbito musical, sino que abarca a un conjunto de manifestaciones culturales que tienen su origen en unos postulados teóricos pseudo-psicológicos e incluso médicos. La investigación con sustancias psicotrópicas en el campo médico se ganó pronto muchos adeptos, incluso ilustres, como Aldous Huxley, famoso por su distopía Un mundo feliz, pero que se atrevió a experimentar con las drogas alucinógenas y relatar sus experiencias en Las puertas de la percepción, título, por cierto, del que tomaron su nombre los míticos Doors, aunque en primer término hace referencia a un verso del visonario poeta William Blake.
Quien quiera saber más sobre la gestación de la psicodelia que disfrute leyendo Ponche de ácido lisérgico de Tom Wolfe; también es recomendable el visionado de Miedo y asco en Las Vegas del pirado Terry Gilliam (o en su defecto el libro homónimo de Hunter S. Thompson en el que está basado el film).
En definitiva, y volviendo al tema que nos ocupa, creo que uno de los pioneros de la psicodelia (obsérvese que rehuyo asignarles la patente individual) es el conjunto The Byrds, formación californiana liderada por los genios Roger McGuinn y David Crosby. Precisamente los punteados de la guitarra de 12 cuerdas del primero, ya presentes en su disco debut (Mr Tambourine Man, 1965), considero que sí son pioneros en intentar trasladar a la música rock las experimentaciones sonoras capaces de fomentar estados mentales diversos y dispersos.
A pesar de que en este disco encontramos quizá el primer uso con fines psicodélicos de un instrumento, no es sino con los discos posteriores Fifth Dimension (1966) y Younger than Yesterday (1967), con los que intentan componer álbumes más conceptuales guiados por un espíritu plenamente psicodélico (piénsese en su clásico Eight miles high).

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5 Octubre 2006

La metamorfosis de Kafka

Como primer artículo "serio" de este blog ahí van algunas posibles interpretaciones de esta desconcertante obra kafkiana...enlace

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5 Octubre 2006

En el camino

¡Hola amigos! Como se puede comprobar este es un simulacro de blog. También es evidente que soy novato en este mundo virtual; lo mío es la sensación olfativo-táctil que produce el paso de una hoja a otra en un viejo y gastado libro; o el crepitar de la aguja del tocadiscos cuando toma contacto con los primeros surcos de un disco recién adquirido...Pero bueno, también pienso que una de las mejores partes de un libro es cuando se cuenta a un amigo; lo mismo pasa con los discos: se aprende a disfrutar más de ellos cuanto más se discute con otro melómano que ha osado poner pegas a tu clasificación ideal de discos del año 67...Por todo ello, he iniciado este humilde espacio donde colmar mis deseos de "contar" las sensaciones irrefrenables que me ha producido la última lectura, cuando no he encontrado a nadie con las que compartirlas, o simplemente hablar de literatura, o de psicodelia, o de cuál ha sido el último riff de guitarra que me ha puesto los pelos de punta ("Maggot Brain" de Funkadelic, no me he podido callar)... en definitiva, que ya estamos on the road

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