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	<title>divagando</title>
	<tagline type="text/html" mode="escaped">Erráticos desvaríos de una mente perturbada por la realidad</tagline>
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	<modified>2008-09-04T20:18:11+00:00</modified>
	
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		<author><name>Benito </name></author>
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		<title>Látigo y cilicio</title>
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		<updated>2008-09-05T10:27:49+00:00</updated>
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&lt;p&gt;&lt;small&gt;Aviso nº 1: Casi todos los artículos aquí publicados responden fielmente a la pequeña descripción que figura como subtítulo de este blog –algo que el lector debe siempre tener presente-. No obstante, hago hincapié en que en el siguiente desvarío se han dramatizado arbitrariamente los hechos reales en que se basa.&lt;/small&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sólo os miro a los ojos –y cuán luminosa puede ser vuestra sonrisa…-, pero ¿pensáis acaso que quiero miraros las tetas?; cuando os dignáis sostener durante unos segundos la mirada –raro es eso-, en ésta no parece reflejarse repulsión (con alivio la descarto), ni suele atisbarse en ella timidez (eliminada también), más bien al contrario, cierta altivez quizá causada por el hastío que sentís ante la escrutadora rijosidad masculina; y, claro, desdeñando raudas mi mirada nunca podréis conocer mis intenciones, alejadas de ésas que, de tan frecuentes e indisimuladas, han propiciado que sea yo metido en el mismo saco… -¡vaya! En estos momentos, el artilugio de (siete) lacerantes flagelos que estoy sosteniendo más parece el mocho mojado de una vieja fregona; es obvio que he errado al fijar mi primer objetivo- (…) ¡Valientes chimpancés salidos estáis hechos, orates estúpidos! (…) Ser guapa, ¿otorga el derecho a esperar de todo varón el comienzo de un diálogo? Barruntemos: cómo te vas a rebajar hasta el punto de regalar dicho comienzo -una vale más que eso, merece todo ímprobo esfuerzo por ser entretenida, y que el otro reciba réplica de la belleza personificada puede ser estimado por sí solo un premio preciosísimo-, ni vas a arriesgarte a ser mal interpretada... Que se muera de asco quien se halle contigo antes que romper el áspero silencio con esas delicadas cuerdas vocales que, en justa y debida correspondencia a tu beldad, han sido cinceladas por los ángeles.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¿Qué tan horrendo he dicho, que de pronto mostráis indiferencia, o guardáis tenso silencio, o viráis al tomar vuestro turno hacia temas asaz divergentes al que yo he planteado? Pues nada diré; en cualquier caso, bien poco puedo interponer en esos banales coloquios con que durante largos ratos os solazáis. O bien ocurre que me correspondéis con esa melosa afabilidad que suelen dispensar los adultos a un crío, junto con esa sonrisa tan típica de quien espera en cualquier momento oír alguna ocurrencia que de puro cándida le haga desternillarse. ¡¿Os resulta pueril cuanto digo, o mi forma de hablar, de mirar, de estar, el tema sobre el que pretendo charlar, maldita sea?!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estáis sentados todo el rato, apenas movéis los dedos durante horas, y ¿necesitáis situar el indicador de temperatura del aire acondicionado a 22 grados centígrados? &lt;a href=&quot;http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2007/09/11/pero-ocurrio-verano&quot; title=&quot;http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2007/09/11/pero-ocurrio-verano&quot; id=link_0&gt;Acaso sólo conseguirá disuadiros de hacerlo el que un día me internen en el hospital para allí morir sin remedio, entre violentos espasmos y esputando repugnantes espumarajos&lt;/a&gt;. A ver, un minuto… De acuerdo, estoy siendo tremendista; sólo esperáis el momento en que con cada espiración exhaléis una nubecilla de vaho; entonces, lo apagáis; el resto es de sentido común: no hay más que sentir la amenaza del sudor para volver a encender el aparato. Un sistema de climatización brillante a la par que sencillo. Lamento no haber recurrido antes al porro que con fruición acabo de fumarme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¿Es ésa una expresión de estolidez, de adustez, de preventiva desconfianza? ¿O una mezcla de todas ellas? Vuestra incultura es palmaria y no parece que penséis en ello como un problema que necesite solución; quizá sufráis contratiempos sin fin, pero más bien creo que os los infligís unos a otros: comenzaron los enfrentamientos de forma aislada hace mucho tiempo y poco a poco se fueron propagando hasta sembrar esa ponzoñosa inquina entre la población; estáis todos a la defensiva, parapetados tras una infranqueable barrera de recelo; nadie peor que yo para conseguir derribarla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¿Compites en una carrera?, ¿quieres batir tu propio récord?, ¿forzar la subida del precio de la gasolina por aumento de la demanda? No pararás sino en seco, cuando te obligue una farola, idiota (ése sería el final menos malo, pues no barajo que te replantees si obras o no con mínima cordura) (...) Te crees el puto centro del mundo, que sólo tú habitas en la Tierra, ¡en el universo! Ya te lo sugerí en otra ocasión, ahora te lo espetaré sin sutilezas: métete tu estruendo –en lo más profundo el intempestivo- por el culo. Te informo además, solícito, que en cuanto suena tu preciado politono, en el cine, casi puede percibirse el hedor que de tu móvil emana a resultas de los figurados excrementos depuestos sobre él por toda persona sensata que te rodea; y de seguro que ni te lo imaginas. Por no arruinar el poco decoro que hasta aquí he podido mantener, no te detallo los niveles de escatología que alcanza el trance si en el colmo de la desconsideración decides departir con el lerdo que te solicita.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¿Qué necesitáis para proferir un simple “hola”? Sólo puedo conjeturar al respecto, una vez más (el necesario intercambio verbal que permitiera responder a esa pregunta lo tendríais que iniciar vosotros, pero ello debe de resultaros una tarea harto fatigosa): tendríamos que haber salido juntos cuatro noches seguidas de fiesta y/o echar varios polvos (uno es insuficiente) o mantener conversaciones interminables, o entablar amistad hasta el punto de realizar algún pacto de sangre a fin de jurarnos lealtad mutua y eterna... En fin, yo con gusto sería el primero en saludar, pero, ¿si es evidente que me habéis visto y al pasar a mi lado os interesáis más por contar las baldosas que por mirarme a la cara? No mendigo saludos; y sabed que, si persistís en vuestro ninguneo, resultaréis agraciados en mi interior con el premio de un viaje al país de Tomar por culo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Semana tras otra, tenso yo de tanto porfiar, &lt;em&gt;dices&lt;/em&gt; que acabas de recordar aquellos escasos temas que prometiste prestarme, y reiteras al tiempo tu compromiso, despojada ya de toda credibilidad (...) Exijo tal vez, de nuevo, esfuerzos que no conocen límite al creerme merecedor de una contestación, por breve que sea, a los varios correos electrónicos que te escribo (...) Qué grado de mezquindad el mío -colijo de tu mueca torcida- porque me tomo la licencia de ser ocasionalmente mordaz al replicarte; he osado pensar que ello no te molestaría al ver que tú no tienes empacho en utilizar un sarcasmo a menudo grosero.&lt;/p&gt;
&lt;div style=&quot;text-align:center&quot;&gt;__________________________________________&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Temes encontrarte un final que no te gusta antes siquiera de empezar, &lt;em&gt;cobarde&lt;/em&gt;. ¿O será lo tuyo inmoderada ambición? No te das cuenta de que las frases más sencillas, más triviales, aquellas que versan sobre los asuntos más mundanos son precisamente las que pueden proporcionar las mejores caricias, procurar las atenciones más deleitosas. Pero todo esto te resulta, de un modo u otro, ridículo, conque prefieres callar, a la postre, y ello te aboca a la ignorancia y, en consecuencia, a servirte de erráticas suposiciones, incurriendo, muy probablemente, en los prejuicios que otrora condenaste (…) Aborreces que alguien hable con el único propósito de evitar el silencio mientras acostumbras escribir sólo para rellenar espacios en blanco, una tarea tan inane como aquélla, por mucho que revistas la burbuja de capas y capas de &lt;a href=&quot;http://www.espacioblog.com/alvaronaira/post/2006/08/06/-mas-negro-la-oscuridad-mas-rojo-la-sangre-fluye-&quot; title=&quot;http://www.espacioblog.com/alvaronaira/post/2006/08/06/-mas-negro-la-oscuridad-mas-rojo-la-sangre-fluye-&quot; id=link_1&gt;&quot;prosa brillante y cantarina, altisonante, relamida, pomposa, rimbombante, ampulosa, grandilocuente y enfática&quot;&lt;/a&gt;. Sin ir más lejos: ¡qué gran ejemplo de fastuosa y engalanada vacuidad es éste! (…) Crees que la ambición de que te acusaba veladamente es producto de la pasión por la cultura; sin embargo, ¿no deberíamos hablar de soberbia, de intentos por diferenciarte, por &lt;em&gt;distanciarte&lt;/em&gt; de un entorno al que menosprecias desde el principio? Cuanta más erudición, más alto será el pedestal desde el que puedas mirarlo. Luego te lamentas: ese entorno dueño de tan bajas pretensiones, piensas, debería alzarse donde tú estás, mas nunca al revés. No, en realidad no debería hablar de algo tan mudable como una idea: forma ya parte de ti, pues la línea de separación que has trazado a tu alrededor ha terminado por convertirse en un foso profundo y gigantesco (…) Para olvidarte de la realidad que tan esquiva te resulta te refugias en la ficción, que, además, no requiere interactividad, respuesta, y por tanto no puede reprocharte pasividad o torpeza, nunca te abandonará; te sumerges en ella y dejas que haga todo el trabajo –exacto: es algo así como tu muñeca hinchable, una muy particular-. E incapaz como eres de exteriorizar tus emociones utilizas la música como una prótesis: pretendes que la música grite por ti, ría por ti, llore por ti… (…) Eres un triste compendio de pedazos ajenos, te escondes tras la máscara que te facilita tu memoria: ella te permite imitar gestos, risas, miradas, estilos literarios o de redacción… Has hecho de tu forma de ser un aceptable trasunto de muchas otras -que robas incluso a seres ficticios- porque repudias por vergüenza, o asco, el menor atisbo de naturaleza propia; es una suerte de náusea que cualquiera podría advertir si fuera capaz de leer tu mente cuando algo de ti se escurre por los resquicios de tu impostura. Sin embargo, la falta de experiencia con la &lt;em&gt;vida&lt;/em&gt; no puede así disfrazarse, suplirse con ademanes postizos; cuando emerge, todos la perciben con notable evidencia –también tú, horrorizándote por supuesto-, y tu armadura deviene de papel. No reproches a nadie, por tanto, que al apocamiento responda con condescendencia (…) No crees en otros mundos, pero éste te es extraño. Simpatizas con el existencialismo pero, oh paradoja, asfixias tus impulsos y apenas das empleo a tus sentidos (…) Odias y te apesadumbra hallarte empantanado en una personalidad socialmente timorata, ineptitud que parece haber hecho aflorar en ti cierta envidia ruin hacia quien no la padece y que se acrecienta a medida que tu objeto de ojeriza goza de mayor salud emocional y una mayor riqueza caracteriza sus relaciones: te amarga que te recuerden la mierda que alfombra tu camino, y de inmediato trocarías tal sentimiento por otro completamente opuesto si aquélla se extendiera hasta embadurnar también los pies de los demás (…) Para idiota, tú.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;small&gt;Aviso nº 2: Tomo conciencia y me responsabilizo de la irritación que provocarán los primeros minutos del siguiente fragmento musical; me desentiendo, sin embargo, de los efectos que pueda causar la segunda canción, parte inseparable de dicho fragmento.&lt;/small&gt;&lt;/p&gt;
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		<title>A aquellos en quienes se concentra prácticamente todo</title>
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&lt;p&gt;A &lt;strong&gt;M.D.&lt;/strong&gt;:&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;A &lt;strong&gt;R.&lt;/strong&gt;:&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;A &lt;strong&gt;M.J.&lt;/strong&gt;:&lt;/p&gt;
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		<title>Postula, que algo queda</title>
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		<issued>2008-08-21T14:53:22+00:00</issued>
		<updated>2008-08-22T08:16:56+00:00</updated>
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&lt;p&gt;&lt;img src='http://www.lacoctelera.com/myfiles/divagando/800px-Touched_by_His_Noodly_Appendage.jpg' width='464' height='348' class='imgCen'/&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Apreciado señor don Juan Manuel de Prada:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ha hecho usted referencia en varias ocasiones a cierta sentencia acuñada por G. K. Chesterton; una que dice, aproximadamente, “quien deja de creer en Dios puede creer en cualquier cosa”, estableciendo una teoría que hace aguas, según la entiendo yo, por al menos uno de sus costados; la tacho, en consecuencia, de generalización desafortunada. Y puesto que al lado de dicha frase no he leído explicación suya alguna, poco más le he visto hacer que formularla alternativamente con sinónimos y alguna otra disposición de palabras (lo mismo dicho de otra manera, valga el ejemplo), me haría sentir muy agradecido tal explicación: ¿en qué género de ‘cualquier cosa’ puede creer quien dejó de hacerlo en Dios?, ¿en las piedras de colores?, ¿en los extraterrestres?, ¿en el amanecer?...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es, cuando menos en un determinado caso, como decía, del todo refutable su venerada sentencia: ¿por qué ha de creer en cualquier superchería alguien que, precisamente, tiene por artificio fantástico a Dios y a cuanto es de similar naturaleza y dimana de Él? Nadie a quien parezca una mera fantasía tal mundo que presuntamente todo lo trasciende tratará con seriedad –más allá de lo entretenido que le pueda resultar- cuanto atufe a fantasía, cuanto le sea planteado existente en un plano distinto de la materialidad, del ‘aquí y ahora’; de la realidad, en suma. Se contienen en las palabras del señor Chesterton, permítame añadir, un gran engreimiento, un prejuicioso menosprecio hacia todo aquel que se aleje de la verdad en cuya posesión, por de contado, presume estar dicho autor. Y mantiene usted análoga reprobable actitud, prueba de lo cual es, entre otras evidencias, esa reverente admiración que a tales palabras profesa -no me cuesta imaginarlo esbozando una sonrisa de embeleso mientras sueña que es usted quien por vez primera las hilvana-, sin mencionar la atalaya sobre la que parece hallarse cuando trata de estos temas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En resumidas cuentas, ¿comprende usted el fondo de la susodicha frase? ¿O, sencillamente, tiene fe en ella?&lt;/p&gt;
&lt;div style=&quot;text-align:right&quot;&gt;Atentamente,&lt;br /&gt;
Benito&lt;/div&gt;

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		<id>http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/08/11/tras-vosotras-siempre</id>
		<title>Tras de vosotras, siempre</title>
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		<issued>2008-08-11T20:37:26+00:00</issued>
		<updated>2008-08-18T14:15:14+00:00</updated>
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&lt;p&gt;&lt;img src='http://www.lacoctelera.com/myfiles/divagando/Empolle.jpg' width='115' height='189' class='imgIzq'/&gt;No obstante la veneración que os profeso, me encorajina la frustración que me ocasiona no ser capaz de conoceros en toda vuestra hondura. Cuando creía dominaros, surgís en alguna frase mostrando alguna otra faz; tan diferentes son a veces, entre sí, que me desconciertan; numerosas incluso, y tal diversidad suele además crecer con la de quienes me orientan acerca de ellas… Me hace dudar, con recurrencia, vuestra semejanza con otras, sea ésta formal o material; una simple letra puede derrocar mi seguridad, no hablemos ya si compartís cometido. Mis titubeos, en realidad, son lo único que tiene su presencia asegurada en mi relación con vosotras; debo por tanto ser humilde, pues tengo por cierto que la jactancia terminaría por revolverse contra mí, acentuando lo que ya sin ella me causa desazón. Y es que cuando pensaba que debía usaros de cierto modo, o creía recordarlo así, que era con determinado vocablo con quien mejor avenidas os veía –ya dudo-, asevera entonces alguien que debéis ir solas -¡solas!-, o bien, acompañadas por otras distintas, unas a las que nunca habría sospechado siquiera que pudierais acercaros.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No obstante los reveses con que me castigáis, no puedo menos que amaros; sin cansancio, irrefrenablemente.
&lt;/p&gt;

		</content>
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		<id>http://www.lacoctelera.com/divagando/posts/view/1189758</id>
		<title>sin título</title>
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		<issued>2008-08-04T23:04:47+00:00</issued>
		<updated>2008-08-05T13:33:06+00:00</updated>
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&lt;div style=&quot;text-align:center&quot;&gt;&lt;strong&gt;&lt;big&gt;&lt;big&gt;&lt;big&gt;- * -&lt;/big&gt;&lt;/big&gt;&lt;/big&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;

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		<id>http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/07/27/bajo-mar-entre-cuatro-paredes</id>
		<title>Bajo el mar entre cuatro paredes</title>
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		<updated>2008-08-06T20:01:39+00:00</updated>
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&lt;p&gt;Sólo &lt;a href=&quot;http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2007/03/10/-solo-valoramos-que-tenemos-o-que-hemos-perdido--2&quot; title=&quot;http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2007/03/10/-solo-valoramos-que-tenemos-o-que-hemos-perdido--2&quot; id=link_0&gt;ahora&lt;/a&gt; me apercibo totalmente de que &lt;a href=&quot;http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2006/10/24/-&quot; title=&quot;http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2006/10/24/-&quot; id=link_1&gt;eres&lt;/a&gt; cuanto necesito, pero &lt;a href=&quot;http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/02/10/la-belleza&quot; title=&quot;http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/02/10/la-belleza&quot; id=link_2&gt;eres&lt;/a&gt; cuanto tengo;&lt;br /&gt;
y compruebo que no sé si había carencias o defectos, no los recuerdo.&lt;br /&gt;
Tener un buen día quizá me consuele;&lt;br /&gt;
sin embargo, ¿qué me quedará tras uno malo? Un &lt;a href=&quot;http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/06/16/desconcierto-escrito-peter-o-tiben-mediados-del-siglo-xx&quot; title=&quot;http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/06/16/desconcierto-escrito-peter-o-tiben-mediados-del-siglo-xx&quot; id=link_3&gt;sueño&lt;/a&gt; tal vez…&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src='http://www.lacoctelera.com/myfiles/divagando/Mari-en-servilleta-1.jpg' width='465' height='446' class='imgCen'/&gt;&lt;/p&gt;
&lt;object classid=&quot;clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000&quot; codebase=&quot;http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,29,0&quot; width=&quot;366&quot; height=&quot;75&quot;&gt;
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&lt;div style=&quot;text-align:center&quot;&gt;&lt;strong&gt;&lt;big&gt;&lt;big&gt;&lt;big&gt;-*-&lt;/big&gt;&lt;/big&gt;&lt;/big&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;

		</content>
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		<id>http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/07/22/el-mas-armonioso-silencio</id>
		<title>El más harmonioso silencio</title>
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		<issued>2008-07-22T15:14:21+00:00</issued>
		<updated>2008-07-23T14:21:35+00:00</updated>
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&lt;p&gt;&lt;img src='http://www.lacoctelera.com/myfiles/divagando/piano-solos2.jpg' width='462' height='424' class='imgCen'/&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div style=&quot;text-align:center&quot;&gt;Con el aire por partitura,&lt;br /&gt;
y por orquesta, de cámara, todo;&lt;br /&gt;
con el espacio por lienzo,&lt;br /&gt;
y la luz por pincel;&lt;br /&gt;
con movimiento mudo.&lt;br /&gt;
No más.&lt;/div&gt;

		</content>
	</entry>
	
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		<id>http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/07/20/noches-blancas-fiodor-m-dostoievski</id>
		<title>&quot;Noches blancas&quot;, de Fiodor M. Dostoievski</title>
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		<issued>2008-07-20T12:40:12+00:00</issued>
		<updated>2008-07-20T14:18:13+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Encuentro de soledades: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una de ellas, otrora impuesta, es ahora aceptada voluntariamente, con resignación pero al tiempo con esperanza. Mero producto de las circunstancias, en suma.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La otra es, en cambio, una condena, una jaula indestructible, pues es consustancial a una ineptitud social insuperable -aunque a él no le impida expresar, aun recatadas, confesiones francas, e incluso mostrar cierto apasionamiento desinhibido-. Su amor, en cualquier caso, es en tal grado generoso que para el ser común (que no ama, en última instancia, sino por egoísmo) supondría un sacrificio inalcanzable: un amor al que impulsa la mera existencia de quien es su objeto, y que de ella sola es ya capaz de alimentarse.
&lt;/p&gt;

		</content>
	</entry>
	
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		<id>http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/07/17/nightshade</id>
		<title>¿&quot;Nightshade&quot;?</title>
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		<issued>2008-07-17T21:26:32+00:00</issued>
		<updated>2008-07-18T19:01:45+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Unos nubarrones oscuros –profundamente- amenazan lluvia en lo más alto; sólo alzando sobre su vertical la vista pueden verlos, a través del cicatero hueco que dejan las moles de hormigón que los rodean. Sin embargo, hace un rato que yo vi, sin haber siquiera empezado, la lluvia cesar…&lt;/p&gt;
&lt;embed src=&quot;http://www.evoca.com/evocaPlayer/evocaPlayer.swf?id=161046&amp;teu=http://www.evoca.com/&quot; wmode=&quot;transparent&quot; allowscriptaccess=&quot;never&quot; type=&quot;application/x-shockwave-flash&quot; pluginspage=&quot;http://www.macromedia.com/go/getflashplayer&quot; height=&quot;85&quot; width=&quot;90&quot;&gt;
&lt;p&gt;…Así lo atestiguan las nubes que, libre de obstáculos mi mirada, se extienden en lontananza algo dispersas y “todas de algodón”; filtran la luz del sol escindiendo su intenso amarillo, que palidece y se esparce, incontinente; algunos haces inciden sobre la humedad en suspensión: el blanco, plano y único, ha devenido entonces curvo y múltiple, erigiéndose en efímera conexión entre cielo y tierra… &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Agradecimientos:&lt;br /&gt;
Mike Oldfield;&lt;br /&gt;
Schiller;&lt;br /&gt;
y A. L. V.&lt;/strong&gt;
&lt;/p&gt;

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/07/12/contra-antinaturales-ejemplo</id>
		<title>Contra los antinaturales, por ejemplo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/07/12/contra-antinaturales-ejemplo" />
		<issued>2008-07-12T19:23:12+00:00</issued>
		<updated>2008-07-12T20:30:12+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;&lt;em&gt;8&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¿Cuál puede ser nuestra única doctrina? Que al ser humano nadie le da sus propiedades, ni Dios, ni la sociedad, ni sus padres y antepasados, ni él mismo (el sinsentido de esta noción que aquí acabamos de rechazar ha sido enseñado como “libertad inteligible” por Kant, acaso ya también por Platón). Nadie es responsable de existir, de estar hecho de este o de aquel modo, de encontrarse en estas circunstancias, en este ambiente. La fatalidad de su ser no puede ser desligada de la fatalidad de todo lo que fue y será. Él no es la consecuencia de una intención propia, de una voluntad, de una finalidad, con él no se hace el ensayo de alcanzar un “ideal de hombre” o un “ideal de felicidad” o un “ideal de moralidad” –es absurdo querer&lt;/em&gt; echar a rodar &lt;em&gt;su ser hacia una finalidad cualquiera-. Nosotros hemos inventado el concepto “finalidad”: en la realidad falta la finalidad… Se es necesario, se es un fragmento de fatalidad, se forma parte del todo, se es en el todo –no hay nada que pueda juzgar, medir, comparar, condenar nuestro ser, pues esto significaría juzgar, medir comparar, condenar el todo-.¡Pero no hay nada fuera del todo!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Que no se haga ya responsable a nadie, que no sea lícito atribuir el modo de ser a una&lt;/em&gt; causa prima,&lt;em&gt; que el mundo no sea una unidad ni como&lt;/em&gt; sensorium &lt;em&gt;ni como “espíritu”; sólo esto es la gran liberación, sólo con esto queda restablecida otra vez la inocencia del devenir… El concepto “Dios” ha sido hasta ahora la gran objeción contra la existencia… Nosotros negamos a Dios, negamos la responsabilidad en Dios: sólo así redimimos al mundo.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/em&gt;
&lt;div style=&quot;text-align:right&quot;&gt;&lt;strong&gt;Los cuatro grandes errores (Crepúsculo de los ídolos). Friedrich Nietzsche&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;En particular: La naturaleza –mejor no se ha podido decir- no impone “finalidades” a sus creaciones; tal concepto ha sido introducido por el ser humano, pues aquélla no hace otra cosa que impeler a los organismos a satisfacer sus apetencias; y es sólo de esto, entonces, de lo que derivan ciertos efectos, a los que algunos se apresuran a otorgar el título de “sagrados”: la reproducción, en este caso.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La vida es dolor, hambre, sed, soledad, libido… Y si uno es fiel a su naturaleza ha de estar atento sin reticencias a los dictados de ésta, a sus órdenes; la existencia pura no es, por tanto, sino calmar el dolor, saciar el hambre y la sed, procurarse compañía, satisfacer la libido: dicha existencia, en suma, está basada esencialmente en la búsqueda del placer o del alivio; constriñendo tal búsqueda falseamos aquélla. Esto es &lt;em&gt;lo natural&lt;/em&gt;, y sólo la naturaleza -no el ser humano, arbitraria y artificialmente- tiene autoridad para definirlo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Quien condena determinadas tendencias (cuando no implican perjuicio a otros) aduciendo que éstas no cumplen la supuesta finalidad debida es precisamente quien traiciona a la naturaleza; andan descaminados, porque ésta no sigue plan alguno, su fuerza radica en el instinto; no pretende alcanzar fines, es la causa.
&lt;/p&gt;
&lt;/p&gt;
		</content>
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		<id>http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/07/10/que-crudo-tienes-senor-omnisciente-vease-3-enero-2</id>
		<title>Qué crudo lo tienes, señor omnisciente [véase el 3 de enero de 2007]</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/07/10/que-crudo-tienes-senor-omnisciente-vease-3-enero-2" />
		<issued>2008-07-10T08:56:25+00:00</issued>
		<updated>2008-07-18T00:07:54+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;&lt;em&gt;El más débil tendría que jugarse la vida. Era la ley de la colonia; los privilegios de una jerarquía impuesta por la fuerza. Los humanos habían dejado un nuevo alimento a su alcance y su olor lo hacía muy apetecible.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El último de la colonia, un joven macho con una malformación en una pata, se vio obligado a salir del escondite tras un viejo armario del sótano de la casa. Solo, sabiendo a qué se exponía, se acercó al cebo. Debía probarlo; no tenía alternativa -al menos la comida olía bien-. Mientras tragaba los primeros bocados, el gusto apetecible del nuevo alimento le devolvió la esperanza. Cuando volvió a la madriguera, destilaba seguridad: había salido en una peligrosa misión y había triunfado. Todos lo miraban y olfateaban, curiosos. Pero, para su sorpresa, ninguno salía a aprovechar aquella deliciosa comida ya testada. Entonces se dio cuenta: la colonia esperaba; nadie saldría a comer hasta pasadas unas horas; había que darle tiempo al veneno. Mientras su optimismo se desvanecía, sintió la primera contracción de dolor y supo que la comida estaba envenenada. Quince minutos más tarde había muerto. Y toda la colonia tenía el registro olfativo de una comida que no probarían jamás. El veneno que se había utilizado para acabar con la colonia que infestaba la casa sólo se cobraría una víctima.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Eran miles de generaciones de ratas las que les habían transmitido genéticamente una precaución hacia los alimentos que el hombre ponía a su alcance. No en vano llevaban intentando exterminarlas desde hacía, al menos, siete siglos.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div style=&quot;text-align:right&quot;&gt;&lt;strong&gt;Fernando González Sitges&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Leído en XLSemanal
&lt;/p&gt;

		</content>
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		<id>http://www.lacoctelera.com/divagando/posts/view/1164274</id>
		<title>...</title>
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		<issued>2008-07-06T17:09:41+00:00</issued>
		<updated>2008-07-06T17:09:41+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;.        .                                .&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;.                         .                                                              .&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;.                                                     .                                                                                         .
&lt;/p&gt;

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/07/04/ocurrio-sudafrica-visto-xlsemanal</id>
		<title>Ocurrio sudafrica visto xlsemanal</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/07/04/ocurrio-sudafrica-visto-xlsemanal" />
		<issued>2008-07-04T20:09:24+00:00</issued>
		<updated>2008-07-04T20:09:24+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;&lt;img src='http://www.lacoctelera.com/myfiles/divagando/Fotógrafos-pasivos---peq.jpg' width='507' height='293' class='imgCen'/&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div style=&quot;text-align:center&quot;&gt;&lt;big&gt;&lt;strong&gt;Ocurrió en Sudáfrica&lt;/strong&gt;&lt;/big&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Visto en XLSemanal&lt;/div&gt;

		</content>
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		<id>http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/06/29/crepusculo-los-idolos-y-nude</id>
		<title>&quot;Crepúsculo de los ídolos&quot; y &quot;Nude&quot;</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/06/29/crepusculo-los-idolos-y-nude" />
		<issued>2008-06-29T13:36:29+00:00</issued>
		<updated>2008-07-04T13:58:34+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Sentencias y flechas&lt;/em&gt;:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;33. ¡Qué poco se requiere para ser feliz! El sonido de una gaita. –Sin música la vida sería un error. ¡El alemán se imagina a Dios mismo cantando canciones!&lt;/p&gt;
&lt;div style=&quot;text-align:right&quot;&gt;&lt;strong&gt;Friedrich Nietzsche&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;/object&gt;

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	<entry>
		<id>http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/06/27/hometown-glory-adele</id>
		<title>&quot;Hometown glory&quot;, de Adele</title>
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		<issued>2008-06-27T14:11:37+00:00</issued>
		<updated>2008-07-01T11:13:12+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;En banal basura se quedaría, en cuanto comenzara a reproducirse, todo cuanto mi cabeza me permite utilizar para describir la música y la voz que conforman esta canción. Puede decirse, no obstante y con la exactitud que otorga la objetividad, que se rinde, a través de su letra, un nostálgico homenaje a quienes cruzan su devenir en algún momento con el nuestro: las &quot;maravillas de este mundo&quot; (rectifíqueseme si en algo falla mi interpretación).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Que deje de perder el tiempo quien esté leyendo esta futilidad, y sólo escuche, tratando, eso sí, mientras lo hace, de mantener su espíritu a cierta distancia, pues, de lo contrario, riesgo corre su entereza de resultar sacudida y aun derrocada. Queda advertido:&lt;/p&gt;
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		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/06/22/que-decir-del-torero-don-jose-tomas</id>
		<title>¿Qué decir del torero don José Tomás?</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/06/22/que-decir-del-torero-don-jose-tomas" />
		<issued>2008-06-22T16:38:02+00:00</issued>
		<updated>2008-06-22T19:29:48+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Afortunado amante de la tauromaquia:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ten por seguro que no te arrepentirás de haber escogido, de entre los innumerables enlaces que tu buscador habitual te habrá facilitado, el que te ha conducido hacia este humilde blog.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La maestría que durante toda su carrera ha caracterizado a mi idolatrado artista queda bien reflejada en el documento, de enorme relevancia, que complementa a este breve artículo. Es objeto de aquél un noble enfrentamiento representativo de una nueva cima alcanzada por su talento y, al tiempo, símbolo de la justa recompensa que ya tiempo atrás iba mereciendo hombre de tamaña altura artística.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ni durante un segundo más quiero que estas modestas palabras distraigan tu atención sobre lo que de verdad anhelo leas tú. Disfruta pues, sin más dilación, del que bello sin mesura es el &lt;a href=&quot;http://www.lacoctelera.com/myfiles/divagando/Uno-de-los-grandes-1.pdf&quot;&gt;texto certificador de una magna hazaña&lt;/a&gt;&amp;nbsp;.
&lt;/p&gt;

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/06/21/desconcierto-y-2</id>
		<title>DESCONCIERTO (y 2)</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/06/21/desconcierto-y-2" />
		<issued>2008-06-21T17:38:50+00:00</issued>
		<updated>2008-06-26T19:54:52+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;H3&gt;Tipo 2: Entre certeza y certeza, alguna sorpresa&lt;/H3&gt;
&lt;p&gt;Como se iba diciendo, este tipo de sueños se va alternando con el anterior, y cuando llega su turno, éste se extiende, normalmente, a dos noches sucesivas. Aun siendo también algo predecibles, sobretodo en su principio y su final, poseen cierto carácter errático: no siguen un curso que en los otros sueños parece planificado hasta el último detalle. De cualquier manera, sí que se repiten algunos momentos con respecto al tipo anterior, de modo que se omitirán en lo posible –no hay por qué darlas-:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Repiten protagonismo, al comienzo, el creciente sonido y la parpadeante luz de aquel exótico aparato. No da esto, por tanto, motivos para conturbar la quietud que siempre refleja el rostro de Ralph desde que se queda dormido; dicha inflexión en el calmo rictus de Ralph la propicia el hecho de hallarse en una nueva cama, en la casa de la chica y junto a ella: la evidencia, a fin de cuentas, de que su mente ha decidido complacerle con este tipo de sueños. Ahora sí, puede verse cómo Ralph esboza una leve sonrisa en inconsciente muestra de gratitud hacia su imaginación. Los demás detalles de esta parte, sin embargo, no podrán ser descritos por el narrador; no por una abulia que en este caso no lo aqueja, sino por el pésimo material de que dispone para su tarea: bruma visual y dialéctica, así como sonidos absurdos sólo representables mediante onomatopeyas cuya inclusión en este relato carecería de sentido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tras el suceso descrito, es recurrente que, por ejemplo, Ralph se vea subiendo a la segunda planta del edificio de dos pisos para allí ocupar el tiempo en estudiar algo impreso en unos folios -no recuerda qué, ni ganas tiene de hacerlo-, o en practicar la condenada mecanografía mientras observa atento la lección de la susodicha academia –“¿Qué puñetero placer encontraré en estudiar y mecanografiar al mismo tiempo?”-. Recuerda que ha habido ocasiones en que el texto de la lección objeto de repaso iba apareciendo paulatinamente en la pantalla del televisor –quizá lo hace surgir con la mente, no descarta nada-, pues su “cruel” mente le suele permitir apreciarlo con cierta nitidez: se trata de continuas sucesiones de frases ampulosas –no se ven números ahora-, abstrusas muchas veces o demasiado abstractas para él, o bien versan sobre temas “que a nadie importan” o de los que él no entiende, como son la psicología, la literatura, la física, la religión… No obstante, muy de vez en cuando figuran ilustrando las complicadas palabras fotografías o dibujos, que gustan algo más a Ralph, o bien son amenizadas con música –“Muy extraña, muy estridente, o muy del género clásico”- o imágenes que, para variar y aunque las emita el televisor en minúsculos rectángulos, poseen movimiento. También recuerda vagamente el título de uno de los temas: &lt;EM&gt;Mozilla, el zorro de fuego&lt;/EM&gt;; el dato, sorprendente, tal vez no sea sino la evidencia de que Ralph, finalmente, ha logrado un pequeñísimo triunfo (al introducir entre tanta seriedad una criatura de las que seguro pueblan sus fantasías) en su denodado intento por virar mentalmente hacia una temática que le resulte más entretenida. Sea como fuere, su otro yo siempre le proporciona un respiro alternando el estudio con un programa de entrevistas en directo; tiene por nombre &lt;EM&gt;El mensajero&lt;/EM&gt;, y, aunque el formato es algo rudimentario –no se muestra en pantalla imagen ni sonido alguno de los hablantes, sólo puede verse el diálogo, que aparece transcrito-, tanto el entrevistador –un tal Peter- como el entrevistado utilizan un tono informal y desenfadado que divierte mucho a Ralph.&lt;/p&gt;
&lt;DIV style=&quot;TEXT-ALIGN: center&quot;&gt;______________________________________________________________&lt;/DIV&gt;
&lt;p&gt;El rumbo del sueño puede conducirlo también a reunirse de nuevo con la joven, en un edificio que parece cumplir unas funciones similares a aquél que aparecía en los sueños del primer tipo, pero cuyas dimensiones y número de habitáculos rondan el doble o el triple de las de aquél. En el interior de este nuevo edificio, al comienzo, la pareja se dirige a algún restaurante, que varía en cada sueño. De hecho, tras reflexionar sobre las diversísimas nacionalidades de la comida que han degustado en esta mole multifuncional, Ralph no considera descabellado concluir que, desde cierta perspectiva fantástico-culinaria, ha dado junto a la chica la vuelta a medio mundo: China, Méjico, EE.UU., Turquía, Italia…. Terminada la comida, y acaso tras tomar un “asqueroso” aunque revitalizante café, caminan un rato hasta llegar a una zona en que son visibles gran cantidad de carteles de películas, todas ellas distintas. Cuando el protagonista los vio por primera vez se quedó estupefacto: nunca antes había presenciado u oído hablar de tal concentración de cines en tan poco espacio. Por otra parte, ya estará el lector en disposición de intuir lo maravillado que suelen dejarle las películas, que, por añadidura, el sueño le permite ver completas y con relativa claridad-; saca Ralph provecho aun de las que adolecen de argumentos anodinos. De las pocas que lleva vistas hasta ahora, le impactó especialmente una cuyo protagonista guardaba cierto parecido con el hombre de hojalata de &lt;EM&gt;El mago de Oz&lt;/EM&gt;, si bien aquél poseía características mucho menos candorosas, indudablemente preferibles a ojos de Ralph –“&lt;EM&gt;El mago de Oz&lt;/EM&gt; es que es para nenazas”-; no obstante, su entusiasmo cobró especial intensidad hacia la mitad del largometraje, cuando el ser metálico adoptó un diseño que para sí quisieran los coches de estos sueños, o los aviones de su realidad. La fascinación que siempre le suscita la parafernalia tecnológica de estos cines -la pantalla, de dimensiones monstruosas, y el sonido, que parece surgir de cada rincón de la enorme sala- se acrecentó merced a aquella historia, apabullante de principio a fin. Impresiones tan placenteras contrastan, sin embargo, con la consternación que siempre le produce el hecho de ver como, aun teniendo ante sí tamaña maravilla, el otro Ralph prefiere entretenerse haciendo manitas e intercambiando besitos con la chica. Con los años, haciendo de nuevo memoria, quizá comprenda cuán equivocado estuvo al infravalorar tan embelesadora belleza.&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;Como última muestra del devenir de estas ensoñaciones, se relatará un suceso que acaeció durante éstas una sola vez y que a Ralph le resultó bastante peculiar –un adjetivo, no obstante, quizá devaluado a estas alturas-, máxime teniendo en cuenta que la música no le interesa particularmente, ni como disciplina ni como entretenimiento:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El sol no se veía, oculto por los altos edificios que se alzaban detrás de la chica y de Ralph, pero su luz, aun declinante, era suficiente para adivinar que aún tardaría en engullirlo el horizonte. Ambos se hallaban entre una gran multitud de personas ataviadas de forma un tanto extravagante. Muchos de los atuendos se veían como desgastados o mostraban algún que otro roto; asimismo, se mezclaban en varios de ellos colores muy dispares, y otros, de tan oscuros, destilaban cierto aire tétrico. La multitud se apiñaba desordenada al principio y avanzaba hacia lo que parecía ser la entrada a algún recinto: eran unos cuatro o cinco arcos, con el mismo ancho cada uno que el que pudiera tener una persona obesa, y dispuestos de tal forma que semejaban una enorme escalera tumbada de canto en el suelo. Poco antes de llegar a dicha entrada, la muchedumbre era alineada en filas paralelas y conducida así hacia cada uno de los arcos. Traspasada la entrada, se extendía ante ellos una enorme explanada transitada por grupos dispersos de personas. Asían con una mano, muchas de ellas, finos y alargados vasos que contenían líquidos de muy diversos colores (quizá se tratase de Coca-cola, naranjada, limonada…); algunas otras tenían prendido entre los dedos un cigarrillo que parecía haber sido liado por sus propios portadores, y, a decir verdad, de forma bastante burda; unas pocas, avariciosas, mantenían ocupadas ambas manos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Siguieron entonces avanzando hasta otra zona en que, de nuevo, el espacio entre persona y persona era mínimo o inexistente. Pertrechados ella y Ralph con su respectivo vaso –el líquido de su interior era anaranjado y le sabía a naranjada, pero al mismo tiempo percibía en él cierto toque amargo, levemente abrasivo al llegar a la garganta-, permanecían allí de pie cuando, de pronto, surgió un estruendo ensordecedor desde una especie de gran escenario de teatro que tenían enfrente. Sobre él se veía a cuatro personas. Una de ellas cantaba ante un micrófono, desgañitándose casi, luchando por que su voz no fuera absorbida por aquel estruendo; otras dos tocaban unas estrafalarias guitarras de colores chillones, de las cuales brotaba un cable que, larguísimo, descendía para unirse a la maraña que se extendía a lo largo y ancho del amplio escenario; a la última la rodeada una aparatosa estructura compuesta por platillos y múltiples tambores de variados tamaños, que golpeaba con dos largas baquetas marcando el ritmo de una música que desconcertaba a Ralph sobremanera. Esta última persona del grupo apenas podía moverse sentado tras la estructura, pero las demás hacían continuos aspavientos, como víctimas de algún misterioso espíritu que surgiera de la inconcebible potencia sonora de los instrumentos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este fragmento del sueño se prolongó durante bastante tiempo, y en su transcurso se fueron sucediendo las rocambolescas actuaciones de varios grupos más. Todas ellas fueron en lo esencial muy similares a la ya descrita (número de componentes, instrumentos, estilo chabacano…), si se exceptúa la segunda, protagonizada en solitario por un cantante, realmente desenvuelto y seguro de sí mismo, casi soberbio, cuya dulce voz -qué voz brillante, melancólica, sensual, de caudal excelente, que no dejaba entreoír más fisuras que las que aportaba su cadencioso vibrato- era acompañada en exclusiva por dos instrumentos que él mismo tocaba: en unas canciones una guitarra, de aspecto y sonido menos inverosímil que el de las anteriores, y en otras un gran piano de cola. A mucha de la gente allí presente no parecía agradarle este artista, pues apenas se lo oía entre sus murmullos –en algunos momentos, incluso, demasiado elevados como para otorgarles tal apelativo-. Ralph, agotada su paciencia, emitió en un momento dado un potente siseo para intentar acallar las conversaciones de alrededor. Oyó entonces que alguien próximo lo imitaba, sarcástico. Irritado, Ralph le replicó con un sonoro “gilipollas”. El individuo, que sólo parecía capaz de responder repitiendo cuanto Ralph profería, hizo esto con su bien merecido insulto y, acaso aburrido de sí mismo, se retiró de los alrededores –“Gilipollas…”-.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando Ralph vino a darse cuenta, la oscuridad -total, sin siquiera unas pocas estrellas que le restasen negritud- se había instalado en el cielo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A la actuación de aquel valiente personaje le siguieron dos que merecen especial mención, aunque por motivos dispares. La ulterior pareció gustar especialmente al otro Ralph, pues hasta se atrevió a unir su voz a la del público para acompañar al cantante en algún que otro tema –él, aun siendo poco proclive a la empatía, no pudo sustraerse a la emoción de su álter ego, y a ella acabó rindiéndose-. De la misma forma, se dejaba contagiar por el loco baile del hombre de cabeza rasurada que derrochaba su voz en aquellas melodías; dicha voz ponía a Ralph la piel de gallina en cuanto alcanzaba cada canción el registro agudo, pues lejos de amilanarse ante la presumible dificultad del trance, se crecía, y al tiempo adquiría un timbre de riquísimos matices; todo ello, por añadidura, lo intensificaba una trepidante iluminación de colores cambiantes, esplendorosa gracias a la oscuridad, que se desplegaba al compás del ritmo. Para terminar la reseña sobre este grupo, es oportuno destacar por dos razones a uno de sus componentes: por el hecho de que tocara una trompeta, pues su sonido aportaba cierta elegancia y distinción a la música; y por lo anecdótico de su ambigüedad sexual: sus ropas y la melena encrespada indicaban una cosa, sus facciones y su desgarbado cuerpo otra. El siguiente conjunto musical no se distinguió tanto por su actuación -el cantante no paraba ni un segundo de correr de un lado a otro del escenario, y más que cantar parecía que gritaba-, como por el delirio colectivo que nada más comenzar se desató en el público. Impresionó a Ralph, en particular, un chico de mirada perdida, pálido, casi hierático, que parecía empecinado en que sus compañeros lo llevaran en volandas sobre el enfervorecido público. Estaba obcecado con esa idea, pues no cejaba en su solicitud por mucho que esta levitación asistida siempre durara escasos momentos y terminara con el joven estrellándose de cabeza contra el suelo –en otras circunstancias, Ralph se habría sentido culpable por reírse de algo así, pero se consideraba excusado viendo que al chico no parecía disgustarle el extraño juego-.&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;El término de este segundo tipo de ilusiones tiene lugar en la casa de la chica, de dos posibles maneras. Ambas se inician estando los dos sentados en un sofá, una vez más, frente al enorme televisor sobre el que reposa el artilugio ultramoderno; no hacen en esta ocasión nada diferente a lo que ya se narró en su momento. Tras despertar de la suerte de catatonia en que los sume el gran televisor, se dirigen, sin salir de la habitación, hacia otro cuya pantalla presenta similares dimensiones. De nuevo insertan un disco en otro aparato, tanto o aun más rocambolesco que el anterior. Por muy siniestro que al lector pueda antojársele el carácter de lo que sigue, la reacción de Ralph ante la llegada de este preciso instante no suele ser otra que una viva excitación. Ralph unas veces, la chica otras, asen en cada mano un amuleto, ambos de formas dispares y unidos por un cordel de grosor mediano. La elección del televisor es deliberada, pues sólo éste es receptivo al poder de los referidos amuletos, instrumental indispensable para la especie de magia negra que se disponen a practicar. La mente de la persona que en pie y de espaldas muestra el televisor es domeñada por quien, en cada ocasión, lleva cogidos los amuletos y se sitúa sentado en una silla frente a la pantalla. Se encuentra tal personaje inmerso en un mundo tenebroso, donde lo acechan todo tipo de seres pseudo humanos de expresión desencajada, aspecto zarrapastroso y mirada vesánica, que en cuanto pueden descargan su desmedida ira contra aquél obligándolo a defenderse mediante diversas armas de fuego o un machete; su suerte, en consecuencia, está en manos de Ralph y de la chica. La fuerza sobrenatural de los amuletos es tal, que incluso consiguen a través de sí transmitir a su prendedor los movimientos del perseguido; esto queda patente, por ejemplo, cuando el llamémosle espiritista ordena a su poseído segar algún repulsivo cuello con el machete: puede verse, entonces, cómo ambos, aquél blandiendo el amuleto y éste el gran cuchillo, flexionan y extienden el brazo derecho repetida y simultáneamente. Con respecto a los juicios morales que quizá se debatan en la conciencia del lector, debe formularse una pregunta: ¿no sería injusto reprobar el producto de la imaginación de un chaval, considerando que lo afecta el ansia por ser rescatado de la recóndita isla en que se halla atrapado?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al cabo de tan sobrecogedora experiencia, ambos se dirigen a la cama. En este instante, el sueño se desvanece, bien de forma progresiva entre un batiburrillo de imágenes y sonidos ininteligibles, o bien, más abruptamente y mientras Ralph espera a que la joven se reúna a su lado, justo cuando se dispone a leer el consabido libro. A este respecto, se da cierta circunstancia, de la que hace ya tiempo se apercibió Ralph, cuya mención no debe carecer de interés para el lector: bien por pura casualidad, bien debido a algo esquivo al entendimiento de su protagonista, nada relevante ocurre durante el día cuando el sueño que le ha precedido acaba sin el libro entre sus manos. Hablando, por cierto, acerca del libro, y desperezada la memoria de Ralph a resultas tal vez del esfuerzo a que la ha sometido, es ya posible describir su portada: figura en ella el título, &lt;EM&gt;El Señor de las moscas&lt;/EM&gt;, impreso sobre la imagen de una caracola yaciendo sobre el lecho de arena de una playa. Entre el referido título y su realidad actual no observa Ralph nexo alguno –“A mí un cuento sobre el jefe de un ejército de moscas no me dice nada, la verdad”-; sin embargo, dicha conexión la considera –y no anda descaminado- íntima con esa arena y la caracola: ésta es sin duda idéntica a la que, en la isla, todos los chicos protegen y respetan con gran celo.&lt;/p&gt;
&lt;H3&gt;Un nuevo día&lt;/p&gt;
&lt;/H3&gt;
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&lt;p&gt;El tránsito hacia la vigilia desde el respectivo final de cada sueño se produce en la mente de Ralph sin solución de continuidad: a la sutilidad de aquel mundo ilusorio va superponiéndose, paulatinamente y con creciente intensidad, el vigoroso realismo&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;del olor salado;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;del rumor de las olas y del crepitar de las hojas secas bajo su cuerpo;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;el de la visión, despejados sus ojos de las sucias greñas, del citado lecho de arena, que, desembarazado ahora de la portada del libro, se extiende hacia el océano hasta encontrarse con sus aguas, centelleantes ya bajo los primeros rayos del sol.&lt;/p&gt;
&lt;DIV style=&quot;TEXT-ALIGN: center&quot;&gt;______________________________________________________________&lt;/DIV&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Extrañas cosas ocurrían al mediodía. El brillante mar se alzaba, se escindía en planos de absoluta imposibilidad; el arrecife de coral y las escasas y raquíticas palmeras que se sostenían en sus relieves más altos, flotaban hacia el cielo, temblaban, se desgarraban, resbalaban como gotas de lluvia sobre un alambre o se multiplicaban como en una fantástica sucesión de espejos. A veces surgía tierra allí donde no la había y estallaba como una burbuja ante la mirada de los muchachos.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Extracto de &lt;em&gt;El Señor de las moscas&lt;/em&gt;, cuyo argumento discurre durante la 2ª Guerra Mundial. Libro escrito por William Golding, en 1954.&lt;br /&gt;
&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;&lt;STRONG&gt;Música: RECKONER. Compuesta por Radiohead en 2007.&lt;/STRONG&gt;
&lt;/p&gt;

		</content>
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		<id>http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/06/16/desconcierto-escrito-peter-o-tiben-mediados-del-siglo-xx</id>
		<title>DESCONCIERTO (1). Escrito por Peter O'Tiben a mediados del siglo XX</title>
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		<issued>2008-06-16T08:49:03+00:00</issued>
		<updated>2008-06-21T17:40:19+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Sus sueños recientes –no puede llamarlos pesadillas, pues durante su transcurso sólo ha llegado a sentir inquietud, y ésta, por otro lado, no se debe tanto a los hechos soñados en sí mismos como a las agoreras suposiciones que se derivan de algunos de aquéllos- destacan por su pasmosa periodicidad, el riguroso orden que siguen y la brevísima tipología en que se encuadran: sólo los hay de dos clases, y es la de naturaleza más predecible, curiosamente, la que acapara la mayoría de sus noches. Caracteriza estos sueños, en suma, cierta monotonía, que, no obstante, es en parte compensada por la extravagancia y el colorismo de los objetos y artilugios que van salpicando esta especie de realidad paralela (extravagantes y coloristas se le antojan a su protagonista, y aun luminosos en comparación con lo que hasta ahora conocía). Ralph, en su sintetizadora inocencia, los califica como &quot;cosas de película”, aunque nunca antes haya visto alguna en que se mostraran escenarios y atrezo parecidos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Debe advertirse que, como ocurre con cualquier sueño, Ralph no suele recordar con nitidez todos los detalles, y, asimismo, algunos de los fragmentos sólo acuden a su memoria morosos y de improviso. Esto que ahora comienza, como ya podrá intuirse, no es sino un paseo por aquélla, la memoria de Ralph. Para darlo, se tomarán prestadas sus singulares percepciones, e, incluso, al propio Ralph:&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Tipo 1: Idas y venidas&lt;/p&gt;
&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Éste es el más frecuente (luego el más aburrido): se repite de continuo durante cinco noches. Da comienzo presentándose ante los ojos de Ralph un extraño aparato provisto de numerosos botones y una luz parpadeante, a la que acompaña una igualmente extraña tonadilla de sonidos metálicos, cuyo volumen va ascendiendo progresivamente; hastiado, Ralph detiene finalmente el alboroto -&quot;Ufff, menos mal que sé apagar la cosa esta...&quot;-. Ya en pie -se hallaba acostado y, por lo visto, bien arrebujado entre sábanas-, sigue un ritual formado por pequeñas partes, a cual más trivial y ordinaria -todavía recuerda bien la rutina del mundo civilizado-; de las primeras va dando cuenta en el piso de arriba de una casa compuesta por dos de ellos. Una de tales fases consiste en afeitarse ante un espejo, el cual le devuelve la imagen de un Ralph de aspecto distinto al que él tiene: ve, con cierto detalle, que lleva gafas y el pelo corto y limpio –las gafas y aquel acto, todavía ajeno para alguien que, como él, no ha alcanzado la adolescencia, le hacen preguntarse si no estará siendo testigo de su propio futuro-. Una vez completado en la planta de abajo el tedioso proceso restante, que incluye un frugalísimo tentempié, se dirige en coche, a través de varios tramos de carretera asfaltados, hacia una avenida. La incertidumbre previa a saber qué color y tamaño tendrá el vehículo (unas veces es gris y mediano, y otras rojo y grande), así como la imaginaria conducción de tan “peliculero” objeto, proporcionan a Ralph unas de las emociones más intensas del sueño –“Trepidante…”-. Aparcado el vehículo en la avenida, recorre andando un breve trecho cuyos márgenes flanquean altos árboles –allí por donde camina, los contornos de alargadas sombras, difusos, recortan la blancuzca incandescencia que a aquéllas sirve de fondo-, hasta llegar a un edificio en cuyo interior ocupará con sencillas tareas repetitivas un tiempo que se le antoja interminable; no obstante, el trance es amenizado por el salaz humor desplegado en ciertos momentos por un hombre de unos cuarenta años de edad, que ocupa una mesa próxima a la suya y parece ser su compañero de fatigas. El sentido de algunas de estas jocosidades -rayanas en ocasiones en la insolencia- se escapa a la comprensión de un chico de su edad, pero ello no impide a Ralph reírse del tono de cómica frustración con que el hombre las dice –el que adopta, por ejemplo, poco después de que haya marchado alguna de las chicas guapas que ocasionalmente rondan por allí-. Al contrario que en buena parte del sueño, el aspecto general del mobiliario y de los objetos de oficina de este entorno no difiere gran cosa de lo que él tiene visto, exceptuando uno que se halla situado casi todo el tiempo frente a él, sobre la mesa que ocupa: una máquina de escribir a la que han dejado únicamente el teclado, que él no cesa de pulsar mecánicamente; y una televisión de la cual rara vez aparta los ojos y que no hace más que emitir palabras, cifras y dibujos, todo ello estático y muy colorido. Su teoría inicial con respecto a este objeto –refutada por los próximos acontecimientos- atribuía a sus dos componentes las siguientes funciones: al teclado, la práctica mecanográfica; al televisor, la de un mero pasatiempo destinado a descargar tensión durante la antedicha práctica. La mecanografía –piensa, para rematar su particular teoría- debe de fatigar bastante al otro Ralph, a juzgar por los descansos que éste otorga de vez en cuando a su mano derecha –&quot;Será esa mano la que más se cansa, digo yo&quot;, barrunta- reposándola sobre un objeto de contornos redondeados, para luego deslizarlo sobre la mesa con suaves movimientos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tras salir del edificio, camina de regreso realizando a la inversa el mismo trayecto anterior. El sueño, una vez aquí, puede continuar de dos modos diferentes:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;a) El rumbo del sueño suele tomar estos derroteros durante la primera de las cinco noches:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En lugar de detenerse donde se halla estacionado el coche, Ralph sigue caminando unos metros más, hasta encontrarse con una preciosa chica de largo y rizado pelo castaño –“¡Hum!”, siempre le coge desprevenido el beso- en un inmenso edificio, atravesado por zigzagueantes pasillos, que van a desembocar en una gran plaza central, y compuesto de múltiples habitáculos aislados del exterior mediante paredes de cristal que, como si de escaparates se tratara, dejan ver cuanto se hace en su interior: en la mayoría se come, en uno hay gente cortándose el pelo, en otros se venden diversas mercancías... Ellos, finalmente, se decantan por entrar en uno que ofrece comida a fin de satisfacer a sus rugientes estómagos. Una vez saciada el hambre, beben café. Durante su corta vida, ha podido ver a los adultos bebiéndolo con bastante fruición, pero nunca le permitían probarlo -&quot;Cuando seas mayor, cuando seas mayor...&quot;, remeda Ralph con desdén-. Ahora que tiene la oportunidad, su opinión se divide: el sabor le resulta desagradable, tan amargo; sin embargo, le complace el hecho de que, al poco de haberlo tomado, se reaviven la conversación y los gestos de ambos contertulios. Las peculiares dotes deductivas que caracterizan a la niñez le llevan a pensar que es precisamente esa momentánea e intensa displicencia la que lo acaba despabilando.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Toman ahora el camino de regreso hacia el coche, a fin de ir a casa de su acompañante femenina. Al llegar allí, se despiden con más besos –demasiados, a su parecer-, y él parte de nuevo hacia la avenida que abandonaron no hace mucho. Desesperado –la resignación no es muy propia de Ralph- ve que, después de dejar el coche prácticamente en el mismo emplazamiento anterior, coge de nuevo el mismo camino arbolado –“A mi cabeza deberían darle un premio a la creatividad”, se lamenta-, pero ahora su destino se encuentra algo más alejado que antes: atraviesa una puerta sobre la cual puede leer un rótulo –“&lt;em&gt;Acad&lt;/em&gt; no sé qué”-. Durante la clase –la gente que lo rodea se sienta en sillas dispuestas en varias filas paralelas, lo cual le sugiere que se trata de una clase-, el (supuesto) profesor se sirve de una pequeña pantalla de cine; sin embargo, la posible novedad del momento empieza y termina ahí, pues parece ser que la lección que se muestra en la mencionada pantalla versa sobre palabras, cifras y dibujos similares a aquellos de los que ya se atiborró antes (muy coloridos, sí, pero “¡no se mueven así los muelan a garrotazos!”). Es precisamente este hecho el que lo obliga a reformular aquella teoría suya, más concretamente la parte del televisor: su conclusión final es que su otro yo, hacendoso por partida doble, lo usa para estudiar las lecciones que le van siendo impartidas en esta academia –“¡Eso es: &lt;em&gt;Academia&lt;/em&gt;!”-. Éste es uno de los puntos que, conjeturando acerca de aquel futuro posible, suelen despertar en Ralph la inquietud que al principio se mencionó.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;b) Como se iba diciendo, y ciñéndonos a este tipo de sueños, la mente de Ralph deja esta otra alternativa para las últimas cuatro noches:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Regresa con el coche, desde la avenida, a la casa de dos pisos; allí come algo -&quot;Gracias, cabeza mía, que por lo menos permites que me olvide durante un rato de tanta fruta&quot;-, ora solo, ora acompañado por una o más personas que, por supuesto, nunca había visto hasta entonces; en cualquier caso, nunca falta en ese momento otro televisor. Éste, debido a su tamaño, más reducido, le resulta algo más familiar que el anteriormente descrito; no obstante, es a color –el blanco y negro ha sido proscrito en estos sueños, no cabe duda- y emite con extraordinaria nitidez fascinantes imágenes y sonidos de un sinnúmero de cosas, desconocidas por completo para Ralph. Acabada la comida, se dirige al piso de arriba para acostarse de nuevo en la cama .Este hecho irrita bastante a Ralph - “¿Cómo puede alguien dormirse dentro de un sueño?”-, y por ello ha intentado a menudo impedir que ocurra; siempre había creído que cada uno podía cambiar, si se lo proponía, el curso de sus propios sueños. Sin embargo, nunca lo consigue por mucho ímpetu que pone: todos y cada uno de estos sueños, cualquiera que sea su clase, transcurren inexorables.&lt;/p&gt;
&lt;div style=&quot;text-align:center&quot;&gt;______________________&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Alcanzados los respectivos finales, ambas bifurcaciones oníricas vuelven a converger en puntos muy parecidos. El narrador, aun a riesgo de parecer desconsiderado, prefiere omitir los hechos ulteriores a dichos puntos -dado que el más profundo tedio puede adueñarse tanto de aquél como del lector, si ello no ha ocurrido todavía- y se limitará a describir los últimos instantes de este tipo de sueños:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ralph come ahora en el segundo o tercer piso de un gran edificio; se trata de la casa de la chica, que come también, a su lado. Fuera de este edificio, la luz del sol ha sido relevada por la que emiten unas farolas desde una altura de varios metros, inusitada a ojos de Ralph. La habitación donde ambos se hallan está iluminada tenuemente por cuatro o cinco focos alineados, incrustados en el techo. Ambos mantienen &quot;aburridas conversaciones de mayores” mientras observan  –“Cómo no…”- una de esas televisiones con colores, si bien el tamaño de ésta se le antoja a Ralph descomunal. También es frecuente que escojan de entre varios que allí tienen un disco que, aun siendo muy parecido a los de música que él conoce, se distingue de éstos en varios aspectos. Presenta, por ejemplo, un tamaño mucho menor, y la superficie de uno de sus lados es totalmente reflectante, similar a la de un espejo. Introducido el disco en un aparato ultrafuturista y después de haber pulsado una serie de botones, los comensales se dedican a mirar durante algún rato, con interés renovado, lo que emite el televisor gigante -a Ralph no deja de asombrarle, por muchas veces que lo sueñe, tamaña proliferación de botones y pantallas-. Una vez que han terminado la comida, retorna a la casa de dos pisos. Allí, solo, mientras yace sobre la cama ubicada en el segundo piso, coge un libro de un armario. Suele olvidar su título, pues muy rara es la vez que su otro yo se detiene a mirar las tapas o el lomo. En cualquier caso, apenas si ha llegado a leer ocasionalmente el comienzo de alguna línea, ya que poco después de abrirlo por la página que tiene señalada, Ralph se despierta.
&lt;/p&gt;

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		<id>http://www.lacoctelera.com/divagando/post/2008/05/11/lo-opino-con-conviccion-irreductible</id>
		<title>Lo que opino, con convicción irreductible</title>
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		<issued>2008-05-11T19:05:11+00:00</issued>
		<updated>2008-05-15T13:23:14+00:00</updated>
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&lt;p&gt;Estimado caballero, apasionado Sr. D. Arturo Pérez-Reverte; permítame entrar en materia sin rodeos:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Parece usted sentirse en la obligación de recalcar (con insistencia, en sus artículos y en muchos de sus libros) la suerte de “nobleza” que, según su criterio, caracteriza casi todo cruento conflicto humano; además, en su artículo titulado &lt;a href=&quot;http://www.xlsemanal.com/web/firma.php?id_edicion=3067&amp;id_firma=6090&quot; title=&quot;http://www.xlsemanal.com/web/firma.php?id_edicion=3067&amp;id_firma=6090&quot; id=link_0&gt;“Lo que sé sobre toros y toreros”&lt;/a&gt;, extiende tan honrosa virtud, para mi sorpresa, a la práctica del toreo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Convengo con usted parcialmente en lo que atañe a las guerras, pues igualmente considero que reside cierta nobleza en algunas de ellas, por ser necesarias e inevitables. Y deben recordarse, sí: por la defensa de la justicia y la libertad que representan, pocas; por la crueldad y la sinrazón que guían en exclusiva a los contendientes, muchas otras; pero especialmente, todas, a fin de hallar soluciones alternativas y evitar que, una y otra vez, lleven la miseria allí donde se declaran y supongan lo que en definitiva son: un estrepitoso fracaso de la razón. De cualquier manera, no creo que ningún otro motivo justifique tenerlas presentes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y llegando ya al tema del toreo me pregunto, estableciendo paralelismos: ¿qué maldita necesidad hay, y mucho menos nobleza, en que un hombre mate lentamente, para refocilación de la concurrencia, a un ignorante animal? Disiento absolutamente con usted en lo relativo a este asunto, porque este burdo espectáculo, a diferencia de las guerras, es siempre un grave error del todo evitable que, aun así, comete el ser humano de forma consciente y vil. Y le pregunto: ¿cuánto equilibrio encuentra en que siempre muera el toro, salvo que sea indultado previo sufrimiento del correspondiente suplicio? Porque, dígame, ¿recuerda cuál fue el último torero que murió en la plaza? Por más que uno quiera buscar, sólo hallará en ese enfrentamiento pura y brutal iniquidad. En fin, es por todo lo dicho que, como salvajada que es, el toreo no debería suscitar más que indignación y vergüenza; y, considerando los tiempos que ya corren, una honda estupefacción.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para concluir: la violencia es dolorosamente real y, como tal, no ha de olvidarse, pero ello no obsta para que deba eludirse en la medida de lo posible puesto que, asimismo y sobretodo, es algo repudiable.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Atentamente,&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Benito
&lt;/p&gt;

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		<title>Cuán feliz descubrimiento</title>
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		<issued>2008-05-03T14:53:10+00:00</issued>
		<updated>2008-06-07T17:10:50+00:00</updated>
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&lt;p&gt;Y pensar que han tenido que transcurrir veintidós años (su primer disco data de 1986) para que, siendo ya mi mente totalmente receptiva y susceptible de conmoverse ante esta maravilla, mis tímpanos se encontraran -vía Radio 3- con el arte de esta gente, y sobreviniera entonces una reacción en cadena: se suscitó en mí arrobo, que propició mi curiosidad, que, bien satisfecha al escuchar el nombre del grupo, se tornó alegría (o alivio), deviniendo ésta (o éste) en euforia tras advertir que podría verles actuar en directo el primer día del festival &quot;SOS 4.8&quot; de Murcia, ayer:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;IMG class=imgCen height=355 src=&quot;http://www.lacoctelera.com/myfiles/divagando/James1blog.JPG&quot; width=474&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;IMG class=imgCen height=355 src=&quot;http://www.lacoctelera.com/myfiles/divagando/James2blog.JPG&quot; width=474&gt;&lt;br /&gt;
(Muchas gracias por las fotos; * )&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;IMG class=imgCen height=400 src=&quot;http://www.lacoctelera.com/myfiles/divagando/Heyma.jpg&quot; width=400&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;/p&gt;

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