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divagando

Erráticos desvaríos de una mente perturbada por la realidad

12 Octubre 2007

A dos metros bajo tierra - De la muerte y el amor

Los convencionalismos aquí no existen, o como poco se retuercen, se cuestionan y transgreden; cada persona es un vasto universo dotado de características únicas, irrepetibles, capaces de protagonizar por sí solas una serie de televisión distinta. Los diálogos fluyen con un vocabulario propio de una novela de Albert Camus, preciso, descriptivo, precioso –la envidia de este blog-. La muerte se muestra sin tapujos, de forma nunca diferente a la que utiliza en la realidad: el dolor por la pérdida de un ser querido se presenta desnudo, crudo, insoportable en tanto logra asumirse que la vida continúa inexorable, y acaba por sobrepasar el sempiterno instinto al sufrimiento efímero.

Los sentimientos y las emociones bullen como agua que hierve, porque eso es la vida cuando queda despojada de ataduras dogmáticas, de vergüenzas, de ideas preconcebidas. Los corsés del alma, de existir tiempo atrás, es evidente que para siempre desaparecieron asfixiantes con quienes parieron a estas personas -la envidia de este blogero (valga la licencia castellano-inglesa, de haberse tomado)-.

servido por Benito 3 comentarios compártelo favorito

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

divagando

divagando dijo

Dicho en ella:

"La vida es una serie de accidentes. Uno detrás de otro."

"Debería ser ilegal obligar a alguien a bailar."

17 Noviembre 2007 | 12:16 AM

Torcuato

Torcuato dijo

Diría que estabas borracho cuando escribiste eso, chaval.

Pues yo resumiría esa serie (inigualable, toca la fibra sensible como ninguna otra que haya visto) de esta breve manera: un exhaustivo estudio sobre la condición humana. Y la palabra que, pienso, podría definirla, es trascendencia; o siendo más exacto, antes que significar trascendencia, creo que ES trascendencia.

Nos vemos

28 Enero 2008 | 09:07 PM

Benito

Benito dijo

Con una música excelente –que suele permanecer agazapada, para, en el momento preciso, sobrevenir acariciando suave al principio el silencio o la monotonía de las voces y el sonido ambiente, deslizarse luego sinuosa y sutil a través de las anfractuosidades, y al cabo agarrar el espíritu inundado y, bien asido éste, zarandearlo hasta sobrecogerlo- se suceden sin solución de continuidad las dudas, las conductas, las opciones y las decisiones, sin que medie en la exposición juicio alguno, sin moralejas, dejando toda conclusión –si ella fuera posible o acaso relevante- a quien observa, escucha y siente. Pulula siempre un relativismo que de seguro haría encenderse de ira al señor Ratzinger.

Sobrios saludos

28 Febrero 2008 | 12:54 PM

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divagando

Murcia, España
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Explorador de la imaginación ajena, cualquiera que sea la forma que ésta adopte. Su rendido admirador, no obstante, cuando se manifiesta en negro y discurre sobre blanco: palabras, figuras, evocación... Fascinantes. La palabra, en suma, es mi baluarte, mi alivio, mi venerado desafío, mi amante solícita.

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