A dos metros bajo tierra - De la muerte y el amor

Los convencionalismos aquí no existen, o como poco se retuercen, se cuestionan y transgreden; cada persona es un vasto universo dotado de características únicas, irrepetibles, capaces de protagonizar por sí solas una serie de televisión distinta. Los diálogos fluyen con un vocabulario propio de una novela de Albert Camus, preciso, descriptivo, precioso –la envidia de este blog-. La muerte se muestra sin tapujos, de forma nunca diferente a la que utiliza en la realidad: el dolor por la pérdida de un ser querido se presenta desnudo, crudo, insoportable en tanto logra asumirse que la vida continúa inexorable, y acaba por sobrepasar el sempiterno instinto al sufrimiento efímero.
Los sentimientos y las emociones bullen como agua que hierve, porque eso es la vida cuando queda despojada de ataduras dogmáticas, de vergüenzas, de ideas preconcebidas. Los corsés del alma, de existir tiempo atrás, es evidente que para siempre desaparecieron asfixiantes con quienes parieron a estas personas -la envidia de este blogero (valga la licencia castellano-inglesa, de haberse tomado)-.



divagando dijo
Dicho en ella:
"La vida es una serie de accidentes. Uno detrás de otro."
"Debería ser ilegal obligar a alguien a bailar."
17 Noviembre 2007 | 12:16 AM