¡El emperador está desnudo, idiotas!
Ojalá verlo así -agasajado por los adalides de la elegancia indumentaria, hallándose ufano entre ellos- no causase más que risa. Desgraciadamente, entre los efectos que este hecho produce en un cuerpo y los ocasionados por las carcajadas sólo coincide el sonrojo (no así el ceño fruncido, la mandíbula prieta y unas náuseas próximas a la arcada).
Reciban los artistas mis más sinceras condolencias.
