La relación entre Max y yo iba decayendo. Ya nunca había sorpresas, me aburría con él si no estábamos en la cama. En dos años él era el mismo, pero ahora yo le veía diferente, le veía insulso a veces hasta en la cama.
Llevaba ya meses sin satisfacerme en ningún sentido y yo empezaba a cansarme de que siempre estuviese fuera.
Un día decidí cambiar las cosas, hacer regresar esa pasión de antes. Así que me fui a su empresa. Mi plan era hacerlo encima de su escritorio a cuatro patas, siempre con esa emoción que tanto me gustaba de ser pillados.
Me puse un vestido rojo y unos tacones. Me dejé el pelo suelto y me coloqué el mejor sujetador, para que mi escote fuera más prominente.
Subí rodeada de varios hombres en el ascensor, los cuales me recorrieron con la mirada de arriba abajo. Eso me puso a cien. No hay nada más que me guste que sentirme deseada.
Me acerqué hasta una sala con un par de sillas y un escritorio, donde se sentaba la secretaria de Max. Como no vi a nadie no me lo pensé y entré sonriente al despacho. Pensé "mejor, se dará más sorpresa".
Al entrar vi a Vicky, la secretaria, montada desnuda en Max, jadeando, mientras él le sobaba las tetas y la agarraba del culo.
Mi corazón dió un vuelco y mi cuerpo se quedó completamente parado.
-¡Amelia! -dijo dando un bote Max.
En ese momento una lágrima me pasó por la mejilla y algo en mi interior dijo "corre" y me largué de allí, mientras Max se subía los pantalones y empezaba a seguirme sin llegar a alcanzarme.
Me sentí tan estúpida y engañada. Se tiraba a su secretaria a saber desde cuando...
Paseé hasta la noche y cuando me sentí cansada regresé a casa. Él estaba allí, sentado en la cama, con las manos en la cabeza.
Yo crucé los brazos y me apoyé en la puerta, observándole y esperando a que dijese algo.
Estaba muy sexy. Llevaba el torso al descubierto y en sus calzoncillos podía verse el bulto que siempre había considerado mío. Estaba enfadada, pero le deseaba tanto...
-Esto no tenía que haber pasado... -dijo él.
-¿Tirarte a tu secretaria? -contesté.
Él me miró serio, como sorprendido por mi entereza.
-Dime una cosa... -proseguí acercándome a él. -¿Folla mejor que yo? -le agarré del pelo y le besé en los labios. -¿Te la chupa mejor? ¿Es eso?
Él comenzó a besarme y a sobarme las tetas.
Yo no podía evitarlo, le quería y lo deseaba. Necesitaba sentirle, abrazarle, hacerle romper de placer.
Me quité el vestido y él se quitó los calzoncillos, dejándo ver su polla erecta. Le chupé el pecho, la barriga y las ingles, hasta que me metí su pene a la boca y comencé a mamársela, mientras oía sus gemidos.
Yo disfrutaba y Max también, pero me llegó a la mente la imágen de él y su secretaria y le mordí de la ira. Max lanzó un pequeño grito mezclado de placer.
-Métemela... -le dije.
Él me agarró y me puso acostada en la cama. Me besaba por el cuello mientras se la cogía para metérmela. Yo no paraba de gemir, mis piernas hacían fuerza para que él entrara más en mí.
Le metí la lengua en la garganta del beso que le di al sentir el placer que tanto había anhelado. Mis gemidos eran gritos bañados en un sentir puro, mezclado de enfado y deseo, de engaño y necesidad.
Apreté su culo duro hacia mí, le clavé las uñas y le susurré que no parase, que siguiese, que me follase.
La cama chirriaba, lo estábamos haciendo de la manera más salvaje. Creo que si se pudiera morir de placer, yo lo habría hecho aquella noche.
Nos corrimos con tanta intensidad que mi corazón se iba a salir de mi pecho.
-Fóllame... fóllame... -le decía.
Calló en mi pecho y nosperdimos en un abrazo. Yo sentía que había alcanzado lo máximo con él. Le miré, él me miró.
-Menos mal que todo se ha arreglado... No podría estar sin ti. -me dijo.
Yo me incorporé yme coloqué el vestido y las bragas.
-¿Qué haces? -preguntó impresionado.
-Verás, ya tengo lo que quería: el último polvo. Consideralo un regalo, porque después de lo que he visto hoy en tu despacho no soy capaz de seguir contigo, pese a que te amo... -me agaché hacia él. -Te quiero Max. Me ha encantado follarte por última vez.
Cogí mi bolso y di un portazo. No volví a verle o, mejor, él no volvió a verme a mí.
Parecía un sueño, era despertame y él estaba ahí.Me encantaba que me abrazase por la noche después de hacer el amor.
Él me daba tanto que no podía evitar ser generosa en nuestro terreno preferido: el sexo.
Lo hacíamos en todos los lugares de la casa. Una vez, después del trabajo, regresé y me lo encontré caminando desnudo por los pasillos.
-Hola chochito. -Me dijo sonriendo.
Me acuerdo de su culo perfecto. Era redondito y respingón. El mejor culo del mundo y yo era su única catadora. Adoraba sus brazos, sus piernas, sus manos pero, sobre todo, sus dedos. Eran largos y finos. Su sensibilidad al masturbarme me hacía enloquecer.
Sí, sentía que el Dios del sexo se encontraba cada noche entre mis piernas.
Un día de verano se fue a por unas pizzas y al poco regresó con la mayor sonrisa en su cara.
-Mira esto preciosa... -me dió unos billetes de avión.
-¿Y esto? -pregunté.
-Nos vamos al Caribe, nena.
Me dejó a cuadros, no me lo podía creer.
-Pero... es mucho dinero amor. -dije.
-Preciosa... -empezó a camelarme. -...imagínate tú y yo, en el Caribe, esas playas cristalinas... -empezó a acariciarme las ingles. -...haciendo el amor en la arena... -lentamente empezó a tocarme en mi entrepierna.-...una y otra vez...
Lancé un gemido que a penas se oyó.
Después de un buen camelamiento le dije que era buena idea. Así quesolo dos semanas después nos marchamos en un avión rumbo al mejor sitio del mundo.
En el avión solo pensaba en follarme a Máx una y otra vez en la arena del Caribe.
Llegamos por la tarde, así que nos fuimos a cenar y luego nos dimos un paseo por la orilla del mar.
Recuerdo que nos metimos entre las rocas y nos sentamos, abrazados y tranquilos. Sin ninguna molestia. Él y yo, y nadie más.
Estaba tan guapo. Máx era de esos que se ponían siempre traje de chaqueta. Él sabía que me ponía a cien. Su cuerpo perfecto envuelto en tela cara. Me lo habría comido si hubiera tenido ocasión.
Empecé a besarle y él me correspondía. Me abrazó fuerte y entre beso y beso me dijo tiernamente "Fóllame".
Le desabroché la chaqueta y de un tirón le quité la camisa. Él me quitó el vestido, dejándome las tetas al aire, solo con las braguitas.
-Estás empapada amor... -me dijo tocándome el chocho.
-Es por tu culpa. -le dije sonriendo.
Le desabroché la cremayera, estábamos a mil por hora. Nos olvidamos de los preliminares y allí, entre las rocas y el ruido del mar del Caribe, hicimos el amor.
Primero me dejó moverme encima de él. Le encantaba que le cabalgase mientras me chupaba y sobaba las tetas. Después me dejó caer entre la arena y se sacó los pantalones.
Notaba como su culo hacía fuerza para entrar más adentro de mí. Yo se lo agarraba y le guiaba hasta donde yo quería, hasta donde a mí más me gustaba.
Su polla dura rozaba cada estructura de mi coño, haciéndolo morir de placer y deseo.
-Sigue... fóllame más... -le decía al oído.
Iba cada vez más rápido. Nos estábamos corriendo y yo no pude evitarlo, empecé a gemir fuerte. No podía parar.
-Ahhh... ahhh... ¡¡Sí!! ¡¡Síii!!... Fóllame Máx... No pares...
Él me sonrió y me besó fuertemente mientras se corrió, dejándome a medio.
-¿Te has corrido? -preguntó.
-Casi...
Me miró sonriéndo.
Me abrió las piernas a tope, todo lo que pudo. Empezó a besarme las rodillas, luego los muslos. Llegó hasta las ingles y terminó con su lengua en mi chochete mojado.
Sus labios morreaban mi coño al tiempo que su lengua se perdía dentro de mí. Agarré con las manos la arena fuertemente.
-No pares...
Sus manos me agarraban el culo y las caderas. Me estaba comiendo y a mí me encantaba. De repente paró.
-Tengo una idea. -dijo.
Me agarró y me sentó en su muslo izquierdo.
-Quiero ver como te corres en mi pierna. -me dijo.
A mí me daba igual dónde correrme. Es más, que él me mirara me ponía más y no dudé un segundo.
Abrí las piernas cuanto pude y empecé a frotarme contra su muslo. Me gustaba esa sensación, ese momento. Él me miraba y yo intentaba mirarle, pero el placer me ganaba y mi ojos se cerraban.
Le agarré la cabeza hacia mi pecho y le pedí que me chupara. Cada vez iba más rápida. Él me ayudaba con sus manos en mis caderas.
-Venga cariño... dale de comer a ese coño inquieto... dale lo que quiere...
Me gustaba tanto oírle hablar, que me dijera esas cosas, que me llamara guarra, que me pidiera más y más...
-Ahh... ahhhh... -mi respiración era más intensa. Estaba llegando al orgasmo.
Me encanta caminar por la calle e ir mirando escaparates. Nunca entro a las tiendas, solo miro, me divierte más y es más barato.
Una mañana, aburrida de estar sola en casa, salí a dar vueltas por la ciudad y entretenerme un rato.
Estaba mirando un escaparate de una tienda de discos cuando miré hacia adelante y me di cuenta de que habían puesto una Sexshop y me entró la curiosidad. Pensé en Max y sonreí al pensar qué cara pondría si en vez de regalarle un CD o una película le regalase algún juguetito sexual para nuestro aniversario.
Ni corta, ni perezosa, entré en aquella tienda. Desde muñecas inchables hasta vibradores que me ponían la carne de gallina. Aquel lugar era un imperio para mí y algo me recorrió el cuerpo.
-¿Qué desea? -preguntó el encargado.
-Verás... mi novio y yo cumplimos un año juntos y he pensado en regalarle algo... original.
El chaval me sonrió y entró al almacen. Vino a los pocos minutos con varias cosas.
-Tengo bragas y calzoncillos comestibles. Los estoy vendiendo como churros. También tengo bolitas chinas. A las chicas os encanta.
En ese momento me vino a la mente Max comiendome el chocho con una de esas bragas y sonreí.
-Me llevo todo esto. -en ese momento mis ojos se posaron en un traje de señora de la limpieza muy sexy, con un plumero con forma de pene. -Y ese traje también.
Me lo metió todo en una bolsa muy sugerente y salí de allí contentísima y deseosa de que llegara la noche para darle los regalos a Max.
A las ocho y media de la tarde me probé el vestido y aunque me quedaba un poco estrecho, pensé que no importaba pues, tampoco lo llevaría demasiado tiempo puesto. Me coloqué las bragas comestibles y cuando oí la puerta de casa me tendí en la cama con el plumero y los calzoncillos en la mano.
Al entrar a la habitación se quedó parado sonriéndome.
-¿Y esto? -dijo él.
-Hola cariño... -dije levantándome la falda. -Feliz aniversario...
Le lancé los calzoncillos y los cogió al vuelo.
-Póntelos. -le ordené levantándome de la cama y acercándome a él. -Son comestibles. -le susurré y le sonreí.
Empecé a quitarle la ropa léntamente. Le besaba el cuello, le tocaba el paquete y el culo. Se quedó completamente desnudo y se puso los calzoncillos.
Le empujé hacia la cama y me puse encima de él.
-Preciosa, estás llena de sorpresas.
Comencé a besarle los labios. Le acaricié el torso y la polla, que empezaba a crecer dentro del calzoncillo.
Intentó acariciarme, pero no le dejé.
-No. Primero tú... luego yo.
Apoyó la cabeza en la almohada y yo empecé a masturbarle sin quitarle el calzoncillo. Gemía de placer.
-¿Quieres que te la coma? -le dije.
-Sí... cómetela entera.
Me sonrió y yo abrí mi boca y empecé a saborear los calzoncillos.
-Espera... -me paró. -Hagamos un 69. Yo también quiero probar esas bragas.
Me pareció buena idea, así que dejé que me desnudara.
-Qué sexy estás con el traje. -me dijo. -Me voy a comer esas tetas que tienes. Me pones a mil Amelia...
Empezó a sobármelas. Yo notaba su pollita deseosa de salir. Le volví a empujar para que se recostara y ya solo con las bragas puse mi coño sobre su boca.
Me agarró del culo y aunque llevaba las bragas notaba su lengua y sus labios comiéndose cada lado de mi chocho hambriento. Yo no paraba de abrir la boca, aunque a veces tenía que parar porque gemía del gusto. Él me quitó las bragas y yo hice lo mismo con los calzoncillos. Era más fácil mamársela así.
Me la metí en la boca. Cuánto más rápido y más adentro me metía su lengua, más adentro me metía yo su polla. Él llegó al orgasmo antes que yo, siempre que le hacía una mamada se corría en seguida. No había nada que le gustara más.
-¿Te has corrido? -me preguntó.
-No... -me acordé de las bolas chinas que también compré.
Las saqué y se las enseñé.
-Pero puedes hacer que me corra con esto...
Me hizo un gesto para que me acercara a él. Se sentó en la cama y me pidió que me pusiera en su regazo. Abrí las piernas y empezó a besarme el cuello y a tocarme las tetas.
Fue recorriéndome el cuerpo poco a poco con las manos y, al llegar a la entre pierna, agarró las bolas chinas entre sus dedos. Mientras me tocaba los pezones con una mano, con la otra me masturbaba.
Yo notaba medio extasiada esas bolas y sus dedos recorriéndome el coño mojado. Luego siguió con ambas manos y la presión me hacía estremecerme de placer.
Cada vez iba más rápido, yo ya no podía más. Abrí al máximo mis piernas y me corrí entre sus manos y las bolas chinas.
Lancé un gemido detrás de otro, pidiéndole que no parase, que me follase hasta morir...
Me desperté de repente. Miré a mi lado y él no estaba. Había sido un sueño erótico maravilloso pero me sentí desanimada y tremendamente cachonda. Siempre que no llegas al éxtasis en un sueño erótico parece que te falta algo.
Me levanté mojada y desnuda, me habría gustado que él hubiera estado aquí, así habría podido desahogarme del todo como en mi sueño.
Puse la televisión, no había nada que me interesara. Estuve haciendo zapping unos minutos hasta que oí ruidos en el baño.
Abrí la puerta y vi a Max saliendo de la ducha.
-Buenos días preciosa. -dijo sonriendo y completamente desnudo. -¿Has dormido bien?
Me senté en el retrete y miré su cuerpo entero, ambos estabamos desnudos y no nos importaba.
-Sí, bastante bien... -contesté sonriendole.
Cogió una toalla y se la lió a la cintura. Yo no podía dejar de mirarle.
-¿Trabajas esta mañana?
-Dentro de una hora. -dijo echándose la espuma de afeitar.
Me coloqué detrás de él y comencé a besarle la espalda. Olía tan bien como en mi sueño. Le abracé fuerte, pegando mi pecho a su musculosa espalda.
Acaricié su torso y restregándome metí mi mano por la toalla. Él se enjuagó la cara y me sonrió picaronamente.
Comencé a mastubarle poco a poco y su respiración fue aumentando.
-¿Todavía quieres más preciosa?
-Yo siempre quiero más...
Se dió la vuelta y comenzamos a besarnos y a tocarnos como locos. Nos masturbabámos uno al otro y yo sentía que era el mejor hombre que me había follado nunca.
Le aparté de mí riéndome y él se quitó la toalla, dejándo al descubierto su pene erecto. Le hice un gesto para que se metiera conmigo a la ducha.
-Ven aquí cariño... ven con mamá... -le dije tirándole un beso.
Directamente se metió y yo encendí el agua. Me puse debajo y me froté las tetas mientras él me miraba. Se notaba que estaba cachondo y a mí me gustaba.
-Mira que eres mala. -dijo él. Yo me reí y me acerqué a él.
De nuevo nos besábamos. Me saboreó por todas partes y yo no dejé de tocarle para corresponderle.
Cuando ya no pudimos más él me agarró del culo, me puso contra la pared y me penetró bajo el agua templada que nos caía a ambos encima.
Sólo se oían nuestros gemidos y el chorro del agua. En ese momento solo existíamos él y yo y, como en mi sueño, deseé que eso nunca terminase. Me gustaba poder hacerlo a todas horas con alguien como él.
Llegamos al orgasmo en cuestión de minutos. Me besó en los labios con un beso que me hizo caer reventada en sus brazos.
Nos quedamos unos minutos ahí, debajo del agua, abrazados y acariciándonos.
Nunca he podido dormir más de ocho horas y aún era temprano para levantarse. Aquella mañana yo no trabajaba y ya que estaba agusto ahí tendida, desnuda debajo de las sábanas, lo único que hice fue observar cómo dormía.
Me envelesé en su pelo rubio, en sus brazos fuertes y musculosos, en su torso... Se dió la vuelta y dejó al descubierto la espalda. Para mejorar la vista le destapé un poco y vi su culo tan perfecto.
Empecé a pensar en lo que a penas cinco horas atrás había pasado e imaginarle encima de mí me ponía a mil en menos de un segundo.
Eran las tres de la mañana y yo no podía dormir. Oía su respiración pegué mi pecho a su espalda. Olía tan bien...
Tenía ganas de más, pensaba que no me lo había dado todo, necesitaba hacerlo hasta quedar rebentada, pero me daba pena despertarle, estaba tan inmensamente sexy que no pude evitarlo, empecé a masturbarme.
Hice una especia de pelotita con la sábana y restregué mi coño en ella lentamente, para disfrutar del momento. Me daba igual que él me pillara, de hecho me daba morbo que lo hiciera.
Estaba tan metida en mi acto que no me di cuenta de que él se había despertado.
-No pares por mí cariño. -me dijo.
Yo le sonreí mientras él se empezó a masturbar también. Cuando vió que estaba corriendome me dijo que parara.
-Déjame a mí preciosa. -me puso boca arriba y empezó a acariciarme las tetas y a besarme en la ingles. Yo lanzaba pequeños gemidos ya que sabía que a él le encantaban.
-Chúpamelo... -le pedí.
Él negó con la cabeza ysiguió besándome por todo el cuerpo. Me dio la vuelta recorrió, con su lengua, toda mi espalda, acarició mi culo y besó mi cuello para luego volverme a dar la vuelta y seguir chupándome las tetas. Me succionaba los pezones y con su mano repasaba, a penas sin notarlo entre caricias, el contorno de mi coñito mojado.
-Por favor... chúpamelo... -le rogué completamente cachonda.
Me sonrió picaronamente y me besó en los labios, luego el cuello, las tetas, la barriga, los muslos, las ingles y, finalmente me metió la lengua entre las piernas.
Yo gemí fuerte y apreté con una mano las sábanas y con la otra le dirigía su cabeza para que me hiciera correr en su boca.
Estaba perdida entre un gusto magnífico y deseaba que nunca acabase. Estaba temblando tanto de placer que no noté que había sustituído su lengua por su maravilloso pene hasta que ví su cara frente a la mía.
Empezó a mover el culo el cual yo agarrabapara que me penetrara tanto como pudiese.
Sus brazos me rodeaban, sus labios me succionaban, sus manos me envolvían.
-Pídeme que te folle, pídemelo... -me dijo.
-Fóllame Max... fóllame... -le contesté entre gemidos. -No pares... no pares...
Cada vez iba más rápido, yo quería más y más, le besaba en los labios y le acariciaba la espalda, estaba llegando al orgasmo iba a gritar de placer cuando...
Aquella mañana llegaba tarde al trabajo. Me daba mucha rabia porque era mi primer día de camarera y no quería problemas.
Pese a que llegué cinco minutos después de la hora a la que debería haber llegado nadie me dijo nada, así que mecoloqué el pequeño delantal y me puse a servir mesas rápidamente.
El restaurante se llenó de gente conforme pasaba el día y, la verdad, era bastante aburrido. Siempre me han aburrido los restaurantes de los hoteles porque todo el mundo se vuelve estirado y parece que todos fingen ser ricos, y más en uno de cinco estrellas como ese era.
Todo iba normal hasta que a la hora de comer entró un hombre alto, rubio y de ojos claros, de unos veintiocho y se sentó en una de las mesas. Miró la carta un momento y al levantar la cabeza me miró unos segundos y con una sonrisa muy pícara me hizo un gesto con la mano para que me acercara.
Mientras pedía yo notaba cómo me repasaba con los ojos de arriba a abajo descaradamente. Eso me encantaba. Me contoneé durante todo el rato a su alrededor llendo de un lado a otro.
Noté cuando estuvo listo para el postre y me volví a acercar.
-¿Desea postre el señor? -dije sonriendo.
-Sí... -sacó una llave. -Estoy en la trescientos quince, ¿Por qué no vas y me lo llevas?
Yo sonreí y negué con la cabeza.
-Lo siento señor, esa no es tarea mía.
-Lástima. Te abría dado una muy buena propina. -me susurró.
Se marchó sonriendo y yo lo lamenté profundamente.
Seguí con mi trabajo hasta las nueve que terminó mi turno. Me dirigí a los ascensores y pulsé el botón. Al abrirse las puertas me quedé impresionada al ver que aquel hombre iba montado. Le sonreí y me metí en el ascensor.
-¿Qué planta, preciosa? -me preguntó pegándose a mi espalda. Podía notar su paquete a punto de estallar en mi culo y me puse muy cachonda.
-¿En qué planta está la trescientos quince? -nos sonreimos y nos besamos muy apasionadamente.
Me levantó la camiseta y desabronchándome el pantalón me metió la mano por las bragas y empezó a masturbarme lentamente. Yo le ayudaba con mi mano y de mi boca salían pequeños gemidos.
Me besó tiernamente en la mejilla y dejó de tocarme. Salimos del ascensor y nos metimos en su habitación. Apalancándome en la pared empezó a desnudarse y a desnudarme a mí, mientras nos besábamos.
No podía más, vi su polla gorda y deseé que me la metiese hasta el fondo una y otra vez.
-Siéntate. -Le dije. Me puse de rodillas y acaricié sus muslos. Él me puso la mano en la cabeza y me acarició mientras yo me metía en la boca su pene rosado. Lo chupé, lo lamí, lo besé, y empecé a hacer movimientos hacia dentro y hacia afuera. Él gemía de gusto y cuando noté que se corría paré de golpe. Me miró picaronamente.
-Qué mala eres. -me dijo.
Me senté sobre él y cuando me coloqué para que me penetrara me paró.
-Así no. Date la vuelta.
Oí que abrió un condón y me puse de espaldas. Apoyada en la almohada sentí su polla entrar en mi chocho que tiritaba de ganas y nada más notar la punta gemí.
El me agarró de la cintura y empezó a moverse lentamente. Me tocaba las tetas y me besaba la espalda al tiempo que se corría en mí. Me dió la vuelta y finalmente me sentó sobre él. Le cogí la polla y me la metí de nuevo. Él me miraba mientras me movía. Le dirigí su cara para que me chupara las tetas. Lo hizo. Su lengua me recorría los pezones y sus manos me tocaban entera al tiempo que yo le besaba en la cuello.
-Quiero oírte gemir... gime para mí... gime... -me dijo.
Yo lo hice, me encantaba que me lo pidiese.
-Ahhh... Ahhh... Mmmm... Ahhh... Sí... Síii...
-Córrete, córrete preciosa...
Si hay algo que me guste es que me follen y me hablen al mismo tiempo. Ese hombre era un experto, cada fibra de mi ser temblaba si me susurraba.
Me dejó caer al colchón y lo rodeé con mis piernas. Agarré su culo y él me besaba y tocaba mientras yo seguía gimiendo y él habladome.
-¿Quieres que te folle? ¿Eh? -decía.
-Sí... fóllame entera... ¡¡¡Ahhhh!!!
Nos estábamos corriendo y él comenzó a moverse más y más rápido. Yo gritaba de placer mientras llegué al orgasmo unos segundo antes que él.
Siguió dentro de mí y cuando llegó al finalme besó en los labios. Se acostó reventado a mi lado y yo le miraba con una sonrisa en la cara.
-Me llamo Amelia. -le dije.
-Yo Máx. -me besó de nuevo en los labios. -Amelia, eres increíble...
La diferencia entre un hombre promíscuo y una mujer promíscua es que a él lo tachan de "super macho" y a ella de "super puta". No me considero una puta por difrutar de mi sexualidad, ¿y tú?
Bienvenid@s a tod@s a este, mi rincón. Disfrutad con mis textos y entrad en un mundo de sexo, desenfreno y pasión.
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