Haciéndolo entre las rocas
Parecía un sueño, era despertame y él estaba ahí.
que me abrazase por la noche después de hacer el amor.
Él me daba tanto que no podía evitar ser generosa en nuestro terreno preferido: el sexo.
Lo hacíamos en todos los lugares de la casa. Una vez, después del trabajo, regresé y me lo encontré caminando desnudo por los pasillos.
-Hola chochito. -Me dijo sonriendo.
Me acuerdo de su culo perfecto. Era redondito y respingón. El mejor culo del mundo y yo era su única catadora. Adoraba sus brazos, sus piernas, sus manos pero, sobre todo, sus dedos. Eran largos y finos. Su sensibilidad al masturbarme me hacía enloquecer.
Sí, sentía que el Dios del sexo se encontraba cada noche entre mis piernas.
Un día de verano se fue a por unas pizzas y al poco regresó con la mayor sonrisa en su cara.
-Mira esto preciosa... -me dió unos billetes de avión.
-¿Y esto? -pregunté.
-Nos vamos al Caribe, nena.
Me dejó a cuadros, no me lo podía creer.
-Pero... es mucho dinero amor. -dije.
-Preciosa... -empezó a camelarme. -...imagínate tú y yo, en el Caribe, esas playas cristalinas... -empezó a acariciarme las ingles. -...haciendo el amor en la arena... -lentamente empezó a tocarme en mi entrepierna.-...una y otra vez...
Lancé un gemido que a penas se oyó.
Después de un buen camelamiento le dije que era buena idea. Así quesolo dos semanas después nos marchamos en un avión rumbo al mejor sitio del mundo.
En el avión solo pensaba en follarme a Máx una y otra vez en la arena del Caribe.
Llegamos por la tarde, así que nos fuimos a cenar y luego nos dimos un paseo por la orilla del mar.
Recuerdo que nos metimos entre las rocas y nos sentamos, abrazados y tranquilos. Sin ninguna molestia. Él y yo, y nadie más.
Estaba tan guapo. Máx era de esos que se ponían siempre traje de chaqueta. Él sabía que me ponía a cien. Su cuerpo perfecto envuelto en tela cara. Me lo habría comido si hubiera tenido ocasión.
Empecé a besarle y él me correspondía. Me abrazó fuerte y entre beso y beso me dijo tiernamente "Fóllame".
Le desabroché la chaqueta y de un tirón le quité la camisa. Él me quitó el vestido, dejándome las tetas al aire, solo con las braguitas.
-Estás empapada amor... -me dijo tocándome el chocho.
-Es por tu culpa. -le dije sonriendo.
Le desabroché la cremayera, estábamos a mil por hora. Nos olvidamos de los preliminares y allí, entre las rocas y el ruido del mar del Caribe, hicimos el amor.
Primero me dejó moverme encima de él. Le encantaba que le cabalgase mientras me chupaba y sobaba las tetas. Después me dejó caer entre la arena y se sacó los pantalones.
Notaba como su culo hacía fuerza para entrar más adentro de mí. Yo se lo agarraba y le guiaba hasta donde yo quería, hasta donde a mí más me gustaba.
Su polla dura rozaba cada estructura de mi coño, haciéndolo morir de placer y deseo.
-Sigue... fóllame más... -le decía al oído.
Iba cada vez más rápido. Nos estábamos corriendo y yo no pude evitarlo, empecé a gemir fuerte. No podía parar.
-Ahhh... ahhh... ¡¡Sí!! ¡¡Síii!!... Fóllame Máx... No pares...
Él me sonrió y me besó fuertemente mientras se corrió, dejándome a medio.
-¿Te has corrido? -preguntó.
-Casi...
Me miró sonriéndo.
Sus labios morreaban mi coño al tiempo que su lengua se perdía dentro de mí. Agarré con las manos la arena fuertemente.
-No pares...
Sus manos me agarraban el culo y las caderas. Me estaba comiendo y a mí me encantaba. De repente paró.
-Tengo una idea. -dijo.
Me agarró y me sentó en su muslo izquierdo.
-Quiero ver como te corres en mi pierna. -me dijo.
A mí me daba igual dónde correrme. Es más, que él me mirara me ponía más y no dudé un segundo.
Abrí las piernas cuanto pude y empecé a frotarme contra su muslo. Me gustaba esa sensación, ese momento. Él me miraba y yo intentaba mirarle, pero el placer me ganaba y mi ojos se cerraban.
Le agarré la cabeza hacia mi pecho y le pedí que me chupara. Cada vez iba más rápida. Él me ayudaba con sus manos en mis caderas.
-Venga cariño... dale de comer a ese coño inquieto... dale lo que quiere...
Me gustaba tanto oírle hablar, que me dijera esas cosas, que me llamara guarra, que me pidiera más y más...
-Ahh... ahhhh... -mi respiración era más intensa. Estaba llegando al orgasmo.
-Ya estás preciosa... termina... -me decía sonriendo.
Y me corrí. Me corrí dos veces. La primera fue la más intensa. La segunda fue a los segundos, pues sentí que aún no había terminado.
-Te dije que te gustaría venir al Caribe preciosa.
-Te quiero... -le dije besándole.
Fue uno de los mejores polvos que he echado en mi vida.



Sebastián de la O. dijo
Pero bueno chica, que me tienes atado a tu blog! Me tienes desesperado por ver más de ti...VER y leer. Un beso, mamita.
6 Julio 2007 | 08:51 PM