Mejorando el peer review: el caso del NIH americano
El peer review es el proceso por el cual un artículo científico o una solicitud para un proyecto de investigación es evaluado críticamente por expertos que determinarán si el proyecto sale adelante o el artículo será publicado, si es devuelto al autor para su mejora o es rechazado sin misericordia.
Este proceso ha sido tradicionalmente lento y farragoso, tanto para el autor como para las revistas y órganos encargados de la evaluación por la cantidad de puntos oscuros que presenta. La parcialidad de los revisores, su poca preparación a veces para revisar propuestas con las que metodológicamente no están familiarizados, el escaso tiempo del que disponen o el nulo reconocimiento que se les otorga (sus nombres no son públicos y por lo general no se les paga) provocan que a menudo el peer review sea un proceso en gran parte azaroso y con gran espacio para la mejora. De hecho a menudo se compara con la democracia cuando se dice que es el menos malo de los sistemas.
Lo cierto es que pese a experimentos como el open peer review, no se perciben grandes avances en los últimos años y el sistema permanece inalterable. El NIH (el poderoso Instituto Nacional de la Salud americano) ha decidido ponerse ahora manos a la obra para mejorar los procesos de revisión destinados a la concesión de proyectos de investigación y demás becas y premios para investigadores. Acaba de hacer público un borrador [pdf] donde se revisan los problemas y los objetivos que el sistema afronta y posibles formas de mejorar la calidad del peer review.
El objetivo no es baladí. Los procesos de evaluación (sobretodo en Biomedicina) distribuyen grandes cantidades de dinero, y estas deben repartirse basándose en criterios justos, según la calidad del proyecto presentado, el pasado del grupo investigador (predictor del futuro) o las proridades establecidas por el organismo responsable. Una mala revisión (no necesariamente un mal proyecto) puede ser el detonante de una investigación inconclusa, perder la oportunidad de entrar en la plantilla de las universidades para muchos profesores, y un buen número de becarios y de carreras investigadoras truncadas de raiz.
Como señala Nature esta semana, 22 investigadores han conseguido 222 ayudas de investigación del NIH (aquí entran proyectos, organización de eventos, becas, ayudas complementarias, etc...), por valor de varios millones de dólares, es decir, una selecta minoría acapara todo tipo de ayudas. También se señala el hecho de que se financia a más investigadores mayores de 70 que menores de 30 (lo que demuestra que el sistema es conservador y está afectado por el efecto Mateo). Otro dato muy significativo del informe del NIH es al respecto del tiempo que un investigador principal dedica a un proyecto. Un 33% de los investigadores dedica menos horas al proyecto del que afirman hacerlo. En el siguiente gráfico se observan los principales retos del sistema.
El NIH pretende reducir estas anomalías y actuar sobre la carga administrativa que el sistema provoca (algunas solicitudes pueden ser presentadas y modificadas varias veces, llegando a estar hasta 18 meses en mesas, pasillos y comisiones de diferente pelaje). Otras medidas que se proponen son mejorar la calidad de las revisiones y de los revisores (anque se empeñan en mantener como revisores a personas de reconocida trayectoria, lo cierto es que los estudios demuestran que son los menores de 40 años los que hacen revisiones de más calidad), proponer convocatorias diferenciadas para jóvenes investigadores (obviamente sin un pasado investigador que los avale), y para distintos tipos de ciencia (como para aquellos proyectos más arriesgados, con alta posibilidad de fracaso, que habitualmente no se financian por eso mismo).
En resumen, muy loables los intentos de mejorar el sistema que da soporte a los científicos con vistas a hacerlo más ágil y más justo. Veremos en los próximos tiempos si los resultados son positivos, y los investigadores (y los becarios) pueden dedicarse a los suyo, investigar, y no a rellenar papeles y más papeles.






Foto: Alonso Lobato


