Deficiencias de las revistas científicas españolas
Parece que Juan Aréchaga se ha tomado al pie de la letra uno de los consejos de nuestro post anterior sobre las acciones a realizar para aumentar la visibilidad de una revista. No en vano es director de una y sabe que la polémica y el debate son beneficiosas. Que hablen de mí aunque sea bien. Muy interesante el debate en el blog de la Sedic.
Las revistas científicas, como los periódicos de noticias, tienen más calidad si son los lectores (y, en consecuencia, sus bibliotecarios) los que las financian. Si no, estaríamos hablando de la versión científica del Gramma cubano o del antíguo Pravda soviético. Las revistas profesionales que se financian exclusivamente con subvenciones o cuotas de socios están ya muertas de entrada, no podrán ser nunca competitivas.
Clarísima su postura (que no comparto respecto al open access) y muy loable sus ansias de abrir un debate profundo sobre la salud de las revistas científicas españolas y su financiación, además del papel central de los bibliotecarios en este asunto.
En su artículo Las revistas profesionales como claves para el desarrollo de la Ciencia, la Medicina y la Tecnología en España desgrana algunas características del mercado español de publicación científica, de la evaluación a investigadores y otros aspectos sumamente interesantes (al menos para mí, que me afecta de lleno; no sé si tanto para los lectores de este sitio).
Algunas de las deficiencias que reseña Aréchaga son:
Carencia de inversiones y de una política de promoción editorial adecuada por parte de las instituciones públicas
Suscripciones reducidas de bibliotecas (fuente esencial de financiación de las revistas, ya que las suscripciones individuales suelen venderse a precio de coste) y excesiva dependencia de los intercambios.
Falta de interés por las actividades de marketing y comercialización.
Excesiva cantidad de revistas, pocos números por volumen anual, irregularidad en su aparición, tiradas muy cortas, mala distribución y escasa visibilidad exterior, especialmente en internet.
Deficiente o nula selección de los manuscritos y ausencia de controles de calidad en el proceso de edición, producción y distribución.
Defensa numantina y a ultranza del idioma español –o incluso de otras lenguas regionales–.
Falta de personal de apoyo especializado y escasa relevancia de los directores de las revistas
Éstas son algunas de las claves que da el autor. Hay más en el artículo, que amplían y contextualizan las posturas mantenidas en la columna de El País (origen del debate) y que pueden servir de introducción para conocer los entresijos de las revistas científicas españolas.

Foto: Alonso Lobato


