Un paseo por las nubes...
Es un día como cualquier otro.
En el cielo, los crepúsculos tajan algunas nubes viajeras.
Reina un clima primaveral que estimula mis sentidos, invitándome a volar...
Despliego mis extremidades con el máximo de los esfuerzos, con ese movimiento relajo todo mi cuerpo activando la circulación.
Me miro, miro a mi alrededor, y me uno a la brisa. O quizás me dejo llevar por ella.
Siento como acaricia mi rostro, mis cabellos; me toma del vientre y me alza en vuelo.
Estiro mis manos y las amoldo a su cintura.
Existen pocos momentos en los que logro equilibrar mi mente y mi cuerpo a la naturaleza. Pero hoy es especial, es mágico. No hay pensamiento alguno que logre estropear mi libertad.
Viajo por un hermoso jardín repleto de flores. Mi amante, la brisa, me trae cada aroma que encuentra y me regocijo de placer con cada uno de ellos.
No requiero de grandes movimientos con mis alas, puesto que hoy parece que flotara...
Surco un bosque frondoso. Escucho los animales que en él moran. Con mi paso despierto dudas, miedos, intrigas... Bandadas de gorriones corren a mi encuentro. Se preguntan como puede ser que esté volando junto a ellos. Me acompañan solo hasta el final del bosque y me dicen adiós.
Allí cruza un enorme río. La brisa me acerca al agua y me moja los pies haciendome explotar en éxtasis.
Moriría en este instante para recordarlo eternamente.
Pero mi recorrido aun no termina.
Ahora, la peor parte de mi vuelo...
Me sumerge en la ciudad. Allí todo es gris y humo. Me sofoco, me deprimo, quizás lloro. Me arrastra hasta los suburbios, donde niños muertos de hambre se apuñalan en un tanque prendido. Ellos me ven pasar y me gritan, me siguen corriendo, tratan de tocarme, pero estoy muy lejos de ellos. Nadie podría hacerlo en este momento, no hasta que descienda.
Ahora me muestra mi casa. Mi perro con miedo se acurruca en un rincón, aguardando mi llegada... Y nada puedo hacer por ayudarlo. Hace días que no come. En la puerta hay una montaña de deudas y la luz ya fue cortada. Del otro lado, mi madre está pegada al timbre. No comprende mi ausencia.
Y mi trabajo. Aquel bar que mi jefe se encapricha en mantener abierto aunque sean mas las perdidas que las ganancias, está ahora lleno de gente. Y Ese desaliñado dueño lo atiende solo, mirando con desesperacion el reloj. Ya hace cinco horas que debería haber llegado. Sabía que los domingos era el día de mayor concurrencia y aun así me ausenté.
En mi mente se arremolinan los pensamientos, ninguno de ellos es demasiado claro, pero siento una tristeza muy profunda a pesar de estar volando. Me siento diferente a todo esto.
La ciudad no fue hecha para mi.
Ahora regreso al lugar desde el cual alzé vuelo y me reincorporo lentamente. El efecto de los estimulantes ya se está yendo. Puedo sentir los ladridos de mi perro junto a mi, y su húmeda lengua en mis mejillas. Estoy torpe para moverme, quien sabe cuantas horas pasé tendido en el suelo.
Ese vuelo me hizo tomar conciencia. A rastras voy hasta la cocina y lleno un recipiente con alimento y otro con agua. Mi perro no sabe si festejar por mi accionar o por mi regreso...
Voy hasta el baño y me lavo la cara. Estoy muy mareado y des prolijo, pero me acomodo un poco el pelo y me dirijo a la puerta de calle.
Al abrirla me encuentro cara a cara con mi madre. La miro unos minutos y la abrazo. Te amo mamá, susurro a su oido. Ella echa a llorar, pero se me hace tarde como para consolarla. Salgo corriendo esta vez hacia el bar donde trabajo y pido disculpas al viejo que con furia me mira. El día no será pago, propongo. Me pongo el uniforme y empiezo a vivir un día mas de esta maldita sociedad.
Al regresar a mi casa, ya de noche, siento un profundo cansancio. Por una parte es efecto de la rutina, pero lo que mas me pesa es la tristeza. La vida en este cuerpo no fue hecha para mí.
Abro mi heladera y encuentro un par de cervezas. Mientras las bebo pienso en ese vuelo perfecto. Esa sensación de libertad. La quiero de nuevo.
La necesito de nuevo.
Haría cualquier cosa por tenerlo de nuevo!!!
Corro hasta el cajón de la mesita de luz y tomo una nueva dosis. Pero esta vez es mucho mas que el doble.
Estoy desesperado por volar solo una vez mas...
Quiero sentir a mi amante otra vez junto a mí. Rosar su cuerpo, que rose el mio. Dejarme elevar mas y mas alto... Alejarme de este mundo de dolor e ira, de angustias, rutinas y compromisos. Oír solo el canto de los pájaros, la corriente del río. El zumbido de las abejas que se posan en las flores. Entrar en éxtasis una vez mas. Explotar en sensaciones varias. Gozar...!
Y me encuentro otra vez, acariciándome con la brisa. Reduciéndonos, amándonos. Me toma de la mano y me alza en vuelo! Que hermosa libertad que se experimenta! Atravesamos el parque con sus flores, el bosque, los pájaros, y mas allá... El río!
Le ruego que me acerque a sus aguas, que me moje los pies y me haga entrar en trance...
Lo hace, pero esta vez es mucho mas fuerte. Es un éxtasis insostenible. Mi cuerpo entero se estremece. Pasa del placer al dolor. Me duele mucho... Siento que ya no controlo mi vuelo. Mis alas se debilitan. No logro sostener mi cuerpo. Me precipito sobre las aguas turbulentas y mi ser entero se choca contra las rocas. Hasta mi alma se lastima. Me sacudo incontrolablemente. El dolor es agudo, pero me doy cuenta que donde mas me duele es en el corazón, como punzantes espadas que atraviesan mi pecho. Me retuerzo... Creo que ya no lo resisto. No aguanto mas. Ya no siento estar ni siquiera en el río. Mi mundo comienza a tomar un color obscuro. Tiemblo y me sacudo. Se nubla mi vista. No resisto la dosis. Mi corazón no la resiste...
Ya no...
Ya no mas...
Se detiene. No hay mas dolor. No hay mas sensaciones. No mas sufrimiento ni algo palpable.
Me despego de mi cuerpo y me observo tendido en el suelo. Mi perro a mi lado, llora sin cesar.
Y comprendo que nada es igual.
Ahora no necesito estupefacientes para volar. Ya nada me ata. Mi cuerpo etéreo está en el aire sin esfuerzo. Ingrávido y sin vida me alejo de allí. Tomo altura por inercia, y me acerco mucho a las nubes. Casi puedo tocarlas. Pero el cielo al que me arrimo no es el que conocía. No es azul ni celeste. Todo blanco. No hay mas que que placer y éxtasis! El éxtasis eterno.
Por fin halle el lugar que tanto buscaba. Mi lugar. Alejado de todo y de todos.
Unas cuantas almas traslucidas como yo se acercan a recibirme... Una de ellas me toma de la mano, y la reconozco. Es mi amante que se saco el disfraz de brisa. Vuelo junto a ella. Y me alejo mucho, mucho, mucho mas...


nacu dijo
Me gustó lo de la brisa. Una historia muy bien adornada, no dejando escapar los detalles que se van sucediendo. Una historia muy dura.
Besos.
17 Enero 2006 | 10:07 AM