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Donde gira el viento

Los sentimientos, las ideas, las fantasías que surgen de las lecturas, de los sonidos o las imágenes, van a ser la parte fundamental de este blog.

12 Mayo 2008

Desde la atalaya marina

Contemplas el declinante, rojizo horizonte, de esta tarde de suave primavera, desde tu atalaya marina.

Los azules se funden con los índigo, grana, oro y plata, en la distante lejanía de la inmiscible suspensión de aire y agua.

Los barcos, grandes y pequeños, blancos y negros, verdes o rojos, de ruidosos motores o silenciosas velas, hilan sus rectos caminos sobre la salada superficie de la bahía.

Se enmarañan y confunden sus trazos, se borran y dibujan sus efímeras líneas.

Siguen sus rastros tus soñadores ojos, mientras labran historias y fantasías con la plata de sus estelas.

Son fantasías viajeras, de países lejanos, países cubiertos de sol y de bruma.

Sientes las raíces, metamorfosis de tus pies, taladrar la familiar y cálida tierra pero tu alma etérea se eleva hasta acariciar las nubes que envuelven tus pensamientos.

El camino muta continuamente, se transforma en cada instante y esquina, se teje con argénticos y áureos hilos, mientras se abren a tus ojos, tus pies, tu mente, las multicolores imágenes de esa aventura que es la vida, tu vida entera.

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12 Mayo 2008

El nido vacío de la cigüeña sombría

De cigüeñas sombrías se llenó el firmamento. De sombrías cigüeñas estaba lleno. La luz de la mañana despejó las nubes de cigüeñas sombrías que abandonaron su nido. Despejó el alma, la luz de la mañana

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27 Abril 2008

Nueve, 9

La siguiente es una de esas frases que uno anota y, por descuido, no referencia adecuadamente y luego queda como algo anónimo. Sin embargo, quede aquí escrita como agradecimiento a su, para mí, ignoto autor.

El nueve, en la mitología numérica medieval, es la Sabiduría, el Conocimiento supremo, la Ciencia que explica el Mundo al margen de la fe.

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27 Abril 2008

Víctimas de la absurda moral religiosa: Richard F. Burton (1821-1890)

Recorrió inmensas distancias en el espacio y la mente, entró en la Ciudad Sagrada, Prohibida, soñó en las arenas ardientes de Arabia, los caudalosos y espirituales ríos de la India, las ignotas sabanas de África, las revueltas aguas del golfo de Guinea o las amplias y nuevas tierras americanas, cultivó las más diversas culturas y lenguas, tradujo obras eternas (“Las mil y una noches”, “Kama sutra”, Ananga Ranga”,…), estudió las diferencias y semejanzas de la especie humana, sus relaciones y creencias, y las describió en numerosos escritos que se llevó, en gran parte, el fuego purificador de la intolerancia religiosa… de su amada esposa.
A su muerte, su viuda, católica integrista, echó a la pira purificadora una gran cantidad de su material antropológico inédito, inapropiado en su descripción de costumbres humanas que eran inadecuadas para la sociedad puritana de su época.
Sea este un pequeño tributo desde la nada, en la inmensidad de la noche y del tiempo. Que las claras fuentes del Nilo limpien el cansancio de su curtido rostro cada mañana de esta blanca eternidad pero no borren su nombre.

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27 Abril 2008

Claveles de revolución

No recordaba al declinar la semana que de claveles y música se llenó la calle primaveral, la calle eterna, atemporal.

De claveles y primavera se llenó la vida, completa de grises hasta entonces, después brevemente colorida, de claveles, ruidosa de música, alborozada de personas y palabras, de libertad y esperanza.

Una alegre primavera repleta de claveles anticipaba la muerte del dictador, el ocaso de lo gris azulado que desde siempre había repintado a la vieja península.

Fue la primera vez, tal vez la última, que los uniformes no me parecieron odiosos.

Parecía el comienzo de una nueva era, tal vez lo fue, tal vez no, pero las cosas no volvieron a ser las mismas y una juventud siguió a la otra, y una vejez ocupó el espacio dejado por otra.

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8 Abril 2008

Vida y destino (de Vassili Grossman )

He comenzado a leer el libro “Vida y destino” del autor fallecido Vassili Grossman y no me está sentando nada bien. Es una novela ambientada en la II Guerra Mundial, que gira alrededor de la vida de varias personas, sus amigos, familiares… durante la batalla de Stalingrado, de sus pensamientos, sufrimientos, amores… pero me parece sobre todo una novela política, de reflexión sobre los daños que provocan los totalitarismos.

No sólo los causados por el totalitarismo fascista, bajo su disfraz nazi en este caso (con la odiosa figura de Hitler entre líneas), si no también esos totalitarismos que se disfrazan de avance social y que se escudan en que los enemigos exteriores quieren eliminar las conquistas sociales, la revolución popular, para conculcar los derechos y libertades de sus ciudadanos. Esos totalitarismos que con un fuerte puño militar y grandes dosis de propaganda, nos engañan con una imagen bucólica, soñadora, con una sonrisa atractiva pero que esconden la abolición del ser humano sumergiéndole en una masa amorfa, en un rebaño que se siente cada vez más plácido bajo el tejado de la tenada o de la cuadra, con la seguridad de que habrá pasto o pienso, unas veces más otras menos, en el pesebre y se despreocupan de esos corderos, de esas viejas ovejas que van desapareciendo cada cierto tiempo, bien porque balan mal, tienen la lana negra o cualquier otra manifestación de su fenotipo o de su pensamiento que no coincide con el resto de los borregos.

No me sienta bien, desde luego que no y menos saber que su autor, periodista ruso que desde el frente de Stalingrado describió la barbarie de la guerra y por primera vez la existencia de los campos de exterminio nazis, no vio impresa su obra porque pasó a ser un escritor maldito para el poder corrupto soviético estaliniano al que no le gustaba que en su obra se mostrase fríamente el desmoronamiento real y moral de ese falso comunismo militarizado y de cómo las personas desde lo más hondo de su ser se rebelan, cada uno de la manera que podía o de que le era posible contra esa alienación constante del espíritu humano en que se convierte el poder mal empleado, el poder absoluto y su terror indiscriminado.

Me lo decía mi querido abuelo y me lo sigue diciendo en todos esos pensamientos, en esos sueños mágicos de las cada vez menos livianas noches de reposo o cada vez más pesadas vigilias, que no puede ser bueno ese cambio que se produce en la personalidad humana cuando uno se viste de uniforme, sea militar o civil, y esa persona se cree investida de un poder extraordinario, sobrenatural,… y su comportamiento empieza a ser distinto, menos amable, más autoritario, más servil con el poder, más soez con el anteriormente igual e incluso amigo, más brutal con el que consideran o aprecian débil.

Y los que hemos sentido la llamada de la utopía, y los que la seguimos sintiendo aunque tal vez cada vez más lejana, muchas veces no acabamos de comprender cual es la diferencia, la causa de que quien debe cuidar de nuestro bienestar se convierta en verdugo, en carcelero, en testaferro de un poder cada vez más distante de la gente corriente, de la ciudadanía, de esa gente que somos tú y yo, nosotros, de que quien deba ser amable se muestre brusco, agresivo…

Los Stalingrados se convierten en Hanoi, Santiago, Sarajevo, Sbrenica, Bagdad, Gaza, y crece nuestra indiferencia, nuestros ojos transforman su mirar en ovino, bovino, canino, cada vez más vacío, más ausente y encumbramos a curiosos personajes (Aznares, Bushes, Putines, Blaires,…), les damos alas, y se toman el poder por suyo, se lo guardan mientras pueden y si se lo quitamos con los votos (cada vez más livianos, menos sólidos), nos martirizan, intentan hacernos sentir culpables por no haber comprendido el designio divino que les confirió esa clarividencia, esa solemnidad en la estulticia más absoluta, que se tiñe tantas veces de un rojo que nunca es el de su sangre, siempre es de la de los demás, de aquellos que muchas veces no buscan nada más que un poco de sombra en esos duros días en que hace un sol de justicia.

Y ahí nos quedan todos los Vasili Grossman, encerrados en un libro, en una fotografía, en una bitácora, en un recorte de periódico. Es poco ese recuerdo, tal vez cada vez más desteñido, pero con suficiente luz para alumbrar a todos aquellos malnacidos politicastros que todavía son capaces de decir con satisfacción y suma arrogancia que mucha gente vivía bien bajo la nefasta sombra de guadaña de los dictadores que les protegieron a ellos y a sus finas familias.

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15 Marzo 2008

Día de poda

Un rayo de sol y una ráfaga de viento. La mañana está indecisa y esta casa hecha de redes necesita un buen arreglo. Me pongo delante de esta ventana universal, ventana abierta a tantos y tan escasos mundos, y decido ir cortando, podando las ramas, los ornamentos, los cuadros, las palabras efímeras…, todo lo que hoy creo que sobra. Me dirás que no es buena época para la poda. Te miraré sin hablar, pensando que los tiempos son un continuo cambio, que la esencia permanece, pero quién sabe con certeza qué es la esencia. Por eso corto, rasgo, aquí, allá, todo se vuelve mutación, cambio, sin sentido, con él, ¡qué más da! Hoy es así, mañana todavía no ha llegado.

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19 Enero 2008

Sábado, dulce sábado

Después del atracón de periódicos y de contemplar el día a través de los cristales, me he quedado con unas ganas enormes de dar un paseo. Lamentablemente, todavía es pronto para salir a la calle. Sin embargo, no me importa, el alma está repleta de energía, el sol está en pleno apogeo, el azul domina el firmamento y, parece mentira, todavía es sábado, divino y dulce sábado.

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Sobre mí

En la duda encuentro el placer del pensamiento. Respiro profundamente para sentir cada aroma. Cada color que retienen mis pupilas lleva tu mirada. Y en cada gesto, en cada palabra, recuerdo su epitafio: "todas hieren, la última mata".

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