El odio siempre vuelve a por ti. Una vez que disparas, nunca llega a detenerse realmente. Gravita en torno a tu mundo, como si se tratase de un satélite más, a la suficiente velocidad como para no verlo llegar. Pero tarde o temprano, tus recuerdos le guiarán por una nueva trayectoria; y tarde o temprano volverás a sentir el balazo en la espalda. En el hombro. O en la cabeza. Pero si no lo entiendes, será un balazo limpio, y seguirá rodando. Igual que todo.