Muchas personas odian los blogs, y por éso deciden hacerse uno. Otro de tantos reflejos del instinto humano más poderoso -y escondido-: el deseo de despedazar, aniquilar, deviscerar y desmembrar a otros seres humanos. Porque, a menos que seas Michael Douglas, está mal visto ametrallar a la gente sin motivo alguno.
Como en toda discusión infinitamente recursiva de instituto de educación secundaria (ej.: "qué zorra es tu vieja", "sí pero al menos la mía no paga por sexo como la tuya", "éso es porque le das pena con la picha corta que tienes", "sí pues anoche no veas cómo gemía la muy cerda"...), nunca hay un claro vencedor. De hecho, nunca hay final.

La guerra entre bloggers es el primer paso hacia una virulenta guerra social, en la que moriremos todos, y tú serás el primero.

Todo el mundo tiene algo interesante que contar; aunque aprender de los demás no sea tan efectivo como aprender en primera persona. Por éso me gusta ser una sanguijuela de blogs ajenos, y exprimir de ellos todo cuanto pueda, y a su vez dejar que quienes leen ésto me chupen toda la sangre posible y aprendan algo. Me siento muy dichoso pensando que quizá haya habido alguien a quien le haya servido algo de lo que yo haya podido escribir aquí, y por ello hoy tensaré mis tirantes más que nunca, en gratificante actitud.

PD.: Por este instante ignorad que el blog se llama Te odio.