Hay que hacer menos de lo legal y más de lo racional. Y al término racional le vincularía un par de menudencias, cual mordaz asterisco en un anuncio bancario: racional, producto del discurrir; más cercano al sentido común que al sentido del tacto de los billetes de diez mil. Racional, y que además busca un bien colectivo y –siguiendo en mi línea radical- la evolución de la especie.
En mi opinión, la SGAE se me antoja un insulto a lo racional y al sentido común. He buscado datos y los he contrastado, y así he llegado a esta conclusión. Podéis buscarlos, si queréis podéis empezar por la página de Jorge Cortell, a quien tuve el honor y el placer de escuchar en la Universidad Politécnica de Madrid. Y he aquí la relación de ideas que me vienen a la cabeza cuando pienso en la SGAE.

  • Pienso en los pedigüeños que andan tirados entre la inmundicia y el vómito social, que comen en tapas de hojalata de cubos de basura de dibujo animado la comida que yo les echo: raspas de pescado, suelas de goma de zapato, trozos de comida no digerida y gajos de moho de un tupperware olvidado con restos de arroz.
  • Pienso en los párvulos a los que les quitan el dinero del desayuno, a los que les dan capones en el recreo y a los que les rompen las gafas de pasta de un buen puñetazo, y corren a chivarse al profesor. Y a raíz de este trauma, se pasan la vida mordiendo por la espada, lloriqueando y rapiñando atención por parte de la autoridad –en el caso del profesor de parvulario- o de sanguijuelas que defiendan lo indefendible –como es el caso de los abogados-.
  • Pienso en yonkis, en enfermos que sólo viven para saciar su adicción. En este caso, la adicción del dinero. Pero son yonkis tan cobardes, que han de valerse de la palabrería de las zarigüeyas legislativas para justificar su robo (previa modificacion de la ley a golpe de talonario y lágrima de cocodrilo). Ni siquiera tienen huevos de sacarte la navaja: el trauma del parvulario ha calado tan hondo que tienen que pedirle al profesor que delinca por ellos, mientras se esconden en su palacete, ubicación habitual de toda organización sin ánimo de lucro.

La existencia de entidades como la SGAE, que desatienden de lo racional y del diálogo, debería invitar al desorden social, a acabar con su existencia a golpe de estaca. A hierro y fuego. Todos deberíamos ser un Travis Bickle (sí, el de Taxi Driver [curiosamente he visto que el famosísimo escolar.net también debe haber tenido una asociación similar de ideas]), y tomarnos la justicia de nuestra mano ante la impunidad con que actúa esta gentuza, que me recuerda a un hipotético grupo de fracasados que se masturban en su despacho mientras buscan en google lugares donde hablen mal de ellos para poder denunciar, y pagarse otro chute. ¡Oh! Orgasmo y lefazo en mi mesa de roble: acabo de encontrar otro sitio donde hablan mal de nosotros. Denunciemos a otro retrasado mental. Quitémosle la piruleta, que un muro de carroña nos protege de morir lapidados en público.
Mi rifle, y el de toda mi horda imperial, apunta a vuestras cabezas, tan llenas de caca.
Posdata importantísima: La SGAE es una entidad imaginaria en Niðavellir (litearlmente: los campos oscuros) que es uno de los nueve mundos de la cosmología nórdica, que están conectados por Yggdrasil. Este mundo en concreto está habitado por enanos, simpáticos enanos que retozan entre la hierba y beben zarzaparrila, muy cargada de gas. De ahí el acrónimo: Siempre gozosos, amando eructar. Esto no tiene nada que ver con la SGAE del primer plano material, que son buena gente pese a haber provocado sobrepeso a Alejandro Sanz. Con sus maletines llenos de papeles y documentos interesantes hacen de este mundo un lugar mejor, donde cualquier pareja de adolescentes con acné y una severa deficiencia a la hora de vocalizar puede llegar a triunfar en el complicado y competitivo mundo de la música; donde ya no se lleva lo de felar nabos para progresar; donde los comunistas han sido erradicados del mercado musical. Aquí se valora el talento.

Nosotros tenemos los mejores abogados

Ezequiel, 6 años

Pues eso, amigos de Reinos de Leyenda, que luego a la tarde me conecto un rato -que ahora tengo el puerto del telnet capado- y a ver si entre todos matamos a esos enanos de Niðavellir, con nuestros rifles de enchant +5 y resistencia al veneno.
Y ya que ha salido el tema, no dejéis de ver otras opiniones más fiables que la mía, producto de una sobredosis de azúcar. Traen artículos muy simpáticos.