No sé por dónde empezar, así que improvisaré, como suelo hacer.
Cuando se comienza algo, rara vez se es consciente de todos los caminos que se presentan. Yo no era consciente de cómo iba a cambiar mi vida el mero hecho de escribir este blog.
De repente, vértigo (que no miedo). Hechos encadenados que podrían remontarse hasta perderse en el horizonte acaban en una búsqueda, producto de varias casualidades más, producto a su vez de otras tantas series de sucesos, cada uno de ellos con sus inconmesurables circunstancias. Y el resultado de la búsqueda conduce a un post en un blog (antihéroe) de La Coctelera -cuya existencia, tanto del portal como del blog, agradezco profusamente-. Y desde ese blog, me encontró.
Y yo lo encontré todo en ella, cuando estaba a punto de no creer en el amor. Es una Goonie. Y la amo; con locura y con cordura, dos figuras enfrentadas que tiran de una misma cuerda, intentando hacerse oir la una sobre la otra. Y que nadie me diga lo que tengo que hacer: cada uno ama a su medida.
A finales de marzo, cuando haya ahorrado algo de dinero, me iré de esta habitación. Al espacio exterior, quizá. Al resto del mundo -con ella-, seguro.
Ich liebe dich.