Me intriga saber de qué va esta buhardilla, que ante annum debió ser el legítimo hogar de las palomas que ahora -y con demasiada frecuencia- se asoman por la ventana de escape que yo monopolizo. No hay una entrañable anciana para alimentarlas; se nutren de los descompuestísimos cadáveres de otros becarios que pasaron por aquí antes que yo, y que ahora se pudren en el tejado bajo el sol de febrero. Ése no será mi destino. Voy a escapar, y lo haré antes de que barrenen mi moral con tareas infrahumanas y absurdas. Y pensar en lo absurdo me hace volver a la intriga del comienzo de este párrafo ácido:
¿Qué coño se hace aquí, en esta buhardilla? ¿Cursos para hormigas? ¿Cursos en rumano y árabe para gente que por cojones tiene que saber hablar castellano? ¿Gente que hace el canelo a sabiendas de que está haciendo el canelo? ¿Cincuenta mil hojas de documentación que no se va a leer nadie para una mierda de página, cuando luego me ponen pegas para imprimirme un folio a blanco y negro? ¿Pensar? ¿Pero qué coño es esto? ¿Pensar? ¡¿Pensar?!
Se me ocurre ¡¿pensar?! que como esto funciona a base de subvenciones, tendrán que gastar la pasta en algo. En proyectos hilarantes, dantescos, histriónicos. Proyectos de feriante. "Vamos a gastar el dinero en cacafuti" dirá el director de la Cámara de Comercio -tan gordo que usa tirantes en lugar de cinturón- cuando el sombrerero loco le presente una carretilla llena de documentos, documentos, documentos con proyectos hilarantes, dantescos, histriónicos. Y fumarán puros enormes, y sus humos tomarán formas de símbolo de dólar. Y empezarán a bailar felices, así como agarrados por la parte opuesta del codo -donde me inyecto amor-, y cantarán canciones sobre analizar y diseñar proyectos de portales de e-learning hilarantes, dantescos, histriónicos. Cafés para los del piso de abajo, y proyectos absurdos para los de la cochiquera de arriba. Ni siquiera se ha terminado este proyecto y para el mes que viene lo vuelven a empezar. Ni siquiera han probado el de este año. Ni siquiera. Esto es como una pesadilla recursiva, o como la película de El día de la marmota en versión sinusoide-anual. Otros empezarán a sufrirla el mes que viene, mientras media docena de cadáveres nuevos alimentan a las palomas. ¡Argh!

Comentarios del director: Me alegra que me hagas esa pregunta. Al personaje en cuestión le gustaba documentar, pero cuando le mandaron participar en una documentación de cincuenta mil páginas que nadie leerá jamás -y que acabará en una trituradora de papeles- perdió la cabeza. Se la cubrió con una bufanda de lana y se dio al Lexatín®. No ha vuelto a salir de la bañera. Quería llegar antes, pero un Corvette atropeyó a un peatón...

Comentarios sobre el director: El director es un gafapastas con perilla, barriga y mezcla traje de vestir con unas converse viejas, de esas que usaban los Harlem Globetrotters hace cuarenta años. Qué estereotipofobia...