Es más fácil en uno de esos restaurantes a pie del paseo marítimo, porque suelen ofrecer una mayor variedad de chuminadas histriónicas en la carta. Son su debilidad. Comidas que echen chispas, o humo, o que estén ardiendo.
Busca cual yonki ese momento de supremacía social, racial y genital que da comienzo cuando el camarero sale a la terraza con una bandeja de comida humeante, ardiente, o con bengalitas hawaianas. Entonces los comensales de todas y cada una de las mesas levantan la cabeza de su puré de verduras y ven el mayor espectáculo de sus miserables vidas: un camarero portando una bandeja de comida humeante, ardiente, o con bengalitas hawaianas. Y se sienten inferiores; vituperan contra sus ridículos y no llamativos platos de amalgama marrón y se sienten asfixiados por una sociedad voraz y ambiciosa, en cuya cúspide se encuentra ese señor gordo de la mesa adyacente, que come carne cruda deflagrada con su señora.


sinpalabras
25 jun 2006 | 05:07 PM
JOJOJOJOJO!!!
Maërandor
25 jun 2006 | 10:34 PM
No, si el que no sufre será por falta de ganas...
Mu bueno.
tttb
26 jun 2006 | 03:29 PM
me encanta la carne cruda...pero sin bengalas!!!
alfondo
26 jun 2006 | 03:55 PM
Tras años de haber abandonado el mundo de la explotación interracial, mi antebrazo derecho continúa siendo un mapa fidedigno de las atrocidades (humeantes, ardientes, o con bengalitas hawaianas) que un restaurante chino obliga a servir a sus camareros...