Durante mi corto retorno a Madrid, pude regar mis oídos con exquisitos orines. Cancioncilias que sonaban a todo trapo, y en todo momento, en todos los garitos. Ahora que escuchar canciones de la furia roja —curioso adjetivo en el país azul de Telefónica— causará un agudo dolor en el alma, así como si estuvieran hurgando por debajo de las uñas con un alfiler oxidado, ¿qué será de sus autores, sus vocalistas, sus excelentes guitarras —y mejores personas— y sus baterías-bateristas? ¿Por qué tienen que joder la canción del verano? ¿Y de dónde cojones ha salido el tarado del corral de las gallinas?

—Quizá sólo sea alguien que se folla a las gallinas
Dr. Gonzo (Miedo y Asco en Las Vegas)