Si ya sabes de qué va el miedo, no pierdas el tiempo leyendo esto; puedes, para aprovecharlo, investigar sobre el origen de los -antisemitismo gratuíto- infames judíos.

Deberías estar leyendo ese artículo de la Wikipedia porque, como todo ser humano no vegetal o mineral, conoces el miedo. Estamos especialmente sometidos a miedos de gran magnitud: la muerte, las pandemias ficticias producto de compañías farmacéuticas en bancarrota, los penes diminutos, las fracturas de meseta ibérica, las mesetas ibéricas diminutas, o las fracturas de pene.
Más triste es pasar por alto los pequeños miedos del día a día, gracias a los que otras tantas entidades llenan sus bolsillos. Hoy, cuando estaba esperando para adquirir este hermoso ratón para ordenador portátil, presencié otro de tantos abusos del miedo de baja magnitud. De tipo genérico, no se me ocurre cómo catalogar éste. Una anciana señora se disponía a comprar un gadget, seguramente para su hijo o sobrino -demasiado ocupado en comerse un sandwich-. Cuando iba a pagarlo, el vendedor -uno de aquellos de franquicia informática, tan estereotipados como ignorantes- tuvo a bien preguntarle por el nivel de seguridad de su computador. Existen jakers, señora: personajes que visten incómodas bolsas de tela acartonada -por el semen de sus masturbaciones compulsivas- en la cabeza, pues viven recluídos como murciélagos y no toleran la luz del sol. Y la señora, temerosa de Dios y de que su hijo o sobrino sufriera en su orto la violencia insaciable y desgarradora de estos jakers, adquirió el antivirus que nuestro amigo Michael tan amablemente le ofrecía. Un antivirus carísimo.
Después están las recomendaciones. Cuando configuras tu futuro portátil en la página de Dell, te recomiendan elegir tal o cual paquete adicional: una prórroga de la garantía por dos o tres años más, por un precio insignificante en comparación con la seguridad que te infunde; o tal vez un maletín con mango de Vinilyto® que aislará el ordenador de tu chamuscado cuerpo en caso de que tu bisoñé atraiga un rayo. Windows te recomienda no desactivar sus placebos, deshabilitar sus vitales y voraces procesos o desinstalar sus coloridas aplicaciones. Para ello te sugestionan con iconos rojos y calaveras de la muerte, y entonces te imaginas a un señor serio, bajito, gordo y con bigote, que te mira fijamente y juzga con severidad tu irresponsable acto de vandalismo. Un ¿dejarás que tus hijos se vuelvan comunistas? rebota en el cráneo nuestro preocupado, trajeado, afeitado y cornudo padre de familia.
Nuevos campos en la calidad de vida de las personas o la tecnología para el caballero de a pie son nuevos campos de pánico esperando ser cultivados, arados y recolectados. Si no me faltara un hervor, ya sería millonario.