Una persona sincera te lo hace saber nada más conocerla: Yo es que soy muy -o súper- sincero.
Ése también es su primer comentario cuando participa en El diario de Patricia; y cuando lo realiza, el público sabe a qué atenerse: va a poner a parir a alguien, y con un poco de suerte también le arrojará un vaso de agua al rostro. Y lo hará rápido, rápido, rápido; y su lenguaje explicará por qué en esos subtítulos aparece la Jeny en lugar de Jennifer.
Lejos de las cámaras van aún más lejos: conocen su incontinencia verbal, conocen su incapacidad de no criticar despiadadamente al resto de personas, conocen su acidez crónica de estómago, conocen su humor irritable, irascible y envidioso; y lo enmascaran todo en una magnífica y refinada virtud: ser muy -o súper- sincero.