El escorpión recorrerá cuantas existencias sean necesarias, sin descansar ni una sóla, para encontrarla. Aunque sumen millares; aunque le envuelvan en desgracias y dolor, tentándole otrora con caminos más sencillos y cómodos, no olvidará cuál es su destino.
Le conduce una energía que trasciende de la imaginación y los lazos de la realidad, que será su aliento en las situaciones más adversas, reincorporándole cuando la desesperación le hunda en el barro y otorgándole fuerza sobrehumana cuando sea incapaz de descargar su aguijón contra quien interfiera en su propósito.
Ella anunciará el reencuentro cuando deflagre en su pecho, anudando sus entrañas y haciéndole enmudecer; y la pena sufrida en el transcurrir de las centurias será ínfima comparada con la naturaleza de la primera mirada que conecte al escorpión con su atmita. Durante una vida más.