En el arte conceptual la idea o el concepto es la parte más importante del trabajo.
Sol LeWitt likzae

El arte conceptual comienza con una transacción que lo prostituye; lo que hay antes de ella no es arte, sino diarrea. A saber:
Un caballero sin bigote y sin sombrero, pero con gafas de pasta, mostaccio, perilla y una cazadora marrón de pana con coderas, permanece horas delante de un cuadro -punto blanco sobre fondo negro, punto negro sobre fondo blanco o torrente binario derramdao sobre trapecio multicolor- intentando averiguar su concepto. El pintor, escondido tras unos helechos, es entonces consciente de la futilidad de las pesquisas del gafapasta y repara en la oportunidad de ser famoso que se le presenta. Embosca con sigilo:
Disculpe -susurra.
Pssssst -pista.
Ksss -렉 헉슬리.
Ejem -carraspea.
Ooooyes -vocifera.
El gafapasta intuyó un aborto de comunicación en derredor.
Te doy veinticinco dólares si le cuentas a todo el mundo, disimuladamente, el ininteligible concepto de mi obra. Y otros veinticinco si, además, les bienhablas de mi apodo artístico.
Aceptó gustoso el gafapasta sabiendo la cantidad de opiniones que podría cultivar con la revelación del pintor alcohólico.
A la semana siguiente docenas de eruditos y profilácticos empinaban vasos de fino francés y paladeaban exquisitos canapés, mientras iluminaban a sus congéneres revelando el concepto secreto del cuadro, orgullosos al creer que lo sabían en exclusiva. Gracias por perdonarme la vida, mendigaban los recién iluminados con sus camisetas de Kraftwerk; y corrían a cuchichear con otros gafapastas acerca de su nuevo conocimiento.
Al cabo de varios meses, incluso Otto el basurero conocía el código secreto del cuadro, y pronto reconoció el lienzo cuando lo recogió en el parque: permaneció durante siete años acompañando a crucigramas y autodefinidos como distracción de inodoro hasta que los nazis saquearon su casa, que lamentablemente se encontraba en la ciudad.
Y así funciona el mundo del arte conceptual. Y es cierto porque lo habéis leído en vuestros monitores o PDAs, y cualquier otra cosa que os cuenten es diarrea.
PD.: Perdón por desatender tanto mi blog como el vuestro, últimamente las modificaciones en La Coctelera me provocan una desidia y un no saber qué hacer que bien se expresan con un suspiro de empollón con vegetaciones, así como "ahhhnjgrrgjj", y estoy pensando mudarme a mi viejo dominio dunkelhate.net (que ahora mismo se encuentra felizmente lleno de nada en absoluto), donde podré destrozar el diseño del blog a mi antojo, y no al de otros.