5 Diciembre 2006

La mujer, desde décadas atrás, ha ido conquistando (no de forma gratuita y sin luchas), un papel significativo dentro de la sociedad, con logros algunas veces evidentes en espacios como la educación, salud y empleo; no obstante, son ciertos los impedimentos que persisten y que no han permitido un alcance acorde y totalitario del empoderamiento femenino, obstáculos originados en el modelo patriarcal que no admiten mayor participación, acceso y bienestar de las mujeres en el contexto actual.
No son suficientes las percepciones habituales de esta realidad marginal a la que aun siguen sometidas muchas mujeres en escenarios políticos, económicos y sociales; las cifras de múltiples estudios en América Latina evidencian la reducida participación de las mujeres en cargos públicos y en puestos de elección. A parte de la producción domestica, la mujer aun no logra alcanzar los niveles deseables de equidad e igualdad de género, lo que permitiría el reconocimiento y la participación real dentro de las esferas públicas y privadas.
El empoderamiento como objeto conceptual, envuelve la noción del ejercicio del poder en un nivel político y cotidiano y por ende, la distribución de este.
El poder en sí constituye un aspecto significativo de la sociedad, en un sistema político y en cuadros de realidad tan concretos como la familia, el trabajo, etc.
Si bien este puede ejercerse para llevar a un nivel efectivo la subordinación, la opresión, la dominación y así impedir la participación en la toma de decisiones de manera formal o informal, éste también tiene un nivel emancipador: al modificar las relaciones humanas, puede incrementar los niveles de dignidad, respeto, libertad y reconocimiento.
Y es así, como desde una perspectiva de emancipadora, el ejercicio del poder permite el aprovechamiento constante de oportunidades tangibles e intangibles.
Sin embargo, culturalmente a lo largo de nuestra historia, el poder ha sido ejercido predominantemente por hombres, pero con la posibilidad latente o manifiesta de ser conquistado, arrebatado, desarrollado.
Si planteamos el empoderamiento como conquista del poder manera positiva en el ámbito de lo político y social, nos conducimos definitivamente al ejercicio de una ciudadanía plena que implica al mismo tiempo el reconocernos como sujetos políticos autónomos y que en forma paralela también afirma los derechos humanos y civiles, los que desde una mirada femenina, han sido vulnerados y/o invisibilizados constantemente desde múltiples niveles de realidad.
Para el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF 1998), el concepto de empoderamiento desde un escenario femenino, abarca 5 aspectos que al concretarse permiten su cristalización: en primera instancia, el bienestar en tanto se es receptora de los servicios sociales básicos; segundo, el acceso que conlleva a mayor acción social de manera colectiva o individual; tercero, la concientizaciòn que implica la aprehensión del concepto de género en el que confluyen tanto la igualdad como la diferencia; cuarto, la participación que propende la representatividad de la mujer en las diversas esferas sociales y por ultimo, el control como elemento que permea todas dimensiones del ser humano desde si y para su entorno. Todo esto enmarcado en la premisa de mayor equidad social.
Es importante aclarar que estos elementos confluyen desde una mirada integral en la que prevalece la concientizaciòn como aspecto de gran relevancia, a ser el propulsor de cambios tanto en lo individual como en lo colectivo reflejados socialmente.
En este sentido, el empoderamiento al modificar las percepciones y los niveles de conciencia frente a la realidad, permite además hacer diagnósticos claros, el conocimiento del contexto, facilita la construcción de estrategias y promueve acciones y resultados, en este caso, frente a la construcción de espacios femeninos.
Actualmente, nos encontramos en un lugar histórico donde la mujer se hace visible gracias a múltiples conquistas, no obstante es precisa mayor participación y concientizaciòn de la mujer en su cotidianidad, lo que fortalece una masa critica de mujeres. Es necesario un papel protagónico en los cambios que acontecen.
Ciertamente, el empoderamiento femenino como conquista del poder muchas veces negado, hace referencia directa a la autonomía política y subjetiva, a la organización, a la toma de decisiones, a la participación directa, a la adquisición de control, a la posibilidad de crear, al acceso de garantías sociales, económicas y políticas, al reconocimiento y respeto de la mujer como ciudadana y ser humano en equidad. El empoderamiento hace referencia a una mujer como sujeto político, crítica, reflexiva, libre, autónoma y participe.
Bajo esta perspectiva, para propiciar procesos de empoderamiento femenino que desde lo individual conlleva a lo colectivo, es fundamental garantizar el acceso a la educación, a los recursos de conocimiento, a los recursos físicos y materiales, al capital y a espacios de reconocimiento que permita trascender la posición a veces secundaria a la que se ha visto sometida durante siglos.
Al hacerse un hecho el empoderamiento femenino en la sociedad, se ejecuta el ejercicio del poder visto desde el lente emancipador, condición que nos pone en paridad, en una perspectiva del "poder con", en la construcción de un vivenciar compartido.
Esto a su vez se convierte en un reto y una posición de resistencia frente al sistema, una forma de desarticular los modelos enajenantes y opresivos contra la mujer. Al mismo tiempo, abre las puertas al aprovechamiento de las oportunidades de forma que las mujeres puedan influenciar de manera decisiva en las decisiones políticas, económicas y sociales tanto en esferas macro como micro, desde lo estructural hasta en el día a día de cada una.
Todo esto nos conduce a la propuesta y el alcance de mujeres forjadoras de la historia, del desarrollo, a la conquista de derechos fundamentales e inalienables. A la concreción y consolidación un papel fundamental y activo en la sociedad que seguro nos hará más felices desde nosotras mismas, desde la libertad humanizada de la mujer, un llamado al empoderamiento femenino desde una perspectiva holìstica, integral.
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6 Noviembre 2006
Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas
A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido.
Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viragos, marimachos. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.
La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, para elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use sus manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en los floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más usted me avisa y yo le abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos de hombre (no de ellas, que requieren más tiempo, y se quedan a medias).
A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan, y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan, y sólo se desnudan si les da la gana.
Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio, y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizás, por eso mismo, les queda difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tenememos.
Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esta nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado.
Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche, y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas ( las santas santifican) y tienen todo el derecho a no serlo.
Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras(mirémonos el pecho también nosotros, y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar, y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertado para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean las delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.
Somos animalitos todavía, los varones machistas, y es inútil pedir que dejemos de mirar muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el cortex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes, y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza: nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.
Héctor Abad Faciolince.
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6 Noviembre 2006
Había una vez en el país de los elefantes una manada en la que las elefantas eran suaves como el terciopelo, tenían los ojos grandes y brillantes, y la piel de color rosa caramelo.
Todo esto se debía a que desde el mismo día de su nacimiento, las elefantas sólo comían anémonas y peonias. Y no era que les gustaran estas flores: las anémonas – y todavía peor las peonias – tienen un sabor feísimo; pero eso sí, dan una piel suave y rosada y unos ojos grandes y brillantes.
Las anémonas y las peonias crecían en un jardincillo vallado. Las elefantitas vivían allí y se pasaban el día jugando entre ellas y comiendo flores.
“Pequeñas”, decían sus papás, “tenéis que comeros todas las peonias y no dejar ni una sola anémona, o no os haréis tan suaves y tan rosas como vuestras mamás, ni tendréis los ojos tan grandes y brillantes, y, cuando seáis mayores, ningún guapo elefante querrá casarse con vosotras”.
Para volverse más rosas las elefantitas llevaban zapatitos color de rosa, cuellos color de rosa y grandes lazos color de rosa en la punta del rabo. Desde su jardincito vallado,las elefantitas veían a sus hermanos y a sus primos, todos de un hermoso color gris elefante, que jugaban por la sabana, comían hierba verde, se duchaban en el río, se revolcaban en el lodo y hacían la siesta debajo de los árboles.
Sólo Margarita, entre todas las pequeñas elefantas, no se volvía ni un poquito rosa, por más anémonas y peonias que comiera. Esto ponía muy triste a mamá elefanta y hacia poner muy enfadado a papá eefante... “Veamos Margarita”, le decían, “¿por qué sigues con ese horrible color gris, que sienta tan mal a una elefantita? ¿Es que no te esfuerzas? ¿Es que eres una niña rebelde? ¡Mucho cuidado, Margarita, porque si sigues así no llegarás a ser nunca una hermosa elefanta!”. Y Margarita, cada vez más gris, mordisqueaba unas cuantas anémonas y unas pocas peonias para que sus papás estuvieran contentos.
Pero pasó el tiempo, y Margarita no se volvió de color de rosa. Su papá y su mamá perdieron poco a poco la esperanza de verla convertida en una elfanta guapa y suave, de ojos grandes y brillantes.
Y decidieron dejarla en paz.
Y un buen día, Margarita, feliz, salió del jardincito vallado. Se quitó los zapatitos, el cuello y el lazo color de rosa. Y se fue a jugar
sobre la hierba alta, entre los árboles de frutos exquisitos y en los charcos de barro.
Las otras elefantitas la miraban desde su jardín. El primer día, aterradas. El segundo día, con desaprobación. El tercer día, perplejas. Y el cuarto día, muertas de envidia. Al quinto día, las elefantitas más valientes empezaron a salir una tras otra del vallado. Y los zapatitos, los cuellos y los bonitos lazos rosas quedaron entre las peonias y las anémonas.
Después de haber jugado en la hierba, de haber probado los riquísimos frutos y de haber dormido a la sombra de los grandes árboles, ni una sola elefantita quiso volver nunca jamás a llevar zapatitos, ni a comer peonias o anémonas, ni a vivir dentro de un jardín vallado.
Y desde aquel entonces, es muy difícil saber, viendo jugar a los pequeños elefantes de la manada, cuáles son elefantes y cuáles son elefantas. ¡Se parecen tanto!
Adela Turin
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2 Junio 2006
SE TODOS LOS CUENTOS
Yo no se muchas cosas, es verdad
digo tan solo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que le llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre....
Han inventado todos los cuentos.
yo se muy pocas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos
León Felipe
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4 Mayo 2006
Ahora que se acerca la fecha de elección presidencial en mi país, esta cancion va para mis compatriotas...
PROHIBIDO OLVIDAR
Canción de Rubén Blades
Prohibieron ir a la escuela
e ir a la universidad
prohibieron las garantías
y el fin constitucional.
Prohibieron todas las ciencias,
excepto la militar.
Prohibiendo el derecho a queja,
prohibieron el preguntar.
Hoy te sugiero mi hermano,
pa'que no vuelva a pasar,
¡prohibido olvidar!
¡Prohibido olvidar!
Prohibido esperar respuestas,
prohibida la voluntad.
Prohibidas las discusiones,
prohibida la realidad.
Prohibida la libre prensa
y prohibido el opinar.
Prohibieron la inteligencia
con un decreto especial.
Si tú no usas tu cabeza,
otro por ti la vas a usar.
¡Prohibido olvidar!
¡Prohibido olvidar!
Prohibido el derecho a huelga
y el aumento salarial.
Prohibieron ir a la calle
y al estado criticar.
Prohibieron reírse del chiste
de su triste gobernar.
Prohibieron el desarrollo
del futuro nacional.
Yo creo que la única forma
de darle a esto un final es:
¡Prohibido olvidar!
¡Prohibido olvidar!
Prohibieron los comentarios sin "visto bueno" oficial,
prohibieron el rebelarse contra la mediocridad.
Prohibieron las elecciones y la esperanza popular.
Y prohibieron la conciencia al prohibirnos el pensar.
Si tú crees en tu bandera y crees en la libertad:
¡Prohibido olvidar!
¡Prohibido olvidar!
Pobre del país donde lo malo controla,
donde el civil se enamora de la corrupción.
Pobre del país alienado por la droga,
porque una mente que afloja, pierde la razón.
Pobre del país que, con la violencia, crea
que puede matar la idea de su liberación.
Pobre del país que ve la justicia hecha añicos
por la voluntad del rico o por orden militar.
Cada país depende del corazón de su gente.
Y un país que no se vende,
nadie lo podrá comprar.
¡No te olvides!
¡No te olvides!
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8 Abril 2006
Como disfrutar la vida...
Y saborearla...
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17 Noviembre 2005
... Ahora solo me queda escribir tu nombre en mis alas para invocarte, traerte a mi...
El malicioso destino sabe como divertirse con mi tristeza, pudo reirse en mi cara...
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10 Octubre 2005

...Que feo es eso de que le digan a uno la verdad, sobre todo si se trata de una de esas verdades que uno ha evitado decirse aún en los soliloqios matinales, cuando recien se despierta y murmura pavadas amargas, profundamente antipaticas cargadas de autorrencor, a las que es necesario disipar antes de despertarse por completo y ponerse la mascara que en el resto del día veran los otros, y verá a los otros...
Benedetti
(Hoy no quiero salir de mi casa)
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