<rss version="2.0" 
xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" 
>
<channel>
<title>Relativo...</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco</link>
<description>Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía...</description>
<language>es-es</language>
<dc:subject>Cultura</dc:subject>
<dc:subject>Personales</dc:subject>

<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">cuentos</category>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">antes de</category>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">dormir</category>


<image>
	<url>http://a0.lacoctelera.com/myfiles/eco/dalí65x65.jpg</url>
	<title>Relativo...</title>
	<link>http://www.lacoctelera.com/eco</link>
</image>
<generator>the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com</generator>


<item>
<title>POR LA CONQUISTA DEL EMPODERAMIENTO FEMENINO </title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2006/12/05/por-conquista-del-empoderamiento-femenino</link>
<pubDate>2006-12-05T18:58:10+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="myfiles/eco/picasso.bmp" width="251" height="302" class="imgdcha" /><br />
La mujer, desde décadas atrás, ha ido conquistando (no de forma gratuita y sin luchas), un papel significativo dentro de la sociedad, con logros algunas veces evidentes en espacios como la educación, salud y empleo;   no obstante, son ciertos los impedimentos que persisten y que no han permitido un alcance acorde y totalitario del empoderamiento femenino, obstáculos originados en el modelo patriarcal que no admiten mayor participación, acceso y bienestar de las mujeres en el contexto actual. </p>
<p>No son suficientes  las percepciones habituales de esta realidad marginal a la que aun siguen sometidas muchas mujeres en escenarios políticos, económicos y sociales;   las cifras de múltiples estudios en América Latina evidencian la reducida participación de las mujeres en cargos públicos y en puestos de elección.  A parte de la producción domestica, la mujer aun no logra alcanzar los niveles deseables de equidad e igualdad de género, lo que permitiría el reconocimiento y la participación real dentro de las esferas públicas y privadas. </p>
<p>El empoderamiento como objeto conceptual, envuelve la noción del ejercicio del poder en un nivel político y cotidiano y por ende, la distribución de este. </p>
<p>El poder en sí constituye un aspecto significativo de la sociedad, en un sistema político y en cuadros de realidad tan concretos como la familia, el trabajo, etc. </p>
<p>Si bien este puede ejercerse para llevar a un nivel efectivo la subordinación, la opresión, la dominación y así impedir la participación en la toma de decisiones de manera formal o informal, éste también tiene un nivel emancipador:   al modificar las relaciones humanas, puede incrementar los niveles de dignidad, respeto, libertad y reconocimiento.</p>
<p>Y es así, como desde una perspectiva de emancipadora, el ejercicio del poder permite el aprovechamiento constante de oportunidades tangibles e intangibles. </p>
<p>Sin embargo, culturalmente a lo largo de nuestra historia, el poder ha sido ejercido predominantemente por hombres, pero con la posibilidad latente o manifiesta de ser conquistado, arrebatado, desarrollado. </p>
<p>Si planteamos el empoderamiento como conquista del poder manera positiva en el ámbito de lo político y social, nos conducimos definitivamente al ejercicio de una ciudadanía plena que implica al mismo tiempo el reconocernos como sujetos políticos autónomos y que en forma paralela también afirma los derechos humanos y civiles, los que desde una mirada femenina, han sido vulnerados y/o invisibilizados constantemente desde múltiples niveles de realidad. </p>
<p>Para el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF 1998), el concepto de empoderamiento desde un escenario femenino, abarca 5 aspectos que al concretarse permiten su cristalización: en primera instancia, el bienestar en tanto se es receptora de los servicios sociales básicos; segundo, el acceso que conlleva a mayor acción social de manera colectiva o individual; tercero, la concientizaciòn que implica la aprehensión del concepto de género en el que confluyen tanto la igualdad como la diferencia; cuarto, la participación que propende la representatividad de la mujer en las diversas esferas sociales y por ultimo, el control como elemento que permea todas dimensiones del ser humano desde si y para su entorno.   Todo esto enmarcado en la premisa de mayor equidad social.  </p>
<p>Es importante aclarar que estos elementos confluyen desde una mirada integral en la que prevalece la concientizaciòn como aspecto de gran relevancia, a ser el propulsor de cambios tanto en lo individual como en lo colectivo reflejados socialmente. </p>
<p>En este sentido, el empoderamiento al modificar las percepciones y los niveles de conciencia frente a la realidad, permite además hacer diagnósticos claros, el conocimiento del contexto, facilita la construcción de estrategias y promueve acciones y resultados, en este caso, frente a la construcción de espacios femeninos. </p>
<p>Actualmente, nos encontramos en un lugar histórico donde la mujer se hace visible gracias a múltiples conquistas, no obstante es precisa mayor participación y concientizaciòn de la mujer en su cotidianidad, lo que fortalece una masa critica de mujeres.   Es necesario un papel protagónico en los cambios que acontecen.</p>
<p>Ciertamente, el empoderamiento femenino como conquista del poder muchas veces negado, hace referencia directa a la autonomía política y subjetiva, a la organización, a la toma de decisiones, a la participación directa, a la adquisición de control, a la posibilidad de crear, al acceso de garantías sociales, económicas y políticas, al reconocimiento y respeto de la mujer como ciudadana y ser humano en equidad.   El empoderamiento hace referencia a una mujer como sujeto político, crítica, reflexiva, libre, autónoma y participe.</p>
<p>Bajo esta perspectiva, para propiciar procesos de empoderamiento femenino que desde lo individual conlleva a lo colectivo, es fundamental garantizar el acceso a la educación, a los recursos de conocimiento, a los recursos físicos y materiales, al capital y a espacios de reconocimiento que permita trascender la posición a veces secundaria a la que se ha visto sometida durante siglos. </p>
<p>Al hacerse un hecho el empoderamiento femenino en la sociedad, se ejecuta el ejercicio del poder visto desde el lente emancipador, condición que nos pone en paridad, en una perspectiva del "poder con", en la construcción de un vivenciar compartido. </p>
<p>Esto a su vez se convierte en un reto y una posición de resistencia frente al sistema, una forma de desarticular los modelos enajenantes y opresivos contra la mujer.   Al mismo tiempo, abre las puertas al aprovechamiento de las oportunidades de forma que las mujeres puedan influenciar de manera decisiva en las decisiones políticas, económicas y sociales tanto en esferas macro como micro, desde lo estructural hasta en el día a día de cada una. </p>
<p>Todo esto nos conduce a la propuesta y el alcance de mujeres forjadoras de la historia, del desarrollo, a la conquista de derechos fundamentales e inalienables.   A la concreción y consolidación un papel fundamental y activo en la sociedad que seguro nos hará más felices desde nosotras mismas, desde la libertad humanizada de la mujer, un llamado al empoderamiento femenino desde una perspectiva holìstica, integral. </p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2006/12/05/por-conquista-del-empoderamiento-femenino#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Elogio de la mujer brava</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2006/11/06/elogio-la-mujer-brava</link>
<pubDate>2006-11-06T19:46:14+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">Avisos varios</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas</p>
<p>A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido.<br />
Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viragos, marimachos. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden. </p>
<p>La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, para elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use sus manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en los floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más usted me avisa y yo le abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos de hombre (no de ellas, que requieren más tiempo, y se quedan a medias). </p>
<p>A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan, y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan, y sólo se desnudan si les da la gana. </p>
<p>Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio, y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizás, por eso mismo, les queda difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tenememos. </p>
<p>Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esta nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. </p>
<p>Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche, y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas ( las santas santifican) y tienen todo el derecho a no serlo. </p>
<p>Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras(mirémonos el pecho también nosotros, y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar, y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertado para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean las delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso. </p>
<p>Somos animalitos todavía, los varones machistas, y es inútil pedir que dejemos de mirar muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el cortex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes, y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza: nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento. </p>
<p>Héctor Abad Faciolince.</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2006/11/06/elogio-la-mujer-brava#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Rosa Caramelo</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2006/11/06/rosa-caramelo</link>
<pubDate>2006-11-06T19:44:00+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">Cuentos para antes de dormir</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Había una vez en el país de los elefantes una manada en la que las elefantas eran suaves como el terciopelo, tenían los ojos grandes y brillantes, y la piel de color rosa caramelo.</p>
<p>Todo esto se debía a que desde el mismo día de su nacimiento, las elefantas sólo comían anémonas y peonias. Y no era que les gustaran estas flores: las anémonas – y todavía peor las peonias – tienen un sabor feísimo; pero eso sí, dan una piel suave y rosada y unos ojos grandes y brillantes.<br />
Las anémonas y las peonias crecían en un jardincillo vallado. Las elefantitas vivían allí y se pasaban el día jugando entre ellas y comiendo flores.</p>
<p>“Pequeñas”, decían sus papás, “tenéis que comeros todas las peonias y no dejar ni una sola anémona, o no os haréis tan suaves y tan rosas como vuestras mamás, ni tendréis los ojos tan grandes y brillantes, y, cuando seáis mayores, ningún guapo elefante querrá casarse con vosotras”.<br />
Para volverse más rosas las elefantitas llevaban zapatitos color de rosa, cuellos color de rosa y grandes lazos color de rosa en la punta del rabo. Desde su jardincito vallado,las elefantitas veían a sus hermanos y a sus primos, todos de un hermoso color gris elefante, que jugaban por la sabana, comían hierba verde, se duchaban en el río, se revolcaban en el lodo y hacían la siesta debajo de los árboles.</p>
<p>Sólo Margarita, entre todas las pequeñas elefantas, no se volvía ni un poquito rosa, por más anémonas y peonias que comiera. Esto ponía muy triste a mamá elefanta y hacia poner muy enfadado a papá eefante... “Veamos Margarita”, le decían, “¿por qué sigues con ese horrible color gris, que sienta tan mal a una elefantita? ¿Es que no te esfuerzas? ¿Es que eres una niña rebelde? ¡Mucho cuidado, Margarita, porque si sigues así no llegarás a ser nunca una hermosa elefanta!”. Y Margarita, cada vez más gris, mordisqueaba unas cuantas anémonas y unas pocas peonias para que sus papás estuvieran contentos.</p>
<p>Pero pasó el tiempo, y Margarita no se volvió de color de rosa. Su papá y su mamá perdieron poco a poco la esperanza de verla convertida en una elfanta guapa y suave, de ojos grandes y brillantes.<br />
Y decidieron dejarla en paz. </p>
<p>Y un buen día, Margarita, feliz, salió del jardincito vallado. Se quitó los zapatitos, el cuello y el lazo color de rosa. Y se fue a jugar<br />
sobre la hierba alta, entre los árboles de frutos exquisitos y en los charcos de barro.</p>
<p>Las otras elefantitas la miraban desde su jardín. El primer día, aterradas. El segundo día, con desaprobación. El tercer día, perplejas. Y el cuarto día, muertas de envidia. Al quinto día, las elefantitas más valientes empezaron a salir una tras otra del vallado. Y los zapatitos, los cuellos y los bonitos lazos rosas quedaron entre las peonias y las anémonas.</p>
<p>Después de haber jugado en la hierba, de haber probado los riquísimos frutos y de haber dormido a la sombra de los grandes árboles, ni una sola elefantita quiso volver nunca jamás a llevar zapatitos, ni a comer peonias o anémonas, ni a vivir dentro de un jardín vallado.</p>
<p>Y desde aquel entonces, es muy difícil saber, viendo jugar a los pequeños elefantes de la manada, cuáles son elefantes y cuáles son elefantas. ¡Se parecen tanto!<br />
Adela Turin<br />
<img src="myfiles/eco/f_acida_elefanta_i.jpg" width="77" height="109" class="imgizqda" />
</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2006/11/06/rosa-caramelo#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Sé todos los cuentos...</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2006/06/02/se-todos-cuentos-</link>
<pubDate>2006-06-02T20:36:52+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">Cuentos para antes de dormir</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>SE TODOS LOS CUENTOS</p>
<p>Yo no se muchas cosas, es verdad<br />
digo tan solo lo que he visto.<br />
Y he visto:<br />
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,<br />
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,<br />
que le llanto del hombre lo taponan con cuentos,<br />
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,<br />
y que el miedo del  hombre....</p>
<p>Han inventado todos los cuentos.<br />
yo se muy pocas cosas, es verdad,<br />
pero me han dormido con todos los cuentos...<br />
y sé todos los cuentos</p>
<p>León Felipe<br />
<img src="myfiles/eco/niño" width="260" height="297" class="imgdcha" /
</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2006/06/02/se-todos-cuentos-#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Prohibido olvidar</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2006/05/04/prohibido-olvidar</link>
<pubDate>2006-05-04T23:25:57+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">Avisos varios</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Ahora que se acerca la fecha de elección presidencial en mi país, esta cancion va para mis compatriotas...</p>
<p>PROHIBIDO OLVIDAR</p>
<p>Canción de Rubén Blades</p>
<p>Prohibieron ir a la escuela<br />
e ir a la universidad<br />
prohibieron las garantías<br />
y el fin constitucional.<br />
Prohibieron todas las ciencias,<br />
excepto la militar.<br />
Prohibiendo el derecho a queja,<br />
prohibieron el preguntar.<br />
Hoy te sugiero mi hermano,<br />
pa'que no vuelva a pasar,<br />
¡prohibido olvidar!</p>
<p>¡Prohibido olvidar!</p>
<p>Prohibido esperar respuestas,<br />
prohibida la voluntad.<br />
Prohibidas las discusiones,<br />
prohibida la realidad.<br />
Prohibida la libre prensa<br />
y prohibido el opinar.<br />
Prohibieron la inteligencia<br />
con un decreto especial.<br />
Si tú no usas tu cabeza,<br />
otro por ti la vas a usar.<br />
¡Prohibido olvidar!</p>
<p>¡Prohibido olvidar!</p>
<p>Prohibido el derecho a huelga<br />
y el aumento salarial.<br />
Prohibieron ir a la calle<br />
y al estado criticar.<br />
Prohibieron reírse del chiste<br />
de su triste gobernar.<br />
Prohibieron el desarrollo<br />
del futuro nacional.<br />
Yo creo que la única forma<br />
de darle a esto un final es:<br />
¡Prohibido olvidar! </p>
<p>¡Prohibido olvidar! </p>
<p>Prohibieron los comentarios sin "visto bueno" oficial,<br />
prohibieron el rebelarse contra la mediocridad.<br />
Prohibieron las elecciones y la esperanza popular.<br />
Y prohibieron la conciencia al prohibirnos el pensar.<br />
Si tú crees en tu bandera y crees en la libertad:<br />
¡Prohibido olvidar!</p>
<p>¡Prohibido olvidar!</p>
<p>Pobre del país donde lo malo controla,<br />
donde el civil se enamora de la corrupción.<br />
Pobre del país alienado por la droga,<br />
porque una mente que afloja, pierde la razón.<br />
Pobre del país que, con la violencia, crea<br />
que puede matar la idea de su liberación.<br />
Pobre del país que ve la justicia hecha añicos<br />
por la voluntad del rico o por orden militar.<br />
Cada país depende del corazón de su gente.<br />
Y un país que no se vende,<br />
nadie lo podrá comprar.<br />
¡No te olvides!</p>
<p>¡No te olvides!</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2006/05/04/prohibido-olvidar#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>MaRia</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2006/04/08/maria</link>
<pubDate>2006-04-08T08:58:51+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">Instrucciones varias</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Como disfrutar la vida...<img src="myfiles/eco/Imagen 013.jpg" width="614" height="458" class="imgizqda" /><br />
Y saborearla...<img src="myfiles/eco/Imagen 012.jpg" width="605" height="455" class="imgcen" />
</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2006/04/08/maria#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Hoy estoy triste...</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/11/17/hoy-estoy-triste-</link>
<pubDate>2005-11-17T21:09:43+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">De mis amores</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>... Ahora solo me queda escribir tu nombre en mis alas para invocarte, traerte a mi...<br />
El malicioso destino sabe como divertirse con mi tristeza, pudo reirse en mi cara...   <img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/eco/alasrotas.jpg" width="400" height="473" class="imgcen" />
</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/11/17/hoy-estoy-triste-#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Fragmento (justo para hoy)</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/10/10/fragmento-justo-hoy-</link>
<pubDate>2005-10-10T22:04:25+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">Avisos varios</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/eco/mascara2.gif" width="148" height="182" class="imgizqda" /><br />
...Que feo es eso de que le digan a uno la verdad, sobre todo si se trata de una de esas verdades que uno ha evitado decirse aún en los soliloqios matinales, cuando recien se despierta y murmura pavadas amargas, profundamente antipaticas cargadas de autorrencor, a las que es necesario disipar antes de despertarse por completo y ponerse la mascara que en el resto del día veran los otros, y verá a los otros...<br />
Benedetti</p>
<p>(Hoy no quiero salir de mi casa)
</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/10/10/fragmento-justo-hoy-#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Instrucciones para cantar</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/10/07/instrucciones-cantar</link>
<pubDate>2005-10-07T23:06:51+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">Instrucciones varias</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/eco/espejo_roto.jpg" width="130" height="136" class="imgizqda" /><br />
Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared, olvidese. Cante una sola nota, escuche por dentro. Si oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje sumido en el miedo, con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en cuclillas, creo que estará bien encaminado, y lo mismo si oye un río por donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, si oye un sabor pan, un tacto de dedos, una sombra de caballo. Después compre solfeos y un frac, y por favor no cante por la nariz y deje en paz a Schumann.<br />
Julio Cortazar
</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/10/07/instrucciones-cantar#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>INSTRUCCIONES PARA ESCRIBIR EN LA PIZARRA.</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/10/06/instrucciones-escribir-la-pizarra-</link>
<pubDate>2005-10-06T21:52:21+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">Avisos varios</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/eco/Imagen2.png" width="439" height="244" class="imgcen" />
</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/10/06/instrucciones-escribir-la-pizarra-#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Instrucciones para darle una píldora a un gato</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/10/06/instrucciones-darle-pildora-un-gato</link>
<pubDate>2005-10-06T20:25:11+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">Instrucciones varias</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/eco/gato 3.jpg" width="188" height="258" class="imgdcha" /><br />
1º paso<br />
Tome al gato y acúnelo con su brazo izquierdo como si estuviera sosteniendo a un bebé. Posicione el índice y el pulgar de su mano izquierda para aplicar una suave presión a las mejillas del gato mientras sostiene la píldora con la derecha. Cuando el gato abra la boca, arroje la píldora dentro. Permítale cerrar la boca a los efectos de que el gato trague la píldora.</p>
<p>2º Paso<br />
Levante la píldora del suelo y al gato de detrás del sofá. Acune al gato en su brazo izquierdo y repita el proceso.</p>
<p>3º Paso<br />
Traiga al gato del dormitorio y tire la píldora baboseada a la basura.</p>
<p>4º Paso<br />
Tome una nueva píldora de la caja, acune al gato en su brazo izquierdo manteniendo las patas traseras firmemente sujetas con su mano izquierda. Fuerce la apertura de mandíbulas y empuje la píldora dentro de la boca con su dedo medio. Mantenga la boca del gato cerrada mientras cuenta hasta 10.</p>
<p>5º Paso<br />
Saque la píldora de la pecera y al gato de arriba del armario. Llame a su esposa, que esta en el jardín.</p>
<p>6º Paso<br />
Arrodíllese en el suelo con el gato firmemente sostenido entre sus rodillas. Mantenga las patas traseras y delanteras quietas. Ignore los gruñidos que el gato emite. Pídale a su esposa que sostenga la cabeza del gato con una mano mientras le abre la boca con una regla de madera. Arroje la píldora dentro y frote vigorosamente la garganta del gato.</p>
<p>7º Paso<br />
Traiga al gato del portarrollos de la cortina. Traiga otra píldora de la caja. Recuerde comprar una nueva regla y reparar las cortinas. Barra cuidadosamente los trozos de figuras de porcelana y póngalos aparte para pegarlos luego.</p>
<p>8º Paso<br />
Envuelva al gato en una toalla grande y pídale a su esposa que lo mantenga estirado, con solo la cabeza visible. ponga la píldora en una pajita de gaseosa. Abra la boca del gato con un lápiz. Ponga un extremo de la pajita en la boca del gato y el otro en la suya. Sople.</p>
<p>9º Paso<br />
Verifique la caja para asegurarse de que la píldora no es dañina para seres humanos. Beba un vaso de agua para recuperar el sentido del gusto. Aplique apósitos a los brazos de su esposa y limpie la sangre de la alfombra con agua fría y jabón.</p>
<p>10º Paso<br />
Traiga el gato del tejado del vecino. Tome otra píldora. Ponga el gato en el armario y cierre la puerta sobre su cuello, dejando solo la cabeza fuera del mismo. Fuerce la apertura de la boca con una cuchara de postre. Arroje la píldora dentro con una bandita elástica.</p>
<p>11º Paso<br />
Vaya al garage a buscar un destornillador para volver a colocar la puerta del armario en sus bisagras. aplíquese compresas frías en las mejillas y verifique cuándo fue su última dosis de vacuna contra el tétanos. Arroje la remera que tenía puesta en el lavarropas y tome una limpia del dormitorio.</p>
<p>12º Paso<br />
Llame a los bomberos para bajar al gato del árbol de la calle de enfrente. Discúlpese con su vecino que se estrelló contra su reja tratando de escapar del gato furioso. Tome la última píldora de la caja.</p>
<p>13º Paso<br />
Ate las patas delanteras del gato a las traseras con una cuerda. Atelo firmemente a la pata de la mesa de la cocina. Busque guantes de trabajo pesado. Mantenga la boca del gato abierta con una pequeña palanca. Ponga la píldora en la boca seguida de un gran trozo de carne. Mantenga la cabeza vertical y vierta medio litro de agua a través de la garganta del gato para que trague la píldora.</p>
<p>14º Paso<br />
Haga que su esposa lo lleve a la sala de emergencias. Siéntese tranquilamente mientras el doctor le venda dedos y frente, y le saca la píldora del ojo. En el camino de vuelta, deténgase en la mueblería para comprar una nueva mesa.</p>
<p>15º Paso<br />
Arregle con una oficina inmobiliaria para comprar una nueva casa para el gato y llame al veterinario para averiguar si tiene algún hámster para vender.</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/10/06/instrucciones-darle-pildora-un-gato#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Introducciòn</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/10/06/introduccion</link>
<pubDate>2005-10-06T20:17:16+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">Instrucciones varias</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Con la finalidad de hacer la vida mas ùtil, añadì esta categoria a mi blog, para la utilidad los que bien quieran servirse de el.
</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/10/06/introduccion#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Instrucciones para llorar</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/09/26/instrucciones-llorar</link>
<pubDate>2005-09-26T19:48:32+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">Instrucciones varias</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.lacoctelera.com/eco/imagen/En-la-ruta.jpg" width="300" height="349" class="imgizqda" /><br />
Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.<br />
Julio Cortazar
</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/09/26/instrucciones-llorar#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Las ruinas circulares (cuentos para antes de dormir III)</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/09/26/las-ruinas-circulares-cuentos-antes-dormir-iii-</link>
<pubDate>2005-09-26T19:41:27+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">Cuentos para antes de dormir</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.lacoctelera.com/eco/imagen/arquitectura-83d.jpg" width="139" height="200" class="imgizqda" /><br />
Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos, que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres. El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro. Rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro le advirtieron que los hombres de la región habían espiado con respeto su sueño y solicitaban su amparo o temían su magia. Sintió el frío del miedo y buscó en la muralla dilapidada un nicho sepulcral y se tapó con hojas desconocidas.</p>
<p>El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder. Le convenía el templo inhabitado y despedazado, porque era un mínimo de mundo visible; la cercanía de los leñadores también, porque éstos se encargaban de subvenir a sus necesidades frugales. El arroz y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado a la única tarea de dormir y soñar.</p>
<p>Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica. El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular que era de algún modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía, de cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y procuraban responder con entendimiento, como si adivinaran la importancia de aquel examen, que redimiría a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.</p>
<p>A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y sí de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Los primeros, aunque dignos de amor y de buen afecto, no podían ascender a individuos; los últimos preexistían un poco más. Una tarde (ahora también las tardes eran tributarias del sueño, ahora no velaba sino un par de horas en el amanecer) licenció para siempre el vasto colegio ilusorio y se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino, díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador. No lo desconcertó por mucho tiempo la brusca eliminación de los condiscípulos; su progreso, al cabo de unas pocas lecciones particulares, pudo maravillar al maestro. Sin embargo, la catástrofe sobrevino. El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él. Quiso explorar la selva, extenuarse; apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteadas fugazmente de visiones de tipo rudimental: inservibles. Quiso congregar el colegio y apenas hubo articulado unas breves palabras de exhortación, éste se deformó, se borró. En la casi perpetua vigilia, lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos.</p>
<p>Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable. Juró olvidar la enorme alucinación que lo había desviado al principio y buscó otro método de trabajo. Antes de ejercitarlo, dedicó un mes a la reposición de las fuerzas que había malgastado el delirio. Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día. Las raras veces que soñó durante ese período, no reparó en los sueños. Para reanudar la tarea, esperó que el disco de la luna fuera perfecto. Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso y durmió. Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía.</p>
<p>Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aun sin cara ni sexo; con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia. No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retomó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales. Antes de un año llegó al esqueleto, a los párpados. El pelo innumerable fue tal vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.</p>
<p>En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado. Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió. (Más le hubiera valido destruirla.) Agotados los votos a los númenes de la tierra y del río, se arrojó a los pies de la efigie que tal vez era un tigre y tal vez un potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con la estatua. La soñó viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad. Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las criaturas, excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviaría al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.</p>
<p>El mago ejecutó esas órdenes. Consagró un plazo (que finalmente abarcó dos años) a descubrirle los arcanos del universo y del culto del fuego. Íntimamente, le dolía apartarse de él. Con el pretexto de la necesidad pedagógica, dilataba cada día las horas dedicadas al sueño. También rehizo el hombro derecho, acaso deficiente. A veces, lo inquietaba una impresión de que ya todo eso había acontecido... En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente: El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.</p>
<p>Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer -y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje.</p>
<p>Su victoria y su paz quedaron empañadas de hastío. En los crepúsculos de la tarde y del alba, se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares, aguas abajo; de noche no soñaba, o soñaba como lo hacen todos los hombres. Percibía con cierta palidez los sonidos y formas del universo: el hijo ausente se nutría de esas disminuciones de su alma. El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis. Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron dos remeros a medianoche: no pudo ver sus caras, pero le hablaron de un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y de no quemarse. El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro. No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo! A todo padre le interesan los hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad; es natural que el mago temiera por el porvenir de aquel hijo, pensado entraña por entraña y rasgo por rasgo, en mil y una noches secretas.</p>
<p>El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches; después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.</p>
<p> Jorge Luis Borges</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/09/26/las-ruinas-circulares-cuentos-antes-dormir-iii-#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Necesito ayudaaaaaa!!!!</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/09/24/necesito-ayudaaaaaa-</link>
<pubDate>2005-09-24T01:41:53+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">Avisos varios</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Estoy a punto de enloquecer, tratando de poner mi imagen en mi perfil, pero simpre se va hacia abajo...  que hago???
</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/09/24/necesito-ayudaaaaaa-#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Mi vida con la ola (cuentos para antes de dormir II)</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/09/23/mi-vida-con-ola-cuando-deje-aquel-mar-ola-se</link>
<pubDate>2005-09-23T22:35:06+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">Cuentos para antes de dormir</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.lacoctelera.com/eco/imagen/seduzidapelaflor2a.jpg" width="209" height="177" class="imgizqda" /><br />
Cuando dejé aquel mar, una ola se adelantó entre todas. Era esbelta y ligera. A pesar de los gritos de las otras, que la detenían por el vestido flotante, se colgó de mi brazo y se fue conmigo saltando. No quise decirle nada, porque me daba pena avergonzarla ante sus compañeras. Además, las miradas coléricas de las mayores me paralizaron. </p>
<p>Cuando llegamos al pueblo, le expliqué que no podía ser, que la vida en la ciudad no era lo que ella pensaba en su ingenuidad de ola que nunca ha salido del mar. Me miró seria: "Su decisión estaba tomada. No podía volver." Intenté dulzura, dureza, ironía. Ella lloró, gritó, acarició, amenazó. Tuve que pedirle perdón. Al día siguiente empezaron mis penas. Cómo subir al tren sin que nos vieran el conductor, los pasajeros, la policía? Es cierto que los reglamentos no dicen nada respecto al transporte de olas en los ferrocarriles, pero esa misma reserva era un indicio de la severidad con que se juzgaría nuestro acto. </p>
<p>Tras de mucho cavilar me presenté en la estación una hora antes de la salida, ocupé mi asiento y, cuando nadie me veía, vacié el depósito de agua para los pasajeros; luego, cuidadosamente, vertí en él a mi amiga. </p>
<p>El primer incidente surgió cuando los niños de un matrimonio vecino declararon su ruidosa sed. Les salí al paso y les prometí refrescos y limonadas. Estaban a punto de aceptar cuando se acercó otra sedienta. Quise invitarla también, pero la mirada de su acompañante me detuvo. La señora tomó un vasito de papel, se acercó al depósito y abrió la llave. Apenas estaba a medio llenar el vaso cuando me interpuse de un salto entre ella y mi amiga. La señora me miró con asombro. Mientras pedía disculpas, uno de los niños volvió abrir el depósito. Lo cerré con violencia. </p>
<p>La señora se llevó el vaso a los labios: -Ay el agua esta salada. El niño le hizo eco. Varios pasajeros se levantaron. El marido llamo al Conductor: -Este individuo echó sal al agua. El Conductor llamo al Inspector: -Conque usted echó substancias en el agua? El Inspector llamo al Policía en turno: -Conque usted echó veneno al agua? El Policía en turno llamo al Capitán: - Conque usted es el envenenador? El Capitán llamo a tres agentes. Los agentes me llevaron a un vagón solitario, entre las miradas y los cuchicheos de los pasajeros. En la primera estación me bajaron y a empujones me arrastraron a la cárcel. Durante días no se me habló, excepto durante los largos interrogatorios. Cuando contaba mi caso nadie me creía, ni siquiera el carcelero, que movía la cabeza, diciendo: "El asunto es grave, verdaderamente grave. No había querido envenenar a unos niños?" Una tarde me llevaron ante el Procurador. -Su asunto es difícil -repitió-. Voy a consignarlo al Juez Penal. Así pasó un año. Al fin me juzgaron. Como no hubo víctimas, mi condena fue ligera. Al poco tiempo, llego el día de la libertad. El Jefe de la Prisión me llamó: -Bueno, ya está libre. Tuvo suerte. Gracias a que no hubo desgracias. Pero que no se vuelva a repetir, por que la próxima le costará caro... Y me miró con la misma mirada seria con que todos me veían. </p>
<p>Esa misma tarde tomé el tren y luego de unas horas de viaje incómodo llegue a México. Tome un taxi y me dirigí a casa. Al llegar a la puerta de mi departamento oí risas y cantos. Sentí un dolor en el pecho, como el golpe de la ola de la sorpresa cuando la sorpresa nos golpea en pleno pecho: mi amiga estaba allí, cantando y riendo como siempre. -Cómo regresaste? -Muy fácil: en el tren. Alguien, después de cerciorarse de que sólo era agua salada, me arrojo en la locomotora. Fue un viaje agitado: de pronto era un penacho blanco de vapor, de pronto caía en lluvia fina sobre la máquina. Adelgace mucho. Perdí muchas gotas. Su presencia cambió mi vida. La casa de pasillos oscuros y muebles empolvados se llenó de aire, de sol, de rumores y reflejos verdes y azules, pueblo numeroso y feliz de reverberaciones y ecos. </p>
<p>Cuántas olas es una ola o como puede hacer playa o roca o rompeolas un muro, un pecho, una frente que corona de espuma! Hasta los rincones abandonados, los abyectos rincones del polvo y los detritus fueron tocados por sus manos ligeras. Todo se puso a sonreír y por todas partes brillaban dientes blancos. El sol entraba con gusto en las viejas habitaciones y se quedaba en casa por horas, cuando ya hacia tiempo que había abandonado las otras casas, el barrio, la ciudad, el país. Y varias noches, ya tarde, las escandalizadas estrellas lo vieron salir de mi casa, a escondidas. El amor era un juego, una creación perpetua. Todo era playa, arena, lecho de sábanas siempre frescas. Si la abrazaba, ella se erguía, increíblemente esbelta, como tallo liquido de un chopo; y de pronto esa delgadez florecía en un chorro de plumas blancas, en un penacho de risas de caían sobre mi cabeza y mi espalda y me cubrían de blancuras. O se extendía frente a mi, infinita como el horizonte, hasta que yo también me hacia horizonte y silencio. Plena y sinuosa, me envolvía como una música o unos labios inmensos. Su presencia era un ir y venir de caricias, de rumores, de besos. Entraba en sus aguas, me ahogaba a medias y en un cerrar de ojos me encontraba arriba, en lo alto del vértigo, misteriosamente suspendido, para caer después como una piedra, y sentirme suavemente depositado en lo seco, como una pluma. Nada es comparable a dormir mecido en las aguas, si no es despertar golpeado por mil alegres látigos ligeros, por arremetidas que se retiran riendo. </p>
<p>Pero jamás llegué al centro de su ser. Nunca toqué el nudo del ay y de la muerte. Quizá en las olas no existe ese sitio secreto que hace vulnerable y mortal a la mujer, ese pequeño botón eléctrico donde todo se enlaza, se crispa y se yergue, para luego desfallecer. Su sensibilidad, como las mujeres, se propagaba en ondas, sólo que no eran ondas concéntricas, sino excéntricas, que se extendían cada vez más lejos, hasta tocar otros astros. Amarla era prolongarse en contactos remotos, vibrar con estrellas lejanas que no sospechamos. Pero su centro... no, no tenía centro, sino un vacío parecido al de los torbellinos, que me chupaba y me asfixiaba. </p>
<p>Tendido el uno al lado de otro, cambiábamos confidencias, cuchicheos, risas. Hecha un ovillo, caía sobre mi pecho y allí se desplegaba como una vegetación de rumores. Cantaba a mi oído, caracola. Se hacia humilde y transparente, echada a mis pies como un animalito, agua mansa. Era tan límpida que podía leer todos sus pensamientos. Ciertas noches su piel se cubría de fosforescencias y abrazarla era abrazar un pedazo de noche tatuada de fuego. Pero se hacía también negra y amarga. A horas inesperadas mugía, suspiraba, se retorcía. Sus gemidos despertaban a los vecinos. Al oírla el viento del mar se ponía a rascar la puerta de la casa o deliraba en voz alta por las azoteas. Los días nublados la irritaban; rompía muebles, decía malas palabras, me cubría de insultos y de una espuma gris y verdosa. Escupía, lloraba, juraba, profetizaba. Sujeta a la luna, las estrellas, al influjo de la luz de otros mundos, cambiaba de humor y de semblante de una manera que a mi me parecía fantástica, pero que era tal como la marea. </p>
<p>Empezó a quejarse de soledad. Llené la casa de caracolas y conchas, pequeños barcos veleros, que en sus días de furia hacia naufragar (junto con los otros, cargados de imágenes, que todas las noches salían de mi frente y se hundía en sus feroces o graciosos torbellinos). Cuántos pequeños tesoros se perdieron en ese tiempo! Pero no le bastaban mis barcos ni el canto silencioso de las caracolas. Confieso que no sin celos los veía nadar en mi amiga, acariciar sus pechos, dormir entre sus piernas, adornar su cabellera con leves relámpagos de colores. Entre todos aquellos peces había unos particularmente repulsivos y feroces, unos pequeños tigres de acuario, grandes ojos fijos y bocas hendidas y carniceras. No se por que aberración mi amiga se complacía en jugar con ellos, mostrándoles sin rubor una preferencia cuyo significado prefiero ignorar. Pasaba largas horas encerrada con aquellas horribles criaturas. </p>
<p>Un día no pude más; eché abajo la puerta y me arrojé sobre ellos. Ágiles y fantasmales, se me escapaban entre las manos mientras ella reía y me golpeaba hasta derribarme. Sentí que me ahogaba. Y cuando estaba a punto de morir, morado ya, me depositó suavemente en la orilla y empezó a besarme, diciendo no sé qué cosas. Me sentí muy débil, molido y humillado. Y al mismo tiempo la voluptuosidad me hizo cerrar los ojos. Porque su voz era dulce y me hablaba de la muerte deliciosa de los ahogados. </p>
<p>Cuando volví en mi, empecé a temerla y a odiarla. Tenía descuidados mis asuntos. Empecé a frecuentar los amigos y reanudé viejas y queridas relaciones. Encontré a una amiga de juventud. Haciéndole jurar que me guardaría el secreto, le conté mi vida con la ola. Nada conmueve tanto a las mujeres como la posibilidad de salvar a un hombre. </p>
<p>Mi redentora empleó todas sus artes, pero, qué podía una mujer, dueña de un número limitado de almas y cuerpos, frente a mi amiga, siempre cambiante - y siempre idéntica a si misma en su metamorfosis incesante? Vino el invierno. El cielo se volvió gris. La niebla cayó sobre la ciudad. Llovía una llovizna helada. Mi amiga gritaba todas las noches. Durante el día se aislaba, quieta y siniestra, mascullando una sola silaba, como una vieja que rezonga en un rincón. Se puso fría; dormir con ella era tirar toda la noche y sentir como se helaba paulatinamente la sangre, los huesos, los pensamientos. Se volvió impenetrable, revuelta. Yo salía con frecuencia y mis ausencias eran cada vez mas prolongadas. Ella, en su rincón, aullaba largamente. Con dientes acerados y lengua corrosiva roía los muros, desmoronaba las paredes. Pasaba las noches en vela, haciéndome reproches. Tenía pesadillas, deliraba con el sol, con un gran trozo de hielo, navegando bajo cielos negros en noches largas como meses. Me injuriaba. Maldecía y reía; llenaba la casa de carcajadas y fantasmas. Llamaba a los monstruos de las profundidades, ciegos, rápidos y obtusos. Cargada de electricidad, carbonizaba lo que rozaba. Sus dulces brazos se volvieron cuerdas ásperas que me estrangulaban. Y su cuerpo verdoso y elástico, era un látigo implacable, que golpeaba, golpeaba, golpeaba. </p>
<p>Huí. los horribles peces reían con risa feroz. Allá en las montañas, entre los altos pinos y los despeñaderos, respire el aire frío y fino como un pensamiento de libertad. Al cabo de un mes regresé. Estaba decidido. Había hecho tanto frío que encontré sobre el mármol de la chimenea, junto al fuego extinto, una estatua de hielo. No me conmovió su aborrecida belleza. Le eché en un gran saco de lona y salí a la calle, con la dormida a cuestas. En un restaurante de las afueras la vendí a un cantinero amigo, que inmediatamente empezó a picarla en pequeños trozos, que depositó cuidadosamente en las cubetas donde se enfrían las botellas. </p>
<p>Octavio Paz
</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/09/23/mi-vida-con-ola-cuando-deje-aquel-mar-ola-se#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Dos Palabras (cuentos para antes de dormir)</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/09/22/buenas-noches</link>
<pubDate>2005-09-22T21:19:17+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">Cuentos para antes de dormir</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.lacoctelera.com/eco/imagen/desierto.jpg" width="150" height="112" class="imgizqda" /></p>
<p>Tenía el nombre de Belisa Crepusculario, pero no por fe de bautismo o acierto de su madre, sino porque ella misma lo buscó hasta encontrarlo y se vistió con é1. Su oficio era vender palabras. Recorría el país, desde las regiones más altas y frías hasta las costas calientes, instalándose en las ferias y en los mercados, donde montaba cuatro palos con un toldo de lienzo, bajo el cual se protegía del sol y de la lluvia para atender a su clientela. No necesitaba pregonar su mercadería, porque de tanto caminar por aquí y por allí, todos la conocían. Había quienes la aguardaban de un año para otro, y cuando aparecía por la aldea con su atado bajo el brazo hacían cola frente a su tenderete. Vendía a precios justos. Por cinco centavos entregaba versos de memoria, por siete mejoraba la calidad de los sueños, por nueve escribía cartas de enamorados, por doce inventaba insultos para enemigos irreconciliables. También vendía cuentos, pero no eran cuentos de fantasía, sino largas historias verdaderas que recitaba de corrido sin saltarse nada. Así llevaba las nuevas de un pueblo a otro. La gente le pagaba por agregar una o dos líneas: nació un niño, murió fulano, se casaron nuestros hijos, se quemaron las cosechas. En cada lugar se juntaba una pequeña multitud a su alrededor para oírla cuando comenzaba a hablar y así se enteraban de las vidas de otros, de los parientes lejanos, de los pormenores de la Guerra Civil. A quien le comprara cincuenta centavos, ella le regalaba una palabra secreta para espantar la melancolía. No era la misma para todos, por supuesto, porque eso habría sido un engaño colectivo. Cada uno recibía la suya con la certeza de que nadie más la empleaba para ese fin en el universo y más allá. </p>
<p>Belisa Crepusculario había nacido en una familia tan mísera, que ni siquiera poseía nombres para llamar a sus hijos. Vino al mundo y creció en la región más inhóspita, donde algunos años las lluvias se convierten en avalanchas de agua que se llevan todo, y en otros no cae ni una gota del cielo, el sol se agranda hasta ocupar el Horizonte entero y el mundo se convierte en un desierto. Hasta que cumplió doce años no tuvo otra ocupación ni virtud que sobrevivir al hambre y la fatiga de siglos. Durante una interminable sequía le tocó enterrar a cuatro hermanos menores y cuando comprendió que llegaba su turno, decidió echar a andar por las l1anuras en dirección al mar, a ver si en el viaje lograba burlar a la muerte. La tierra estaba erosionada, partida en profundas grietas, sembrada de piedras, fósiles de árboles y de arbustos espinudos, esqueletos le animales blanqueados por el calor. De vez en cuando tropezaba con familias que, como ella, iban hacia el sur siguiendo el espejismo del agua. Algunos habían iniciado la marcha llevando sus pertenencias al hombro o en carretillas, pero apenas podían mover sus propios huesos y a poco andar debían abandonar sus cosas. Se arrastraban penosamente, con la piel convertida en cuero de lagarto y sus ojos quemados por la reverberación de la luz. Belisa los saludaba con un gesto al pasar, pero no se detenía, porque no podía gastar sus fuerzas en ejercicios de compasión. Muchos cayeron por el camino, pero ella era tan tozuda que consiguió atravesar el infierno y arribó por fin a los primeros manantiales, finos hilos de agua, casi invisibles, que alimentaban una vegetación raquítica, y que más adelante se convertían en riachuelos y esteros. </p>
<p>Belisa Crepusculario salvó la vida y además descubrió por casualidad la escritura. Al llegar a una aldea en las proximidades de la costa, el viento colocó a sus pies una hoja de periódico. Ella tomó aquel papel amarillo y quebradizo y estuvo largo rato observándolo sin adivinar su uso, hasta que la curiosidad pudo rnás que su timidez. Se acercó a un hombre que lavaba un caballo en el mismo charco turbio donde ella saciara su sed. </p>
<p>--¿Qué es esto?--preguntó. </p>
<p>--La página deportiva del periódico--replicó el hombre sin dar muestras de asombro ante su ignorancia. </p>
<p>La respuesta dejó atónita a la muchacha, pero no quiso parecer descarada y se limitó a inquirir el significado de las patitas de mosca dibujadas sobre el papel. </p>
<p>--Son palabras, niña. Allí dice que Fulgencio Barba noqueó al Nero Tiznao en el tercer round. </p>
<p>Ese día Belisa Crepusculario se enteró que las palabras andan sueltas sin dueño y cualquiera con un poco de maña puede apoderárselas para comerciar con ellas. Consideró su situación y concluyó que aparte de prostituirse o emplearse como sirvienta en las cocinas de los ricos, eran pocas las ocupaciones que podía desempeñar. Vender palabras le pareció una alternativa decente. A partir de ese momento ejerció esa profesión y nunca le interesó otra. Al principio ofrecía su mercancía sin sospechar que las palabras podían también escribirse fuera de los periódicos. Cuando lo supo calculó las infinitas proyecciones de su negocio, con sus ahorros le pagó veinte pesos a un cura para que le enseñara a leer y escribir y con los tres que le sobraron se compró un diccionario. Lo revisó desde la A hasta la Z y luego lo lanzó al mar, porque no era su intención estafar a los clientes con palabras envasadas. </p>
<p>Varios años después, en una mañana de agosto, se encontraba Belisa Crepusculario en el centro de una plaza, sentada bajo su toldo vendiendo argumentos de justicia a un viejo que solicitaba su pensión desde hacía diecisiete años. Era día de mercado y había mucho bullicio a su alrededor. Se escucharon de pronto galopes y gritos, ella levantó los ojos de la escritura y vio primero una nube de polvo y enseguida un grupo de jinetes que irrumpió en el lugar. Se trataba de los hombres del Coronel, que venían al mando del Mulato, un gigante conocido en toda la zona por la rapidez de su cuchillo y la lealtad hacia su jefe. Ambos, el Coronel y el Mulato, habían pasado sus vidas ocupados en la Guerra Civil y sus nombres estaban irremisiblemente unidos al estropicio y la calamidad. Los guerreros entraron al pueblo como un rebaño en estampida, envueltos en ruido, bañados de sudor y dejando a su paso un espanto de huracán. Salieron volando las gallinas, dispararon a perderse los perros, corrieron las mujeres con sus hijos y no quedó en el sitio del mercado otra alma viviente que Belisa Crepusculario, quien no había visto jamás al Mulato y por lo mismo le extrañó que se dirigiera a ella. </p>
<p>--A ti te busco--le gritó señalándola con su látigo enrollado y antes que terminara de decirlo, dos hombres cayeron encima de la mujer atropellando el toldo y rompiendo el tintero, la ataron de pies y manos y la colocaron atravesada como un bulto de marinero sobre la grupa de la bestia del Mulato. Emprendieron galope en dirección a las colinas. </p>
<p>Horas más tarde, cuando Belisa Crepusculario estaba a punto de morir con el corazón convertido en arena por las sacudidas del caballo, sintió que se detenían y cuatro manos poderosas la depositaban en tierra. Intentó ponerse de pie y levantar la cabeza con dignidad, pero le fallaron las fuerzas y se desplomó con un suspiro, hundiéndose en un sueño ofuscado. Despertó varias horas después con el murmullo de la noche en el campo, pero no tuvo tiempo de descifrar esos sonidos, porque al abrir los ojos se encontró ante la mirada impaciente del Mulato, arrodillado a su lado. </p>
<p>--Por fin despiertas, mujer--dijo alcanzándole su cantimplora para que bebiera un sorbo de aguardiente con pólvora y acabara de recuperar la vida. </p>
<p>Ella quiso saber la causa de tanto maltrato y él le explicó que el Coronel necesitaba sus servicios. Le permitió mojarse la cara y enseguida la llevó a un extremo del campamento, donde el hombre más temido del país reposaba en una hamaca colgada entre dos árboles. Ella no pudo verle el rostro, porque tenía encima la sombra incierta del follaje y la sombra imborrable de muchos años viviendo como un bandido, pero imaginó que debía ser de expresión perdularia si su gigantesco ayudante se dirigía a él con tanta humildad. Le sorprendió su voz, suave y bien modulada como la de un profesor. </p>
<p>--¿Eres la que vende palabras?--preguntó. </p>
<p>--Para servirte--balbuceó ella oteando en la penumbra para verlo mejor. </p>
<p>El Coronel se puso de pie y la luz de la antorcha que llevaba el Mulato le dio de frente. La mujer vio su piel oscura y sus fieros ojos de puma y supo al punto que estaba frente al hombre más solo de este mundo. </p>
<p>--Quiero ser Presidente—dijo él. </p>
<p>Estaba cansado de recorrer esa tierra maldita en guerras inútiles y derrotas que ningún subterfugio podía transformar en victorias. Llevaba muchos años, durmiendo a la intemperie, picado de mosquitos, alimentándose de iguanas y sopa de culebra, pero esos inconvenientes menores no constituían razón suficiente para cambiar su destino. Lo que en verdad le fastidiaba era el terror en los ojos ajenos. Deseaba entrar a los pueblos bajo arcos de triunfo, entre banderas de colores y flores, que lo aplaudieran y le dieran de regalo huevos frescos y pan recién horneado. Estaba harto de comprobar cómo a su paso huían los hombres, abortaban de susto las mujeres y temblaban las criaturas, por eso había decidido ser Presidente. El Mulato le sugirió que fueran a la capital y entraran galopando al Palacio para apoderarse del gobierno, tal como tomaron tantas otras cosas sin pedir permiso, pero al Coronel no le interesaba convertirse en otro tirano, de ésos ya habían tenido bastantes por allí y, además, de ese modo no obtendría el afecto de las gentes. Su idea consistía en ser elegido por votación popular en los comicios de diciembre. </p>
<p>--Para eso necesito hablar como un candidato. ¿Puedes venderme las palabras para un discurso?--preguntó el Coronel a Belisa Crepusculario. </p>
<p>Ella había aceptado muchos encargos, pero ninguno como ése, sin embargo no pudo negarse, temiendo que el Mulato le metiera un tiro entre los ojos o, peor aún, que el Coronel se echara a llorar. Por otra parte, sintió el impulso de ayudarlo, porque percibió un palpitante calor en su piel, un deseo poderoso de tocar a ese hombre, de recorrerlo con sus manos, de estrecharlo entre sus brazos. </p>
<p>Toda la noche y buena parte del día siguiente estuvo Belisa Crepusculario buscando en su repertorio las palabras apropiadas para un discurso presidencial, vigilada de cerca por el Mulato, quien no apartaba los ojos de sus firmes piernas de caminante y sus senos virginales. Descartó las palabras ásperas y secas, las demasiado floridas, las que estaban desteñidas por el abuso, las que ofrecían promesas improbables, las carentes de verdad y las confusas, para quedarse sólo con aquellas capaces de tocar con certeza el pensamiento de los hombres y la intuición de las mujeres. Haciendo uso de los conocimientos comprados al cura por veinte pesos, escribió el discurso en una hoja de papel y luego hizo señas al Mulato para que desatara la cuerda con la cual la había amarrado por los tobillos a un árbol. La condujeron nuevamente donde el Coronel y al verlo ella volvió a sentir la misma palpitante ansiedad del primer encuentro. Le pasó el papel y aguardó, mientras él lo miraba sujetándolo con la punta de los dedos. </p>
<p>--¿Qué carajo dice aquí?--preguntó por último. </p>
<p>--¿No sabes leer? </p>
<p>--Lo que yo sé hacer es la guerra--replicó é1. </p>
<p>Ella leyó en alta voz el discurso. Lo leyó tres veces, para que su cliente pudiera grabárselo en la memoria. Cuando terminó vio la emoción en los rostros de los hombres de la tropa que se juntaron para escucharla y notó que los ojos amarillos del Coronel brillaban de entusiasmo, seguro de que con esas palabras el sillón presidencial sería suyo. </p>
<p>--Si después de oírlo tres veces los muchachos siguen con la boca abierta, es que esta vaina sirve, Coronel--aprobó el Mulato. </p>
<p>--¿Cuánto te debo por tu trabajo, mujer?--preguntó el jefe. </p>
<p>--Un peso, Coronel. </p>
<p>--No es caro--dijo é1 abriendo la bolsa que llevaba colgada del cinturón con los restos del último botín. </p>
<p>--Además tienes derecho a una ñapa. Te corresponden dos palabras secretas--dijo Belisa Crepusculario. </p>
<p>--¿Cómo es eso? </p>
<p>Ella procedió a explicarle que por cada cincuenta centavos que pagaba un cliente, le obsequiaba una palabra de uso exclusive. El jefe se encogió de hombros, pues no tenía ni el menor interés en la oferta, pero no quiso ser descortés con quien lo había servido tan bien. Ella se aproximó sin prisa al taburete de suela donde é1 estaba sentado y se inclinó para entregarle su regalo. Entonces el hombre sintió el olor de animal montuno que se desprendía de esa mujer, el calor de incendio que irradiaban sus caderas, el roce terrible de sus cabellos, el aliento de yerbabuena susurrándo en su oreja las dos palabras secretas a las cuales tenía derecho. </p>
<p>--Son tuyas, Coronel--dijo ella al retirarse--. Puedes emplearlas cuanto quieras. </p>
<p>El Mulato acompañó a Belisa hasta el borde del camino, sin dejar de mirarla con ojos suplicantes de perro perdido, pero cuando estiró la mano para tocarla, ella lo detuvo con un chorro de palabras inventadas que tuvieron la virtud de espantarle el deseo, porque creyó que se trataba de alguna maldición irrevocable. </p>
<p>En los meses de setiembre, octubre y noviembre el Coronel pronunció su discurso tantas veces, que de no haber sido hecho con palabras refulgentes y durables el uso lo habría vuelto ceniza. Recorrió el país en todas direcciones, entrando a las ciudades con aire triunfal y deteniéndose también en los pueblos más olvidados, allí, donde sólo el rastro de basura indicaba la presencia humana, para convencer a los electores que votaran por é1. Mientras hablaba sobre una tarima al centro de la plaza, el Mulato y sus hombres repartían caramelos y pintaban su nombre con escarcha dorada en las paredes, pero nadie prestaba atención a esos recursos de mercader, porque estaban deslumbrados por la claridad de sus proposiciones y la lucidez poética de sus argumentos, contagiados de su deseo tremendo de corregir los errores de la historia y alegres por primera vez en sus vidas. Al terminar la arenga del candidato, la tropa lanzaba pistoletazos al aire y encendía petardos y cuando por fin se retiraban, quedaba atrás una estela de esperanza que perduraba muchos días en el aire, como el recuerdo magnífico de un cometa. Pronto el Coronel se convirtió en el político más popular. Era un fenómeno nunca visto, aquel hombre surgido de la guerra civil, lleno de cicatrices y hablando como un catedrático, cuyo prestigio se regaba por el territorio nacional conmoviendo el corazón de la patria. La prensa se ocupó de é1. Viajaron de lejos los periodistas para entrevistarlo y repetir sus frases, y así creció el número de sus seguidores y de sus enemigos. </p>
<p>--Vamos bien, Coronel--dijo el Mulato al cumplirse doce semanas de éxito. </p>
<p>Pero el candidato no lo escuchó. Estaba repitiendo sus dos palabras secretas, como hacía cada vez con mayor frecuencia. Las decía cuando lo ablandaba la nostalgia, las murmuraba dormido, las llevaba consigo sobre su caballo, las pensaba antes de pronunciar su célebre discurso y se sorprendía saboreándolas en sus descuidos. Y en toda ocasión en que esas dos palabras venían a su mente, evocaba la presencia de Belisa Crepusculario y se le alborotaban los sentidos con el recuerdo de olor montuno, el calor de incendio, el roce terrible y el aliento de yerbabuena, hasta que empezó a andar como un sonámbulo y sus propios hombres comprendieron que se le terminaría la vida antes de alcanzar el sillón de los presidentes. </p>
<p>--¿Qué es lo que te pasa, Coronel?--le preguntó muchas veces el Mulato, hasta que por fin un día el jefe no pudo más y le confesó que la culpa de su ánimo eran esas dos palabras que llevaba clavadas en el vientre. </p>
<p>--Dímelas, a ver si pierden su poder--le pidió su fiel ayudante. </p>
<p>--No te las diré, son sólo mías--replicó el Coronel. </p>
<p>Cansado de ver a su jefe deteriorarse como un condenado a muerte, el Mulato se echó el fusil al hombro y partió en busca de Belisa Crepusculario. Siguió sus huellas por toda esa vasta geografía hasta encontrarla en un pueblo del sur, instalada bajo el toldo de su oficio, contando su rosario de noticias. Se le plantó delante con las piernas abiertas y el arma empuñada. </p>
<p>--Tú te vienes conmigo--ordenó. </p>
<p>Ella lo estaba esperando. Recogió su tintero, plegó el lienzo de su tenderete, se echó el chal sobre los hombros y en silencio trepó al anca del caballo. No cruzaron ni un gesto en todo el camino, porque al Mulato el deseo por ella se le había convertido en rabia y sólo el miedo que le inspiraba su lengua le impedía destrozarla a latigazos. Tampoco esta dispuesto a comentarle que el Coronel andaba alelado, y que lo que no habían logrado tantos años de batallas lo había conseguido un encantamiento susurrado al oído. Tres días después llegaron al campamento y de inmediato condujo a su prisionera hasta el candidato, delante de toda la tropa. </p>
<p>--Te traje a esta bruja para que le devuelvas sus palabras, Coronel, y para que ella te devuelva la hombría--dijo apuntando el cañón de su fusil a la nuca de la mujer. </p>
<p>El Coronel y Belisa Crepusculario se miraron largamente, midiéndose desde la distancia. Los hombres comprendieron entonces que ya su jefe no podía deshacerse del hechizo de esas dos palabras endemoniadas, porque todos pudieron ver los ojos carnívoros del puma tornarse mansos cuando ella avanzó y le tomó la mano. </p>
<p> Isabel Allende
</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/09/22/buenas-noches#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>?</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/09/12/-</link>
<pubDate>2005-09-12T19:09:24+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">De mis amores</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.lacoctelera.com/eco/imagen/cora.jpg" width="106" height="79" class="imgizqda" /><br />
Ahora, estas bien adentro sin mi autorizaciòn...  deberias aprender a tocar la puerta antes de entrar...
</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/09/12/-#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Mi pobre generacion</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/09/08/mi-pobre-generacion</link>
<pubDate>2005-09-08T21:23:40+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">Avisos varios</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.lacoctelera.com/eco/imagen/muelas.jpg" width="135" height="101" class="imgdcha" /><br />
Ahora que estoy entrando a la adultez, y veo desde otrora mis años mozos, pienso con nostalgia en el pobre referente de identidad musical del que soy victima... una mezcla de  diferentes generos que si acaso no duraron mas de dos años (salvo el grounge)... Asì, que no quedaba otra opcion que mirar  al pasado, y usar pintas anacrònicas...<br />
Me tocò ser parte de una epoca sin estado de bienestar, donde la competitividad y la individualizacion son la regla...  el consumo, el libre mercado,la espera del fin de la era del capitalismo y las altas tazas de pobreza y de mortalidad (lo que hasta hoy me ha llevado a perder gran parte de mi esperanza de vida...)...<br />
Pero no todo para ahì: desde lo biològico tambien estamos en la condicion de victimas  los nacidos bajo mi generaciòn; estamos entre los que tienen cordales y espacio para ellas, y los que van a nacer sin ellas! asi, que no queda mas remedio que soportar la tortuosa cirujia... creo que esto es lo que màs me aqueja por el momento...</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/09/08/mi-pobre-generacion#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Por si acaso...</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/07/30/por-si-acaso</link>
<pubDate>2005-07-30T01:35:19+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/eco">De mis amores</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>El poder de la secreta abnegación, la in-nombrable y publicamente reprochable (por lo general, si eres suceptible con los discursos de género)...<br />
Una especie de castración mental que impide mirar a otro y suavecito insinuar...: "ven y mata todas mis células de placer hasta que el deseo se extinga de mi carne"...  pero no, el lazo conductor de la cuasi-ilógica obsesion sentimental solo lleva al mismo insignificate y vacio punto de inicio: la secreta abnegación, pero hacia el único que puede ser dueño de tus deseos.<br />
Inutilmente las repulsas meramente razonables que si acaso por reflejo se asoman, se desdibujan de cualquier horizonte posible y es así como cualquier sintoma de sensatez resulta innegablemente improductivo contigo.
</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.lacoctelera.com/eco/post/2005/07/30/por-si-acaso#comentarios
</comments>
</item>
 
</channel>
</rss>
