24 Enero 2007
28 Diciembre 2005

‘Desayuno en Tiffany´s’ probablemente no sea la mejor novela de Truman Capote porque, la verdad, resulta imposible que alguien pueda escribir otro libro tan bueno y estremecedor como ’A sangre fría’ ; o uno que retrate de modo perfecto la adolescencia como ‘Otras voces, otros ámbitos’ . Y eso por no hablar de sus prodigiosos cuentos; y en la colección titulada ’Música para camaleones’ pueden encontrarse algunos que lo confirman (todos traducidos en Anagrama). Sin embargo, ‘Desayuno en Tiffany´s’, una novela breve de escasamente noventa páginas, contiene algunos de sus momentos más tiernos, divertidos y, sobre todo, a uno de los grandes personajes de Capote: la joven y seductora Holly Golightly.
El universo literario de Capote es el Profundo Sur de Estados Unidos, donde nació el propio escritor (1924-1984). Y allí se desarrollan todos sus libros, con unos personajes extraños y atractivos, raros y al tiempo muy próximos, siempre de edad madura pero vistos por un niño excepcionalmente observador. Con un estilo que parece sencillo y atrae desde la primera fase, ofrecen múltiples variaciones sobre el modo de habitar este mundo de un modo digno y, además, lleno de gracia y sensibilidad, nada sensiblero, sin embargo.
‘Desayuno en Tiffany´s’ –con su referencia directa a la famosa joyería de Nueva York– transcurre, sin embargo, en la ciudad de los rascacielos que hicieron exclamar a más de uno, al verlos por primera vez: “¡Qué buenas ruinas serán!” Allí, Holly Golightly, una chica con gran encanto, que se ha negado a seguir una carrera de actriz en Hollywood, parte corazones, toma cócteles y parece ir tirando a base del dinero suelto que le dan sus acompañantes para la propina de los servicios en los restaurantes y clubs de moda. Estos acompañantes van desde un millonario con inclinaciones nazis, a un presidiario a Sing Sing, al que Holly visita semanalmente; por un dinero, claro. También un barman o el vecino del apartamento de arriba, un aspirante a escritor que es el que narra la historia.
Inocente y tremendamente astuta; auténtica y encarnación de la máxima sofistificación, Holly vive sin pasado –aunque el pasado termine echándosele encima–, desterrada de todas partes y sin deseos de pertenecer a nada ni a nadie. Su historia de fiestas absurdas, de amigos interesantes y superficiales, adquiere un tono musical que una vez leído, jamás se olvida. Sus andanzas constituyen una especie de canción, triste y pegadiza en ocasiones, risueña y cómica hasta provocar las carcajadas en otras. Nunca solemne, en todo momento dispuestas a divertirse, Holly aparece rodeada de un aura tan frágil que parece a punto de romperse a cada frase. Pero la chica encantadora continúa –“Eso sí que es tener estilo”, se dice de ella en el libro–, consciente y, simultáneamente alocada, y dispuesta a lo que sea con tal de ser la mujer de mundo de su imaginación. Una mujer muy atractiva y mundana, aunque inalcanzablemente próxima.
En la película que rodó Blake Edwards sobre el libro, Holly era una Audrey Hepburn en su mejor momento. Ahora que se están haciendo ‘remakes’ de películas que no tuvieron el menor interés en sus primeras versiones, alguien podría acordarse de rodar otra nueva ‘Desayuno en Tiffany’s’ (o ‘Desayuno con diamantes’, como se tituló en español), con una Winona Ryder, por ejemplo, de protagonista. Difícilmente defraudaría, como sin duda nunca defrauda el libro.
27 Diciembre 2005

27 de diciembre.- Después de diez años y 476 películas, José Luis Garci deja TVE. Justo antes de que se ponga en marcha la ley anti-tabaco se baja el telón del programa donde más se fumaba y mejor cine se veía.
Garci te podía resultar redicho y sus contertulios a veces pecaban de estirados y pedantes, pero las películas eran siempre buenas. Y la publicidad escasa. Difícil pedir más.
Hay películas que si no se ven en televisión no se ven en ningún sitio. La que sirvió de despedida a "¡Qué grande es el cine!" (La 2) fue una de ellas: "Fresas salvajes" del gran Ingmar Bergman.
El blanco y negro sueco de finales de los 50 no tiene una sola oportunidad en la televisión de nuestros días, consagrada, salvo honrosas excepciones, a fabricantes de testosterona (Steven Seagal, Schwarzenegger, Bruce Willis...), humoristas descerebrados (con Jim Carrey como abanderado) y clásicos nacionales ("Cine de barrio" y secuelas).
Una prueba de lo poco que la televisión respeta el cine es cómo maltratan las películas estas navidades.
A mí me resultan especialmente ofensivas las interrupciones publicitarias, y no sólo por cómo alargan artificialmente la duración de la cinta, sino por la violencia inusitada del corte.
Me explico: El señor Ebenezer Scrooge, amargado protagonista de "Un cuento de navidad", se derrumba al final de la película, sus ojos se humedecen, parece que es un ser humano cuando… Aparece el imbécil de una compañía telefónica con una peluca y me escupe en la cara que si firmo con él tendré un 50% de descuento en las llamadas a teléfonos fijos, siempre que sean de su misma compañía, y dos números móviles gratuitos a elegir, además de acceso a una tarifa plana los fines de semana con la posibilidad de ampliar el contrato con muchos megas de conexión a internet.
Así es difícil concentrarse en Dickens. Ni una cortinilla de separación, ni un anagrama del canal advirtiendo de la pausa, ni un flash sonoro que nos ayude a volver a la realidad. "A la mierda Dickens y las películas que se hacen con sus libros", parecen querer decirte desde el departamento de publicidad de la cadena con esta interrupción, "¡lo que tienes que hacer es comprar, comprar, comprar… que estamos en navidad!".
"¡Qué grande es el cine!" era, con sus virtudes y defectos, un programa en el que se podía ver películas de calidad. Y nadie te obligaba a quedarte a las tertulias. Seguramente hoy TVE es un poco más pobre, un poco más triste, un poco más comercial. Menos interesante que ayer.
26 Diciembre 2005

!NO NECESITÁBAMOS DIÁLOGOS, TENÍAMOS EXPRESIÓN....!
La idea era la historia de una estrella del cine mudo envejecida que no ha conseguido dar el paso a los nuevos tiempos, como le sucedió en realidad a muchos de ellos a lo largo de su historia, y se encierran en sus sueños del pasado. El cambio del cine mudo al sonoro fué histórico y un corte brutal entre los mas radicales de la Meca del Cine, y eso precisamente es lo que quería mostrar Wilder, y lo hizo cuando tuvo el reparto definitivo.
El Crepúsculo de los dioses es una mezcla de guión caótico, interpretación magnifica, dirección magistral y fotografía soberbia, con el que el público queda hechizado de manera automática, y cautivo por su desgarrador clima.
Todo esto y muchísimo mas critica el crepúsculo de los dioses, y se nos ofrece como un carnaval sádico, cuando Wilder hace que Gloria se someta al martirio de los preparativos cosméticos: cremas, mascaras y maquillaje, desenmascarando así el Hollywood de entonces, retratando sus banalidades, sus fobias y sus egocentrismos.
Cuando tiene entre sus manos a Gloria Swanson en el papel de Norma Desmond, la cual no quiere reconocer su edad, la deja gesticular, exagerar sus propios miedos, saliendo victoriosa con una mirada que provoca miedo y que provenían del cine mudo, explotando una gama de matices poco usuales en una actriz cualquiera y a un siempre útil Holden, como un guionista asombrado al principio, pero realista con su papel, donde refleja todo el cine sonoro.
El film más allá de la genialidad narrativa, guarda escenas de gran fuerza cinematográfica, (quizás el punto débil de Billy Wilder era que siempre daba más importancia a la palabra que a la propia imagen), como la escena inicial con el muerto en la piscina, aunque si hay alguna escena inolvidable es la final, con Norma Desmond bajando las escaleras, para ser detenida por la policía, en medio de los numerosos focos periodísticos y las cámaras de la televisión, como si fuera la estrella que nunca dejó de ser en su enloquecida cabeza, ante la emocionada mirada de su protector y admirador criado Max (Erich Von Stroheim), diciendo:
-"Estoy muy contenta Sr. De Mille, ¿le importa que diga unas palabras?.. Gracias. Solo quiero decirles a todos cuanto me alegro de estar en los estudios otra vez. No saben cuanto los he echado de menos. Prometo no volver a abandonarles, porque después de Salomé, haremos otra película y después otra. Es mi vida y siempre lo será... No existe nada mas, solo nosotros, las cámaras, y toda esa gente maravillosa en la oscuridad... Sr. De Mille, estoy preparada para mi primer plano ".
Billy Wilder, conocido más por su faceta cómica, nos presenta esta película desoladora, donde tiene cabida un humor que cae a gotas, chorros de ácido sulfúrico, que más que provocar una sonrisa, la destruyen. Para ser un director claro exponente de la narración clásica por excelencia, en esta película se toma libertades narrativas poco frecuentes en su cine, la película comienza por el final, en la que vemos a un muerto en la piscina, (una de las escenas memorables del film, junto con el final), y del que sabemos que se trata de un guionista llamado Joe, a partir de entonces el film avanza en un largo flash back; pero la libertad no finaliza ahí, el narrador resulta ser...! el propio muerto !, un muerto vivo, hecho que contrasta con los protagonistas de la película; muertos vivientes. De todas formas si algo destaca en este alarde de maestría cinematográfica es por sus innumerables contrastes, sobre todo y el mas importante: la relación entre realidad y ficción
26 Diciembre 2005

La frase es genial...
Pero, en contra de lo que dicen la mayoría de libros de citas no es del Che.
La primera en pronunciar la frase fue la española Dolores Ibarruri, más conocida como "La pasionaria". El Ché, se la apropió...
"La Pasionaria" nació en 1895 en Gallarta, Vizcaya. Durante la Guerra Civil Española, su actividad fue fundamental: hablaba al pueblo, escribía, publicaba discursos y se desplazaba al frente. Fue aquí en este momento, donde se hizo célebre su frase "Antes morir de pie que vivir de rodillas".
Aquí, en España, estábamos en plena guerra civil. (1936-1939). Entonces "El Che" tenía en tres cinco y ocho años. Parece claro, que el primero en pronunciar la más famosas de "sus" frases, no fue él...
21 Diciembre 2005

Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo...
si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
21 Diciembre 2005

Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.
Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.
A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.
Benedetti.
21 Diciembre 2005

Hay nubes como velas de cristal y nubes pesadas como castillos, nubes que nos recuerdan a casa ser que amamos y nubes con rostros que no queremos recordar. Siemple viví mirando al cielo y nunca encontré dos nubes idénticas. Así quiero morir, mirando las nubes y buscando una respuesta a una pregunta que no conozco.
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