De todas las funciones que realiza un organismo vivo, sin duda alguna, la más inquietante es la reproducción. Que los seres se reproduzcan para aspirar a la vida eterna a través de otros resulta algo que no deja de sorprenderme. Por eso el tabú sobre todo lo que tiene que ver con la reproducción. Por eso, las connotaciones sagradas asociadas a las prácticas relacionadas con la reproducción.

Pero si ya es sorprendente pensar un momento en la reproducción de la vida del individuo, más aún lo es el detenernos a pensar cómo se reproduce una sociedad entera. Las formas en que se prolongan las características de una sociedad determinada siempre han intrigado a los teóricos del cambio social. Debéis admitir que esa diferenciación que hace Habermas sobre la reproducción simbólica y material de una sociedad es sencillamente genial. Incluso la mente humana tiene asociadas memorias distintas para cada tipo de reproducción. Una memoria episódica para lo simbólico y una memoria procedimental para lo material. Sin los métodos y la tecnología la sociedad no progresaría pero tampoco lo haría sin una capacidad para tener un relato simbólico sobre la historia propia y las aspiraciones. ¿Qué me decís sobre la brillante intuición de Walter Benjamín cuando habló de la época de la reproducción mecánica de la cultura? Ah, amigos y amigas, eso sí que ha cambiado nuestra forma de entender la reproducción simbólica de la sociedad. Las culturas se fecundaban antes entre ellas para crear culturas nuevas con ingredientes novedosos. Ahora vivimos un tiempo distinto, en el que también se considera la posibilidad de la clonación como estrategia para reproducir la cultura. Cuando el FMI o el Banco Mundial invaden un territorio nuevo aplican las formas de reproducción material que funcionan en sus propios países pero olvidan ocuparse de la reproducción simbólica y todo se va, literalmente, al carajo. Lo dice Joseph Stiglitz, que es premio Nobel de Economía, y sabe algo de eso.

Nadie ha abordado aún la gigantesca tarea de escribir una “Historia sobre la reproducción”, un poliedro maravilloso cuyas caras describen las estrategias de la naturaleza y de la sociedad para perpetuarse en el tiempo. ¿Y el tiempo? ¿Está el tiempo vivo? ¿Se reproduce?