Hace no mucho, departía en un desayuno con M. acerca de mil cosas. De pronto salió el tema del Mule, el programa de intercambio P2P. Yo dije que me descargaba archivos de la red. Mi otro compañero, Alv, le preguntó a M. si permitía a sus hijos que se descargaran juegos de play station. M. aseguró que se lo había prohibido porque era ilegal y la ley estaba para cumplirse.
Nos pusimos a discutir sobre si era legítimo, justo, etc. A M., como en otras cosas, no había quien le sacase de que aquello era ilegal y, por tanto, no había que hacerlo. Yo le dije que el precio de la cultura estaba inflado por las compañías de protección de la propiedad y las distribuidoras, etc. Él me dijo que eso le daba igual, la ley es la ley. Le dije que las leyes podían ser injustas.
Intervino Alv entonces con el argumento de "no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan", que es algo así como darte una bofetada en la cara para que te despiertes. Me dijo algo como: "Bueno, pues, ¿a ti que te parecería que yo cogiera tu tesis y la fusilase?". No recuerdo qué le respondí pero fue algo así como que no tenía nada que ver una cosa con la otra. Vamos que me defendí de que se pudiese hacer algo así. Pero está claro que, pensándolo más detenidamente, a mí me encantaría que alguien cogiese mi tesis y la mostrara por ahí. Y la copiase sólo con la condición de explicitar que soy su autor y sin la posibilidad de que se lucrase con ella.
Después he estado leyendo cosas sobre la propiedad intelectual que me han hecho pensar. Una bastante intersante de un tal Enrique Pasquel. Este señor habla de bienes públicos y privados. Algo fundamental a considerar. Él define un bien privado como aquél que tiene consumo rival y cuyos costos de exclusión son bajos en relación al beneficio que se obtiene por usarlo. ¿Qué es cada uno de estos conceptos?
Consumo rival: "La rivalidad en el consumo consiste en que la utilización del bien por un individuo impide su uso por parte de otro". Un ejemplo es mi ordenador portátil. No podemos usarlo dos personas al mismo tiempo.
Costos de exclusión: "Costos en los que tendrá que incurrir el propietario para excluir a los no propietarios del uso del bien".
Los bienes privados sufren consumo rival y sus costos de exclusión son bajos, mientras que los bienes públicos no tienen consumo rival y sus costos de exclusión son altos.
Aún no estamos hablando de ética, sólo de economía.
Ahora bien, el progreso tecnológico puede hacer cambiar el tema de los costos de exclusión y del consumo rival. Es lo que está ocurriendo con la evolución de las teconologías de la información y el conocimiento. Un libro contiene información y no puede ser usado al mismo tiempo por dos personas. Además, sus costos de exclusión del no propietario no tienen por qué ser altos, basta con almacenarlo en un lugar seguro. Ese mismo libro, en un disco duro de ordenador y con la posibilidad de colgarlo en internet, tiene unos costos de exclusión altos y no tiene consumo rival. Para que nadie lo descargue se necesitarían medidas impedir la copia informática. Hay sistemas para ello, pero también hay gente dispuesta a eludirlos y ponerlos en la red en abierto. Ponerse a copiar un libro tras otro es una tarea de chinos (por cierto, también se hace con la propiedad privada, con los rolex, etc, pero eso es otra historia) pero "crackear" software sólo implica una inversión inicial. Además, y sobre todo, no tiene consumo rival, alguien puede estar usando el archivo en Badajoz y al mismo tiempo en Albacete. A este respecto hay una famosa frase de Thomas Jefferson: "Aquel que recibe una idea mía, recibe instrucción sin mermar la mia, del mismo modo que quien disfruta de mi vela encendida recibe luz sin que yo reciba menos" (por supuesto, Bautista de la SGAE no estaría de acuerdo con esto y hablaría del lucro cesante, qué palabra tan graciosa y qué puta que es). Por tanto, los costos de exclusión crecen mucho más porque hay que que pensar en medidas más punitivas. Podemos imaginar miles y todas tienen costos económicos y sociales.
Por tanto, la información, hoy en día, tiene aún un carácter de bien público más acentuado que en épocas anteriores, desde un punto de vista estrictamente económico. La solución que propone Pasquel a este problema no me parece correcta e implica problemas derivados. Sostiene que se subsidie la información por parte de los capitales privados para que los autores tengan su recompensa. Ahí entramos en otro problema, que tiene más relación con la publicidad de masas y el ahogo de espacio público por parte de los intereses privados. Pasquel no repara en ello. Tendría que leer el libro de Naomi Klein sobre las marcas o repasar la gran cantidad de estudios que hay sobre medios de comunicación privados y democracia.
Entonces, puesto que la información es un bien público económicamente hablando, ¿deberíamos olvidarnos de los derechos de autor? Seguiré. Por hoy es suficiente. También tengo que esclarecer por qué este post se llama Simulacra.

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