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PLATAFORMA DE DISCUSIÓN DEMOCRÁTICA

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Categoría: HISTORIA

2 Octubre 2008

VICTOR PAZ ESTENSORO

Por: Eduardo Campos Velasco

Hoy 2 de octubre, se cumplen 101 años del nacimiento de Víctor Paz Estensoro. Como si nos hubiéramos olvidado de su trascendencia en la vida política del país, casi nadie quiere acordarse de esta fecha. Seguro en el pasado - durante mucho años – políticos lisonjeros de toda laya habrán recordado esta fecha, con encendidos discursos y por supuesto, cuando esta vivo Víctor Paz, hasta con regalos.

Hoy, aparentemente nadie quiere recordar que fue él, uno de los artífices para que se produzcan tantos cambios en el país. Por ejemplo: ¿Cómo creen que Evo Morales hubiera llegado a la presidencia de la republica de este país, sin la reforma agraria?, ¿existiría esa clase media urbana que vive tan confortablemente, sin las empresas estatales que dieron trabajo a miles de personas?, ¿sería posible la democrática en la que vivimos, sin la estabilidad económica que se logró a fines de 1985? Son muchas cosas en las que él (Víctor Paz) fue un protagonista central. Por supuesto que muchas de ellas controversiales, pero quien pudiera dudar que fue uno de los principales dirigentes políticos que ha tenido el país.

Para los que olvidan la historia muy fácilmente y para aquellos que quieren empezar todo de nuevo, a continuación les presento un resumen apretado del perfil de Víctor.

Victo Paz, fue presidente de Bolivia en 4 ocasiones (1952-1956; 1960-1964; 6 de agosto de 1964 - 4 de noviembre de 1964 y 1985-1989). Dirigió dos momentos trascendentales de la vida del país, en 1952 la revolución y en 1985 la estabilidad económica.

Realizó sus estudios escolares en el colegio San Luis de Tarija y Bolívar de Oruro. Se recibió de abogado en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) en La Paz en 1927. Comenzó su carrera como ayudante de la Oficina Nacional de Estadística. En 1929 era ya redactor de la Cámara de Diputados. En la guerra del Chaco fue interventor general de la contraloría en el primer cuerpo de ejército (1932) y marchó luego al frente donde combatió en la batería Seleme.

En 1937, ingresó a la empresa minera de Simón Iturri Patiño como abogado. Renunció un año después y fue elegido diputado por Tarija. Entre 1938 y 1939 fue presidente del Banco Minero y también catedrático de Historia de las Doctrinas Económicas en la UMSA. En 1940 y 1943 su labor parlamentaria lo consagró como uno de los más destacados diputados del Congreso. Desde allí lideró una fuerte oposición al gobierno de Peñaranda.

Uno de los fundadores del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) en 1941, junto a un destacado grupo de políticos e intelectuales, partido del que fue jefe durante casi 50 años (1941–1990). Fue ministro de Economía (1941) y ministro de Hacienda y Estadística (1943-1945). El 20 de diciembre de 1943, protagoniza un golpe de estado junto con el Mayor Gualberto Villarroel, que derrocó al General Enrique Peñaranda, y fue uno del pilar fundamental del gobierno de Villarroel. A la caída de éste partió exiliado a Buenos Aires (1946-1952).

Tras la revolución boliviana de 1952 es electo Presidente.

Durante su mandato presidencial se aprobó la reforma agraria, el sufragio universal, la nacionalización de las minas de estaño y una reforma educativa. Cerró el Colegio Militar, instauró milicias armadas mineras y campesinas y el veto obrero en las minas. En su gobierno se creó la Central Obrera Boliviana. Los cambios produjeron el segundo proceso inflacionario mayor de la historia de Bolivia. Fue implacable con la oposición. Entre 1956 y 1958 fue embajador de Bolivia en el Reino Unido.

En su segundo y tercer gobierno institucionalizó las medidas revolucionarias, aprobó la Constitución de 1961 que consagró las transformaciones de 1952, mantuvo un crecimiento del PIB próximo al 6%, diseñó el plan decenal de desarrollo, aplicó un plan de salvación de Comibol y rompió relaciones con Chile por el desvío del río Lauca. No completó su tercer mandato presidencial al ser derrotado por un golpe de estado dirigido por su vicepresidente, el General René Barrientos Ortuño.

Exiliado entre 1964 y 1971 regresó a Bolivia para colaborar con el gobierno de Hugo Banzer de 1971 a 1973. En 1974 fue exiliado nuevamente. Retornó al país en 1978 como candidato presidencial. Ocupó el segundo lugar en los comicios de 1979. El MNR se constituyó en cerrada oposición (desde el parlamento) al gobierno de Hernán Siles Zuazo (1982-1985)

Tras su elección de 1985 impulso una serie de políticas económicas neoliberales, establecidas mediante el Decreto Supremo 21060. En su último gobierno salvó a Bolivia del colapso económico, frenó en seco la hiperinflación y con su famoso decreto 21060 cambió la orientación económica estatista por otra liberal. Se vio obligado a tomar drásticas medidas de despido de 23.000 trabajadores por la aguda crisis del estaño. Paz gobernó constitucionalmente hasta 1989. En 1990 renunció a la jefatura del MNR y se retiró definitivamente a la vida privada. Murió en Tarija el 7 de junio de 2001.

Los pueblos que olvidad su historia, siempre tiene dificultades para construir su futuro.

*) Director A. C. Cramer

eduardocamposdc@yahoo.es

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Tags: historia

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21 Septiembre 2008

Gomorra y Nápoles

Mario Vargas Llosa*

Las empresas de la camorra no operan todas en la ilegalidad; buen número...ocupan un plano intermedio, con ramas...legales y otras informales.
Los grandes capitostes de la camorra napolitana, y sus pistoleros y amanuenses, abandonan sus viejas costumbres y jergas para adoptar las que las películas de Hollywood les atribuyen. Por ejemplo, en Casal di Principe, el jefe de ‘familia’ Walter Schiavone hizo que los arquitectos le construyeran una suntuosa vivienda imitada milimétricamente de la que habita, en Scarface, Tony Montana (Al Pacino). Hasta la aparición de la película de Coppola, El Padrino, los camorristas jamás habían llamado de este modo a los capofamiglia, pero desde entonces aquel apelativo se ha generalizado, y no sólo en Campania, también en Calabria, Sicilia y otras regiones de Italia. Las esposas de los camorristas, desde hace algunos años, se visten como Uma Thurman en Kill Bill, con rubias pelucas y de amarillo fosforescente. Y un veterano policía explicó, ante un tribunal, que, desde que vieron las películas de Tarantino, los killers de las distintas ‘familias’ napolitanas asesinan como esos personajes de celuloide: disparando al bajo vientre, a la ingle, a las piernas, hiriendo gravemente para que la muerte tarde, y rematando a las víctimas por fin con un tiro en la nuca.

Son las páginas más divertidas, las únicas que pueden calificarse de este modo, del libro de Roberto Saviano, Gomorra, publicado en Italia hace un par de años, un extraordinario reportaje sobre las mafias que operan en Nápoles y en toda la Campania, que se lee con tanta fascinación como espanto e incredulidad. Saviano es un periodista muy joven (nació el año 79), pero, sobre todo, es napolitano, de origen humilde, que ha vivido en los pueblos y barrios donde la camorra representa el verdadero poder y es la fuente, por un lado, de trabajo y oportunidades de supervivencia para los pobres, y, de otro, de violencias terribles, que, en las páginas de su libro, están documentadas con nombres, fechas y precisiones. No es de extrañar que desde entonces ande oculto y protegido por guardaespaldas. Mientras yo leía su libro, entre la mugre pestilente y los palacios soberbios de Nápoles, los diarios italianos anunciaban una aparición fugaz de Sabiano en el Festival Literario de Mantua, rodeada de infinitas precauciones. Si las cosas que cuenta en Gomorra son todas ciertas, es seguro que nunca más estará a salvo y que tendrá que pasar el resto de su vida a salto de mata y cambiando de disfraces.

La camorra no es una organización única, sino un nombre genérico un para sinnúmero de ‘familias’ que, a veces, trabajan unidas en alianzas para negocios específicos, o que dominan territorios o actividades concretas y diferenciadas —inmigración clandestina, prostitución, falsificación de productos de lujo, drogas, casinos, escorias tóxicas, etcétera— y que, de tanto en tanto, entran en conflicto y se aniquilan en guerras de una ferocidad indescriptible. Se trata de un Sistema, en cuya base hay pistoleros, vendedores callejeros de cocaína, heroína y toda clase de narcóticos, y en cuyo vértice operan financieros, inversores e industriales de enorme poderío y talento empresarial. Nadie ha utilizado mejor que la camorra los horizontes que abre a la economía la globalización ni ha aprovechado mejor las nuevas tecnologías.

Un solo ejemplo, para ilustrar la eficacia con que la camorra ha tendido redes que abrazan el mundo entero. El libro de Saviano se abre con una descripción de los galpones del puerto de Nápoles donde la mafia instala a los chinos que clandestinamente trae a Italia para que trabajen en distintas actividades que realiza en sociedad con el gigante asiático. Un buen número de aquellos inmigrantes vienen a Nápoles a aprender, de maestros nativos, las técnicas de la perfecta falsificación de calzados, vestidos, sombreros y demás indumentos de la moda italiana, técnicas que luego irán a poner en práctica en los talleres de corte y confección en China, donde se fabrican los productos de Gucci, Armani y otras grandes casas de modistos de Italia, que, luego, la organización venderá por todo el mundo. Las clases se dan en locales de la mafia, con traductores simultáneos. En un episodio inolvidable de Gomorra vemos a un jefe mafioso emocionarse hasta las lágrimas viendo en la televisión, la noche de los Óscares, a Angelina Jolie embutida en el precioso vestido blanco de marca que él hizo falsificar.

Las empresas de la camorra no operan todas en la ilegalidad; buen número de ellas ocupan un plano intermedio, con ramas y operaciones legales y otras informales. Lo mismo puede decirse de buen número de compañías legales, a las que, la presión ambiente, la codicia o el chantaje, han ido contaminando de ilegalidad y que, manteniendo una fachada irreprochable, tienen una trastienda que se sirve de, o sirve, al Sistema. El libro de Saviano da la impresión de que aquél, en vez de encogerse debido a la persecución policial y legal, avanza de manera sistemática, contagiando a todo su entorno. Solamente leyendo las empresas de turismo y entretenimiento que la camorra desarrolló en la Costa del Sol —España fue durante muchos años una tierra de promisión para los jefes camorristas, donde tenían sus villas de recreo, donde escondían a sus hombres más buscados y donde celebraban sus reuniones de directorio— se tiene la abrumadora premonición de que, si esto sigue así, en no mucho tiempo será la economía que opera dentro de la ley la minoritaria, y la de la Camorra, la Cosa Nostra, la Ndregheta calabresa y congéneres quienes dominarán el mundo.

¿A qué se debe la capacidad de proliferación de la mafia napolitana? No a que no sea perseguida, desde luego. Ese es un mito que Roberto Saviano pulveriza en su libro. Aunque la camorra tenga complicidades entre políticos, policías y jueces, el Estado la golpea sin cesar, encarcelando a sus dirigentes, secuestrando sus bienes, enviando por largos años de prisión a sus contables y pistoleros. La función de los “arrepentidos” es capital, pues gracias a sus confesiones se ha podido detectar la profundidad de sus operaciones, decomisar astronómicas cantidades de drogas e intervenir sus fábricas de mercancías falsificadas y los circuitos que utiliza para el lavado de dinero. Pero, aun así, el Sistema ha alcanzado ya unos niveles de poderío económico, de adaptación a nuevas circunstancias y una aptitud para renovar sus cuadros, que los golpes que recibe no llegan a poner en peligro su existencia. Por paradójico que parezca, muchas veces cuenta en barrios y aldeas con un vasto sector social, el más pobre y marginado, que, como la camorra es su único medio de vida, la defiende, ocultando a sus perseguidos, desviando a la justicia, e, incluso, linchando y marginando a quienes se atreven a denunciarla. Una de las historias conmovedoras que cuenta Saviano es el vía crucis de una modesta maestra de escuela de Mondragone, que, por haberse atrevido a denunciar a un sicario de un asesinato del que ella fue testigo, se convirtió en una apestada, a la que todo el mundo quitó la palabra, fue degradada en su trabajo y mutada a una aldea miserable donde debió preguntarse muchas veces si actuar de una manera decente no era, en el mundo en que vivimos, sólo cosa de mártires y cacasenos.

Otro mito que se eclipsa leyendo Gomorra es el de que, por delictuosa que sea, la camorra, nacida del pueblo, guarda unos lazos de solidaridad visceral con su terruño. El atroz capítulo final de este libro pone los pelos de punta, pues relata con minucia una de las operaciones más rentables de la mafia y de más nocivas consecuencias para los humildes napolitanos: la industria clandestina de traer del Norte de Italia a la Campania las escorias y residuos tóxicos de la industria para enterrarlos en el campo. Es una actividad que reditúa enormes ingresos a la camorra y que causa perjuicios inconmensurables a los campesinos y aldeanos de esas tierras envenenadas por los ácidos que trasmiten enfermedades a los seres humanos y a las bestias y a los productos agrícolas que allí se cultivan. Y, por supuesto, a los inmigrantes clandestinos africanos, asiáticos y albaneses que manipulan esas materias por unos salarios miserables.

Tengo una discrepancia con el excelente libro de Roberto Saviano: no creo, como él, que el fenómeno de la camorra sea manifestación congénita del sistema capitalista, sino su excrecencia o deformación. Algo que todos los grandes pensadores de la economía libre, de Adam Smith a Frederich Hayek, señalaron que ocurría cuando la empresa privada funcionaba en un mundo sin leyes o con leyes que no se cumplían y carente de una cultura y una moral que discriminara claramente entre lo justo y lo injusto, o, en vocabulario religioso, el bien y el mal. No es el capitalismo sino Italia la que anda podrida.

Tengo una discrepancia con el excelente libro de Saviano: no creo que el fenómeno de la camorra sea manifestación congénita del sistema capitalista.

© Mario Vargas Llosa, 2008.

Tags: historia

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20 Septiembre 2008

Kosovo y la propaganda gubernamental

Ernesto Bascopé G.*

Mucho se ha hablado de la independencia de Kosovo en estos últimos tiempos, pretendiendo mostrarla como un ejemplo de intervencionismo americano. Posición que raya en lo absurdo, constituyéndose en mero instrumento de propaganda.

Prestar oscuras intenciones a EEUU, deseosos de desmembrar a Serbia, no toma en cuenta el contexto histórico de las guerras de Yugoslavia. Quienes en el Gobierno mencionan tanto el tema tampoco nos explican el interés de los americanos en crear un nuevo Estado —pobre, pequeño, enclavado, sin élites dirigentes bien formadas— que necesitará vivir de la cooperación internacional durante décadas antes de poder sostenerse.

Paradójicamente, si algo podemos aprender de la historia reciente de Serbia y de Kosovo, es a lo que puede conducirnos una ideología basada en la pureza étnica y en la recuperación de imaginarias grandezas pasadas.

Kosovo formaba parte, en efecto, de la República Serbia. Sin embargo, mientras duró el comunismo en Yugoslavia, hasta finales de los años 80, dicha región gozó de una importante autonomía.

Este régimen autónomo se explica en parte porque un 90% de su población se expresa en albanés, a diferencia del resto de Serbia. La relativa autonomía que se atribuyó a esta región, dentro del Estado serbio, permitía a sus habitantes, por ejemplo, utilizar el albanés como lengua oficial en la administración y en las instituciones educativas públicas.

Con la instauración del régimen ultranacionalista de Slobodan Milosevic en Serbia, en 1989, los kosovares perdieron este trato diferenciado y empezaron a sufrir una verdadera represión cultural por parte del Estado serbio.

Las escuelas públicas pasaron a enseñar solamente en serbo-croata, al igual que la educación superior. En la administración pública se aplicó una política similar, lo que llevó a miles de funcionarios kosovares de lengua albanesa a perder sus empleos.

A medida que Yugoslavia se desintegraba en medio de guerras y masacres, la intervención del Estado Serbio en Kosovo fue cada vez más brutal y arbitraria. Esto generó diversas reacciones en la sociedad kosovar: desde la resistencia pacífica —se creó un sistema educativo clandestino en albanés— hasta la lucha armada, con la conformación del Ejército de Liberación del Kosovo (UÇK).

En 1998, Serbia inició operaciones militares de enorme envergadura para acabar con la resistencia armada. Sin embargo, las principales víctimas fueron civiles, registrándose masacres y desplazamientos de población en lo que aparecía inequívocamente como un proceso de ´limpieza étnica´.

Es necesario mencionar que la represión a los kosovares, de lengua y cultura albanesas, tuvo su fundamento en la ideología nacionalista defendida por Slobodan Milosevic. Éste afirmaba que Kosovo era la cuna de la civilización serbia, por lo que la presencia de elementos no serbios —los albaneses— constituía un problema que era necesario resolver.

Esta ideología, que podría definirse como ´nacionalismo étnico´, pretendía recrear el glorioso pasado de la Serbia medieval. Este mito anclado en el pasado fue el principal fermento de las guerras de Yugoslavia, sobre las que no es posible extendernos ahora, pero que causaron innumerables víctimas y sufrimientos sin nombre.

Fue precisamente el sufrimiento de la población civil ante la arremetida del ejército serbio lo que decidió la intervención de la comunidad internacional. Los bombardeos de la OTAN obligaron entonces a Slobodan Milosevic a retirar sus tropas de Kosovo, que pasó a ser administrado por la Organización de Naciones Unidas. La administración de la ONU duró cerca de 10 años, durante los cuales la comunidad internacional trató de dar una solución al problema de la relación entre Serbia y Kosovo. Si bien Naciones Unidas sostuvo desde el principio que Kosovo debía permanecer en Serbia, la población kosovar y sus dirigentes mantuvieron firme su deseo de independencia.

Oponerse a tal deseo, comprensible luego de tantos años de conflictos con Serbia, hubiera significado el reinicio de acciones violentas en la región, extremo que era indispensable evitar. Ojalá aprendamos la lección en Bolivia.

*Ernesto Bascopé G.
es ciudadano boliviano.
C.I. 2554488 La Paz

Tags: politica

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15 Abril 2008

Museo . Franciscanos de colección

Texto:Anna Infantas | Fotos: Fuad Landívar

Mientras el mundo sigue rotando, en el Complejo Conventual de San Francisco pareciera que todo se ha detenido. Cuatro siglos de vida hacen que cada rincón sea un lugar de añoranza, que permite conocer el tesoro que guardan con orgullo no sólo los religiosos, sino también los tarijeños. Tan rica en cultura como en historia, esta herencia franciscana empezó a edificarse en torno a un convento que nació como la ermita Santa María de los Ángeles, el 18 de mayo de 1606. Lo más anecdótico sucedió cuando los tarijeños, reunidos en un cabildo, pidieron a las autoridades de la Audiencia de Charcas y al superior de los franciscanos que destinaran un grupo de frailes a la zona. Toda la ciudad se comprometió a construir el convento y a dar sustento a los religiosos. "En cada voluntad se manifestaba la generosidad de una sociedad agrícola sufrida, pero unida en la concreción de un destino común", escribió el padre Lorenzo Calzavarini en el libro Breve Guía Histórica, Artística y Cultural del Convento de San Francisco.
Aun en momentos difíciles, cuando, por ejemplo, el dinero parecía no alcanzar para concluir las construcciones conventuales, o cuando Sucre decidió cerrar los monasterios, los pobladores supieron proteger la obra franciscana. "El convento está muy ligado a la vida de la ciudad, cosa que no pasa con otras congregaciones. Su apoyo ha sido fundamental", afirma Manuel Gómez, del Centro Eclesial de Documentación.
A esta primera morada franciscana, que traducía la soledad silvícola y la pobreza de los seguidores de San Francisco de Asís, le siguió la creación del colegio Propaganda Fide (1755-1919), que se encargaba de la formación de misioneros. Pero la labor iniciada necesitaba de más espacio; así, una estructura arquitectónica se desarrolló para albergar diversas actividades: un templo, una residencia para los hermanos, una biblioteca, un archivo y oficinas de artesanías.


Su vida litúrgica y de evangelización los llevó a echar mano de la inspiración artística, que ellos la definían como "la Biblia de los pobres". A partir de 1755 lo que era una esquina se amplió a cuatro manzanos; necesitaban infraestructura para cobijar a más de 60 frailes. El padre Alejandro María Corrado (1884) describió así su arquitectura: "Este edificio, que aún subsiste tal como lo levantaron los padres españoles, nada tiene de elegante ni de suntuoso. Las celdas bajas y pequeñas; estrechos y lóbregos los corredores: todo es pobre, todo inspira una santa tristeza, que reconcentra los sentidos y eleva el corazón; sin embargo, nada falta de lo que puede contribuir a la religiosa comunidad de los que lo habitan". En la época de Corrado eran casi cuatro manzanos, pero hay un mapa oficial de 1919 en el que ya se puede ver consolidado el convento. Claro que con el tiempo y el avance de la ciudad, los franciscanos tuvieron que ver reducida su casa a sólo un manzano; esto sucedería entre 1925 y 1930.

EL CONVENTO HOY...
El complejo conventual San Francisco se edificó tan grande como las necesidades de sus fieles. Es, sin duda alguna, el más antiguo de Tarija y el que más influencia ha ejercido sobre la arquitectura chapaca. Hoy en día hay una zona destinada al culto, que es la Basílica de San Francisco (la primera construcción data de la llegada de los franciscanos, pero hubo un proceso que tomó varios siglos con ampliaciones y reconstrucciones); otro sector está destinado a la parroquia; una parte comprende el Centro Eclesial de Documentación, que agrupa la biblioteca, el museo y el archivo, y otro espacio, finalmente, está reservado para las viviendas de los frailes. Asimismo, están las obras antonianas: una librería y una imprenta, que ocupan un sector del convento y que es un reflejo de la labor pastoral de los frailes. Llegaron a sacar un periódico que se llamaba El Antoniano, de 1891 a 1936, además de la publicación de la hoja dominical, que desde 1936 hasta el día de hoy se encarga del servicio litúrgico. También llegaron a tener un colegio para los obreros que trabajaban en el convento, aunque en 1975 lo donaron a los hermanos de La Salle. “Ya no tenían la capacidad por el número de frailes”.
Manuel Gómez considera importante anotar que el museo franciscano tiene una primera etapa con el padre Gerardo Maldini, que en más de 35 años de labor juntó todas las obras de arte de la construcción antigua. Después de 1994, otro religioso, Lorenzo Calzavarini, organizó el centro eclesial de documentación con la misión de administrar todo el sector cultural del convento San Francisco; es decir, se divide en bibliotecas, en el museo franciscano y administra el archivo histórico. "Tenemos tres bibliotecas: la antigua, la moderna y la universitaria, y en todas ellas estamos arriba de los 45 mil libros y los más antiguos datan de 1500. Todos los textos están catalogados, pero hay unos manuscritos de cuero que corresponden al siglo XVIII y que son manuales de predicación", apunta Gómez.
Desde mediados del siglo XVI se consolidan las bibliotecas, porque los frailes estudiaban Teología y Filosofía en el convento; a eso se suman otras disciplinas como Medicina, obras clásicas de la literatura y una gama universal de autores. Casi todas las ciencias están representadas en esta biblioteca, considerada la más completa del sur de Bolivia. "Y es la única de este estilo en el país", apunta Gómez.
El archivo histórico ha sido catalogado con gran cuidado por el padre Manuel Mingo de la Concepción, que era el bibliotecario y archivero en el siglo XVIII, pasando por el padre Pedro Corvera (hasta 1916), hasta las adiciones de Maldini. Pero, ¿qué contiene el archivo? "Toda la historia del sur y oriente de Bolivia. Hay libros de economía, de la parte eclesial, lingüística del Chaco, hay diccionarios en guaraní y en mataco. Se encuentra manuales de predicación, que son más de 20 mil folios. El archivo tiene información del norte argentino y de todo lo que es la provincia Cordillera hasta el sur, porque los frailes hicieron misión desde 1755 hasta 1919. La importancia del archivo es que toda la identidad de los pueblos del sur está guardada en esos folios", responde Gómez.


El museo también tiene una sección de arqueología, piezas que fueron recogidas por el padre Anselmo Andreotti. Este sacerdote italiano, en 30 años como párroco en las iglesias franciscanas, juntó un incalculable material. En exposición hay 600 piezas de diversas culturas. Hay, entre otras cosas, una sección lítica con puntas de flechas; piezas de la zona de Taxara, de Omereque, de Mizque, de Tiwanaku, inca e incluso una vitrina con catecismos religiosos del periodo incaico del siglo XVI. En el museo colonial se puede encontrar más de 60 cuadros restaurados de las diferentes escuelas, desde la potosina hasta la cusqueña.
El Centro Eclesial estima que dentro de diez meses se habilitarán catálogos de las bibliotecas para que puedan ser consultados en las salas de lectura y de estudio, mientras que en su página en Internet (www.franciscanosdetarija.com) reciben 44 mil visitas por mes, siendo una de las páginas más solicitadas de Tarija, sobre todo por investigadores. “No todos tienen acceso a los archivos, porque es la documentación más importante de los frailes. Se accede siempre que haya un proyecto de investigación y previa evaluación y autorización del director del centro”.
No conforme con eso, el año pasado el padre Piotr Navort descubrió 17 libros de música que corresponden a los cantos gregorianos, cantorianos y misas devotas franciscanas. El hallazgo musical será presentado en el Festival de Chiquitos (en Yaguarú, el domingo 27, y lo interpretará el grupo chileno Sintagma Músico). Además, están catalogando partituras de los siglos XIX y XX; se calcula que son 4.000 folios.
Con todas las cartas sobre la mesa es posible comprender el porqué de la frase: "Donde estuvieron los franciscanos de Tarija, es Bolivia".

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15 Abril 2008

Las Mujeres de la Historia de Tarija

Luz Aparicio de Fuentes (*)

Cuando rendimos culto a la Patria, por las heroicidades de sus hijos en la guerra, surgen nombres de guerrilleros ilustres que se enfrentaron al enemigo y les dieron muerte o murieron.

Los sobrevivientes tarijeños fueron pocos; uno ellos don Pedro Antonio Flores que honró con su sangre las batallas del sur. Terminó sus días trabajando como funcionario de correos en nuestra capital; pobre, viejo y solitario, y con una temible frustración humana porque los arribistas del Gobierno le negaron una decorosa pensión. Este no es un caso aislado. Algo semejante sucedió en la ciudad de los cuatro nombres. La Capital de la República, negó a los amigos de Juana Azurduy de Padilla incluso que una banda de música despidiera sus restos mortales, la Varona: vencedora de batallas memorables como Tocobamba, Quilaquila, Potolo, riberas del río Grande, los Guayabos, a las que siguieron Pocota, Tarvita, Las Carreras, Laguna y otras tantas, tuvo que ganarse la vida- lograda ya la Patria con su espada- como portera de una escuela chuquisaqueña. ¡Ah injusticia que desvaloriza la grande humana!

En Tarija, se recuerda algunas pocas veces- y de paso- a María Salomé Ibárbol, la zagala que acompañó un tiempo a nuestro guerrillero mayor Eustaquio Méndez Arenas y, a Maria Estefanía Rojas que vivió el horror de las contiendas como segunda esposa del hombre de Chocloca, El Campanario, Salta, Tucumán, de Pilaya, Guerrahuayco, La Tablada…

Sería una estulticia de baja estopa creer que las esposas del guerrillero no tuvieron el alma en vilo y sufrieron persecución por los realistas, mientras El Manco infinito, se jugaba la vida por la Patria.

Pocas veces se habla de doña Tuna Valverde, heroica mujer de Tarija que se enfrentaba a los godos para hacerles sentir el peso de su coraje.

Realmente, hiere nuestra sensibilidad, el olvido de tantas heroínas y sacrificadas mujeres de la historia de los 15 años de lucha contra los invasores. Por ejemplo ¿Quién era y cómo fue la vida de la esposa de Manuel Rojas? ¿Cuánto tuvo ella que soportar la pérdida del esposo en la batalla de Las Barrancas, a manos de las tropas del General Olañeta? ¡Oh terrible día ese que expusieron en la Plaza de Armas el cadáver de su marido durante muchos días! ¿Qué fue de las madres, esposos e hijas de los guerrilleros cuyas cabezas fueron cercenadas por los invasores? Lavín y sus huestes malvadas las arrastraron por las calles de Tarija, -amarradas a las monturas de los corceles “moros”.

¡Cuanta crueldad la de los españoles quienes hicieron trotar desnuda, por las calles de La Paz, a Simona Josefa Manzaneda, luego de hacerla flagelar por los soldados del Rey…

Lucía Ascuy vio decapitada a toda su familia. Así la enfrentaron a la muerte para que vea que “españoles son invencibles”… Es de no acabar tanto amor a la Patria, tanto sufrimiento por ella y luego, tanta ingratitud en su olvido.

¡Que importante sería que algún tarijeño o tarijeña se ponga en la tarea de conocer referencias de tanto dolor, sufrimiento e ignominia sufrida por las madres, las esposas y las hijas de Manuel y Francisco de Uriondo, de María Avilés, de Ramón y Manuel Rojas, de Antonio Flores, de Ignasio Mendieta, del os hermanos Clodomiro, Mariano y Saturnino León, de Matías Garay, de Francisco Guerrero, de Manuel Sánchez y de otros. ¿Qué destino tuvieron después del sacrificio de sus hombres? ¿Hubo alguien que las ayudó en su soledad o en la viudez de las conyugues de los conyugues de los caídos? Quizá les ocurrió algo similar al caso de doña Juana Azurduy, la cual vivió, sus últimos años en la indigencia. ¡Nada que las socorra en su abandono! (Cuando Juana murió solo la acompañaron al cementerio cuatro indios que cargaban su caja mortuoria. En tanto los libertos estaban festejando las glorias de la historia del 25 de mayo de 1809…

-¡Por las calles desiertas de la ciudad, pasó el séquito, apenas con un manojo de claveles sobre la madera sin lustre!

Este 15 de abril que recuerda su par del 15 de abril de 1817, tengo algo que decir transcrito de un libro de mi autoría (**)

“Estas tierras son gajos de un mismo tronco. Se hermanaron en el Kollasuyo, sufrieron un solo dolor en el Coloniaje. Si todo nos une, ¿Por qué separarnos ahora? ¿No luchamos junto a los Padilla, a los hermanos Lanza, a las mujeres de Cochabamba, a Rojas y Uriondo? ¡Caso no nos dolió, por igual, la horca ignominiosa o no sangramos con los degüellos bárbaros de nuestros coterráneos?”

Ha llegado el tiempo de reparar injusticias con nuestros héroes y heroínas y, para ello, se hace irrecusable investigar seriamente nuestro pasado Saquemos, pues del olvido, las imágenes señeras de quienes murieron para que nosotros seamos libres.

De no ser así, no merecemos ser hijos de los Guerrilleros de la Independencia de la Patria.

(*) La autora es profesora y escritora.

(**) Ob. Cit. “La Eternidad Doliente” Primer Premio del Concurso Nacional de homenaje al Bicentenario del Nacimiento de Don Eustaquio Méndez Arenas, efectuado en Tarija, en 1984. Edit. CODETAR-UNICEF

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14 Enero 2008

¿QUIEN SE ACUERDA DE ELLOS?

(Hace más de un cuarto de siglo, fueron asesinados por defender la democracia que hoy disfrutamos)

Por: Eduardo Campos V. (*)

Un día jueves, 15 de enero de 1981, hace 27 años, ocho dirigentes del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) fueron acribillados en un domicilio de la calle Harrington por las fuerzas de represión del régimen de García Meza. No cayeron en combate, no fueron detenidos, ni procesados, simplemente se los condenó, apretando el gatillo que segó sus vidas. Se trató de una verdadera celada minuciosamente preparada por las fuerzas de represión. Ellos (los represores) sabían bien que la resistencia al régimen dictatorial no se había amedrentado, ni con la virulencia con la que se instauró el 17 de julio de 1980 (utilizando ambulancias para el asalto de las instituciones del Estado), ni las frecuentes amenazas, como aquella de Luís Arce Gómez que sentenció que todo aquel que conspire contra su régimen, debería andar con su testamento bajo el brazo.

Esta claro que estos jóvenes dirigentes del MIR se jugaban la vida haciendo lo que hacían y a diferencia de tantos otros que optaron por el exilio, ellos decidieron dar pelea en el país. A seis meses de haberse instaurado la más cruel de las dictaduras que ha vivido Bolivia, en enero de 1981, estos dirigentes miristas se disponían a reorganizar la resistencia, contando a su favor con el sentimiento generalizado de la población, que pese a los grados de virulencia y abuzo que implementó la dictadura en aquellos meses, no estaba dispuesta a soportarla, luego de haber peleado durante toda una década por librarse de la anterior.

La dictadura de García Meza, no siendo más larga que la de Banzer (1971 – 1978) fue sin duda la más cruel. García Meza, no sólo instauró un régimen del terror, sino que se vinculó al narcotráfico, haciendo de esta actividad, una de sus principales preocupaciones. Como todos los regimenes totalitarios, se planteaba quedarse en el poder unos 20 años, para cuyo propósito, lo fundamental era “deshacerse” de todos aquellos que se opusieran.

Bolivia para aquellos años, claramente había optado por vivir en democracia, lo que representaba un escollo insalvable que no pudo superar ni el terror, ni la crueldad con la que gobernaron esos años. Durante toda la década de 70, las fuerzas sociales y políticas del país, en su lucha contra la dictadura de Banzer, llegaron al convencimiento de que superada ésta, debíamos instaurar un régimen democrático que finalmente facilite el recuentro de los bolivianos y la construcción de una sociedad más justa. Esa fue sin duda, la barrera que no pudo superar la dictadura de García Meza. Estamos hablando de la voluntad fundadora de la democracia de hoy vivimos, de aquellos hombres y mujeres que apostaron por la democracia aun a costa de sus propias vidas. Ellos son los que con su sacrificio, permitieron que este país de un salto cualitativo sustancial.

Ricardo Navarro, José Reyes, Artemio Camargo; Ramiro Velasco, Luís Suárez, Arcil Penacho, Gonzalo Barrón, Jorge Valdivieso y Gloria Ardaya (que milagrosamente salvo la vida) no estaban jugando a ser “guerrilleritos”, como aquellos otros, que años después - en plena democracia - asaltaron una remesa de sueldos; no distribuían panfletos en el atrio de la UMSA, pregonando la dictadura del proletariado, para ganar un centro de estudiantes. Lo que ellos hacían al jugarse la vida, era organizar la resistencia al régimen más cruel que Bolivia ha vivido en el siglo XX.

Con su entrega y sacrificio, junto a tantos otros hombres y mujeres en aquellos años, fueron los que construyeron el camino para que finalmente, el 10 de octubre de 1982, Bolivia ingrese a un periodo democrático que no fue interrumpido hasta nuestros días. En 25 años, Bolivia pese a todo, es otra sociedad. Sin aquellos hombres y mujeres que heroicamente se jugaron la vida, hoy no fuera posible estar hablando de inclusión, de autonomías, de desarrollo.

Dicen que los pueblos que olvidad su historia, suelen volver a cometer los mismos errores. Ojala que el espíritu concertador que felizmente se ha instalado en la sociedad boliviana, este nuevo año, permita – sobre todo a los gobernantes - visualizar que de lo que se trata, no es comenzar todo de nuevo, sino seguir construyendo una sociedad más justa, sobre la base de lo alcanzado. Bien decía Bernardo de Chartres: “Somos apenas enanos sentados en hombros de gigantes” Si podemos mirar más allá, no es porque seamos más altos (ni mas inteligentes), sino porque estamos sentados en los hombros de otras generaciones.

*) Director A. C. Cramer
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4 Agosto 2007

BOLIVIA: UNA HISTORIA DE MÁS DE 182 AÑOS

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(Antes que comenzar todo de nuevo, estamos obligados a corregir los errores y consolidar las virtudes. Bolivia - como toda sociedad - es una construcción colectiva)

Por: Eduardo Campos V. (*)

Como todos los años, nos aprestamos a celebrar un nuevo aniversario de la patria. Esa vez se trata del 182 aniversario de aquel histórico momento en el que se declaró la independencia de Bolivia, un 6 de agosto de 1825. Estamos - a diferencia de anteriores celebraciones – en un momento trascendental de la vida republicana del país, porque a la vez que celebramos el acontecimiento, “también” esperamos que se decida - en el seno de la constituyente - el nuevo rumbo del estado boliviano, con la esperanza de que antes que comenzar “todo de nuevo”, seamos capaces de acelerar nuestros pasos hacia una sociedad más democrática, con equidad y desarrollo

Esta particular circunstancia - de celebración por una parte y, de incertidumbre por otra – resulta inmejorable para referirnos a los antecedentes de aquel hecho histórico - la fundación de la republica - intentando visualizar los alcances de semejante empresa.

Históricamente está comprobado que los conceptos de patria y libertad que se acuñaron en América del Sud, concretamente en el Alto Perú (como se denominaba por entonces Bolivia) fueron producto de un largo y dramático proceso, desde el siglo XVIII hasta la propia fundación en 1825. Así, podemos encontrar los antecedentes de lo que vendría ha ser Bolivia, en los alzamiento de Alejo Calatayud de 1730, en Cochabamba y de Juan Vélez de Córdova en 1739 en Oruro; en los sucesos del 10 de febrero de 1781, encabezados por Pagador y Rodríguez - también - en Oruro y, otros posteriores, como los del 25 de mayo de 1809 en Chuquisaca y el 16 de julio del mismo año, en La Paz.

Estos sucesos históricos y muchos otros, son indudablemente, parte de un camino que finalmente se iba ha coronar con la liberación y fundación de la republica. Alzamientos animados con las más profundas convicciones de patria, de contrato social, de libertad y justicia; con una clara visión de la conformación de alianza entre indígenas, mestizos y criollos. Estas gestas heroicas, que comenzaron como movimientos aislados, tendieron posteriormente a producirse de manera interrelacionada, provocándose el escenario de una verdadera guerra general. Todos ellos, tienen la virtud de haber configurado el corpus ideológico de la liberación, superando cualitativamente, los alzamientos indígenas anteriores, que pretendían la restauración del imperio incaico. Sin ellos, no hubieran sido posibles las posteriores y exitosas acciones armadas y – por supuesto – la sociedad altoperuano (Bolivia), no hubieran podido coronar su empresa, con la fundación de una nueva republica.

Si bien, aquellos alzamientos -de manera general - pudiéramos considerarlos como la contribución cuantitativa del proceso libertario; no menos relevantes son las acciones del último periodo del proceso de independencia, que acabaron con la derrota militar de las fuerzas realistas. Entre éstas últimas acciones, se destacan nítidamente, cuatro eventos determinantes. Las Batallas de Zepita, de Junín, de Ayacucho y de Tumusla.

El 25 de agosto de 1823, Andrés de Santa Cruz, derrota a una fracción del ejército realista, comandado por el general Valdez, en la batalla de Zepita (a éste triunfo se debe el título de Mariscal de Zepita, con el que se le conoce en la historia). Santa Cruz que hasta poco tiempo antes, había luchado en las filas realistas, se sumó a las ideas libertarias de José de San Martín, quien lo envió para apoyar a las tropas del general Antonio José de Sucre, el que al mismo tiempo, había desembarcado en el puerto del Callao (Perú).

En ese momento, pese a que ya se havia declarado la independencia del Perú el 28 de Julio de 1821 por José de San Martín, la situación en la región era difícil; debido a que las tropas realistas habían retomado la iniciativa, derrotado a las fuerzas locales. Fue en ese escenario caótico que el 1 de septiembre de 1823, Simón Bolívar, entró en Lima, siendo investido como máximo jefe militar de la nueva republica, por el congreso de ese país.

El 29 de febrero de 1824, las tropas realistas nuevamente lograron ocupar Lima, lo que hacia sombrío el panorama de la independencia peruana, llevando inevitablemente a que se definan los acontecimientos en el campo de batalla. Las tropas del ejército libertador de Bolívar, comandadas por Manuel Isidoro Suárez y conformadas por colombianos, argentinos y peruanos, derrotaron al ejército realista, al mando del General José de Canterac, en los campos de Junín, el 6 de agosto de 1824.

El 9 de diciembre de 1824, las tropas libertarias comandas por Antonio José de Sucre, lograron una espectacular victoria militar en la llanura de Ayacucho, antes las fuerzas realistas, comandadas por Valdez, Canterac y De La Serna, quienes, luego de la batalla de Junín, habían reunidos sus tropas en el Cuzco, para salir al encuentro del ejercito libertador. Con su derrota militar y la capitulación del Virrey De La Serna, finalmente se acabó reconociendo la independencia del Perú y de América.

Sin embargo, no todas las fuerzas militares realistas estaban derrotadas, aun existían importantes destacamentos que se habían replegado en territorios del Ato Perú. En esas circunstancias, el 29 de enero de 1825, el General José Miguel Lanza, tomó la ciudad de La Paz y declara la independencia de las Provincias del Alto Perú. El 6 de febrero del mismo año, el mariscal Sucre a la cabeza del Ejército Libertador, cruza el río Desaguadero (límite con el Perú), quien por instrucciones del propio Bolívar, se limita a dar visos de legalidad al proceso que los mismos altoperuano ya habían puesto en marcha.

Mientras tanto, el general Pedro Antonio Olañeta (realista) permanece en Potosí, donde recibe al batallón "Unión" procedente de Puno al mando del coronel José María Valdez. Olañeta convoca a un consejo de guerra para continuar la resistencia realista, luego de la cual, decide envía a Valdez a Chuquisaca con el batallón “Unión”, a Medinacelli dirigirse a Cotagaita con el batallón “Chichas” y él mismo, se marcha a Vitichi.

En Cochabamba, el coronel José Martínez se subleva al mando del Primer Batallón “Fernando VII”, provocando que en Vallegrande, suceda lo mismo con el Segundo Batallón, deponiendo al brigadier Francisco Aguilera el 12 de febrero de 1825.

El 14 de febrero, Santa Cruz de la Sierra, es ocupada por el coronel José Manuel Mercado; Chayanta queda en manos del teniente coronel Pedro Arraya y Chuquisaca se pronuncia por la independencia el 22 de febrero, al mando del coronel Francisco López.

En Potosí, el coronel Medinacelli, al mando de 300 hombres se subleva contra Oleñeta y el 2 de abril de 1825 se enfrenta con las tropas realistas que aún resistían, en la batalla de Tumusla (en ésta acción muere Olañeta). El 7 de abril, el general José María Valdez se rinde en Chequielte, ante el general Urdidinea, con lo que las acciones militares en el alto Perú llegan a su fin.

El 9 de febrero de 1825, el mariscal Antonio José de Sucre, convoca a las provincias del Alto Perú para reunirse en un congreso que decida el destino de la nación., la que debió verificarse en la ciudad de Oruro, en fecha 29 de abril del mismo año. Sin embargo, ésta convocatoria ante las demostraciones de inconformidad de influyentes políticos chuquisaqueños, es revocada, levándose la asamblea deliberante en la ciudad Blanca.

Al margen de esas disputas entre los intereses del norte y el sur, que ya se manifiestan aun antes que se haya producido la fundación de la nueva republica, existían otros factores – mucho más determinantes - que ensombrecían el destino de las provincias del Alto Perú. La creación de Bolivia estaba sujeta a factores geopolíticos del contexto regional de la América del Sud de ese entonces.


Por una parte, existía la presión para proseguir como parte del Virreinato de La Plata, incorporándose al conjunto de las Provincias Unidas, toda vez que estas provincias altoperuanas conformaban la Real Audiencia de Charcas desde 1776. Por otra parte, la presión provenía del propio Perú, sobre la base de los antecedentes históricos que la vinculaban con Lima (anteriores a ser parte del virreinato de La Plata) y las medidas dictadas por el virrey Abascal, como resultado de la revolución del 16 de julio de 1809 en La Paz. Finalmente, existía la posibilidad de sostener una independencia absoluta, no sólo con relación a España, sino también en relación la Argentina y el Perú.

Tanto el gobierno de Buenos Aires, como el de Lima, acabaron admitiendo la separación de las provincias del Alto Perú, expresado su decisión mediante los decretos de sus respetivos congresos de fechas 23 de febrero y 9 de mayo de 1825.

De esa manera, quedó finalmente allanado el camino para la fundación de la nueva republica, misma que el 6 de agosto de 1825 (en honor a la batalla de Junín de 1824) redactó su acta de independencia. A este evento asistieron representaciones de las cinco provincias altoperuanas (Potosí, La Paz, Chuquisaca, Cochabamba y Santa Cruz)

El acta de fundación comienza señalando lo siguiente: “El mundo sabe que el Alto-Perú ha sido, en el continente de América, el ara adonde se vertió la primera sangre de los libres, y la tierra donde existe la tumba del último de los tiranos: que Charcas, Potosí, Cochabamba, La Paz y Santa Cruz, han hecho constantes esfuerzos para sacudir el yugo peninsular; y que la irretractibilidad de sus votos contra el dominio español, su heroica oposición, han detenido mil veces las impetuosas marchas del enemigo sobre regiones que, sin esto, habrían sido encadenadas, o salvándose sólo con el último, y mas prodigioso de los esfuerzos.”

Mas adelante, en la declaración de sus motivos, el Acta señala: …”Que ha llegado el venturoso día en que los inalterables y ardientes votos del Alto Perú, por emanciparse del poder injusto, opresor y miserable del Rey Fernando VII, mil veces corroborados con la sangre de sus Hijos, consten con la solemnidad y autenticidad que al presente, y que cese para con esta privilegiada región la condición degradante de colonia de la España, junto con toda dependencia, tanto de ella, como de su actual y posteriores monarcas: que en consecuencia, y siendo al mismo tiempo interesante a su dicha, no asociarse a ninguna de las repúblicas vecinas, se erige en un Estado soberano e independiente de todas las naciones, tanto del viejo como del nuevo mundo y los departamentos del Alto-Perú, firmes y unánimes en esta tan justa y magnánima resolución, protestan a la faz de la tierra entera, que su voluntad, irrevocable es gobernarse por sí mismas, y ser regidos por la constitución, leyes y autoridades que ellos propios se diesen, y creyesen más conducentes a su futura felicidad en clase de nación”…

Finalmente, como corolario de dicha declaración se manifiesta: …”Y el sostén inalterable de su santa religión Católica, y de los sacrosantos derechos de honor, vida, libertad, igualdad, propiedad y seguridad. Y para la invariabilidad y firmeza de esta resolución, se ligan, vinculan y comprometen, por medio de esta representación soberana, a sostenerla tan firme, constante y heroicamente, que en caso necesaria sean consagrados con placer a su cumplimiento, defensa e inalterabilidad, la vida misma con los haberes, y cuanta hay caro para los hombres.”

Han pasado 182 años desde aquella declaración histórica y muchos más, desde que comenzaron a gestarse las ideas de libertad y patria. El coraje, sacrificio y entrega de sus propias vidas, de tantos hombres y mujeres que aportaron en la construcción de lo que hoy es Bolivia, debiera ser una “inspiración” para convencernos que no estamos para comenzar todo de nuevo, sino para corregir los errores y consolidar las virtudes. Bolivia - como toda sociedad - es una construcción colectiva.

*) Director A. C. Cramer

eduardocamposdc@yahoo.es

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11 Abril 2007

RENACEN LAS DISPUTAS POR “LA CAPITAL”

(Por más de un siglo, el país mantiene una ficción institucional que hace de La Paz, la sede del gobierno y de Sucre su capital)

Por: Eduardo Campos V. (*)

Son conocidos (auque no suficientemente) los antecedentes históricos que acabaron determinando que Bolivia tenga - a la vez - una sede de gobierno y una capital distintas. La llamada “guerra federal” de 1899, que enfrentó a las fuerzas políticas y militares del sur y el norte del país, tuvo como su principal resultado el traslado del poder, de la ciudad de Sucre a la ciudad de La Paz. Contradictoriamente al ideario del movimiento federalista del norte, luego del triunfo militar de las tropas del Coronel Pando, ante las de Fernández Alonso (ejercito republicano del sur), la Paz consolidó a lo largo de más de un siglo, un centralismo que hoy es parte de esa crisis que nos ha llevado finalmente a instaurar una nueva constituyente.

Para acercarnos un poco más al tema, en vista de que se han reavivado la vieja disputa por la capital, sería bueno “recordar” (por así decirlo) por algunos antecedentes históricos que provocaron aquellas pugnas regionales que enfrentaron a paceños y chuquisaqueños a lo largo de nuestra vida republicana.

Las disputas regionales entre La Paz y Sucre por la capital (cuestión capitalía, como se la llamaba en aquellos tiempos) se inicia – según varios historiadores - con el propio decreto del 9 de febrero de 1825, cuando, el Mariscal Sucre convoca a la reunión de una Asamblea encargada de definir los destinos de las provincias del Alto Perú, misma que debió verificarse en la ciudad de Oruro, en fecha 29 de abril del mismo año.

Esta convocatoria – como señalan varios historiadores – contrariaba visiblemente los intereses de influyentes políticos asentados en la tradicional ciudad de La Plata (Sucre), quienes desde antes de la propia fundación de la nueva republica, estaban convencidos que el centro de poder de la nueva nación, no podía ser otro que la vieja audiencia de Charcas. Así fue como varios representantes a la asamblea convocada por el Mariscal Sucre en Oruro, presentaron su protesta por elegir como sede del conclave a una ciudad de clima muy frío, lo que atentaba – según los impugnadores - a la realización de prolongados debates que se iban a producir en el acto de fundación.

Charles Arnade – citado por Condarco Morales – señala que es posible que hayan sido los propios doctores de Charcas, quienes fueran responsables de la maquinación de la transferencia de la cede de la asamblea. El Mariscal Sucre, ante las demostraciones de inconformidad, revocó su decisión y la asamblea deliberante se llevo a cabo en la ciudad Blanca. De esa manera, la ciudad de Oruro que iba a constituirse en el sito histórico de la fundación de la nueva república, fue cambiada - a última hora - por la ciudad de Chuquisaca.

Mas adelante, habiéndose instalado ya la asamblea constituyente, mediante decreto del 11 de agosto de 1825, el cuerpo legislativo en función determinó que la capital de la república se denominaría Sucre (en honor al vencedor de Ayacucho), decisión que comenzaba a consolidar el derecho de la ciudad de Sucre, como capital de la nueva república. Empero un año más tarde, el 30 de junio de 1826, el congreso constituyente, determino conceder al Libertador (Simón Bolívar) la facultad de elegir la capital de la nueva republica y declarar a Chuquisaca como la sede provisional del gobierno, mientras se constituyeran las edificaciones destinadas al ejecutivo y el parlamento, en el lugar que el libertador eligiera

Bolívar, por la investidura que llego tener en nuestro país (libertador de la nación) y su notoria lejanía (o por lo menos distancia respecto de los grupos de poder, en pugna) no tenía un propósito preestablecido para favorecer a una región en particular, para nombrarla como sede del gobierno (capital), por lo que se puede tomar como una decisión imparcial, su criterio de otorgar a la ciudad de Cochabamba, la capital de la nueva república. Evidentemente, esa decisión claramente se basaba en criterios geopolíticos, mismos que situaban a la ciudad de valle – incluso en nuestros días – como el centro geográfico del país. Ante esta decisión, el Mariscal Sucre, ordenó la construcción de edificios públicos en la ciudad de Cochabamba, extremo que se puede evidenciar en el mensaje que el propio Sucre presentó ante el congreso extraordinario de 1828.

Una vez que el Mariscal Sucre abandonó el país, producto de conocido motín que lo alejo del gobierno, Bolivia se enfrascó en sordas luchas internas que impidieron que se produzca el traslado definitivo de la capital a la ciudad de Cochabamba, como había quedado establecido por decisión del propio libertador. Mientras tanto, la ciudad de Sucre, continuaba manteniendo su rango de cabeza provisional del nuevo estado. No fue sino hasta 1839, durante la tercera presidencia del General José Miguel de Velasco (cruceño) que el congreso reunido en la ciudad de Sucre, definió que la ciudad Blanca, se constituiría en la capital definitiva del país.

La medida, que contrariaba la decisión del libertador y en términos prácticos, dificultaba el ejercicio de gobierno, en todo el territorio la república, acabó siendo modificada de manera parcial, permitiendo que el ejecutivo pueda residir de manera transitoria en cualquier ciudad importante del país. De esa manera, la propia Carta Magna autorizaba al ejecutivo a convocar a congresos ordinarios en distintas capitales de departamento, lo que permitió que en varias ocasiones se reuniera el congreso, no sólo en Sucre, sino en Oruro, Cochabamba, La Paz e incluso Tapacarí

El país, durante el resto del siglo XIX, vivió en una constante inestabilidad política, que tuvo en esa particular manera de administrar el estado desde una cede casi itinerante, un factor para los constantes cambios de gobierno y principalmente para que se produzca una de las mayores perdidas de Bolivia (el Litoral). En ese escenario, de alta frustración nacional, las disputas regiones, entre el norte (La Paz) y el sur (Sucre), antes que superarse, se reavivaron, provocadas por los intereses económicos de los grupos de poder y azuzadas por las elites intelectuales de ambas ciudades que se enfrascaron en demostrar la primacía del primer grito libertario de América (16 de julio o, 25 de mayo de 1809)

Al respecto, el orureño Adolfo Mier, en 1897 (citado por Condarco Morales), con airada indignación decía: “adjudicarse la iniciativa del “glorioso primer grito de la independencia” provocaron año tras año, “tanta bulla” que, a fuerza de incurrir en el desacierto de ignorar otros acontecimientos de importancia, “han conseguido oscurecer la verdad”… Como bien sabemos, Adolfo Mier fue quien - producto de sus investigaciones - acabó estableciendo la importancia del 10 de febrero de 1781, en las luchas por la independencia de América, fecha que hoy, se constituye en la principal efemérides departamental de Oruro.

Al finalizar el siglo XIX, las disputas por la capitalía entre Sucre y La Paz, encontraron un nuevo motivo. Esta vez, superada la disputa por el pasado glorioso de ambas ciudades en las luchas por la independencia, se posesionó el tema de la organización administrativa del país. El federalismo como forma de organización estatal, fue enarbolado por La Paz, ideario sobre el cual finalmente, se precipitaron los sucesos de la llamada guerra federal, que concluyó con el traslado de la sede del gobierno.

Las ideas federales – como bien nos ilustra Carlos Condarco Morales, en su obra: Zarate El “temible” Willka – no nacieron precisamente en el seno de la intelectualidad paceña. Condarco Morales, señala que fue en la misma Asamblea de 1825, que un representante de La Paz (Eusebio Gutiérrez) puso de manifiesto su criterio que el sistema llamado a presidir la vida de la nueva republicas, no podía ser otro que el “concentrado y general” por las innumerables ventaja que llevaba al sistema federal. Fue bajo el influjo de ese razonamiento que al final se redacto el artículo 2º de la ley del 13 de agosto de 1825, expresando el criterio unitario que hasta hoy mantenemos.

Por otra parte, Condarco Morales – señala también - que no fue sino hasta los años 60 y 70 del siglo XIX, cuando el federalismo encontró un nuevo y brillante portavoz. En la Asamblea constituyente de 1871, el Dr. Lucas Mendoza de la Tapia (cochabambino), formuló un proyecto de ley, según el cual Bolivia debía constituirse en una republica federativa. En esa ocasión, casualmente fueron también los representantes paceños (Aspiazu, Reyes Ortiz y Evaristo Valle) quienes impugnaron el proyecto, mismo que pese a contar con la adhesión de varios departamentos, a la postre fue desestimado por los asambleístas, reafirmándose la vigencia del sistema unitario.

Refiriéndose a este suceso, Condarco Morales comenta: “Es curioso observar que en aquella ocasión , los hombres menos inclinados a prohijar la idea de federalizar el país, eran oriundos del departamento que 27 años más tarde, iba a convertirse en el foco de una rebelión fomentada al calor de las ideas federalistas sólo con el propósito de encubrir intereses sectarios”

La historia (la nuestra y de cualquier sociedad) esta llena de sucesos contradictorios que acaban teniendo consecuencias imprevisibles en el devenir de los tiempos. Bolivia, desde su fundación, hasta fines del siglo XIX, mantuvo una suerte de gobierno itinerante que claramente contribuyo a la inestabilidad política que caracteriza ese periodo y luego, desde la “guerra federal”, por más de cien años mantiene una ficción institucional que hace de La Paz, la dede del gobierno y de Sucre su capital. Muchos de los problemas estructurales que en la actualidad enfrentamos, tienen sus causas en esa inestabilidad institucional que históricamente hemos mantenido.

Hoy, cuando estamos frente a una nueva asamblea constituyente, que tiene la responsabilidad de definir los destinos del país, el tema de la capitalía, renace una vez más, revestido de nuevos argumentos. Disputa que pueden volver a confrontar los intereses regionales del norte y el sur del país, “cruzándose” a los ya existentes, entre los llamados bloques de la media luna y el occidente (este – oeste). En ese contexto de enfrentamientos regionales y otros de carácter étnico-culturales, económicos, sociales y políticos, el país está obligado ha encontrar “salidas” concertadas, pero sostenibles, que superen la improvisación de soluciones, para contentar a todos y eviten la imposición de visiones parciales. Bolivia es una sociedad que históricamente ha optado por la improvisación y la imposición de soluciones, vías por las cuales, antes que resolver sus problemas, casi siempre los ha empeorado.

*) Director A. C. Cramer

eduardocamposdc@yahoo.es

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