Liliana y Federico
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Cinco Lilianas y nadie entiende.
La primera Liliana casca la tiza contra el pizarrón, ansiosa por explicar el múltiplo común mínimo en verde y blanco. A veces se distrae y mira por la ventana, hay tres gallinas en el huerto de la escuela y un conejo. Casca la tiza muchos días del año, de 8 a no sabe cuántas horas. Carolina presta atención y copia. Federico mira los números pero se pregunta mil cosas; entre ellas, cuánto se tarda en ser guerrero de Macedonia. Daiana charla a los gritos con Leticia sobre unos brillitos nuevos. Matías y Juan Manuel juegan al truco.
La segunda Liliana se sube al coche y pasea hasta que se cansa. Archivaldo es su marido, pero a él no le gusta pasear y se queda en casa ahuyentando las palomas del patio a patadas. Por las noches, Liliana y Archivaldo preparan la cama tirando cada uno de una punta de la sábana. Eso les gusta. Luego se acuestan, cada uno lee su libro. No sabe lo que es el mundo, piensa Archivaldo de Liliana antes de dormirse. No sabe lo que es el mundo, piensa Liliana de Archivaldo.
La tercera Liliana va a visitar a su tía enferma. La pelusa de los plátanos le ablanda los mocos porque es primavera. La tía tiene una enfermedad que no se sabe qué es y nadie la visita y a Liliana le da vergüenza que nadie la visite. Hace 22 días que está internada. Habla poco porque se siente mal o porque no sabe bien qué decir. Liliana se queda sentada. Piensa que nunca la quiso demasiado a la tía y se pregunta si servirá para algo visitar a alguien que no se quiso demasiado. Quizás va porque hace poco murió mamá y la tía es la única hermana de mamá. Si se muere la tía, va a haber mucha muerte junta.
La cuarta Liliana se mete abajo de la mesa del patio cuando no hay nadie y llora. La mesa es de cemento y mosaicos chiquitos y blancos. Los asientos también. Liliana se arrodilla en el piso y se deja caer sobre uno de los bancos. Llora fuerte porque cree que los vecinos están trabajando y no la escuchan. Carmen, una señora de 45 años que vive en un edificio alto, la ve desde el balcón y le parece que pasa algo raro. Luego se mete en el departamento y dice en voz baja que no, que aquella mujer no estaba llorando, o quizás sí pero la gente necesita llorar y de eso no hay dudas.
La quinta Liliana casca la tiza contra el pizarrón, ansiosa por explicar el divisor común máximo. Daiana charla. Carolina copia, Matías y Juan Manuel juegan. Federico mira los números y piensa que debería haber escaleras en las calles para subir a caminar por otras calles que estén en el aire. Las gallinas no están porque se largó a llover, entonces Liliana se siente cansada y deja la tiza. Camina hasta la quinta fila y acaricia el pelo de Federico. Le pregunta en qué piensa y él le dice que en las calles del aire y en la gente que camina por esas calles y en los autos del aire y en la gente que maneja esos autos. Liliana no entiende mucho pero se sienta al lado, lo aprieta y le dice te quiero. Y Federico sonríe y piensa en el buche de los pelícanos.







flor_deloto dijo
Joroletto: me ha conmovido la historia de Liliana.Pero que pueda acariciarle el pelo a Federico es su acto de redención con la vida, dentro de su rutina y su - creo- desesperación.
Usté está muy perdido y yo lo extraño. Está disfrazado de Papà Noel en algún centro comercial. Dígame que no, que solo está disfrutando del mudo real y que se aburrió de la coctelera. Así me sentiría muy feliz por usté, vió?
12 Diciembre 2007 | 01:40 PM