No muchos lamentan el estrangulamiento de Rigoletto. Durante su piojosa existencia, sin embargo, este ingeniero del betún se dedicó a escribir y recopilar documentos que hoy inspiran lástima y aumentan nuestro desconcierto. He aquí cómo un contrahecho personaje de arrabal, un vendedor de esmeraldas falsificadas, escondía en su guarida inquietantes manuscritos. En estas sucias páginas se reproducen fielmente las absurdas sensiblerías de El Jorobadito.