27 Enero 2007
Viejo estilo
El periodismo, entonces, sigue anclado a un viejo estilo en el que se llega a pensar que es más importante abrumar de asuntos al espectador con muchas notas, que explicarle aunque sea unas cuantas de manera más reposada. Es un periodismo que, para tener éxito, explota y exprime mucho el sensacionalismo. Cuando hay algún asunto especialmente dramático, la televisión mexicana lo explota al máximo de tal manera que nos repiten, una y otra y otra vez, las mismas escenas trágicas, las mismas declaraciones altisonantes del mismo asunto. Cuántas veces vimos, por ejemplo, la reconstrucción del crimen aquel en Monterrey donde un muchacho fue acusado de matar a dos niños. Docenas de veces se nos dijo a qué hora llegó a la casa, cómo llegó, y qué sabemos hoy de ese caso.
El periodismo en televisión, igual que en parte del impreso, no se singulariza en México por seguir los asuntos, simplemente se nos ofrecen temas muy dramáticos para llamar nuestra atención, para conmovernos y es inevitable hacerlo ante temas tan drásticos, pero no se les da seguimiento. Cuántas veces escuchamos las declaraciones iniciales de los pescadores famosos que recalaron en el Pacífico Sur y qué es hoy de ellos. A qué periodista en televisión se le ha ocurrido averiguar qué pasó con los pescadores. No hay seguimiento de los temas porque al periodismo televisivo no le interesa construir una sociedad enterada sino mantenerla fundamentalmente asombrada: esa es la pauta en la TV mexicana.
En la misma Televisa hay espacios informativos que están mucho más determinados por la personalidad de su conductor -que no es necesariamente periodista-, que por los recursos informativos. El espacio de Adela Micha de Canal 4, por ejemplo. Ella es un personaje muy importante en el Canal de las Estrellas y sus subsidiarias, y aunque a veces tiene diálogos muy interesantes con sus entrevistados, su noticiario no tiene propósitos específicamente periodísticos: está pensado como espectáculo. El mismo Canal 4 tuvo como conductor de un noticiario a un payaso, Víctor Trujillo. Era, dicen algunos, muy ingenioso. En lo personal no me lo parece tanto, pero el hecho de que el personaje del payaso haya sido invitado a conducir un noticiario, nos da idea de la amalgama entre información y entretenimiento -infoentretemiento dicen en España- que prevalece en los noticiarios de Televisa.
En esta empresa hay programas de reflexión interesantes, muy ajustados a los intereses de la empresa como Zona Abierta que conduce Héctor Aguilar Camín, pero prácticamente en un horario de madrugada que muchos no alcanzamos a mirar. Hay espacios de búsqueda como el de Denise Maerker en las noches de los domingos en Canal 4: un espacio nuevo. También figura recientemente Tercer Grado, en el que los conductores de varios noticiarios de Televisa se explayan diciendo lo que no necesariamente expresan en sus espacios, pero en donde pocas veces hay una opinión nueva, son éstas de carácter muy previsible.
Y ¿qué hay en la tienda de enfrente? TV Azteca se ha singularizado por copiar, en sus peores términos, los estilos que ya ha logrado implantar Televisa. En Azteca por lo general quienes dan noticias no son periodistas, lo cual no demerita su trabajo, pero es un dato de la realidad. Javier Alatorre nunca que yo recuerde, y no quiero ser injusto, hizo el trabajo de reportero. Creo que si no se ha sabido cómo buscar, perseguir y encontrar una noticia, es muy difícil tener la apreciación profesional que permite aquilatarla y saber cómo presentarla a los televidentes. No es un secreto, además, que Alatorre es un lector, preparado, hábil, pero no hace más que leer el teleprompter todo el tiempo. El día que se descompone el aparatito es un fracaso su noticiario. En TV Azteca hay tan escaso aprecio por información que varios de sus noticiarios son una amalgama de música, chismes, espectáculo, deportes y noticias; incluso me ha tocado ver a una señora que ofrece horóscopos. Qué idea del periodismo puede tener una empresa cuando confunde las predicciones de las vicisitudes de los sagitarios con la información de las campañas políticas.
Hay algún esfuerzo y méritos en los noticiarios de Canal 11, sin duda, pero sigue siendo un espacio muy agobiado por limitaciones financieras. Hubo un esfuerzo interesante en un programa de discusión, Primer Plano, pero hoy se ha vuelto de lo más previsible. Se disfrazan de negro y hacen como que se pelean unos con otros.
Hubo un noticiario interesante en Canal 40 que todos veíamos con avidez, no porque nos gustara su punto de vista, sino porque no rivalizaba en cantidad de informaciones ni en recursos técnicos, sino en algo muy importante: era un noticiario hecho con gusto e imaginación y tratando de demostrar el contexto de los asuntos. Ciro Gómez Leyva y sus sucesivas acompañantes en las distintas etapas de ese noticiario, no buscaban, salvo excepciones, enterarnos de algo nuevo sino explicarnos aquello que ya sabíamos. El Canal 40 tuvo un destino muy trágico: fue hurtado por TV Azteca y hoy, con la complicidad del periódico El Universal, está funcionando, pero se está apostando a la revitalización de esa frecuencia televisiva
comentario:el periodismo al viejo estilo es el arte de informar alas personas tal y como susede en la realidad no creo ke aiga un estilo nuevo de dar noticias.
servido por el-loko-york
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27 Enero 2007
Información anodina
¿Cómo son las noticias en televisión? Hay que reconocer que sus reporteros, igual que los de cualquier medio, se esfuerzan, se arriesgan, se empeñan, algunas veces hacen lo posible por conseguir una noticia y en otras llegan a estar en peligro para darnos descripciones repletas de emoción y con algunas novedades de los asuntos públicos. Por ejemplo, cuando los reporteros cubren desastres o guerras, el noticiario nocturno de Televisa nos muestra reportajes, notas trascendentes por la intensidad dramática que llegan a tener, pero pocas veces relevantes o con alguna novedad sustantiva.
Por lo general, y específicamente en la cobertura de asuntos políticos, los noticiarios mexicanos siguen padeciendo muchos de los defectos que ha acarreado durante mucho tiempo el periodismo político en nuestro país. Tenemos un periodismo más de dichos que de hechos. Se realza la costumbre de los políticos mexicanos para hablar y declarar, para sentir que hacen política y sentirse atendidos. Esta costumbre ha encontrado una fuerte complicidad en la prensa mexicana y en periodistas cuyos jefes de redacción les ordenan todas las mañanas: "Ve y recoge las declaraciones de fulano". Por eso tenemos un periodismo -y la televisión no es la excepción- más de declaraciones que de acciones; tanto así que muchos reporteros confunden al periodismo con la simple acción de extender el micrófono, y si es una declaración estridente se vuelve más relevante: logra mucho más espacios en los noticiarios.
La tarea fundamental del periodismo, aparte de enterarnos lo qué sucedió, es permitirnos entender por qué las cosas ocurren como ocurren. Tan anodino, tan falto de previsión resulta el periodismo que se hace en la televisión mexicana, que a veces el espacio más creativo es el no periodístico. Las Mangas del Chaleco que disfrutan muchos televidentes los viernes por la noche en Televisa, es un espacio de crítica a los muchos desvaríos que profieren varios personajes públicos, comenzando por nuestros políticos. Es un segmento que no tiene nada de esfuerzo periodístico, aunque sí un gran trabajo de búsqueda en los archivos de video. En todos los noticiarios de televisión o en casi todos, las entrevistas escasean, y cuando las hay no son el diálogo entre dos interlocutores, entre un periodista que sabe de lo que está hablando y un protagonista que tiene algo que decir, sino más bien constituyen la ocasión para que algunos personajes públicos expliquen, se disculpen, arenguen, reclamen o intenten establecer la agenda. Son rarísimas las entrevistas en las que hay un auténtico intercambio de ideas.
La crónica periodística, es decir, el quehacer de recoger y explicar un asunto que el reportero haya visto -lo cual se puede hacer de manera espléndida con el recurso que implica el respaldo audiovisual-, no existe en la televisión mexicana. Tampoco está presente el reportaje, el género que amalgama recursos de la entrevista, de la información, de la documentación. A veces por reportajes se nos presentan piezas informativas en donde el reportero se conforma con entrevistar a dos o tres personas, y dice: "Aquí está el reportaje del área de asuntos especiales de Televisa". ¡Qué vergüenza! Si comparamos esas piezas con los reportajes de la televisión en otros países, la verdad sí es una vergüenza lo que aparece en nuestra televisión. Está repleto de lugares comunes y de algo muy importante: se singulariza por una constante ausencia de auténtica investigación. El análisis en los noticiarios de la televisión, comenzando por el más importante en Televisa, se limita a la opinión de algunos intelectuales o académicos destacados, no por su comentario en televisión sino por su trayectoria en otros rubros. Por lo general, estos colegas nuestros no hacen más que aparecer a cuadro leyendo en teleprompter un texto de dos o tres minutos, que ellos hicieron, repleto de lugares comunes.
comentario:el periodismo actual ase lo posoble por puntos de reiting, son capases de estar en guerrras desastres naturales con el motivo de tener ala cuidadania bien informada,es el motivo por el cual arriesgan asta la vida en sonas de desastre.
servido por el-loko-york
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27 Enero 2007
Negocio político
Más adelante, las empresas televisivas -en realidad no se puede hablar en plural en este caso, solamente había una que era Telesistema Mexicano- concibieron al periodismo como una forma específica de entretenimiento y, al terminar la década de los sesenta, aparece el primer noticiario profesional pero condicionado por el afán de espectáculo más que de información: el noticiario matutino Diario Nescafé, que desde entonces era conducido por un periodista, sin lugar a dudas fundamental, con todo y lo cuestionable que en algunos momentos fue su trayectoria: Jacobo Zabludowsky. Él no empezó a hacer periodismo como conductor del noticiario nocturno, sino como conductor en una larga serie de programas. Tenía una emisión vespertina en donde alternaba con Pedro Ferriz: uno hablaba de platillos voladores y el otro de cohetes espaciales. Zabludowsky se singularizó por hacer transmisiones de los lanzamientos espaciales de las aeronaves estadunidenses durante toda la década de los sesenta. Su programa más importante, sin embargo, fue por las mañanas: el Diario Nescafé, en el cual comenzó a tener la singularidad de contar con reporteros propios. Hasta entonces, con poquísimas excepciones, los noticiarios televisivos no tenían una redacción propia sino dependían de la información de la agencia de noticias estatal o de las anteriores que existieron en México.
Posteriormente, la televisión mexicana entendió que las noticias no sólo eran espectáculo, sino que podían ser un negocio específico y también un negocio de carácter político. Al contar con grandes audiencias para sus noticias, tendrían un canal mucho más estable y relevante de interlocución con el poder político. El programa 24 Horas, que Zabludowsky condujo durante más de 27 años, comenzó en septiembre de 1970, y fue la escuela de centenares de periodistas que hoy siguen haciéndose cargo de gran parte de los espacios informativos de la televisión mexicana en todos los canales, y además condicionó el modelo de TV que seguimos teniendo hasta nuestros días. La usanza estadunidense era evidente: un locutor con gran presencia pública se encargaba de dar a conocer todas las noches un menú grande y variado de informaciones políticas, culturales, de espectáculos, y de imprimirle sus énfasis personales a la apreciación o a la propagación de esas noticias. Aunque no había un editorial explícito o no lo habría en casi todos los 27 años de ese noticiario, el hecho de que Zabludowsky presentara alguna información con una entonación especial de voz, a veces simplemente levantando una de las cejas o abriendo unos segundos de silencio después de que decía alguna cosa, se convertía en una inflexión que implicaba connotaciones políticas importantes en la propagación de cualquier acontecimiento.
La era de Zabludowsky duró casi tres décadas. Al acercarse el final del milenio anterior, Televisa fue receptiva a la diversidad política que comenzaba a instaurarse poco a poco en la sociedad mexicana y se propuso un cambio, pero éste no fue de formatos ni de intención, simplemente fue sólo de personas. Guillermo Ortega Ruiz suplió a Zabludowsky a su salida del noticiario de 24 Horas y algunos años después quedó al frente Joaquín López Dóriga. Éste ha sido uno de los conductores del noticiario más importantes de la televisión mexicana, sin variar en lo fundamental el estilo de noticias que durante mucho tiempo singularizó a los programas conducidos por el multicitado Zabludowsky.
Comentario numero 1: jacobo zabludowsky es uno de los mas importantes comunicologos de la era televisiva mexicana, independientemente de todos los reportajes que aya echo en su carrera en televisa no creo que guillermo ortega aya yenado el hueco ke dejo jacobo al termino de su carrera en televisa.
servido por el-loko-york
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20 Enero 2007
textos
fecha:17 de enero, 2007
titulo:La tele de Marcelo
autor:Joaquín López-Dóriga
Hay cosas mucho más importantes de las que uno piensa. Florestán
Para Marcelo Ebrard, la televisión, tener su propio canal, y una estación de radio, se ha convertido en una prioridad, en su prioridad claro, y a la vez en un distractor de los problemas de la ciudad.
El jefe de Gobierno capitalino ha colocado esa ambición política en lo más alto de su discurso y de su gestión, confirmando que por una parte van los intereses de la población y por el otro, muy distinto, muy distante, el de los gobernantes.
Lo digo porque a los millones que habitan el Distrito Federal les importa un pito si Ebrard tiene o no un canal de televisión y su estación de radio.
Y es que las prioridades son distintas.
Para la sociedad va un poco de la mano con lo que ofreció Ebrard como candidato y que ya desechó: seguridad, transporte público, justicia, basura, educación, salud, vialidades, oportunidades económicas, empleo, ambulantaje, combate a la ilegalidad, a la deshonestidad y a la corrupción en todos sus frentes; narcotráfico, en sus vertientes de narcomenudeo, consumo, prevención, rehabilitación; el reordenamiento urbano y el crecimiento, por corrupto, desordenado de la ciudad; la contaminación; la falta de agua, drenaje y otros servicios, el bacheo, pero en ninguna demanda popular aparece la tele de Ebrard.
Por eso digo que por un lado van las necesidades de los gobernados y por otro, muy distante, el de los gobernantes, en este caso del jefe de gobierno capitalino.
De otro modo no entendería que haya hecho del trámite para su tele una prioridad, ignorando las urgencias sociales que no pasan por su canal.
Lo único que tengo claro es que, como a López Obrador, a Marcelo le encanta salir en la tele, pero ya en la suya, y que como el mismo AMLO ha comenzado su campaña por la Presidencia de la República, y que siguiéndolo, lo niega como el otro lo negó.
Pero esa película ya la vimos todos.
Retales
1. VERDES. Ahí aparece Jorge Vergara, displicente, haciendo un medio saludo militar al frente de un destacamento de soldados y blindados del Ejército mexicano que más que uniformados parecen disfrazados para un comercial de la bebida del dueño del Guadalajara y patrocinadores que lo acompañan. ¿Autorizó esta mascarada el secretario de la Defensa Nacional o de qué va la pantomima?;
2. BABEL. Los segundos pisos deben ser sometidos a una auditoría por el estado en que se encuentran, vergüenza de la ingeniería y de la política. Por eso se blindó López Obrador, pero no del escrutinio social; y
3. DISPUTA. Ana Rosa Payán, dos veces derrotada en su camino al gobierno de Yucatán, renunció al PAN y escucha ofertas del PRD al que linchó hace seis años por su apoyo a Patricio Patrón. Leonel Cota, a falta de candidato propio para Yucatán, ya anunció: la Payán o la Sauri, la que sea.
Nos vemos mañana, pero en privado.
Periodista.
lopezdoriga@milenio.com
Este texto se publicó el miércoles 17 de enero de 2007 en el periódico Milenio.
Agradecemos al autor su autorización para reproducirlo.
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