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El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

13 Mayo 2008

El peletero/La poesia horitzontal (La dona morta)

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Quan el poeta canta és millor emmudir i escoltar. Com quan em mira el pare.

Mut.

O com quan em mires tu, que es una manera fina de dir que no em mires a mi.

A qui mires, nina?, a qui miraves que ja no el mires? Per qui obries aquests ulls que ja són buits?, què mires ara sota terra?

A mi no, ni a ell, ni a l’altre, ara mires a la Fera?

Qui t’espera? Jo no, ni ell, ni l’altre.

O sí?

Guaita, mira, fixa’t quants et miren ara, tants que ni la Fera pot deixar de mirar-te també.

Ni Ella ni Déu que la va fer.

(La dona morta, El peletero, 15 de gener de 2008)

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Cuando el poeta canta es mejor enmudecer y escuchar. Como cuando papá me mira.

Mudo.

O como cuando me miras tú, que es una manera delicada de decir que no me miras a mí.

¿A quién miras, muñeca?, ¿a quién mirabas que ya no lo miras? ¿Para quién abrías estos ojos que ya están vacíos?, ¿qué miras ahora, bajo tierra?

A mí no, ni a él, ni al otro, ¿ahora miras a la Fiera?

¿Quién te espera? Yo no, ni él, ni el otro.

¿O sí?

Observa, mira, fíjate cuántos ahora te miran, tantos que ni la Fiera puede dejar de mirar también.

Ni Ella ni Dios que la creó.

(La mujer muerta, El peletero, 15 de enero de 2008)

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Hay cosas que uno intuye,

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(Audrey Hepburn, fotografiada por el departamento de publicidad de la Paramount Pictures)

y sin saber cómo, acierta. Y quizás en este caso no fui yo y sí fue ella naciendo en Bélgica. Me refiero a Audrey Hepburn. ¿Tiene eso alguna clase de sentido?, indudablemente no, no lo tiene ni siquiera para mí que soy el que lo escribe. Pero debía hacerlo, escribirlo tal cual, sin sentido, y recordar aquella monja que no pudo evitar no ser santa.

Hoy en día, a inicios del 2008, Audrey está de moda y eso siempre es malo, aunque ya esté muerta y no le afecte. Pero me afecta a mí. Y eso para mí es mucho más importante que para ella, que ya está muerta. Para siempre.

Está muerta y está demasiado de moda, y eso es todavía peor. Mucho peor.

El mundo la ha redescubierto y ha vuelto a ver en ella algo que no tiene significado ni lógica, y que solamente puede ser explicado a base de paradojas tan sin sentido como la que inicia este texto en prosa.

Exactamente igual que aquella mirada tuya que me miraba mirando otra cosa.

¿La belleza no tiene lógica?, ¿la elegancia tampoco la tiene?

Cuando no se sabe qué se mira, ninguna de las dos tiene lógica, ni la belleza ni la elegancia. Porque en parte, el secreto de ambas cosas es eso, no saber qué mira, quien ambas posee.

Las personas realmente elegantes no miran nada en concreto, si además son extraordinariamente bellas, todavía menos. Suponer que lo miran a uno es una presunción totalmente fuera de lugar, que la realidad , tarde o temprano, se encargará de desmentir entre lágrimas y dolor.

En esos casos uno debe tomarse un fin de semana largo en Ostende, pasearse por esta ciudad decadente, caminar por sus playas, esas playas anchas del Canal y del Mar del Norte, que casi se hunden debajo del mar en busca de huesos de ahogados, para traerlos otra vez a tierra, y que sean enterrados como Dios manda.

Será adecuado y necesario tomarse un buen chocolate caliente en una terraza de café, y releer una no muy buena novela que tiene lugar por estas calles, “Dolicocéfala rubia”, de Pitigrilli.

Y así, contento y feliz, disfrutando del momento y del lugar, imaginar a esa rubia perfecta, llamada Giudi Olper, tan joven, espigada, sensual, sumamente inteligente y atrevida, seducir al pobre Teodoro Zweifel.

Cuando se termine el chocolate y empiece a oscurecer y refrescar, volverás a preguntarte por enésima vez, ¿qué demonias mirabas?, ¿a Dios?, ¿a la Fiera?, porque a mí seguro que no me mirabas.

A mí no.

Yo creo saber a quién mirabas, me puedo equivocar, claro, y me puedo equivocar mucho.

Como díría una tonadillera:

Me suelo equivocar mucho en las cosas del querer,
pero no me equivoco nunca en las cosas del mirar.
¡Qué pena!, que querer y mirar sean lo mismo que amar.
¡Qué pena y que lástima que al mirar así…, no me puedas ver!

Creo suponer pues, que te mirabas a ti, cosa que por otra parte es la que más sentido tiene de todas las dichas hasta ahora.

Lo que ya no sé es si te viste.

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9 Mayo 2008

El peletero/El blog apócrifo de Anna-La Amiga (y 5)

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El problema de los poetas es que escriben, escriben cosas como las cartas que has clasificado. Y el de las relaciones epistolares en que se hace poesía de lo dicho y lo sentido es que uno termina literaturizándose a sí mismo, y literaturizando a la otra persona, convirtiendo vulgares Aldonzas en Dulcineas. José cayó en la trampa que ella siempre tendía: conseguir que la mirasen a los ojos, nunca a la boca. No pudo darse cuenta de que María no sonreía nunca, y se enamoró de quien ella aparentó ser.

María se había divorciado, el mundo extendía una alfombra roja a sus pies a sus espléndidos 40 años, y decidió aprovecharlo. Sólo tenía que pisar con decisión. Aprendió bien las tácticas del depredador, de las que siempre hablaba. Por lo que se deduce de las cartas a José, debió de ser ella la que le ofreció a él "el oro y el moro", como decía en el fragmento que reproduces, a cambio de que no usara "las llaves que permiten abrir las puertas secretas de la psique", pero él acabaría por utilizarlas. Seguramente hizo las preguntas adecuadas, pero las respuestas no pudieron serlo. Las vaguedades y contradicciones nunca lo son.

No ha dejado de ser una cazadora en todos estos años. Según ella afirma en “Vivir es lo más peligroso que tiene la vida”, lo aprendió de un amigo “de físico portentoso, rostro hermoso y voz embriagadora”, pero el subconsciente traiciona, y la vanidad más. En ese post publicado en uno de sus blogs secretos reconoce que “tenía en el fondo de su ser a una cazadora”.

La misma María que en su carta de 26 de enero asegura virtuosamente no ser una de esas que se jactan de pulverizar a los hombres que se cruzan en su camino, semanas más tarde dice de sí misma en el post que inicia su nuevo blog que de la misma manera que se entrega completamente a un hombre, cuando lo abandona lo deja del todo vacío

Pides, querida Anna, que se tomen en cuenta las fechas de estas cartas y la única deducción posible es que mientras “esperaba ansiosa la llegada de su señor”, de José, y se esforzaba por dar a éste en su carta una visión tranquilizadora y por supuesto falseada de su relación con su hermoso amigo, tenía en mente convertir a éste, al hombre que conocía hacía dos años, en cazador cazado.

(La Amiga)

Domingo por la mañana. (18 de marzo)

Mi cielo, ayer noche cuando me enviaste el SMS me alegré por ti, así podrás descansar y como decimos por aquí, "escampar la boira", disipar la niebla es una buena metáfora de lo qué hay que hacer. Intenta distraerte y procura reposar.,

Haces muy bien en aceptar la invitación de tus amigos aunque luego pensé que dos días sin poder comunicarme contigo eran muchos días, me sabe mal que te vayas con ellos a un sitio incomunicado, sin teléfono fijo, sin cobertura de celular, sin Internet, ni siquiera un triste y simple “tam-tam” de la selva.

Yo había deseado llamarte por teléfono este fin de semana o utilizar el Messenger, pero bien pensado lo más importante eres tú, tu descanso y tu bienestar, todo lo demás puede esperar.


Ayer me fui a dormir a hora muy avanzada, me quedé leyendo y escribiendo, no tenía sueño. Esta noche tampoco he descansado demasiado bien. Me he duchado, vestido, me he arreglado (…). Luego he salido a desayunar, a comprar los periódicos, el pan y agua que no quedaba.

(La Nada, “Las horas y los días”, José)



Efectivamente, María lo consiguió, y ese mismo 18 de marzo muestra su cabeza como trofeo en el post que inicia su nuevo blog anónimo, con el maravilloso título de “Vivir es lo más peligroso que tiene la vida”, en el que narra el acoso, y derribo, toda la cacería, de ese su hermoso amigo. Uno más de los que, según dice, habrían revalidado esa fama de aniquiladora que se atribuye a sí misma y que todos y cada uno de sus hombres confirmarían. Y ahora, todas y cada una de sus mujeres.

(La Amiga)

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Lunes tarde. (19 de marzo de 2007)

Está empezando a llover, el cielo sobre el Tibidabo está completamente negro. La lluvia avanza. En pocos minutos la tendré encima.

Me acaba de llamar el mensajero, me ha dicho que fueron el sábado, no sé a que hora, a entregarte el paquete que te envié y que no te encontraron. Yo les he dicho que habíamos quedado que antes te llamarían, por eso les di tu número de celular. Antes de ir llamen, les he repetido. Como hoy es fiesta en tu país lo más seguro es que volverán a pasar mañana, el martes.
(La Nada, “Las horas y los días”, José)


Quizás debería hacer algún comentario en relación a esos últimos párrafos. Yo misma había pedido una atención especial a las fechas de los textos, pero tú ya lo has dicho todo.
En todo caso, lo narrado por María, no es más que un vano intento de disfrazar, con la más tramposa trascendencia, aquello que ni siquiera consigue llegar a ser una mera vulgaridad, barata y zafia, solamente una capa que apenas reviste de frivolidad un vacío grosero. De fealdad y de una profunda y enquistada tristeza. Una enorme y terrible decepción.
¿Qué es ello?, ¿es necesario decirlo? Es lo que hacen muchas personas, la inmensa mayoría, no desaprovechar una oportunidad. Un buen polvo siempre es necesario y conveniente, desatasca, libera tensiones y aumenta el amor propio y la opinión que uno tiene de sí mismo, y si además es con alguien que tiene un “físico portentoso”, “un rostro hermoso” y “una voz embriagadora”, mucho mejor. José a eso que María llama “cazar”, quizás él lo tildaría de otra manera, pero sinceramente ya es tarde, y totalmente baladí. Como la cena hindú.

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No me importa ser el torero, ni tampoco llevar la iniciativa. No me importa hablar sin parar dedicándote cada palabra. Sin embargo no hay ningún “matador” que se atribuya todos los méritos de una buena “faena”. Todos sin excepción alaban también al toro, su fortaleza, su valentía y su bravura. En este puente somos dos, tú y yo, nadie más, ayúdame, no me dejes solo.

Yo tampoco sé qué es el amor, permíteme pues preguntarte qué han sido entonces esos veinte años de tu vida con el padre de tus hijos. Te lo pregunto con respeto y con descaro.

Dices que no sabes cuál es el significado del amor y que te encuentras vieja y cansada para seguir intentándolo, eso figura que lo has intentado ya, que has estado buscándolo, pero que estás quieta y observas. Me lo pones difícil María. Yo tampoco sé qué es el amor y hasta hace pocos días ni siquiera lo buscaba. Nadie imparte títulos académicos sobre el amor. No hay universidades donde enseñen qué cosa es. El amor no es ninguna técnica que pueda ser aprendida, aunque sin duda el sentido común y la buena voluntad ayudan a mantener la llama encendida. Repito, hasta hace pocos días ni siquiera lo buscaba, ahora sí. Déjame decírtelo con absoluta claridad y rotundidad, ahora lo estoy buscando en ti. Quiero enamorarme de ti. Te confieso que todavía no lo estoy, no podría aún estarlo, no soy ningún loco, ni tampoco un alucinado.

No me dejes solo.

(…)

Ahora acabo de elegirte a ti para algo más que la amistad. Te lo digo por tercera vez, no me dejes solo.

(“La Nada”, José)
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No me pedías explícitamente una opinión que pudiese servirte de guía con respecto a María y a José, pero te la daré…

(La Amiga)

Gracias, Amiga, pero no publicaré esa opinión que me das, me la guardaré para mí. No la publicaré porque José no es nadie, nadie que merezca ser tenido en cuenta. Me puedo enamorar de él, pero nunca me dará de comer, no ya en el sentido físico, que no importa demasiado, para eso ya tengo a mi marido rico, no me alimentará en nada. Me puedo enamorar, al final las cuatro hemos terminado igual, enamoradas de él, pero José no es nadie. No puede ser nadie alguien que pide que no lo dejen solo, para terminar estrellando su auto en un árbol y morir verdaderamente solo. Caín no cuenta.

Yo tampoco soy nadie, no soy más que un pato.

Y nadie no puede enamorarse de nadie, ¿no?

José no sabe mirar al sitio adecuado, se fija solamente en los ojos cuando la otra persona no quiere que le mire la boca. O es posible también que en realidad sí llegase a ver esa boca, pero que le gusten de labios partidos y mal cosidos, incapaces de sonreír.

Mal abofeteados.”

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(La Amiga)

Terminas formulándome una pregunta irónica y retórica:

“Decías que creías que empezabas a enamorarte del autor de esas bellas y apasionadas cartas, querida Anna. ¿Eres tú de ésas capaces de hacer desviar la mirada de un hombre hacia donde a ti te interesa? O, ¿tienes una de esas bocas que dan aspecto magullado, un labio roto y mal cosido?”
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(La Amiga)

Querida Amiga, tú ya sabes que mis ojos están bien dibujados y mis pestañas son negras y largas, mi boca y mis labios son perfectos, ni están partidos ni mal cosidos, nunca nadie los ha abofeteado. Precisamente por eso todos los hombres y mujeres miran siempre mis pechos. Yo no tengo ese don de María, soy más bella, pero carezco de esa gracia.

Te agradezco infinitamente tus palabras, y te pido disculpas también por mis críticas hacia ti. Sé que sabrás concedérmelas, por eso somos amigas, buenas amigas aunque no íntimas.

Pero quien debe terminar el presente texto debo de ser yo misma. Y quiero hacerlo muerta de celos, celos que no esconderé pues nadie que lea eso sabrá reconocerme, quizás solamente la misma María, pero a ella no le afecta nada que yo pueda decir. Mis celos son por él, y por las borracheras de María. A mí también me gustaría emborracharme como ella si de esta manera pudiera revivir eso que nunca he tenido ni tendré jamás y que María sí.

Doy mi reino por una botella de whisky que me dé un recuerdo. Vendo mi dignidad por unas palabras que no me pertenecen.

Lorena decía de sí misma y de mí que no teníamos pasado, tenía razón. Todo lo que escribió Lorena, según ella misma afirma, es un preámbulo a una carta, a una carta robada a María, a una carta de José que nunca escribió a la ladrona Lorena.

Así pues, vendo todo mi futuro por un poco de pasado, por ese recuerdo tras los cristales de una de las puertas del aeropuerto de…

Tras ellas alguien esperó a alguien.

Y alguien llegó.

En ese sarcasmo doliente de mi corazón debo decir, porque nadie lo ha dicho todavía, que todos nosotros somos un atajo de memos, el que más, José, ése que es ahora mi nuevo amor para el resto de mi vida. Un verdadero mentecato con alguna que otra gracia. Todos somos unos bobos, excepto esos de “físico portentoso, rostro hermoso y voz embriagadora”. El que conoció María sirve como paradigma perfecto de todos los de su clase.

Sí, María lo conoció, a ése y a muchísimos más, lo conoció tanto que le motivó lo suficiente para escribir sobre él, e inaugurar también con él uno de sus blogs secretos. Debió de ser pues alguien importante en su vida.

Lorena tuvo a su Eve Marie y a otras que no cita, pero que yo conozco, todas ellas con sus respectivos “físicos portentosos”. Y, por supuesto yo también, naturalmente. Amo a María y la amo mucho, amo ahora a José, incluso te amo a ti, amiga, pero… ¿crees que me privo de mis “físicos portentosos”, de mis “rostros hermosos” y de mis voces embriagadoras”?, por supuesto que no.

¿Te extraña?

¿Tú no haces eso?

¿No?

¿Tú sí te privas?

¿Me crees cínica?, ¿perversa?, ¿ya no me quieres?

Hay algo que no me negarás, que has copiado y has guardado toda esa relación epistolar que te he dejado leer, ¿verdad? Y cada noche antes de acostarte, sola o acompañada, relees, ¿cierto?

Haces bien.

Pero te advierto, leer esa correspondencia no cura el insomnio, todo lo contrario, lo acentúa; sin embargo con un buen whisky se sobrelleva mejor. Es lo que María siempre dice.

Para finalizar de verdad, y acabar como es debido, permíteme desmitificar y ser una vez más una cínica hiriente y decir de ambos, de María y de José, que pertenecen a la otra clase de personas que no piden que les digan que les quieren aunque sea mentira. Eso es lo que hace casi todo el mundo, todas las personas normales están dispuestas a gastar su buen dinero por una mejor mentira. El mundo se ha construido en base a esta lógica. Sin embargo hay otra clase de hombres y de mujeres. Parece lo mismo, pero no lo es.

María y José son lo contrario, ellos pagan no por oír la mentira, sino por decirla.

Unos, los más, necesitan escucharla, otros, unos pocos, necesitan decirla.

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“Déjame que te diga que te quiero aunque sea mentira”
(María y José)

Por eso son peligrosos.

Ambos.

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Y recuerda, querida Amiga, que yo no soy María.

Ni soy Lorena.

Ni soy tú.

Yo soy Anna, un pato macho Eider que pronto emprenderá el vuelo desde los cercanos “Puerto Grises”.

¡Ah! y también soy…

…una mujer extraordinariamente bella y sensual.

Pretty woman, won’t you pardon me
Pretty woman, I couldn’t help but see
Pretty woman, that you look lovely as can be
Are you lonely just like me?

(Pretty woman, Roy Orbison)

http://es.youtube.com/watch?v=b5BTx5eBlw4

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Llevo bastantes días, aunque yo ya diría que años, con las lecturas totalmente desordenas y mezcladas. Los libros casi ya ni los leo, los ojeo y los consulto, pero leerlos desde la primera página hasta la última hace mucho tiempo que no lo hago. No sé si esto es bueno o es malo o ninguna de las dos cosas. O si es una cierta incapacidad de concentración o una dispersión en los intereses demasiado acusada. A veces me preocupa, me gustaría ser más sistemático y ordenado. Priorizar las lecturas y establecer un orden, una lógica. Pero salto de una cosa a la otra, aunque sin duda debe de haber alguna razón, seguro que no responde a una pura arbitrariedad sin sentido.

(“La Nada”, José)

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“άπόκρυφος” (apócrifo) es una palabra griega que significa “escondido”, “oculto”, “secreto”…

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8 Mayo 2008

El peletero/El blog apócrifo de Anna-La Amiga (4 de 5)

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“¿Te extraña que de vez en cuando María se emborrache, que se meta tras las bambalinas del decorado que se ha construido, para reencontrarse con la única verdad que no ha podido desterrar de su vida?”
(La Amiga)

Ya sé que es injusto lo que voy a decirte, pero tú sabes que María se emborracha porque ella misma lo confiesa. Lorena también explica esas borracheras, sus vómitos y sus llantos. Y yo misma confirmo todo eso, pero si todas hubiéramos guardado el secreto tú nada sabrías. Si solamente fuera por José, María sería una mujer digna y serena, dueña de sus actos, una mujer entera, como lo somos nosotras, ¿no?

Sus borracheras no son públicas, forman parte de esa intimidad que no debería haber sido violada. Frente a los demás ella es igual que cualquiera. Serena, dueña de sí, capaz y justa en sus apreciaciones

Ya sé que María no se asemeja a ninguna otra mujer… ¿vulgar?, ¿normal?, ¿nuestra vecina del 5º, casada con el marido aquel que es peor que el mío y que el tuyo? Todo lo que nos cuenta María en sus blogs está lleno de poesía fácil mezclada con un cinismo plagiado, mimético, quiere ser mala y le asusta un grito. Es un cinismo, que como todos es doliente. El cinismo siempre expresa dolor, frustración, fracaso, desencanto y una gran y enorme tristeza.

¿Recuerdas a Juan?, ¿al marido de Lorena? Yo lo conocí, siempre temía a los débiles, tal vez porque él mismo lo era.

Normalmente se cree que el mal va asociado a la fuerza, y no es así, casi siempre es lo contrario.

Gritan los débiles.

¿María es débil?

María es especial incluso borracha. Borracha es mejor, eso es fácil de comprender, ¿verdad?, tú lo comprendes, ¿no?

¿Tú te emborrachas, Amiga?, yo no.

¿No me crees?, ¿por qué no me crees?

¿Has comprendido que su alcoholismo no es más que una mera metáfora?, ¿que no es verdadero, que es un llanto, es la escalera de Jacob, la piedra en la que apoyó aquella noche su cabeza, el sueño que la arrebató, el combate que libró con el ángel?

Eso son sus borracheras, el lamento por no haber conseguido comprar la primogenitura a su hermano gemelo. La libertad.

José es ese hermano gemelo que no vendió su patrimonio por el plato de lentejas que le ofrecía María.

María, como todos, como yo misma, tardará años en descubrir que el secreto de la libertad es que no existe tal secreto. No existe la libertad, es un nombre equivocado que denomina otra cosa, el compromiso. Por eso escribía blogs apócrifos y anónimos más que secretos. Cartas sin firma. Creía conseguir esa libertad perdiendo la memoria de su nombre, como una enferma de Alzheimer. Confundía la libertad con el anonimato. Cuando eso sucede se pierde también la capacidad de hablar, por eso su blog anónimo era mudo por más que escribiera. José le permitió hablar, no por primera vez, claro que no, pero sí, al menos, una vez más.

Hablar.

Hablar con alguien.

Y ella habló con José.

“Cuando leí su blog apócrifo acudió de inmediato a mi memoria un artículo de un reconocido siquiatra en el que reproducía las palabras que una paciente suya le dirigió en cierta ocasión:

"Óigame bien : quiero ser puta, quiero ser rica, quiero ser libre, quiero ser una diosa y una estrella, quiero hacer lo que me dé la gana, quiero estar con los hombres y con las mujeres que desee, quiero decir lo que pienso en cualquier momento y situación, quiero que la gente me vea desnuda, como fui, como soy y como quiero ser, que admire mi talento, que se despierte conmigo, se pervierta y se divierta."”

(La Amiga)

Ese texto que reproduces de ese psiquiatra, Carlos Ranera, en un relato aparecido en el País, no deja a nadie indiferente. Es demoledor, es terrible. Y al leerlo he recordado a muchas mujeres así. Recuerdo mis primeros años en la universidad y en la biblioteca, las veía llegar, no me equivocaba nunca. Todas se movían igual, todas.

“Al principio no vi el gran automóvil que había quedado en la calle con el motor en marcha. Entró en el almacén, brusca, resuelta, y con el aire de autoridad de las lesbianas o de las mujeres adineradas cuando se dirigen a la gente evidentemente pobre, me dijo:

- ¿Qué entiende usted por la naturaleza antinómica de la ironía? O algo por el estilo.

Me miraba con desconcierto, con una franqueza que me hacía sentir incómodo, como si se preguntara qué hacer conmigo.

- Me gusta su manera de citar los versos sobre la ciudad. Usted habla bien el griego. Se ve que es escritor.

- Se ve- le respondí.

- Me gustaría presentarle a Nessim, mi marido. ¿Quiere venir?”

(“Justine” Lawrence Durrell)

Todas tenían ese aire de dueñas del Universo.

María es dueña del Universo.

Es curioso, todas nos comportamos igual.

Todas nosotras somos así.

Así como es María.

“Quizás no sería eso lo que se propuso exactamente María cuando despidió a su marido de esa manera tan teatral que cuenta, pero más o menos fue el camino que comenzó en los nueve años que transcurrieron hasta que, buscando un nuevo asidero, una nueva ancla, decidió casarse otra vez con él. Y el que continúa andando hoy. Seguramente ha conseguido ser todo eso a que aspiraba la paciente del siquiatra.”

“Lo único bueno que pasó por su vida en esos nueve años fue su relación con José. Y ella lo sabe.”

(La Amiga)

Dices que lo único bueno que pasó por su vida fue la relación con José. ¿Ves?, estás enamorada de él, no puedes afirmar una cosa así, “¡¡lo único bueno que pasó por su vida!!”. Tú estás muy segura, pero yo no me atrevo a llegar tan lejos. Parece una frase melodramática. Quizás sea verdad, sus borracheras así lo indican, es posible, pero yo no lo afirmaré nunca. Nadie nunca es lo único bueno. María no me lo ha dicho, ella no afirma eso en nuestras conversaciones de cama. Yo le pregunto, pero ella siempre calla y cuando bebe solamente quiere saber “¿quién es ése?”. Pregunta por su nombre y yo se lo digo, pues al final hay una firma y después de leer sus cartas sé quién es, cómo se llama y dónde vivió, dónde está su sepultura en la actualidad, pero María no me oye, no me escucha y me vuelve a preguntar “¿quién es?”. Y yo me doblo de pena al verla así, toda yo me convierto en algo que no sé cómo llamarlo. Siento tristeza por ella y por mí. Le grito su nombre y me responde otra vez, “¿quién es?”.

Querida amiga, quizás tengas razón, pero eso es lo de menos, no debes decir eso, no debes decirlo nunca. Eso es pecado, y te lo digo yo que peco cada segundo. No digas que fue lo único bueno que pasó por su vida. No lo digas nunca más, ni de él ni de nadie. Perdóname que te hable así, pero debo hacerlo, eres una delicia, eres encantadora, y eres mi amiga. Pero no digas eso de nadie.

Además, ¿qué tiene de malo volverse a casar con el mismo marido?, rectificar es de sabios, ¿verdad?

Y eso que sigue es bonito, no sé si es verdad, pero es bonito eso que afirmas. Yo siempre he desconfiado de los poetas y de los artistas en general, no es gente con la que se pueda convivir, es una desconfianza intelectual, y casi moral, por eso me casé con un hombre rico y algo tonto.

Los artistas siempre van a su aire, hacen lo que les da la gana y luego te dejan colgada por cualquier tontería. Después lloran y se emborrachan como María. Todos los artistas son unos cocodrilos llorones.

Eso que has escrito a continuación es cierto, y creo que es también muy hermoso. Las dos estamos embelesadas, pero me digo a mí misma que no me gusta esa clase de gente, no me puede gustar, no debe de ser bueno alguien del que me puedo enamorar por lo que escribe. No es alguien real. Me lo digo sin estar realmente muy convencida. En todo caso, ya ves, me he casado con alguien que no tiene nada que ver con él. La mayoría de hombres y mujeres hacemos eso siempre, nos casamos con unos mientras amamos a otros.

Dices de José:

“José debió de ser uno de esos hombres que lee demasiado, tanto que terminan siendo poetas. Y los poetas siempre son culpables de algo. No sé de qué, pero definitivamente son culpables de algo. Y de algo muy grave. Quizás de soñar con cosas equivocadas. Ese amor sentido como algo casi congénito, casi como un pecado original, que declara a María en la tercera de las cartas que agrupas en “La Nada”, me hace pensar que puede que fuera uno de esos a los que los ángeles maldicen concediéndoles un deseo: tener un sueño. Seguramente le fue otorgado soñarlo, pensarlo, elaborarlo, desearlo, formularlo, escribirlo, pintarlo, cantarlo. Y él eligió soñar, pintar y cantar un cielo. Pero su cielo no era un paisaje, ni montañas nevadas ni bosques verdes, tampoco playas de arenas claras y mares tranquilos. Su cielo era "alguien", otra persona. Y desgraciadamente, creyó encontrarlo en María. José debió de pensar que en María se había hecho cuerpo y sangre su sueño, su cielo, y a aquella mujer se lo entregó todo, absolutamente todo, hasta vaciarse completamente por dentro. A una María hecha de distancia, de palabras, de música, de versos, de exotismo, y de deseos de amar, en apariencia por las dos partes que tendían aquel puente que luego resultó que iba hacia ningún sitio. Una mera idealización. Arrancó su alma para que su lugar pudiera ser ocupado por ella, desterró sus pensamientos para instalarla como única habitante de su mente, se rodeó de silencio para que solo lo rompieran su voz, sus manos.
(La Amiga)

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Creo que mi amor por ti nació el mismo día que yo nací. Fue creciendo conmigo, madurando en mi interior, floreciendo. Su aroma se asentó en el perfume perfecto de tu persona, en la música de tus palabras y en el ritmo que marca el latido de tu corazón. Yo siempre estuve enamorado de ti, solamente faltaba el pequeño detalle de conocerte en este cuerpo que Dios ahora te ha dado.

Las casualidades deben también cocinarse. El azar es a veces rápido como la centella y a veces es lento como la marea. Hay que poner a todo el Universo a trabajar para que dos seres humanos se encuentren. Ya sabemos que Dios no hace trampas con sus propias reglas, pero sin alterarlas es capaz de moldear con sus dulces manos la belleza del mundo que nosotros sólo captamos en el brillo de las lágrimas.

Tú y yo hemos sabido ser esas dos gotas que cayendo se han fundido en una.

¿Qué nombre tenías antes?, ¿fuiste mi hija?, o ¿fuiste, en cambio, mi madre?, quizás fuimos unos esposos felices o quizás el azar, esta vez malvado, frustró nuestro amor. No lo sé.

En “Los muertos” de Joyce se cuenta una bella historia muy conmovedora. Todos tenemos alguna así en nuestro corazón.

En “Ciudadano Kane” de Orson Welles, uno de los personajes, ya anciano, también nos narra que de joven, vio en el autobús y por un corto instante, a una muchacha. Ella no lo vio a él. Fueron pocos segundos, ella luego se apeó. Y él nos dice, que desde entonces no ha pasado un solo día de su vida sin pensar en ella, en aquella bonita muchacha que la fortuna le permitió contemplar fugazmente.

Tú eres esa muchacha que ha regresado. No ha pasado un solo día que no pensara en ti, ¿cómo no iba a reconocerte? El caos y la confusión del mundo y la web no eran ningún impedimento con fuerza suficiente para cegar mi visión y mi recuerdo de ti.

Te quiero, María, no quererte no sólo sería una imposibilidad emocional, también significaría un contrasentido lógico.

(“La Nada”, José)

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7 Mayo 2008

El peletero/El blog apócrifo de Anna-La Amiga (3 de 5)

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“Solo hay dos momentos en que María dice algo acertado, cuando afirma que el amor tiene un precio: la valentía de tomarse una molestia y que amar significa quedarse cuando todo te indica que debes echar a correr”

Y sin embargo, no fue capaz de pasar de su teoría a la práctica. No pudo, no supo o no quiso pagar el precio de la valentía, quedarse cuando todo gritaba “¡Echa a correr!”, tomarse la molestia de escapar de la tela de araña de fantasías que había entretejido sobre sí misma y los que la rodeaban. Y salió corriendo.”

(La Amiga)

Querida Amiga, ¿eso no es poesía mala?, ¿aquí acierta María?, ¿por qué?, ¿te recuerda a alguien? Ya sé que la verdad no necesita de la poesía buena, no necesariamente. Pero tú sabes tan bien como yo que el bien pensar ayuda a pensar bien.

María se quedó muchas veces a lo largo de su vida cuando lo que debería haber hecho era huir, salir corriendo. María era una mujer orgullosa de sus hijos, pero no hacía bandera de ellos. Ella siempre cumplió sus responsabilidades con los dos, fue siempre una verdadera madre, de los pies a la cabeza, pero sabía que no eran su vida entera, solamente parte. María también sabía, y así se lo había dicho a José en numerosas ocasiones, que sus hijos debían aprender a vivir sin ella. Que el amor que sentía por él no sería menoscabado por ellos, que nunca serían un impedimento para nada. Que ella no se sometería jamás al juicio de Salomón, que en la balanza de la Justicia nunca sopesaría a José con sus hijos.

¿Se puede uno quedar siempre?, ¿por qué?, ¿por tu marido?, ¿por José?, ¿por tus hijos?, ¿cuándo debes irte?, ¿cuándo debes decir “no”? ¿Cuándo debes decir “basta”?

No voy a responder, no soy la persona adecuada.

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Allí estáis, tus dos hijos y tú, esperando, mirando a derecha y a izquierda, buscando.

Me buscáis a mí, y allí estoy yo y allí estáis vosotros. Tú te aguantas las lágrimas por ellos y yo también. Pero cuando llegue la noche ambos lloraremos, desataremos el nudo y las nubes tronarán y se vaciarán. Caerá el diluvio, las fuentes brotarán, los ríos se desbordarán y los océanos dejarán ir tsunamis uno tras otro, a cual más poderoso. Y mi pecho contra el tuyo serán campanas chocando y repicando. Y mi cuerpo en el tuyo no querrá salirse de él y tú no querrás que se salga. Y te embestiré como un toro, y morderé tu nuca como lo hacen los leones con sus leonas, y te “montaré” igual que los caballos cuando montan a sus yeguas. Y ambos nos enseñaremos los dientes como lo hacen los lobos, para acabar besándonos, para terminar relamiéndonos. Sin parar, sin descanso, sin tregua, sin firmar la paz.

En la única oscuridad redentora. En la única negritud iluminada. En la única tiniebla acogedora nos besaremos, hasta intercambiarnos la sangre, el sudor y las lágrimas.

En ese silencio de casa pienso en ti, no paro de pensar en ti, no paro de querer estar contigo, no paro de amarte, no paro de desearte, no paro de hablar contigo.

Ya no pienso María, no puedo pensar porque cada vez que lo intento me doy cuenta que lo que hago es un diálogo contigo. Ya no pienso, solamente te hablo. Pienso en voz alta para tus únicos oídos. Me muevo para tus ojos, me visto para ti. Me peino para ti, me afeito para ti, me lavo para ti. Cuando me miro al espejo, eres tú la que me miras. Cuando estoy desnudo, eres tú la que me contemplas. Cuando mis manos acarician mi sexo son las tuyas las que lo hacen.

Cuando me acuesto, la almohada eres tú.

Cuando he de orinar, allí estás tú, descarada y desvergonzada haciendo de mirona, ¿qué haces te pregunto?

Y tú me respondes sonriendo: nada, miro como orinas, me gusta mirarte hacerlo, me gusta ver como te limpias luego, quiero saber a dónde va a parar la última gota.

¿La quieres?, te digo, ¿quieres mi última gota?

Y tú, sin vacilar, me dices: sí, dámela.

Y yo te digo, tómala, ven.

Y tú la tomas.

Tomas la última gota porque antes has tomado la primera.

Lo has tomado todo de mí, no has dejado nada, te lo has llevado todo, y mientras soñaba o pensaba te decía procacidades que te gustaban. Cuanto más fuertes mejor, cuanto más impúdicas mejor todavía. Qué menos que a una ladrona como tú que me roba la razón, el silencio, el aliento y el corazón, decirle… No lo hagas.

Pero me has robado y no me piensas devolver.

Yo tampoco pienso hacerlo porque yo también soy un ladrón. Y lo que tú me permitiste robar no lo pienso reemplazar. Jamás.

Mío es y de nadie más.

(“La Nada”, José)

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Voy a seguir leyendo eso que me has escrito y que tiene tanta gracia como acierto. Pero no puedo evitar advertirte de algo, lees demasiado a “El-peletero”.

“Lorena, decía de ella que usaba las palabras para embellecer la realidad, no para describirla, y era cierto, es acertada la misiva de José en que hablaba del particular uso que hacen los hindúes del lenguaje. Él probablemente lo ignoraba aún cuando la escribía, pero estaba retratando perfectamente a María en esas líneas.

(La Amiga)

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Los hindúes, ricos o pobres son extraordinariamente limpios, lo son de verdad. Vivirán en la más absoluta miseria, deberán dormir en la calle, no tendrán nada que comer, pero se lavan, no paran de lavarse, muchas veces en público, claro, porque no tienen siquiera un rincón donde guarecer su intimidad. Pero prefieren ir y estar limpios que dejarse vencer por la vergüenza. Sus cuerpos jamás huelen mal.

Los hindúes son limpios, mucho, y si invitas a uno de ellos a cenar puedes estar seguro que siempre te dirá que sí. Siempre. Te dirá que sí con grandes muestras de agradecimiento y satisfacción. Concertaréis la hora y el lugar y os despediréis con un “hasta luego” y una enorme sonrisa. La sorpresa y la decepción la tendrás más tarde cuando debas esperarle durante horas. y al final compruebes desilusionado que no aparece. Enfadado le llamarás o al día siguiente le reclamarás ¿qué le sucedió?, ¿por qué no vino ni llamó para avisar? La respuesta te dejará petrificado.

Las normas de educación hindúes marcan y obligan tener que aceptar la invitación. Uno debe decir “sí” a cualquier cosa. Decir “no” es feo y terriblemente ofensivo, es un auténtico insulto. Lo que uno haga después no tiene la más mínima importancia. Y no la tiene porque ellos suponen que cuando tú lo invitaste, también era y no era nada más que una simple y agradable deferencia. En tu invitación no había el más mínimo propósito de realmente querer que él asistiera a la cena. Por eso, se sorprenderá mucho, también se quedará atónito cuando oiga tu reclamo.

Yo lo invito, con ello expreso mi afecto por él, nada más y nada menos, pero ni siquiera existe la cena. Él acepta la invitación, al hacerlo me está diciendo que le agrada mi afecto, pero por supuesto no irá a la cena porque simplemente no existe, él ya lo sabe. Todos sabemos que la cena no existe, ni existirá. Pero todos estamos contentos, las sonrisas han sido amplias y prolijas y por supuesto verdaderas, o no, porque esto tampoco tiene ninguna importancia. Lo realmente importante es la muestra de afecto, su falsedad o certeza es irrelevante y también absolutamente innecesaria.

(“La Nada”, José)

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Lorena pensaba que María mentía, pero ni siquiera era eso. Hubiera sido más apropiado llamarlo "bullshit", "charlatanería", tan cercana y muchas veces indistinguible de la casi sinónima "patraña". Un buen amigo mío, el-Peletero, escribió cierta vez en su blog - que nada tenía de oculto, todo lo contrario- un delicioso post sobre el "bullshit": "El Peletero/Bullshit y el gato viejo". Ahí aportaba la visión que sobre él ofrecía Harry G. Frankfut, uno de los principales moralistas norteamericanos. Lo definía como una "tergiversación engañosa próxima a la mentira, especialmente mediante palabras o acciones pretenciosas, de las ideas, los sentimientos o las actitudes de alguien.”

Destacaba el Peletero algo de suma importancia en la teoría de Frankfut: el hecho clave de que cuando alguien tergiversa cualquier cosa, ha de estar forzosamente tergiversando también su propio estado de ánimo. Y algo más que ahora viene al caso:
“La tentación de mentir, charlatanear y farolear sobre nosotros es grande, pues tal vez es la única cosa que podemos hacer respecto a nosotros mismos."

María era una charlatana, en una de sus variantes, la más peligrosa: el autoengaño,…”

(La Amiga)

También has leído demasiado a José y has caído como él en su misma trampa, en esa reiteración suya en literaturizarlo todo, olvidando que la vida no tiene nada de literatura. Cuando se hace eso se comete ese error que “El peletero” denuncia, faroleamos sobre nosotros mismos, y tú, Amiga, haces eso a través de María, en ella te escondes, ella es el biombo, el parapeto con el que te travistes, ella te sirve de coartada. Ella es tu propia máscara, querida Amiga, ella es tu excusa. Casi todas las mujeres hacemos eso. Nos excusamos en las “Marías”.

¿Recuerdas estas palabras de Lorena?

"El mundo que hay fuera de un escenario no es el mundo.

¿O es al revés?

Desde una tarima o desde un estrado, aquello que ves lo ves en esa visión de túnel con la que los borrachos o los moribundos creen llegar a divisar el cielo.

¿O es al revés?"

"El mundo que hay fuera de un escenario no es el mundo… No imaginaba seguramente hasta qué punto resultaban más adecuadas para María que para ella. Cuando no sabes si vives dentro o fuera de un escenario, cuando no sabes si la realidad se halla en la tarima o en el estrado, no sabes nada. Cuando alguien que te quiere bien te intenta indicar el camino de salida del túnel, como hacía José, y no le prestas atención, no mereces saber nada. Hay una frase de él que resultó premonitoria:
“Serías una mujer seca, vacía, sin nada en los bolsillos. Nada para dar, incapaz de recibir.””

(La Amiga)


Hablas de máscaras y José no es una más. Es la peor de todas, la más horrenda. ¿Cuál? La que no necesita enfundarse. José es todo él “la máscara”.

Ya sabes que María conoció, hace mucho tiempo a alguien muy “gordo”, lo confiesa en su blog. Yo sé poco de ello, pero te voy a citar unas palabras escritas por ese “gordo” en algo que María y José llamaban “El Aguador”.

“Sólo me derrotaron en una ocasión y fue precisamente cuando lo conocí.

La primera vez que lo vi no me desmayé, se me fue la razón. Su rostro era un magnífico y perfecto autorretrato, no sabía si hablaba con su cara o con su máscara, con él o con otro.
Si me miras morirás, dijo con absoluta claridad, ¿lo dijo realmente, o sólo lo oí?


El impacto fue demoledor.

Para sobrevivir tuve que cerrar los ojos y cuando los volví a abrir me encontré con algo parecido a un ejecutivo cínico y presuntuoso. Físicamente vulgar, pequeño, delgado y extremadamente pálido. Su traje y su corbata eran grises, pero parecía ir desnudo; su cabeza era tan calva como su cara. No movía el cuerpo ni los labios, parecía un ventrílocuo sin muñeco.

El sonido lejano que me llegaba desde el otro lado de la mesa era el rugido de una bestia. Y la cosa que veía era una estatua de mármol con los ojos bailando como locos dentro de sus órbitas.

A pesar de estar completamente empapado en sudor y a apestar a adrenalina, no recordaba haber tenido pánico. Lo que sí tenía era un agujero en el cráneo absolutamente tranquilizador. La calma de la derrota. Mis ojos veían a un tipo extraño y mi estómago ardía en ácido y cuando esto me sucedía sabía que lo mejor que podía hacer era emprender la huida, rápida y sin preguntas.

Mucho tiempo después, pensé vanidoso, que yo debía de ser un rival con talla suficiente para merecer el honor de ser testigo y víctima a la vez de su arma más secreta y definitiva y que sólo utilizaba en ocasiones importantes…, un labio roto y sangrante.”

(El Aguador)

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6 Mayo 2008

El peletero/El blog apócrifo de Anna-La Amiga (2 de 5)

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Dices:

“Sea como sea, María intentó explicar a las mujeres incurriendo en el error de tomarse a sí misma como paradigma, lo cual le resta todo rigor a esas reflexiones”

“Mezcla tópicos más que manidos, psicología simplista propia de sección "Psico" de revista femenina, y veleidades seudo-espirituales y seudo-metafísicas con jungianas teorías sobre interpretación de los cuentos y con una aproximación a la etología de los lobos.”

(La Amiga)

No te diré que no sea así, sin duda es también así, pero quizás apuntas demasiado alto o desviado. Sin dejar de decir la verdad te puedes equivocar. En todo caso eso que afirmas no tiene la más mínima importancia.

Según la misma María, sus palabras eran un entretenimiento íntimo y personal en una pareja que supuestamente se amaba. No era más que correspondencia privada entre dos enamorados, que he estado a punto de violar sin ninguna clase de remordimiento, ya sabes que los patos no tenemos moral. Pero no puedo dejar de decir que ella, al escribirle, le participaba a él de sus cavilaciones, de sus preocupaciones, de sus anhelos y de sus cuitas. Quizás sí con ánimo también de valorarse y preciarse frente a su enamorado, por supuesto, ¿quién no hace eso? Embellecerse, perfumarse, adornarse, vestirse, desnudarse y explicarse frente al “otro”.

María no era ni es inocente, es evidente que no, María menos que nadie. Pero cuando escribe la veo tan tierna, tan delicada, tan ingenua… Parece parir algo con ansia, cree y acierta en que al otro lado del mundo tiene a alguien amándola, leyéndola, escuchándola, pensándola, mirándola, cantándola, deseándola como un hombre desea a una mujer, alguien que está por ella y para ella. Es su Rey y su sirviente, y al mismo tiempo está lejos, tanto como si fuera de otro mundo. Y eso, su lejanía, María lo agradece, José molesta menos que un hombre de verdad, que un amor de verdad. A María siempre le han gustado los ángeles, José casi parece eso, un ángel, que al ser de otro mundo, en un sentido perfectamente literal, solamente habla por teléfono y escribe, es incoloro, inodoro e insípido. ¿Hay algo mejor que eso? Conozco a muchos hombres y mujeres que desearían tener algo parecido en sus vidas. María lo tuvo durante un tiempo.

María pretende decir algo verdadero, quizás sin rigor ni demasiado tino, y quizás también tengas razón al apuntar que no solamente no lo consiguió, sino que incluso es posible que en ella anidara la falsedad. No lo sé, no estoy segura, lo único que sé es que eso que escribió fue escrito para José, para él, ni para mí, ni para Lorena, ni para ti, ni para nadie más que no fuera José.

Solamente para José.

Y, repito, eres muy dura, querida Amiga, lo eres mucho.

Parece ser de esas personas que nunca son claras, en esa línea de filosofías tontas tan del gusto que manifiesta José en una de sus cartas.”

(La Amiga)

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Te comenté hace unos días que conseguí encontrar “El Troquel” de T.E. Lawrence. Ya sabes que él es uno de mis “filósofos de cabecera”. Este era un libro absolutamente agotado, imposible de hallar. Yo hacía muchísimos años que iba detrás de él. Sabía que lo querían volver a editar, pero todavía no había aparecido ninguna noticia o yo no me había dado cuenta. El caso es que el otro día lo encontré comprando tus regalos. Y ya estoy empezando a leerlo despacito para disfrutarlo. Lawrence era un gran embaucador como lo son todos los seductores. He escrito algo sobre él –y sobre Mario Bunge-, que sé que no vas a leer. Es uno de esos escritos que yo llamo de “Filosofía tonta”, para la cual creo que estoy muy capacitado dada mi natural predisposición a la tontería, sea ésta metafísica, amorosa e incluso sexual, todas ellas ya las conoces muy bien.

El estado “tonto” o de la tontería, es sin embargo creativo, aunque uno pueda pensar todo lo contrario. Permite pensar “transversalmente” y establecer relaciones y sinapsis insospechadas gracias a la mala o nula lógica que utiliza. Su permanente deambular aleatorio, ese andar sin ir a ninguna parte, te puede conducir a rincones curiosos, extravagantes y llenos de encanto. Un restaurante ideal y perfecto para invitar a una amiga íntima a cenar no sin antes pedirle que guarde sus bragas en el bolso.

La tontería muy tonta consigue proporcionarte estas oportunidades de la vida que hay que saber compartir con la persona que más quieres. Ella sabrá escuchar esas “filosofías” raras, entendiéndolas y comprendiéndolas tanto como riéndose con ellas, pero nunca burlándose. La filosofía tonta no lo parece, pero es muy útil no solamente para hacer reír, sino también para besar con pasión y atención. La filosofía tonta es buena para hacer poesía amorosa o surrealista, es decir, poesía de la mala, poesía de la peor. También te reviste de un cierto “halo” misterioso cuando haces metafísica y una “profesionalidad” falsa si quieres hacer psicología.

Sea como sea, con ella siempre consigues crear confusión a tu interlocutor y parecer mejor de lo que realmente eres, si además le haces reír, la recompensa es segura. Casi segura. Sea bienvenida pues la tontería tonta y sus filosofías tónticas.

Tu tonto.

(“La Nada”, José)

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Aciertas cuando afirmas lo siguiente:

“No consigo reconocerme en esa caracterización que María hace de las mujeres. ¿Tú sí? No considero que tengamos ningún secreto, ni ese halo de misticismo con que ella nos recubre, ni que existan esa desemejanza frente a los hombres ni la necesidad de ser explicadas como género. Aunque las mujeres presentemos ciertos rasgos comunes entre nosotras que nos diferencian de ellos, pocos y claros, desde luego cada mujer es un mundo; no creo que se pueda conocer a las mujeres, sino a la mujer. Ensayos y tratados, sobre todo los que fomentan tópicos y cavan zanjas entre ambos sexos, están de más, máxime cuando en ellos se intenta hacer de nosotras una subespecie distinta de los varones, nimbadas de una suerte de singularidad e inaccesibilidad que me parecen una absoluta falacia, propia de mujeres que necesitan explicarse a sí mismas y se escudan en que no son entendidas por los hombres. Lo peor es que no lo reconocen, y prefieren parapetarse tras el resto de sus iguales y acogerse a la falacia de que las mujeres constituyen un compartimento estanco respecto al otro sexo.”

(La Amiga)

Tienes razón, pero hemos de tener en cuenta el contexto y la necesidad con la que María escribía.

Su contexto y su necesidad.

¿El contexto?, el de una mujer que se está divorciando.

¿La necesidad?, sí, la de una mujer enamorada que quizás, y desde hacía mucho tiempo, tenía por primera vez un “interlocutor” digno, José. Alguien atento en el doble sentido de la palabra, considerado y con la escucha adecuada y predispuesta para saber y aprender. Él lo repite en muchas ocasiones, quería y creía que podía aprender de María. ¿Aprender?, ¿aprender alguien de alguien?, parece algo insólito, y…

…curiosamente eso dice José que desea, aprender de María.

Al menos aprendió que para María era mucho más importante su contexto que su necesidad. Eso, según se desprende de sus cartas, lo aprendió pronto, María se lo hizo saber enseguida, usando un eufemismo musical, “Mis ritmos”, en los que confluían, circunstancias, deseos, necesidades y ortodoncias urgentes.

“Tanto nosotras como ellos somos seres demasiado complejos como para encajar en una sistematización etológica, eso queda para los animales, que son más elementales. Los humanos tenemos características compartidas por hombres y mujeres, y a su vez entre los miembros que componen cada sexo. Pero por encima de todo somos seres individuales con su idiosincrasia particular, y esa es la que hay que esforzarse por entender cuando dos personas se relacionan entre sí. Todo lo demás es "poesía" con minúsculas y comillas. Y victimismo en muchas ocasiones.”

(La Amiga)

Claro que somos individuales, cada uno de nosotros somos árboles distintos, María lo sabe, y si hubieras leído con atención sus cartas te habrías dado cuenta de la pugna constante con José y su mala costumbre de valorar en demasía las “estadísticas”. Tú sabes algo de eso cuando discutimos a propósito de bosques, selvas y florestas.

Eso podría parecer una contradicción en su deseo de presentarse como paradigma de todo el género femenino. Pero te recuerdo que era un juego, un juego intencionado, voluntario, un juego en el que María trataba de desvestirse frente a José. Ella se vaciaba, y necesitaba entregar a alguien aquello que habita en su interior. Ella, como cualquiera, ya sabe que en un solo árbol está contenido todo el bosque.

John Donne afirma:

“Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.

Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti."

(John Donne)

Si talamos un árbol cambiamos el bosque ¿verdad?

Discúlpame una vez más que no cite tus propias palabras y las reescriba yo misma, en ellas aciertas cuando afirmas que María es una seductora, y no puede evitar dar el “énfasis” necesario en el acto de la “caza”, eso que llamas “sobreactuar”. Más adelante explicas y diseccionas muy bien esa personalidad depredadora de María. Es una buena “cazadora” y se vanagloria de ello, se jacta en demasía y sobreactúa como si fuera una mala actriz, mira al infinito y solamente se escucha a sí misma. Luego, algunos la aplauden, otros lloran y otros se ríen.

“La aventura más hermosa es la que emprenden dos personas de distinto sexo que aprenden a conocerse, tanto da que se trate de una simple amistad como de algo más profundo. No creo que haya que enfrentarse a alambicados ciclos de vida-muerte-amor para ello, sino aventurarse en ese camino en que un hombre intenta comprender a una mujer y una mujer a un hombre, que siempre ha de ser algo recíproco; la senda que conduce al conocimiento mutuo es única y especial en cada caso, y han de andarla ambos, sin manuales que solo dan teóricas por lo general poco operativas, puesto que cada uno de ellos es un mundo. Yo no necesito que mi hombre entienda a las mujeres, necesito que me entienda a mí, que antes que nada soy un ser humano, después mujer, y en ambos casos un ser único e irrepetible.”

(La Amiga)

Tienes toda la razón si eliminamos la frase de: “personas de distinto sexo”, pero eso es lo que precisamente trataba María, hacerse entender como ser humano que había vivido toda su existencia como mujer. Esa es una, entre tantas, de las claves del lesbianismo, el de ella y el de muchas. Tú lo has dicho, primero somos personas, seres humanos y luego, casi de una forma anecdótica, casi accidental, mujeres. Cuando eso sucede no importa que el cuerpo de tu amante sea igual o distinto al tuyo, al fin y al cabo es también carne de un ser humano y eso ya es suficiente.

Creo que José quiso tratarla así, como persona, pero José no es ningún homosexual aunque tenga amigos que lo sean. En sus cartas, siempre reivindica la masculinidad frente al machismo. Él también desea, y necesita sentirse un ser humano antes que un hombre. Se reconoce también femenino, nunca lo oculta, ni rehúye la admiración explícita de la belleza en los hombres. José creyó ver en ella, en María, a ese otro ser humano y se encontró con una María predispuesta de otra manera y para otras cosas.

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5 Mayo 2008

El peletero/El blog apócrifo de Anna-La Amiga (1 de 5)

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“Prefiero un cuchillo a una palabra.
Un cuchillo puede estar romo.
Un cuchillo no acierta muchas veces con el corazón.
La palabra, sí”

(Hilde Domin)

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Alguien me señalaba que uno siempre dice más de lo que quiere y menos de lo que piensa.

(María)

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No os creáis nada de lo que os digan y solamente la mitad de lo que veáis.

(El peletero)

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Pudo el ciprés más que nadie.
Puñal agudo invertido
clavó su aroma en mi sangre.

(Primer verso de un poema de Marcos Ana)

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Querida Amiga, tú ya sabes que en muchas ocasiones, el habla parece más una facultad sospechosa de algún terrible mal que el mejor instrumento para interpretar el mundo que nos rodea.

Y a nosotros mismos.

Yo creo que las dos son cualidades inevitables y conjuntas. No diré que toda moneda tiene dos caras, ni que cada cuerda dos cabos. Tampoco que un imán dos polos. Parafrasearé en cambio a Hilde Domín y afirmaré que todo cuchillo tiene un mango y un filo, y al decirlo me callaré.

Pero me callaré por poco tiempo, el necesario para leer el poema de Pavese que…

Era un sólo galanteo,
seguramente lo sabías,
alguien fue herido
hace mucho tiempo.


Todo está igual,
el tiempo ha pasado,
un día llegaste,
un día morirás.

Alguien murió
hace mucho tiempo,
alguien que intentó,
pero no supo.

(“Last Blues, to be read some day” Cesare Pavese)

…utilizas para encabezar tus palabras. Esas palabras que te he pedido me des para ese buen juicio y ese mejor criterio que necesito a propósito de algo que ha formado y sigue formando parte de mi vida.

Empiezas afirmando:

“No es fácil la tarea que me encomiendas. Me pides que enjuicie imparcialmente unas cartas que me has permitido leer y a las personas que las escribieron sin más elementos que lo que en ellas está escrito y lo que podemos hallar también en unos blogs supuestamente anónimos más que secretos. Como ya sabes he tratado de ser lo más objetiva posible.”
(La Amiga)

Es cierto, no es fácil. Has tratado verdaderamente de ser objetiva, pero he de recordarte que ya te advertí de mi propensión a la trampa, no tanto a la charlatanería ni al fácil cambio de parecer, o a la falta de un criterio bien formado, como sí al incumplimiento de lo prometido. Yo sólo sé que soy una bibliotecaria que no ejerce y que está casada con un niño tonto y rico.

Todo eso ya lo sabes y lo sabes de hace tiempo, y siempre me has aceptado y me has querido como una buena y mejor amiga. Y en esta ocasión también, pero tus palabras me han turbado y han cambiado mi propósito inicial al comenzar el post. Ellas me han puesto un límite, una valla, una verdadera barrera.

Lo que sospechaba, o a lo mejor ya sabía, lo he visto reflejado en ellas. He visto escrita la muralla del castillo. Me has marcado el terreno de juego, me has hecho mostrar el pasaporte y según parece no tengo visado.

En este caso pues la responsable de mi delito, de mi promesa incumplida, eres tú y tus advertencias. Aunque rectificar es de sabios, dicen.

Me repito, pero es importante.

Me pides, acertadamente, que no publique las palabras de María, ésas que quedaron escritas en un papel para José. Me dices que no divulgue esa serie “etológica”, “femenina” y “mariana”. Me sugieres que no lo haga, casi me lo ordenas y obedeceré.

Lo haré porque tienes razón, no debo divulgar su intimidad.

Te haré caso, aunque en cambio sí publico algunas cartas de José. Lo hago porque él, a diferencia de María, no es nadie, es un fantasma que vuela sin piernas y sin alas, escribe con medio dedo manchado en carbón y además está muerto, murió en un accidente de carretera al chocar su viejo automóvil contra un árbol. Allí lo encontró Caín, un ángel, uno de esos que no cayó como Lucifer, simplemente se fue. Caín pudo escuchar, mientras agonizaba, las últimas palabras de José.

No sabemos qué dijo.

Has diseccionado a la protagonista de estas cartas como si fuera un animal de laboratorio, le abres las entrañas, destripas las palabras de ella y las de José, extirpas las vísceras y las guardas en frascos apropiados para luego teñirlas con los colorantes necesarios para ser vistas en el microscopio.

Pero María no es eso, querida, a María no se la puede mirar con un microscopio, ella necesita lo contrario. Permíteme la metáfora fácil, ella requiere un telescopio. Ella no es un bacilo, es un meteoro.

Tus palabras también me permiten decir aquello que yo sé y tú ignoras, aquello que yo he bebido y tú desconoces. Hay que resaltar esa circunstancia fundamental, ninguna de las dos hemos conocido a ese José, pero yo al menos te aventajo en algo porque sí he conocido a María, tú no. Y cuando digo conocer ya sabes a qué me refiero. Tal vez ese diagnóstico casi clínico que haces me permite a mí ser comprensiva con ella y tratar de verla más como a mi propia hermana y como a una verdadera amiga que como lo que únicamente es, mi amante.

He de pedirte perdón porque te he utilizado, necesitaba un contrapunto y no podía escribirlo yo. Necesitaba que alguien dijera todo lo que no soy capaz de afirmar. Quería un apoyo y me lo has dado con creces. Quería un acicate y tú has sido el mejor estímulo. Necesitaba manifestarme y tú has sido la pequeña plataforma a la que me he subido para declamar mi discurso. Ya sabías que haría eso, utilizarte, y también sabías que terminaría defendiendo a María cuando se suponía que deseaba todo lo contrario.

Soy cínica, y si quiero puedo causar mucho daño, pero también soy débil, tanto como lo es un pato Eider que solo sirve para que sus plumas llenen edredones invernales y la gente no se congele en sus camas vacías.

A María no la visten plumas de pato que calienten en invierno, no está acostumbrada al frío nórdico ni a los hielos negros. En sus noches siempre brilla el sol del mediodía, no sabe qué es lavarse las manos en la nieve. Su mundo es otro, el del huracán, el de la carne que se pudre rápidamente, el de las tierras pobladas por mil tribus, de ojos que nunca se cierran, de labios que solamente besan cerbatanas.

De sagas cortas, de apenas cien años, cien años llenos de soledad, cien años habitando mansiones enormes de puertas y ventanas abiertas al oeste, mirando a ese occidente pacífico, a ese océano inconmensurable, inacabable, que termina allá donde el sol nace. Su océano, el de María, ése que una primera vez brotó para luego no parar, y seguir manando hasta llenar toda la cuenca del mundo, su valle, esa hondonada angosta que se hunde en el fondo del fondo del mar más hondo.

Dando de beber a toda la sed del mundo.

José, yo, muchos y muchas más, hemos bebido de él.

Pero cuando se bebe agua de mar, ya se sabe, eres un náufrago al que se le ha terminado la esperanza.

María no está sola, pero tampoco acompañada, ya no, está rodeada de ese fantasma lejano, muy lejano y tan próximo que incluso yo siento su cercanía, pues no parece la distancia estar hecha ni de espacio ni de tiempo. Quizás la clave sea él, la llave que abría aquellas puertas, él era esas llaves en forma de preguntas que María demandaba y que no supo jamás responder. Quizás…, quizás porque las estancias de María eran como el Sancta Sanctorum del Templo de Jerusalén, una simple y pequeña habitación vacía y desnuda, cerrada por una humilde cortina de algodón. Una puerta a través de la que la más pequeña ráfaga, el más humilde soplo, dejaba entrever la…

…nada.

Querida amiga, de la misma manera que tú me pides que no publique esas cartas de María, permíteme decirte antes de empezar y darte la palabra que yo también omitiré casi todo eso que dices, lo haré por respeto a ella y al respetarla me respetaré a mí misma. Pero quiero preguntarte: ¿tú también te has enamorado de José?, ¿a ti te ha sucedido igual que a María, que a Lorena y que a mí?, ¿has terminado, del mismo modo que nosotras tres y quizás alguna más, cautivada por sus palabras?

Las tuyas, en cambio, no son cautivadoras, son convincentes aunque sólo sea para oponerse a ellas. Tus palabras son una invitación a entrar, otra puerta abierta.

Otra puerta que hay que atravesar.

Y yo la atravieso de tu mano, tus palabras me guían, pero al final seré yo quien las escriba.

No es fácil, esta visita no es protocolaria ni es tampoco la devolución de otra anterior tuya. No somos dos amigas convencionales, está claro que no. Eres muy dura y llegas muy lejos en tus apreciaciones y conclusiones. Es verdad también que tienes que “trabajar” con pocos elementos, es cierto, sólo palabras escritas, más engañosas que las dichas, pero…, tal vez usas pruebas circunstanciales como si fueran de cargo.

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27 Abril 2008

El pelleter i el seu germà: Veni

COMIAT

Veni, estimada mare,

Ens vas donar la benvinguda a la vida, i gràcies a tu en ella hem cregut. Els dies i les nits: panses i figues, nous i olives.

També has fet honor al teu nom: alegre, oberta, dolça i confiada, has repartit el teu encant a tots aquells a qui has estimat.

Intel•ligent, bonica i coqueta, només has presumit amb orgull d’una sola cosa: dels teus dos fills.

El papa estarà content de tornar a tenir la teva companyia, fa dos mesos que t’està esperant.

Rep dos petons eterns i queda’t amb una mica de la vida que ens vas regalar.

Mama, resta tranquil•la, que ballarem la dansa que ens vas ensenyar, la més humil: la de caminar sempre junts.

Gràcies a tots els que ens acompanyeu en la nostra tristesa.


DESPEDIDA

Veni, querida madre: nos diste la bienvenida a la vida, y gracias a ti en ella hemos creído. Los días y las noches: “pasas, higos, nueces y aceitunas”.

También has hecho honor a tu nombre: alegre, abierta, dulce y confiada, has repartido tu encanto a todos aquellos a quienes has querido.

Inteligente, bonita y coqueta, sólo has presumido con orgullo de una cosa: de tus dos hijos.

Papá estará contento de volver a tener tu compañía, hace dos meses que te está esperando.

Recibe dos besos eternos y quédate con un poco de la vida que nos regalaste.

Mamá, estate tranquila, que bailaremos la danza que nos enseñaste, la más humilde: la de caminar siempre juntos.

Gracias a todos los que nos acompañáis en nuestra tristeza.

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25 Abril 2008

El peletero/Caminar junts

La llum d’una mandarina pot il.luminar el món?

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Ha il.luminat el nostre el temps que portem de vida.

Ella ha foragitat l’ombra,

ens ha ensenyat a mirar clar,

i el seu dolç tremolor,

a ballar la dansa més humil: caminar junts.




http://es.youtube.com/watch?v=VwXQseiTVcY

(“Per tu ploro”, sardana de Pep Ventura, cantada per Marina Rossell)



¿La luz de una mandarina puede iluminar el mundo?

Sí.

Ha iluminado el nuestro el tiempo que llevamos de vida.

Ella ha expulsado la sombra,

nos ha enseñado a mirar claro,

y su dulce temblor,

a bailar la danza más humilde: caminar juntos.

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Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ _________________________________________________________________ Suscribir con Bloglines _________________________________________________________________ _________________________________________________________________ Blogalaxia __________________________________________________________________ ___________________________________________________________________

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