13 Mayo 2008

VELVET OVERGROUND
Un manto de terciopelo tapiza el suelo de mis sueños. Lo pisan en silencio chicas rubias, con ojos de lluvia y labios homicidas, que llevan los pies descalzos y las uñas pintadas de negro. Lo pisan, mientras suenan en el aire -entremezcladas con la apatía- unas notas sedosas de música y electricidad que ellas aspirarán en silencio con una pipa india hecha de porcelana.
Fuera de los cristales siguen quietos los mismos bloques lastimosos de otras tardes, por las aceras pasan los mismos transeúntes de otras tardes u otros muy parecidos. No hay pájaros volando. Es una calle sin prisas y una calle sin risas por la que bajan -despacio- junto a dos filas de coches muy bonitos y unos comercios decorados sin el menor atractivo, cientos de personas de gesto severo y mirada perdida.
Pero la música suena tras de mí y... de repente, el suelo que piso se vuelve terciopelo rojo bajo mis pies descalzos, las chicas de mi vida me cogen de la mano mientras bailan y yo les digo: “quiero que me quieras” (un truco barato).
Vuelvo a mirar por la ventana. No me explico como ahí abajo todo puede seguir un día tras otro sin derrumbarse, como si tal cosa.
Por mi parte, prefiero seguir soñando, prefiero recordar... y es a unos ojos de color azul pálido que una noche me miraron llenos de amor a los que hoy -que han pasado veinte años- vuelvo a asomarme para no venirme abajo. A la música con la que nos acariciamos suavemente los cuerpos en la soledad cómplice de un cuarto prestado. Al olor de tu saliva con sabor a acetona porque la regla acababa de venirte. A tu voz sumisa diciéndole “te quiero” a un extraño en una lengua extraña...
No menos extraño me siento ahora -que han pasado veinte años- escuchando los aterciopelados consejos de Nico, a solas, en mi cuarto, por encima de un barrio -sin apenas nota alguna de color- en el que lo digno, lo bonito, o es un error o es un milagro.
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9 Mayo 2008

Ver volar gaviotas sueltas, junto al coche que conduces, una tarde nublada de verano. Encontrar en un sobre unos poemas que escribiste años atrás inspirados por una mujer de la que en ese preciso momento no te acordabas. Evocar la cara sonriente, plasmada en una foto en la que salíais juntos él y tú, de un amigo que ha muerto o ya no tienes. Este blog cuando no lo lee nadie. Los intentos por perder la memoria a base de seleccionar los recuerdos. Andar sin rumbo por las calles de una ciudad fea haciendo tiempo justo antes de acudir a una cita galante con una chica fea. Hablar del partido de fútbol frente al televisor de un bar con el parroquiano que se apoya a tu lado en la barra. Los niños pequeños cuando regresan de la playa cansados, protestando y con las piernas llenas de arena. El olor de la ropa de felpa puesta a secar. El olor de las verbenas de pueblo y los ruidos que hacen los autos de choque. Las borracheras agarradas al tran tran, uno solo. La sensación de soledad que sientes cuando entras en casa a la vuelta de un viaje al extranjero. Esmerarte en tratar de ligar con extrañas en el coche bar de los trenes. Los cambios de rasante de las ciudades cuando no pasan coches por encima de ellos. Las sábanas sudadas a causa de la fiebre, al enfriarse cuando esta se esfuma. Las placas de luz blanca que filtran las persianas del salón las mañanas festivas en otoño. Los lirios y los gladiolos de plástico de muchas iglesias de barrio. Ver ponerse el sol mientras te bañas desnudo en el agua del mar. Las piscinas de los balnearios. Marcello Mastroianni. Atravesar a la carrera un prado embarrado antes de que se haga de noche. Ganar al cinquillo con las tías y perder al póker con los primos. El Ajax de Amsterdam. St. Malo a finales de febrero. Carlos y Diana. Yo mismo.
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7 Mayo 2008

Me llama Damián por teléfono y me dice que quiere que nos veamos cuanto antes. "Necesito hablar contigo enseguida" me urge. Quedamos para esa misma tarde en cierto bar o cafetería, no lo tengo claro, de los que hay por las inmediaciones del Palacio Real.
Salgo de casa medio dormido, recién levantado de la siesta, a las siete y cuarto de la tarde, y me meto en el metro. Cuando retorno a las calles, en la Plaza de Opera, aún es de día. De un tiempo a esta parte, le vengo notando a mi ánimo debilitarse durante estos veranos precipitados de Madrid en los que el sol parece estar dispuesto a vivir permanentemente clavado en las proximidades del cielo atizándoles candela de la buena a los de abajo. Un martes de mayo, a las ocho, un día normal y corriente, uno cualquiera, laborable aunque yo no trabaje, resultaría mejor, a esas horas, poder habitar todavía entre el gris y la electricidad y sentir el deseo legítimo de que todo termine pronto y la vuelta hasta casa vivirla, luego, como si fuese una especie de premio.
Entro al bar. No es feo pero no me gusta. Mesas de mármol, veladores, humo por todas partes. Algún turista extranjero, despistado, que mira el pedazo de tarta de su plato con indisimulado estupor. Su mujer, al lado, en camiseta y bermudas, repasando en el visor de la cámara digital el aspecto de las fotos que él acaba de sacar hace un rato. Más humo.
Mi amigo está en una mesa junto a los ventanales y al verme levanta las dos manos para recabar mi atención. Avanzo. Veo que va vestido de gris. Mientras acudo a su encuentro, un camarero con prisas golpea en mi pecho con el filo de su bandeja sin llegar a pedirme ningún tipo de disculpas por ello. Su reacción se ha limitado a torcer con un gesto la boca y chasquear la lengua perdonándome la vida. Mal empezamos.
Ya sentado a la mesa, enfrente de Damián, las consumiciones servidas por otro camarero distinto, igual de borde, da comienzo por parte de aquél la acostumbrada letanía de protestas y padecimientos que habitualmente constituye el núcleo duro de su conversación. Es un hombre que considera -y no se cansa de hacerlo- que el resto del mundo no tiene otra cosa mejor a la que dedicarse en la vida que gastarle a él todo tipo de faenas. Posee la certeza de ser alguien buenísimo y cree que como todos los demás también han de ser por fuerza conscientes de ello, no paran un instante de aprovecharse del tema y hacerle mil y una putadas. Permanecemos los dos un buen rato, así: Damián, exponiéndome sin parar una queja tras otra y yo escuchando sus palabras sin decir ni mú y con cara de circunstancias. Casi siempre que percibe alguna fisura en su argumentario claudica al silencio, me mira solícito, y su discurso lo empieza reanudando asegurándome que, en cambio, yo, soy más o menos como él, o sea, un tío cojunudísimo, de puta madre. Cuando ya no puedo resistirlo más -por Damián siento ese aprecio sano nacido de las amistades forjadas durante la adolescencia- trato de hacer que él vea:
"Todo la gente se considera a si mismo gente cojonuda. Hitler, Stalin... creían ser unos tipos formidables... ".
"Sí. Pero no todo el mundo lo es en realidad" opone.
"Perfecto, justo eso es lo que pretendo transmitirte, que es absurdo fiarse de lo que la gente opina de si misma. Bueno... en realidad, no hay que fiarse casi de nada de lo que te digan los demás. Todo debe comprobarse, todo. Y, no te lo tomes a mal, pero empiezo a estar bastante cansado de que la gente me hable sólo de los agravios que los inflingen, de lo humildes y lo buenos que son soportándolos resignadamente..."
"Joder, tío, cómo te pasas, no me esperaba algo así de ti.." Damián balbucea "..siempre me has ayudado; no sé, te tengo una confianza fuera de lo común, te lo digo en serio.." interrumpe de nuevo su discurso y le da un sorbo a la taza antes de terminar aseverándome "todo esto que te estoy contando, te lo juro.." la alarma se enciende ".. es la pura realidad".
En ese momento pongo cara de estar de vuelta de todo. O pretendo ponerla. Son los instintos los que me empujan a hacerlo. Le indico a Damián sin perder la calma:
"No lo dudo, de verdad. Pero estoy deseando encontrarme con alguien que al ponerse a despotricar sobre las infinitas injusticias que encabronan la vida se centre en aquellas que él les ha causado a los otros. Es posible que también un tipo como este exagere, incluso que mienta, consciente o inconscientemente, o pretenda llegar a manipular la realidad... por lo menos; pero a mi me van a entrar ganas de creerle. Muchas ganas de creerle. Te lo aseguro".
Damián me mira con la boca cerrada, muy serio.
Ya sin contenerme, le inquiero:
"A ver Damián, en confianza, cuéntame, estamos entre amigos, dos tíos maravillosos, venga, dímelo, ¿a quién has puteado últimamente?. Vamos.. ¡piensa... piensa...!".
El tío se pone lívido. Da la impresión de no haber entendido absolutamente nada. Lo único que parece ocurrírsele, al pobre, es mirarme con cara de asco. Imposible disimularlo. Resulta tan fácil mirarles mal a los demás, culparles de tus frustraciones, cuando uno se siente su víctima. ¡Es algo tan legítimo!. Explota, al fin, con mis provocaciones:
"Y tú que te crees tan superior al resto ¿a quién le andas jodiendo la marrana ahora?".
"A ti".
Una escueta respuesta a la medida de sus intereses. Más oprobios encima con los que continuar desequilibrando el balance de su cuenta emocional de resultados. Si todo prosigue igual, él va a poder terminar figurándose en su imaginación ser un santo o una clase especial de ángel. Por lo menos. El ego y su inseguridad jamás van a permitirle a este viejo amigo del colegio asumir de manera consciente que está equivocado.
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5 Mayo 2008
Presiento que tu corazón habita cerca de un precipicio.
Me gustaría que escucháramos juntos la misma historia, que los dos miráramos pasar el mismo río cogidos de la mano. Pero no sé donde empezar a buscarte.
Mi corazón habita cerca de un precipicio.
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26 Abril 2008

Soy el que me di a ti y también soy el otro. El otro, un tipo acostumbrado a la soledad que, al final, tuvo que acomodarse a hallar su sitio en la guarida tramposa y cálida del alcohol y el escepticismo.
El otro, un chico grande para el que descubrir una canción emocionante es lo más hermoso de la vida.
Pero hoy todo eso no es igual ya que antes, es mejor, porque estás tú.
El otro, el de siempre, Andrés, alguien complicadillo, difícil de aguantar a veces -que no de tratar- que a veces refunfuña y piensa, ofuscado, que sólo su razón es la que vale. Un hombre -mitad virrey, mitad mendigo- que cuando se menosprecian sus valores, por la gente a la que ama, puede llegar a desesperarse... sin demasiada dificultad. Se pone entonces, el calandrio, muy triste, sin entender apenas nada, al comprobar que el mundo no es justo y anda así un rato, como perdido, y zombizea y coloca, para poder superarlo, una bossa nova en el estéreo, y se atiza un copazo, y si no lo supera de inmediato hay veces en las que se echa a llorar en la cama, todo digno, germánicamente frustrado, y termina por quedarse dormido como un bendito. Enseguida se le pasa. Le marca al Zubi un montón de goles en sus sueños y ya está.
Mas ese ingenuo maniaco cuando llora ahora, lo hace con más notoriedad, de otra manera, sin que la garganta le raspe tanto como antes, sin que se le rasgue el alma con las lágrimas. Y lo hace, tel vez, para poder enamorarte más si cabe y que no le lleves al pobre tanto, y a lo tonto, la contraria. Tú estás ahí con el pañuelo. Y él te ama. Cosas de la vida. Cosas de hombres y de mujeres.
Un chulito, sobrado de peso, como los boxeadores toscos, los paquetes, que sólo van a por la bolsa y se tiran al piso en cuanto los tocan, pero que son buenos porque la bolsa la quieren para que las crias tomen danone y no esas otras marcas de yogur sin anuncios que comen los niños pobres del barrio, aunque, bueno, ellos también se tomen por la noche sus wiscachos con los amigos y alguna que otra chica linda a la que la vida ha empujado al otro lado, el malo, o el bueno... Y eso, las cosas de la vida, sus delirios, que, aunque cuando él se queda solo la echa muchísimo de menos, también le gusta tomarse sus wiscachos y pensar en boxeadores buenos y valientes -como Hearns, Leonard y De La Hoya: el chico maravilloso- y también -hipócrita sería negarlo- en niñas malas, pero le empieza a dar pereza salir en su busca. Y sí, claro, el pobre, se queda en casa, quietecito, un poco borrachito, escribiendo en el blog. Lo hace porque en sus recuerdos siempre estás tú, su chica mala, la más mala de todas. La mejor.
Y en todo eso se le gasta la tarde a este palurdo en tu ausencia. Como aparentemente le pasaba, igual, en sus otras tardes del ayer: en tragos, música, recuerdos, entrega a los recuerdos, tibieza y melancolía. Pero esta vez es mejor, mucho mejor, porque aunque ahora mismo no te encuentres a mi lado, sé que tú estás, y estarás, siempre a mi lado.
Y luego están todos esos granujas cibernéticos, todas esas escurridizas damas que me leen (a veces). Unos melancólicos todas ellas, y todos ellos, como yo, aunque alguno lo intente disimular, que cuando lean todo esto mañana, o pasado mañana, o cuando se tercie, sabrán decirme algo que me siente requetebien. Sé que ellos, estén donde estén cuando ando escribiendo esto, se hallan leyéndome ya, y que, cuando lo hagan de verdad, para si mismos, todo lo que aquí digo les sonará a recuerdos, a corazón, a amores, a nostalgia... porque ya me conocen, y se conocen, y saben que llorar no es tan difícil aunque no se sea un niño y que las palabras de aquellos que te quieren son uno de los regalos más bonitos que pueden recibir un hombre, una mujer. Una coartada, un juego, una buena razón para vivir. Y un poco más allá de todo esto, sólo un poco más allá... sólo está el tango.
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24 Abril 2008

En tierra yerma, entre los cardos. El sol cayendo a plomo sobre la tierra calcinada que expele fuego. La única carretera pasa muy lejos de allí y para llegar hasta allí -realmente no hay nadie que lo busque- cabe sólo caminar horas y horas por debajo de la muerte dando rodeos y más rodeos que comúnmente habrán de conducirte a la pérdida.
No se sabe de nadie que lo haya visto, de nadie que haya contado la perfección de sus filigranas: acá, una mujer sentada que toca una lira; en el centro, varios muchachos -chicos y chicas- bailando medio desnudos entre pámpanos y hojas de yedra; más allá, un cielo poblado con pajarillos de colores. Tal vez lleve sin existir siglos y siglos, milenios sin retornar a la luz, o no haya existido nunca y sea sólo el fruto de la imaginación de un poeta ebrio.
Tal vez mañana y los próximos dos mil doscientos años moren de nuevo sus aves y todos sus prodigios en el mundo de lo que no se ve por los viajeros. Pero hoy, trece de mayo de 1926, en el que el contumaz viento del sur ha soplado con la fuerza inusitada de una galerna del océano, revolviendo con furor las crestas de las dunas. Hoy, que el sosiego ha vuelto con el mediodía y la arena y el polvo reposan -como suelen- sobre la corteza de la tierra, en las entrañas abrasadoras de Oxiana, más allá de las moradas del hombre, por donde ni las caravanas de los yemeníes ni los rebaños de los beduinos han osado jamás aventurarse a pasar. Hoy, exhibe la obra todo su esplendor: sus miles de teselas, ensambladas, pletóricas de matices vivos y brillantes: el rostro dichoso del arpista, los perfectos cuerpos rosa pálido de los danzantes, los picos de oro de las tórtolas...
Pero el viento se levanta otra vez -como suele- de improviso, y ya los granos de arena se deslizan a lo loco sobre el mosaico, ya los bordes de la pieza vuelven a ser ocultos por los escudos del tiempo... y la lagartija que hace un instante correteaba a sus anchas sobre la tersura desconocida del convite, frisando los pechos granados de las danzantes, torna a regresar -resignada- a la tierra, su tierra. Una tierra abrumadora y dueña. No sabe el animalito que siglos ha, toda esa desolación en la que habita fue solar de una hermosa ciudad. La más hermosa. Un regalo que el tiempo se complació en hacerles a los seres humanos. Un enclave de dicha y esperanza.
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PARA LEER: El Diario de un Hombre Decepcionado (W.N.P BARBELLION)
PARA ESCUCHAR: A Summer Tamarind (MARTIN NEWELL)
servido por el_clavadista_solitario
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21 Abril 2008

Tras un blog roll apresurado -y superficial, lo reconozco- que llevé a cabo durante la tarde del pasado viernes, me dispongo en este post a clasificar en unas breves líneas, a partir de lo visto y entre visto el día de autos, los distintos tipos de blogs con pretensiones literarias -esto es, aquellos en los que la distracción de unos hipotéticos visitantes va a pretender obtenerla el bloguero por medio de la armonia y la sustancia de la palabra escrita- más característicos.
Enrollados. Los que reflejan las peripecias lúdico-sentimentales de su protagonista. Fundamentalmente hablan de follar. Pretenden ser desinhibidos y son bastante previsibles. Confunden, por lo general, las ganas de vivir con las ganas de echar un polvo. Su vocabulario es bastante ramplón y su estilo un tanto anacrónico. Realismo sucio españolí. Los eventos suceden en La Latina o en Chueca, de noche, los fines de semana, entre pepinillos y cotilleos, con muchas copas de por medio, música a tope y canuto va canuto viene, y ¡claro! así no hay cristiano que al final de la noche se encuentre en condiciones de proceder zezualmente como dios manda y las exigencias de la líbido deberían merecerse.
Arrollados. Su protagonista se encuentra literalmente hecho polvo. No entiende a la vida y la vida tampoco le entiende a él (o ella). Le entran dudas existenciales hasta a la hora de comprar un cepillo de dientes: ¿blando, rígido, semi-rígido, oooh....?. Si es chica, suele tener gato o hablar de gatos. Si es un tío, habla siempre de una misma tía -su amiga la gorda- y, luego, de todas las que sucesivamente se va enamorando y no le hacen, las muy ingratas, el menor de los casos. Contiene referencias literarias de autores truño. Y alusiones cinematográficas a películas de culto. De vez en cuando, el titular incorpora a los textos un poema mediante el que pretende ponerle de manifiesto al mundo entero el estado febril de su sensibilidad extrema. Son blogs que o bien tienden a la cursileria o bien apuntan hacia el sincretismo.
Agilipollados. Marcas y marcas y más marcas (de moda). Nombres de locales nocturnos (de moda). Tendencias a la última y últimas modas. Crítica a destajo de los restantes pijomodelnos con los que el autor acostumbra a salir por ahí, poniendo en duda su autenticidad de verdaderos pijomodelnos. Ganas de epatar a la masa yendo a contracorriente. Alusiones al famoseo. Nombres de canciones. Devendra Banhart. A estos blogs conviene echarles un vistazo para estar al día de lo que se cuece en la calle, entre la juventud, y enterarnos de cuales son las inquietudes reales de los más guay de la movida, de nuestros pequeños almodovarses'sss del futuro. Llenos a tope de los latiguillos y las frases hechas que dentro de un año, o dos, va a empezar a utilizar todo el mundo, en todos sitios y a todas horas. Venga o no a cuento, incluyen palabras sueltas en inglés y letras de canciones de grupos indie.
Aggiornados. El del culturetas de la pandi. Aquí el asunto va a versar todo el rato sobre la novieta y los amiguetes del escritor, y las novietas de los amiguetes del escritor. Siempre, siempre, los mismos y las mismas. Se trata de ir pormenorizando por escrito sus reacciones, remarcando sus ocurrencias, como si todos ellos, en su conjunto, fuesen más o menos el grupo de Bloomsbury o algo parecido. Y no lo son, claro. Se utilizan para la ocasión nombres crípticos, compuestos con siglas y números, no vaya a ser que las citadas y los citados prefieran permanecer viviendo su vida en el anonimato, como les sucedía antes. Comprende, entonces, todo lo que todos estos han hecho o dicho últimamente siempre que a su amigo el bloggero le resulte aprovechable para su obra. Y lo total que les parece a todos ellos lo que escribe. El que a los lectores anónimos todo este asunto pueda traérsela floja, que se la trae, no le importa demasiado al cronista, no son su público. Este no está compuesto sino por esos mismos amiguetes que desean enterarse de lo que el blog ha dicho cada vez acerca de ellos. Hasta que un determinado día no están de acuerdo con lo que aparece escrito, se mosquean y dejan de leerlo. Como un "gran hermano" chiquitito, y en fino, de andar por casa.
Resalados (resalaos). El autor del blog se siente un día con ganas y como entre sus amigos, familiares y demás allegados tiene fama de saberse un montón de chistes, y de contarlos el tío con mucha gracia, resuelve vencer de una vez por todas su timidez -en el fondo, es un tímido- y proclamar a los cuatro vientos, sin sordina, sus portentosas dotes cómicas. Influenciados por "cámara café", buenafuente y demás especímenes similares, estos blogs acostumbran a ser profundamente lamentables, un poco como el payaso, ese, al que le toca llevar la bola de color rojo tapándole las narices y tiene que recitar sus dialogos sin poder respirar bien del todo. Les salva de la quema a estos blogs, únicamente, el enlace con "chistes de suegras" que por lo general suelen incluir en la relación de links recomendados. Así están las cosas. Eso sí, sus comentaristas habituales -tíos casi siempre- acostumbran a ser los más entusiastas de todos.
Viajados. Por lo habitual están escritos de manera descuidada y contienen un montón de fotos más o menos chulas hechas por su autor, que no se entera, o no quiere enterarse, que desde que salieron al mercado las digitales, todos somos Mapplethorpe. Las anécdotas suelen estar contadas con alarmante insustancialidad. Sus autores se nos revelan a veces ingenuos, a veces un poquitín catetos, otras más... las dos cosas. Gente que se sorprende de que Maine sea "muy bonito", que los neozelandeses coman jamón o los noruegos te sonrían cuando los diriges la palabra. Y eso es porque el bloguero de turno en lugar de aprovechar los tiempos muertos de esos viajes a los que su inveterado nomadismo le aboca para leer buenos libros de viaje, prefiere malgastarlos en best sellers, sudokus y hacerles afotos a los postes del tendido eléctrico de la vía, si va en tren, o las alas del fuselaje, si va en avión. Para que engañarles, no se los recomiendo yo estos blogs.
Adocenados. Estos son una mezcla de los aggiornados y los viajados con la particularidad de que el triunfador de turno te coloca cada dos por tres en sus entradas las cosas que le pasan el el curro, sus peloteras con los compañeros del curro, la inutilidad manifiesta de su jefe de proyecto y el stressss tan enorme que tiene que soportar al cargar un día tras otro sobre sus fornidos hombros, contorneados en el gimnasio, el peso completo del producto interior bruto del estado español. A pesar de todo ello, y de que de título suelen llevar nombres bastante ridículos, estos blogs suelen caracterizarse porque su creador o creadora utiliza como avatar su propio careto. Las cosas que tiene estar divino de la muerte y además serlo. Me sonrojan, ustedes, jóvenes. ¿No se han planteado nunca, siquiera como una mera especulación fugaz del intelecto, imitar los hábitos impuestos por el Comandante Marcos a la hora de que lo entrevisten?... ejem.... .
Y luego está el mío y todos los que recomiendo en está pagina que son unos blogs totalmente cojonudos y mejores, mucho mejores, donde va a parar, que todas las novelas que se publican en este país y que no se tienen que perder ningún día y por ninguna causa, so pena, de irse progesivamente desculturizando, como poco más o menos diría Cantinflas, y acabar encantados, y hasta ensimismados, e incluso enganchados a los blogs enrollados, arrollados, agilipollados, aggiornados, resalados, viajados y adocenados contra los que, con tan sumo esmero y deliciosa delicadeza, les llevo previniendo en esta página.
Ansioso de comentarios -como me siento- prometo responderles una por una a todas las invectivas que cualquiera de ustedes tenga la osadía de dirigirme con motivo de esta subyugante perorata que acabo de largar aquí.
servido por el_clavadista_solitario
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17 Abril 2008

La niebla cubre prados y plantíos, remonta hacia las lomas y se pierde bajo el sol.
A la mente no me viene ningún rostro conocido y una zorra, un mochuelo, un charco en el asfalto son ahora los únicos destinatarios de mis afectos.
Cambio de disco -porque la música, sí; la música me sigue pareciendo una gran aliada- y el nuevo que empieza a sonar es fantástico.
Deseo ver al sol encaramarse sobre los campos grises de Castilla, sentir su amarillo engalanar de oro la encina y el barbecho. Deseo al llegar a mi casa encontrármelo todo tal y como lo dejé y a mi madre hallarla sonriente y deseosa de estrecharme en sus brazos.
Son unos días en los que nadie se acuerda apenas de mi y yo he olvidado ya, casi, a esas dos extrañas mujeres que conocí el año pasado y casi me vuelven loco. La duda es si me gustaría hacerlo para siempre. Porque... sí... en efecto... el amor rechazado también tiene sabor amargo en estas rectas interminables de las tierras del norte que parecen conducirte a monasterios perdidos y ciudadelas ocultas. Llevarte hacia el ayer.
Colmado de nostalgia, en el trámite de intentar coquetear con la felicidad, es a la inspiración de los elegidos a las que acudo al borde de las cotas que cada cierto tiempo irrumpen en los recodos del camino. Porque en el viaje pasas junto a precipicios y barrancos y algunas veces la niebla no te permite su visión exacta. Pero la ruta sigue y sigue adelante sin detenerse nunca y se trata tan solo de no perder su rastro. Y las confusiones, los extravíos, habrán de ser normales para cualquier caballero andante, y los pinchazos y los reventones, un simple contratiempo para alguien que pilota el trailer de la melancolía.
Así que... cambio de disco y este otro de ahora es perfecto para no pensar en nada, para distinguir sólo, saliendo de debajo del coche, una raya de pintura blanca, roturando el firme, que se pierde en el infinito. Sus melodías se me antojan celestiales. ¿No habré, acaso, comenzado a ascender por la vía láctea sin haber llegado a darme cuenta?.
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PARA LEER: El Cielo Protector (PAUL BOWLES)
PARA ESCUCHAR: How Will I Know If I'm Awake (BRENT CASH)
servido por el_clavadista_solitario
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