ESCRIBIR DE VERDAD
Escribir en serio requiere -lo primero de todo- precisión. Decir en cada momento justo, justo lo que se pretende decir en ese momento. El tema da igual. Se puede escribir en serio bromeando sobre las aventuras del pato Donald y sus sobrinos, y, en cambio, no decir más que un cúmulo de gilipolleces teorizando sobre el sentido último de la existencia humana. Precisión a la que habrán de contribuir de manera sustancial la profundidad de los conocimientos del letrista o, lo que es lo mismo, la aptitud de este último para poder manejar con una cierta solvencia el asunto que en cada caso se disponga a abordar por escrito. No es sino este saber el que va a permitirle al tipo depurar sus frases, especular con dudas y matices, otorgar, en resumidas cuentas, una verosimilitud a las palabras que por fin escoja cada vez, apta para dotarlas de un significado amigable y convincente.
Todo está dicho con anterioridad. Eso ya lo sabemos. Escribir con una cierta inteligencia consistirá por lo tanto -no nos queda otra- en interrelacionar entre si - contraponiendo o, al revés, complementando- lo expresado antes que nosotros por unos y otros. Consistirá, escribir bien, en tratar de encontrar paradojas solapadas entre todo ese torrente incesante de oraciones, en desvelar el absurdo que nace de oponer una verdad irrebatible a una mentira incuestionable, en ironizar sobre ironías que vienen siendo ya desde el pasado gracia de viejos y aclamados estilismos y, cuando se tercie, tampoco estará del todo de más para adecentar el texto mentirle en su cara hasta al mismo demonio. O a los lectores. Sin que jamás deba olvidársenos llevar a cabo todo esto con modestia, sin envaramientos. Siendo espontáneos.
Ayudan a la novedad, a la percepción de lo novedoso, esos recursos ahora tan en boga ¡nos enteramos de tantas y tantas cosas cada día! de introducir en los textos: nombres de marcas, referencias a sitios de moda, alusiones a películas y series de televisión.... . Antes todo esto no sucedía, el mundo era un lugar bastante más callado y más estrecho, y los cronistas tenían que afanarse en reproducir los logros de la naturaleza por medio de las palabras e interpretar con estas, y sólo con ellas, la cólera y los deseos de los dioses. Apelemos de nuevo al panteismo, ¡atrevámonos!. Las sensaciones y los sentimientos que nacen de su fé son universales y eternos. Aspiremos entonces ¡aún podemos permitírnoslo! a ribetear lo clásico de nuevo.
El estilo. Ya nos hemos ocupado tangencialmente del estilo. ¿O no consiste este verazmente en ser siempre espontáneos acerca de cuanto escribimos?. Yo creo que sí, que se trata tan solo de dejarnos aconsejar, y hasta llevar, por las palabras y los modos de todos esos a los que, en el transcurso de los siglos, los dioses han venido encomendando, para así mitigar la ignorancia y el aburrimiento de sus hijos, hablarles a estos de sus chanzas, sus desengaños y hasta sus enfermedades. Y eso es el estilo: hacer acopio de los recursos narrativos empleados por los comisionados de los dioses para oficiar su pompa y circunstancia entre los pobres mortales y repetirlos, sin melindres ni hipócritas miramientos, con nuestra propia voz. Por mucho que nos esforcemos, por mucho que los imitemos, ellos van estar siempre por encima de nosotros.


Vanbrugh dijo
Me temo que no estoy muy de acuerdo en tus últimas consideraciones sobre el estilo (era de prever, por otra parte). ¿Cómo es eso de que el estilo es coleccionar clichés de consagrados, supuestamente superiores a nosotros por definición, para repetirlos con nuestra propia voz? Hombre, quitando que el propio idioma nos lo dan ya hecho y, sí, usarlo es irremediablemente repetir formas ya usadas... el estilo es todo lo contrario, es nuestra propia voz, inédita y nueva, y la única manera de que no sea un filtro farragoso entre lo que decimos y quien nos oye es... no buscarlo ni cultivarlo en absoluto. Olvidarnos de que exista nada llamado "estilo". En un excelente post de hace algún tiempo, Lansky recordaba que la belleza es un subproducto, un resultado no buscado y obtenido en el proceso de buscar otra cosa. Un modo de hacer algo, nunca el algo que se hace. Bien, pues eso es el estilo. Trata de ser claro, riguroso, certero... trata de decir lo que quieres decir del mejor modo en que sientes en ese momento que puedes decirlo; dilo... y lo habras dicho con estilo, con tu estilo, que es algo de lo que debes ser tan inconsciente, y que debe brotar de ti de modo tan espontáneo y propio como tu sonrisa, o tu olor corporal. Nada hay más espantoso que el "estilo" de los que pretenden tenerlo - en todo: escribiendo, y vistiendo, y viviendo-. Y ningún estilo mejor que el de los que ignoran que haya nada que se llame así y se limitan a escribir, vestir y vivir como les parece que deben hacerlo, sin la menor concesión al "estilo".
5 Junio 2008 | 04:23 PM