Quería citar un breve fragmento del libro Cementerio para lunáticos, en el que Bradbury hace referencia a los montadores de cine. Me sentí completamente identificado.
Me quedé durante un rato en la oscuridad, contemplando el único sitio de este mundo donde la vida era cortada en trozos, empalmada y vuelta a despedazar. Donde uno hacía y rehacía la vida hasta que le salía bien. Con la vista fija en la pequeña pantalla de la moviola, uno pone en marcha el motor y se lanza acompañado de un claqueteo furioso mientras la película corre, se detiene, se define y continúa su camino. Después de tener la vista clavada en la moviola durante medio día, en las tinieblas subterráneas, uno se cree que al salir al exterior la vida misma va a empalmarse de otro modo, a dejar de lado las ridículas incoherencias y a prometer que se portará bien. Manejar la moviola durante unas horas aumenta el optimismo, pues uno puede poner de nuevo en movimiento las estupideces cometidas y cortarles las patas. Pero, después de un tiempo, uno empieza a tentarse con no volver a salir a la luz del día.
Ojalá puedieramos editar nuestras vidas. A veces nos ayudaría a superar ciertos problemas.

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