Don Vito Corleone

Vito es un Perro Malo.
Lo cual no quiere decir que sea un mal perro.
En realidad es un buenazo: dulce, y cariñoso, y alocadamente feliz.
Pero nunca se parecerá a Lassie, ni mucho menos a Rintintín. Más bien se da un aire a Rantamplán...
Si Vito se encontrase a Timmy en el fondo del pozo (otra vez), seguramente pensaría que estaba jugando, y la pobre Lassie tendría que rescatarlos a los dos. Y Vito saldria chorreando, babeando y moviendo la cola con su típico feliz aire descontrolado.
Porque Vito es el descontrol hecho perro.
Se tropieza con sus propias patas, se golpea la narizota contra el suelo al intentar cazar saltamontes,salta y corretea con el aspecto exacto de un cachorro gigante, mueve toda la parte trasera del cuerpo para demostrar su alegría, y lo muerde todo.
Todo.
Cualquier cosa más blanda que una piedra es un objetivo para Vito: huesos de albaricoque, avellanas viejas, palos, trozos de ladrillo, terrones de cemento, sillas de jardín, zapatos con pies dentro, ...
¿Más blanda que una piedra? Que va. He visto a Vito lamer con expresión extasiada una mesa de mármol y sus patas de hierro, y pasarse horas chupeteando y royendo un pedrusco del tamaño de una manzana como si fuese el más delicioso de los caramelos.
Al fin y al cabo, no es más que un niño grande. Un año y tres meses no es mucho tiempo, ni siquiera para un perro.
Y menos para un Perro Malo.
Es divertido ser malo...
(Nos vemos en Tombuctú)
El mejor de los Perros Malos.