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el de cine

Categoría: Estrenos

26 Abril 2007

Gritos en el pasillo

“Estoy harto de los actores, mi próximo proyecto lo voy a hacer con seres más manejables. Cacahuetes, por ejemplo. Uhm...”

Esto es, grosso modo, lo que pensó Juanjo Ramírez cuando todavía no había terminado la carrera y hacía cortos baratos con los que foguearse, como todo aspirante a realizador que se precie. La idea no sólo hizo gracia en su círculo habitual, sino que gustó. Y mucho, más que al propio Juanjo incluso, que vio crecer esa idea más de lo que podía sospechar. Y así, lo que empezó siendo un corto-trailer-práctica más, terminó siendo un largometraje que dentro de un mes se estrenará en cines. El sueño húmedo de cualquier cinero hecho realidad.

Pero no crean que ha sido fruto de la suerte, de enchufes o de cualquier otro recurso habitual en este mundillo: tras Gritos en el pasillo, que es como se llama la película, hay unos cuantos años de esfuerzo, trabajo duro y malos ratos. Desgraciadamente, así es como suelen hacerse realidad los sueños. Pero si a todo el trabajo duro y los malos ratos se le suma el enorme talento del equipo que ha realizado la película, los dioses deberían estar muy locos para no concederle su sueño a este majorero de 28 años.

Y es que hay que tener talento (Juanjo y su equipo) para:

1. Escribir un guión cuya gracia no empiece y termine en que sus protagonistas son cacahuetes, sino que vaya más allá y construya una historia emocionante, inteligente, divertida y repleta de personajes encantadores. Que sean cacahuetes es algo casi anecdótico en esta historia.

2. Juntar a un grupo de actores tan capaces y entregados que puedan hacerte creer que esos cacahuetes pintados a mano tienen vida y personalidad propia. Gracias a sus voces, a los tres minutos de proyección te has olvidado de que estás viendo a unos aperitivos baratos menearse ante la cámara.

3. Superar el gran desafío técnico que supone encuadrar y enfocar objetos de 4 centímetros con una cámara diseñada para encuadrar y enfocar seres humanos, iluminar unos decorados del tamaño de una mesa, mover los cacahuetes, etcétera. Y no sólo hacerlo, sino hacerlo bien.

4. Construir un entorno coherente para esos cacahuetes; desde el manicomio hasta el autobús, pasando por la infinidad de muebles, cuadros y accesorios que aparecen en la película. Todo ello con un presupuesto ínfimo y usando materiales reciclados, cuando no directamente sacados de la basura. Repito: no es sólo hacerlo, es hacerlo bien.

5. Por si fuera poco, contar con una realización cuidada, en la que cada plano tiene su intención, mostrando a un director consciente de su trabajo.

6. Componer una banda sonora que es tan buena que no puede ser de verdad.

7. Y sobre todo, mantener la integridad en todo momento: la de Juanjo y la de su equipo. El respeto hacia el trabajo de todos ha sido siempre una de las premisas fundamentales del proyecto. Gracias a su integridad, Juanjo ha conseguido mantener durante tres años y pico a un equipo de lo más variopinto, que se ha desvivido por la película desde el primer día hasta el último.

La historia ya la sabrán los cuatro gatos que pululan por aquí, pero por si acaso, yo se la cuento a los despistados: a un lúgubre MANÍcomio llega un ilustrador de libros infantiles. Su misión es pintar las paredes de tan deprimente lugar, con la intención de alegrar un poco el ambiente. Sin embargo, tras las paredes del "Centro de caducados mentales" se esconden horribles secretos que terminarán afectando al pobre dibujante...

Quiero que vean Gritos en el pasillo. Se lo pido por favor. No lo digo sólo porque le tengo cariño a la peli y a su director (aunque es evidente que se lo tengo a ambos). Quiero que la vean porque es algo único: nunca se ha hecho nada igual, y menos en nuestro país.

No esperen ver un gran film de cinco estrellas. Gritos en el pasillo no lo es, ni lo pretende: es una película pequeñita, hecha con cariño. Pero condensa una creatividad y talento que apenas caben en sus apretados ochenta minutos, y que hacía tiempo que no se veían por aquí. Esta película es para los que sospechaban que el cine en nuestro país podría ser algo más de lo que es. Pues por fin sale algo nuevo e interesante de la cantera. Un tipo al que mejor será no perderle la pista: Juanjo Ramírez.

Web: www.gritosenelpasillo.es
Estreno: 25 de mayo (adivinad en qué cine...)

Tags: cacahuetes

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28 Marzo 2007

Lo último que he visto

Tristram Shandy (A cock & bull story), de Michael Winterbottom.

Hay que verla para creerla. Similar a Adaptation, pero esta me parece aún mejor. Un festín metalingüístico que adapta una novela supuestamente inadaptable, La vida y opiniones de Tristram Shandy, caballero, escrita por Laurence Sterne en el siglo XVIII. Todo está bien en esta película, la primera que veo de Winterbottom (el cual se ha ganado todo mi respeto, mi confianza y mi cariño). Tiene un ritmazo y los actores están todos de diez. No es que sólo sea genial, es que además es simpática. La mejor de la cartelera, sin dudas.

El último show (A prairie home companion), de Robert Altman.

La despedida del maestro Altman, acerca de los integrantes de un programa radiofónico que se retransmite desde un teatro desde hace treinta años, que dan su último show pues el teatro va a ser demolido. Con esta excusa, Altman nos ofrece un espectáculo de folk y country bienintencionado absolutamente encantador, con personajes entrañables y ese espíritu americano rancio revoloteando que a mí tanto me gusta. Descacharrantes los chistes malos de Woody Harrelson y John C. Reilly, una Meryl Streep absolutamente adorable. Hasta Lindsay Lohan me gusta. Y por supuesto, el alma de la fiesta, Garrison Keillor, creador y conductor de A prairie home companion y guionista de la película. A mí me das folk y humor americano del bueno durante hora y media, y me tienes conquistao.

300, de Zack Snyder

Decepcionante, arrítmica y fallida. Con varios aciertos parciales (Gerald Butler, las secuencias de acción –tienen lo que más me puede gustar de las secuencias de acción: que sean muy largas- y la fidelidad al tebeo, haciéndolo aún más facha si cabe), la peli no llega a emocionar ni a interesar demasiado. ¡Y basta ya de ralentizados gratuitos! ¡Y de escenas lentas en los trigales! Eso sí, es un regalo para la vista, y estoy seguro de que nunca se ha hecho una película así. Sin embargo, la idea no da para más de tres cuartos de hora. Una pena, y más aún viniendo de alguien que se mostró tan majete en El amanecer de los muertos. ¡¡Una pena!!

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14 Marzo 2007

El jefe de todo esto

(Aviso, voy a hablar de la peli y puedo destripar algo...)

Resulta que un tipo tiene una empresa, pero se hace pasar por un empleado cualquiera y se inventa un director fantasma al que nadie ha visto. Todo marcha bien durante años, hasta que una empresa más grande decide comprar la empresa del tipo, y exige ver al Director. Para salvar el escollo, el tipo recurre a un actor en paro con la intención de que se haga pasar por el director de la empresa y así no tener que desvelar su secreto ante nadie. A partir de entonces, todo se complica, y tenemos una comedia.

De eso va El jefe de todo esto, la nueva película de Lars Von Trier que se estrena esta semana. Von Trier es un tipo que suele llevar asociada la palabra “polémica” en casi todas las frases que se refieren a él. Creó el movimiento Dogma y fue el primero en olvidarse de él. Parodió los musicales en Bailar en la oscuridad, y comenzó con Dogville una trilogía sobre Estados Unidos, país que nunca ha pisado. Eso y sus numerosos experimentos con el cine (entendido como medio y lenguaje), como Cinco condiciones, le han convertido en un tipo, sí, polémico. O se adora o se odia, y demás tópicos. Pero en lo que están de acuerdo tanto detractores como defensores es en que “eso sí, este tío es muy listo...”

A mí lo que me gusta de Von Trier es que todas sus películas tienen un doble significado, y que él hace la broma para ver quién la pilla. Así, Bailar en la oscuridad era una historia trágica a más no poder que escondía unas buenas risas a costa del género musical (1), y ejemplos así los puedes encontrar a puñados en su filmografía.

Lo que está claro es que a Von Trier le gusta jugar con el espectador y tratar de venderle gato por liebre o mejor dicho, liebre por gato. Decía Hitchcock que casi todos los directores sólo se preocupan de ellos y de su película, olvidándose del tercer y fundamental miembro de la relación: el espectador. Hitchcock tiene en cuenta al espectador, y Von Trier también. Son gente que, a pesar de sus hinchados egos, saben que el cine es para la gente y no para ellos solos, y quizá sea esta la cualidad que más valoro en un cineasta.

El jefe de todo esto no podía ser menos, y aunque se nos presenta como una obra “menor” del danés, como una comedieta ligera y sin pretensiones, tiene un subtexto de lo más vontrierano y mucha miga que sacarle.

Von Trier no ha parado de decir en las entrevistas que El jefe de todo esto es sólo una comedia. Pero algo chirría cuando ves que en la propia película aparece el mismo Von Trier para recordarnos que esta película es sólo una comedia. ¡Y lo hace tres veces! Sospechoso, eso es que esconde algo. El secreto para pillar un truco de magia está en mirar hacia donde el mago no quiere que mires. Y Von Trier, como prestidigitador que es, nos está engatusando con esos subrayados. Seguramente no con la intención de engañarnos, sino para ver quién es el listo que le pilla.

Porque sí, es cierto, la película va de lo que he contado en el primer párrafo, ese es su argumento y no depara sorpresas que uno no pueda esperar de una comedia. Pero ese es sólo el gato. La liebre, la chicha, la encontraremos si tenemos en cuenta esto: el protagonista de la película es un actor (2).

En la primera secuencia de la película vemos al Actor repasando el texto que le ha pasado el verdadero director, unas simples anotaciones y las frases exactas que el Actor debe decir para que todo salga bien. Sin embargo, el Actor se lo toma como si de un texto teatral se tratase, preguntándole al director cuáles son las motivaciones de su personaje y demás cuestiones, que terminan poniendo de los nervios al pobre director. Así, el director se da cuenta de que la cosa no va a ser tan sencilla y de que, creyendo que el Actor estaba a su servicio, la cosa es más bien al revés.

O resumido: tenemos a un tipo (el director real), que tiene un plan. Y para llevarlo a cabo, necesita a un actor. No tiene más remedio, debe ponerse en sus manos y confiar. ¿Y qué hace el actor? Terminar volviendo loco al director (3).

Por si fuera poco, el personaje del director de la empresa (que es con quien Von Trier se identificaría) no es un pobre tipo encantador, sino un verdadero hijo de puta sin escrúpulos, un manipulador que los ha engañado a todos. Así es como los demás, comandados por el Actor, le terminan viendo, incluido el espectador, que puede pensar satisfecho que al final ha tenido su merecido.

Sin embargo, el director es el que más ha sufrido durante toda la película, y lo peor es que no puede hacer nada por evitarla. Sólo puede ver cómo todo se le escapa de las manos por culpa del Actor. Al fin y al cabo, el director es un pobre hombre que intenta que el proyecto salga adelante. Y el Actor, que no tiene ni idea del proyecto pero es vital para su realización, termina imponiendo su ley, llevándose el mérito de todo y convirtiéndose en el verdadero “Jefe de todo esto”.

En cuanto a la realización de la película, debo señalar la utilización de un sistema llamado AutomaVision, en el que es un ordenador quien decide los encuadres y el sonido. Según Von Trier, esto elimina todo elemento humano o subjetivo en lo que al punto de vista se refiere, quedándole una película más cercana a la verdad al no estar sujeto el encuadre a la decisión de una persona. O dicho de otra manera: no le puedes criticar de manipulador, pues la historia es la que es y los planos los escogió un ordenador.

La decisión de rodar en AutomaVision no es arbitraria de ninguna manera. El rodaje con este sistema no es un simple experimento: es una manera de alejarse de la historia y que sea esta la que hable, no el director. En una película que trata acerca de las relaciones entre Director y Actor, Von Trier decide ser lo más objetivo posible y delega en una máquina.

Toda una declaración de intenciones, ¿no?

NOTAS

(1). Quizá sea al revés, y se trate de un musical que se mofa de las tragedias clásicas. Lo que está claro es que es una película que te habla de los tópicos del musical y hasta te cuenta al principio cómo va a terminar... y aún así el espectador sufre y se emociona con la peli, y cuando termina se sientes como un imbécil por haber caído en el truco a pesar de que te lo hayan contado, y sale diciendo “¡maldito Von Trier, me la ha colado!” Un poco a lo que juegan Shyamalan en El bosque y Christopher Nolan en la increíble The prestige.

(2). Para quien no lo sepa, Von Trier se ha caracterizado durante mucho tiempo por su absoluto desdén hacia los actores, descalificándolos siempre que ha podido y haciéndoselas pasar muy putas en los rodajes. Es famoso el caso de Björk, que protagonizó Bailar en la oscuridad y terminó tan traumatizada del rodaje que renunció volver a dedicarse al cine y menos bajo las órdenes de Von Trier. Una de las anécdotas que más me gustan la contaba un actor de Dogville en los extras del dvd. Un día, en el rodaje, hicieron la pausa para comer y todos se fueron al restaurante, momento en el que Von Trier se quedó parado en medio del plató y espetó con una enorme sonrisa: “¿Qué estoy oyendo? ¿Ruido de actores marchándose? ¡Qué sonido más delicioso!”. O algo así, más o menos. Por eso, y conociendo la tan particular relación que mantiene el bueno de Lars con el gremio de la actuación, una película suya cuyo protagonista sea un actor tenía que ser jugosa por narices.

(3). Ya no sé si estoy hablando de un director de empresa o de un director de cine.

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9 Marzo 2007

Teresa, el cuerpo de cristo

En una de las fachadas de la Gran Vía hay un tipo que está pintando con espray. No es nada raro en la Gran Vía a estas horas, pero el tipo tiene una pinta que no concuerda con la facha que llevaría un grafitero nocturno habitual. De hecho, lleva unos pantalones de pinzas subidos hasta el ombligo y una camisa a cuadros. Y gafas, claro. Tampoco está pintando al tuntún, ni haciendo un dibujo más o menos bonito o una firma de esas con flechas, puntos y kas. Parece que está tachando algo. A ver, a ver... anda, pero si lo que está tachando es esto:

Acabáramos, que está mostrando su repulsa hacia una película. Espera, espera, que matizo: una película que con toda seguridad no ha visto (1).

No quiero entrar en la polémica de si los cristianos son malos y comen niños, o si son muy buenos y menos mal que existen, porque la historieta del grafitero no es más que una buena manera de empezar el artículo. ZANJO ahora mismo este espinoso asunto declarando que: 1. De imbéciles está el mundo lleno y en todas partes los hay, cristianos o no, y que no vamos a pelearnos (,) por Dios!

Aunque 2, sí podría ser interesante que, si algún desdichado se anima a comentar y ha visto la peli, dé su opinión acerca de la supuesta capacidad ofensiva de la misma.

Teresa, el cuerpo de Cristo pretende ser una aproximación realista a la figura de Santa Teresa de Jesús. La polémica parecía estar servida: escrita y dirigida por el anteriormente turbulento Ray Loriga, protagonizada por alguien que nos tiene tan acostumbrados a sus carnalidades como Paz Vega... Es normal que en algunas esferas se tirasen de los pelos y las sotanas.

Y sin embargo, el producto final no puede ser más clásico en el buen sentido de la palabra. No he visto material para la polémica en ningún lado. El personaje de Teresa se nos presenta con la cantidad de ternura y feminismo bien entendido necesarios para encariñarnos con él, sin parecer en ningún momento una fanática, o directamente una pirada, que es lo que yo más me temía. Da igual ser devoto o no, Teresa se nos presenta como una mujer convencida de lo que está haciendo, una mujer fiel a sus principios en un mundo y una Iglesia gobernados por hombres (2). Las interpretaciones son muy ajustadas (incluso mi muy vilipendiado Eusebio Poncela no consigue estomagarme en esta película, sino todo lo contrario), y además salen Manuel Morón y Francesc Garrido, que desde Smoking room los tengo entre mis favoritos.

Por supuesto, mención especial para Paz Vega, que está soberbia en su labor de humanizar a un personaje clásico de nuestra cultura. Lo de humanizar lo digo, de nuevo, en el buen sentido de la palabra. Que algunos, cuando se dice que en esta película se terrenaliza a Santa Teresa ya se piensan que va a salir follándose a Cristo o cosas por el estilo. Nada más lejos de la verdad, que Ray Loriga no es Scorsese ni falta que hace. La relación de Teresa con Cristo en esta película no tiene más dobles sentidos que los que ya se puedan encontrar en las obras de la propia Santa Teresa. Lo que hace Paz Vega (y el guión, con unos diálogos que de tan certeros y currados son de agradecer en nuestro cine) es entrañabilizar a un personaje que, en otras manos, no hubiese pasado de ser una simple pazguata fanática que ve visiones y a quien no hay Dios que entienda.

Tras la cámara, Loriga sabe estar a la altura de sus compañeros de fatigas (Alcaine a la fotografía, el difunto Rafael Palmero en el arte). Sin ser de grandes alardes, que tampoco los necesitaba, la cámara está donde tiene que estar, y cuando hace falta lucirse se luce uno, pero sin pasarse tampoco. La película se hace corta gracias al buen ritmo, y de hecho, hasta se echan en falta diez minutillos más al final. Esto, y la última secuencia entre Paz Vega y Leonor Watling, que parece demasiado recortada en montaje, es lo único que le podría reprochar a una película más que digna.

Así que de polémica nada, que estamos ante una película como Dios manda! Quizá lo más polémico de toda la película sea ese póster, en el que una Teresa desnudita es abrazada por el mismísimo Jesucristo, en una pose supuestamente sensual y tal. Quizá es que aquí el que escribe tiene la mente muy limpia, pero un tío cuya mano agujereada y llena de sangre y costras toma el brazo de una mujer, aunque sea Paz Vega, no es algo que me erotice demasiado que digamos. Y de todos modos, el póster y los tráilers no son la película: todo fan de Shyamalan debería saberlo ya. Y si a estas alturas todavía hay alguien que juzga una peli por los tráilers, por favor, que se dé diez vueltas al campo y luego vuelva (3). Entre ellos mi amigo el grafitero de la Gran Vía y sus adláteres.

Es más, y antes de que alguien se pase por el forro mi anterior zanjamiento del tema y se me enfervorice criticando a la Iglesia por el supuesto baneo que alguien dice que le quieren hacer a la película, me remito a las declaraciones de Juan Orellana, director del departamento de cine de la Conferencia Episcopal Española, y así ustedes también me opinan. Orellana manifestó que “el filme en ningún momento es ofensivo” y que el susodicho póster “es sólo una provocación y no representa para nada el tono general de la película”.

También opina que "el director ha intentado hacer una aproximación a Santa Teresa desde un planteamiento feminista, como una mujer que se adelanta a su tiempo, pero no desde lo que es el núcleo de la experiencia cristiana, es decir, por qué ella es una santa o una mística”, y cree que “es difícil que la película funcione en taquilla, ya que el público no católico no encontrará ningún punto de interés y los católicos la rechazarán por sus puntos más problemáticos. No se sabe muy bien a quién va dirigida” (4).

Yo tampoco lo sé muy bien, pero les recomiendo que vayan ustedes a verla, que tiene toda la pinta de que va a durar una mierda en cartel.

NOTAS:

(1) Me aventuro a pensar que no la ha visto por dos razones: una, que mientras el sujeto estaba llevando a cabo lo que él creería un acto moral sin tacha (en este caso, sin tacha pero con tachón), la película aún no estaba estrenada. Y segunda, que si la hubiese visto, y siempre presuponiéndole esa cierta capacidad de raciocinio que debería tener todo ser capaz de ponerse unos pantalones (y abrochárselos por encima del ombligo), digo, que si la hubiese visto no creo que encontrase motivos que le llevasen a tratar de boicotear la promoción y difusión de esta película, al menos en lo que a la vulneración de sus derechos como ferviente católico se refiere. Porque me imagino que el tipo este querría tachar los posters por sentirse ofendido en su catolicidad, y no por otros motivos, yo qué sé, como que Ray Loriga le robase la novia en el instituto o algo igual de peregrino. Pero vaya usted a saber, yo presupongo y luego Dios dirá. Si mi amigo el ferviente católico pintamonas resulta no ser un ferviente católico sino un ferviente pintamonas a secas, le agradecería que se pasase por aquí y me lo aclarase. Y por favor, no vale el rollo ese de los seudónimos, que está ya más gastado que las bragas de un indio comanche (siempre y cuando los comanches lleven bragas).

(2) Evidentemente, se hace necesario contextualizar los comportamientos y creencias de la época: cosas como el castigo físico y los cilicios no deberían ser entendidos como prácticas fanáticas sino como algo habitual en la santidad de la época. Que Santa Teresa de Jesús no es el Silas de El código da Vinci, vamos.

(3) A mí ya me la dieron con King Kong y nunca más, Santo Tomás, que bastante penitencia tuve (la mayor parte de ella, la propia película).

(4) La fuente de la cual he anarroseado estas declaraciones es la web www.lasprovincias.es, que, sinceramente, es la primera que ha encontrado mi equipo de investigación. Recientemente decía el gran Umberto Eco que Internet es un canal que acabará creando una incomunicación total al permitir que cada uno pueda construir su particular enciclopedia del saber, imposibilitando los referentes culturales comunes. Es un tema interesante que probablemente jamás desarrollaré, y por eso lo suelto aquí (5).

(5) Las declaraciones de Umberto Eco las saqué de www.libertaddigital.es que, de nuevo, lo reconozco, es la primera web que encontró mi mono amaestrado, digo mi equipo de investigación.

Tags: critica

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