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LE DIQUE

WHO DID IT? ME, WHO I TRUST? ME

22 Abril 2008

EL ARCO (FTIWA III)

El número mágico que daba voces de cisne estaba bien dibujado, en trpojo, sobre la última página del libro de cuentas. Para que no hubiese dudas, Albina Karouvan giró el libro y lo puso en mi dirección. A mí aquello no me decía nada, pero el gesto se le torció un poco, y la boca se arrugó sobre sí misma. El número en cuestión era la marca que todo artista de buena cuna llevaba escrito en el cogote al nacer. Era el punto en el que el mercado se encontraba saturado de piezas del hacedor X, que tenía tal caché, tal estatus y que probablemente no pasaría de ahí. Me quedé helado. Uno se imaginaba un Miquel Barceló, un Hirst y se decía ---joder, eso es vida!---. Vida injubliable. Aunque ahora me parecía que los señores viejitos tampoco abundaba. Estaba Tápies, Chillida había aguantado lo suyo, pero de repente empecé a ver Basquiats y Anas Mendietas por todas partes...y Naumans, y Pollocks y yo que sé. Artistas especializados en que el dinero se les saliese entre las juntas de sus lápidas. Nombres que ganaban valor con sólo pronunciarlos. Valores a los que acogerse en medio de las tormentas financieras y las sangrías correctoras y cílclicas. Confieso que apenas sí pensaba en un artista cuando éste fallecía. Reconozco que me interesaban más lo vivos. hasta ahora. Karouvan me repasó un poco antes de abrir la boca. Aspiró suavemente y dejó slir unas palabras que debía haber repetido bastantes veces en los últimos años.
"Lo que queremos que hagas es que termines con su vida. Ella no puede seguir adelante, porque ya ha dado todo lo que podía. Lo único que le quedaba era languidecer, y con suerte, dar clases en algún instituto de pueblo. Poco más. Su tiempo se acaba y tú eres el que se lo vas a hacer saber".
No pude pensar en nada coherente. Sólo me fijaba en que sus ojos tenían algo de tristeza y crueldad a un mismo tiempo. Como si para ella el deber fuese un placer depravado.
"¿Aceptas?"
Sé que puede parecer raro que uno que entra en una galería termine la tarde con un relato espantoso y una propuesta para convertirse en sicario. No penséis que es tan descabellado. yo lo creía, y aquí me tenéis, escribiendo la historia de los libros y los mercados.
Antes de decir sí, pedí a Karouvan un poco más de información. cuando lo hice, solo podía pensar en denunciarla.
Menos mal que me quedé a escuchar

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"Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía." -- Lenin--.

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