17. Nada salió como lo había previsto.
Al verdadero asesino de Donnald Clumsy le salieron muy bien las cosas aquella mañana. Entró en la casa con la única intención de matarlo.
Quizás si yo hubiera estado allí me hubiera matado también a mí. Pero yo llegué, precisamente, en el peor momento.
Al abrir la puerta del dormitorio, yo con las tijeras en la mano, vi a mi marido tumbado boca arriba, con el brazo colgando fuera de la cama y bajo él el teléfono caído. Uno de los cuchillos de mi cocina estaba clavado en su pecho.
De la impresión, las tijeras se me cayeron al suelo, pero pude acercarme para comprobar que el cuerpo aún estaba caliente.
Alguien había hecho el trabajo por mí.
Miré a mi alrededor. Todo estaba impecable. No se habían llevado ni una joya, ni un cuadro; no habían revuelto cajones ni armarios; no habían buscado fotografías o recuerdos. No lo había asesinado una adolescente desequilibrada, y el cuchillo clavado en su en su corazón era de mi cocina.
De modo que decidí modificar la escena del crimen. Porque todas las sospechas debían alejarse de mí y encaminarse a Karolina, el personaje de ficción que yo misma había creado para servirme de coartada.

Y así me pilló la policía, que había atendido la última llamada de Donn: desencajada, revolviendo cajones, rasgando cuadros valiosos, manchando paredes... y vestida con un mono de motorista y con los guantes puestos.
Comprendí que no tenía nada que decir ni nada que hacer, salvo dejarme colocar las esposas.
Ni siquiera sabía qué podía decirle a mi abogado.

El-peletero dijo
Querida Eleanora, resulta que quieres matar a tu marido, tienes una razón, te inventas una asesina que no sólo no mata si no que ni siquiera existe. Lo quieres hacer tu, su esposa y flamante periodista, y con unas tijeras de casa. El día señalado, alguien se te adelanta, el asesino real y también la policía, que te encuentra fabricando pruebas falsas. Peor imposible. Mereces la silla eléctrica, por mala y no precisamente en el sentido moral de la palabra.
Perdona, pero la mereces, más de uno debe estar ahora riéndose a carcajadas al pensar en el vestido a rayas horizontales que ahora debes vestir y que tanto engorda. Disculpa el sarcasmo, pero alguien que quiere convertirse en asesino sabrá encajar perfectamente una broma. Por cierto, ¿cómo está tu cuenta corriente?, según como esté quizás yo pueda ayudarte.
Espero tu respuesta y no te preocupes uno se acostumbra enseguida a no respirar.
5 Mayo 2006 | 06:10 PM