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BLOG DE ELEANORA CLUMSY

3 Noviembre 2006

44. Dirán que es la envidia.

Algunas personas dicen añorar el aroma de Eleanora. Se refieren, lógicamente, al aroma que Eleanora supo transmitir en este blog, no al que desprendía cuando estaba en libertad.

Su situación personal, en el corredor de la muerte los días previos a su ejecución, propiciaba una corriente de simpatía, y ella se encargó de aparentar ser la víctima inocente, acorralada, a punto de sentarse en la silla eléctrica.

Creó un blog como último recurso para librarse del patíbulo. Se cuidó de colocar una imagen en la que mostraba su espléndida belleza, en la que con gesto sereno y mirada lánguida reclamaba comprensión, tal vez compasión, a la vez que demostraba afrontar su negro futuro con firmeza.

Realmente, su pretensión era generar un movimiento de simpatía que obligara al gobernador a conmutar la pena capital. Pero más que solidaridad lo que pudo encontrar fue lástima, y por eso la frieron el diez de junio.

Eleanora había descubierto la seducción del poder. Llegó a conocer el difícil entramado de la corrupción al más alto nivel, y estaba dispuesta a acabar con aquella situación. Pero no por un espíritu altruista que nunca conoció (quizás sólo en la cárcel, con Winona y Candelaria), sino por alcanzar lo único que no tenía: poder.

Le sobraba belleza, inteligencia y dinero. Le faltaba poder. Pero el poder establecido es absolutamente cruel e inmisericorde.

Cualquier persona que hubiera acudido a una de las fiestas que Eleanora daba en el fabuloso jardín de su casa, y que no se sienta cegada por su trágico final, recordará tanto la simpatía con que la anfitriona halagaba a sus invitados como el despotismo con que trataba a los sirvientes. Cuanto mayor era el rango social o económico, mayores y mejores eran las sonrisas y las lisonjas. Lo mismo ocurría en su trabajo.

Llegar a donde había llegado le había costado mucho esfuerzo, muchas fiestas, adular a demasiadas personas, pasar por algunas camas... Y no estaba dispuesta a quedarse en la mitad del camino.

Este era el aroma de Eleanora: el de la frialdad, el despotismo y la ambición. Dirán que escribo desde la envidia y el rencor, pero ese era el verdadero aroma de Eleanora.

servido por eleanora 1 comentario compártelo favorito

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

El-peletero

El-peletero dijo

Apreciado blog… Fría, despótica, ambiciosa, trataba mal al servicio, anhelaba el poder… Todo ello seguro que es cierto, tan cierto como que la pobre Eleanora, estaba muerta de miedo. Temerosa, insegura, desamada. Según parece no tuvo hijos. ¿Tenía hermanos? ¿Y sus padres?, ¿aun viven o ya están muertos? Rodeada de gente y tan sola entonces como lo debe estar ahora. Solamente en la cárcel encontró compañía y afecto. ¿Qué ha sucedido con el patrimonio de ella y de su marido si es que lo tenían? ¿Se lo ha quedado Hacienda?

Apreciado blog… ¿Quieres más razones para añorarla? Era bella, sí, pero la belleza sólo es importante a media distancia. Cuando se está muy cerca, cuando las pieles se tocan o cuando se está muy lejos como yo, cuando ni siquiera acaricias la fotografía de su rostro, entonces, la belleza física no tiene ningún valor, no sirve para nada.

Apreciado blog…, según parece, tú la conocías bien, cuéntanos cosas de ella, si es que ello no perturba tus planes de venganza.

Saludos de un añorado.

4 Noviembre 2006 | 02:02 PM

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Eleanora Clumsy decidió matar a su marido, el más popular presentador de la televisión. Fue ejecutada en la silla eléctrica el pasado mes de junio.
Me dejó como herencia este blog que voy a utilizar para vengarme en su nombre.

Eleanora lo tituló "Yo también quiero a mi marido".

Nunca la herencia de un blog consiguió tanto poder, ni su heredera tanto desprecio.


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