Las bicicletas también tienen poesía
En el mail que me envió, comenzaba hablando Ángel. Decía que nada es lo mismo y que debíamos olvidar el llanto y empezar de nuevo. Hablaba de crear palabras nuevas para una nueva historia y de encontrarlas antes de que fuera demasiado tarde.
Normalmente, siempre le hago caso a Ángel.
Y la nueva historia comienza con esta foto. Con las palabras de esta bicicleta hundida en el río Isar. Con la bella imagen del abandono, del olvido y del recuerdo.
Con el regalo de esta preciosa instantánea y el sabor del helado de limón y chocolate.
Un millón de gracias y ya sabes por qué.

pluf dijo
De sobra es sabido que los ríos abundan en el capricho, variando su curso sin son ni ton o impidiendo la posibilidad de tomar baños por dos veces en su misma mismidad, pero quizá lo más extravagante de su fluvial (o quizá, fluevial) comportamiento sea ese criterio rebuscado, profundo y verdoso, con el que deciden las cualesquiera cosas que arrastran y las que no.
Como el oscuro designio del día en que el Isar decidió conservar aquella bicicleta en su cauce...
14 Junio 2006 | 05:51 PM