En «El Internado» las niñas pequeñas actúan, razonan y hablan como adultos, los adultos (algunos) se comportan como adolescentes (el amor de la profe de maternales con el alumno de 16 años), y los adolescentes son, directamente, Sherlock Holmes. Pero todo el conjunto funciona. Se ha creado un mundo, un ambiente eficaz que rodea las innumerables tramas y secretos hábilmente entrelazados. No importan las trampas del guión, las situaciones inverosímiles, las limitaciones de los actores ni el abuso de los cebos: la historia atrapa y eso es lo que importa. La semana que viene se anuncia el desenlace de la temporada, un final que probablemente dejará misterios resueltos pero que, a la vez, abrirá suficientes interrogantes como para que las próximas entregas terminen de convertir la serie en un clásico como lo han sido «Los Serrano» o «7 Vidas». La diferencia es que ahora la ficción «made in Spain» no se limita a la comedia. Estamos ante una producción que combina con éxito amoríos y suspense: asesinos, sectas, pasadizos, fantasmas, monstruos, criptas, agentes secretos, trasplantes de órganos y hasta extraterrestres podrían ser parte de esta crónica que secuestra a familias enteras frente al televisor .
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