Logo de La Coctelera

Lizzy Bennet

¿Pasas a visitarme un ratito?

3 Julio 2008

¿Sabes apreciar el momento?

Un quince de julio, 40 grados a la sombra, y tú en el coche familiar, con las ventanillas bajadas, camino a Castellón y sin aire acondicionado, que de aquellas ni siquiera existía.

Suena "Un ramito de violetas", odias esas canciones que tus padres te obligan a escuchar durante todo el camino. Estás asqueada, tenías que haberte quedado en casa, con tu música, tu ventilador, tu tele, tu cama, tu teléfono..... pero no, tienes que ir a un camping a quién sabe dónde, a pasar calor y a estar sin tus amigos. A comer en platos de plástico, tener que madrugar para ir a la playa y mientras llegas y no, estar ahi aguantando las colas en ese horno de carretera de pueblucho hasta llegar a la playa más cercana.

Llegas al camping y sigue la música para abuelos... "mediterráneo" de un tal Serrat. Por dios, ¿pero mis padres nunca tuvieron gusto musical? saco mi cassette, pongo la cinta del Ibiza Mix y suena "El tiburón". ¡Esto sí que es música! Por fin un rato libre. Como vamos a una caravana y no hay nada que hacer, me voy a dar una vuelta por el camping, a ver si hay por lo menos algún chico guapo... Y nada, todos enanos. Ninguno como mi Quique.... ainsssssss! qué duro es el amor! llevábamos ya semana y media saliendo cuando me he tenido que venir a la otra punta del pais, y ahora Arantxa estará aprovechando mi ausencia. Sé que Quique y yo ya tenemos una relación sólida, pero...

Mis padres llamándome a cenar y a que recoja mis cosas. Bueno, ¡encima! me traen aqui y tengo que hacer como si estoy en casa pero sin estarlo.... pues la maleta ya se puede quedar como está hasta que nos vayamos.

Pronto a la cama, porque mis padres se empeñan en hacer un concurso de leer libros, qué chorradas, perder el tiempo en leer un montón de libros para nada. Si por lo menos me hubiera traido una Super Pop... Leonardo Di Caprio salía guapísimo en la última película, Titanic. ¡Qué romántico! Ya podia Quique morirse por mi, que como esté haciendo el bobo con Arantxa, la que le mato soy yo.

Así se suceden los días, unos tras otros, con mi madre diciéndome que haga el cuaderno de vacaciones todas las mañanas, pasando calor en la playa, teniendo que cambiarme de ropa cada dos por tres (la mierda de arena se cuela por todos los sitios), y encima no me gusta el lugar, odio la comida, la gente es asquerosa y borde, no hay chicos guapos, se me ha acabado el dinero para llamar por teléfono a mis amigas y no me quedan sellos para enviar más cartas, que ya llevo quince en tres días. ¡Y se me ha olvidado mi top favorito! ¡normal que no haya ligado ya! Mis padres empeñados en pensar que son las mejores vacaciones de nuestras vidas. No sé para qué se empeñan, siempre piensan eso y nunca me divierto...

Y resulta que al cabo de unos años recuerdas esas vacaciones como de lo mejor de tu vida, con un cariño especial, todavía puedes aspirar aquel aroma del camping a recién regada la hierba de tu parcela, echas de menos "un ramito de violetas" y "mediterráneo" se ha convertido en tu canción favorita, porque precisamente te recuerda a esa época. Pasan los años y sigues manteniendo el contacto con esa amiga que tus padres te obligaron a hablar con ella porque tú te negabas rotundamente a hablar con nadie que no fueran tus amigas de siempre. Ese Quique al dia siguiente de volver de vacaciones ya ni te acordabas de él, lo mismo que de tu amiga Arantxa. Extrañas ese coche con las ventanillas bajadas y la ausencia del aire acondicionado. Esos largos viajes nocturnos de vacaciones, a veces todavía coges el coche por la noche para relajarte, porque te recuerda a esos años. Pasas por delante de los cuadernos de vacaciones y te dan ganas de coger uno y volver a hacerlos, recortando todas las esquinitas. Ya no mandas cartas, sino emails, y añoras la emoción de recibirlas. En tu móvil no dejan de sonar mensajes o llamadas, pero casi nunca son para darte las gratas noticias de antaño cuando bajabas a la cabina a hablar. Todavía te acuerdas de ese helado de leche merengada que tanto te gustó, ya te has olvidado de esas camisetas con las que enseñabas el ombligo, tienes ejemplares de la Super Pop guardados de recuerdo, ahora eres tú la que haces concursos con tus padres para ver quién lee más libros. La maleta al final tuviste que deshacerla de todos modos, con lo fácil que hubiera sido hacerlo de buenas y con buen rollo con tu madre. Ahora tienes la manía de llegar a algún sitio y antes ni siquiera de ir al baño, deshaces tu maleta enseguida. El Ibiza Mix, el Caribe Mix, y todas esas cintas las tienes en una cajita guardada, avergonzándote de que esa música sin sentido te haya gustado en una época de tu vida en vez de apreciar más a Serrat.

Y, ¡qué narices! que echas de menos sobremanera irte de vacaciones con tus padres, con lo cual una vez al año les pides que os vayáis por ahi. Por lo menos no te dicen: "ahora si eh? pues nosotros ya no queremos!" que es lo que tendrían que hacer. Y durante unos días vuelves a sentir esa felicidad de saber que tienes toda la vida por delante, que nada malo puede pasar, que el tiempo se detiene siempre en la misma época del año.

¡Pero qué tontos nos volvemos en la adolescencia y cuánto echamos todo eso de menos cuando crecemos...!

servido por elisabethbennet 17 comentarios compártelo favorito

27 Junio 2008

Una mesa con vistas (II)

Siete AM, café bien cargado por encima de mi chaqueta. Está claro, a esta hora no sé por dónde se toma el café. Y vuelvo a llegar tarde, esta vez a mi primer día de trabajo. Voy corriendo hacia la habitación de nuevo para cambiarme la chaqueta, como no corra, ¡no llego!

Sí, porque después de lo mal que empecé aquel día de mi entrevista importantísima de trabajo, ya todo me daba igual. Y parece ser que estuve muy suelta y natural en la entrevista. Como para no.. lo que más me extrañó fue que pasara la censura del "jefe". Y es que a día de hoy, todavía no sé ni su nombre. Bueno, tampoco es que me importe, pero ya que va a ser mi jefe, lo normal es que conociera su nombre, por si algún día por algún casual volvemos a coincidir. Que lo dudo mucho, pero bueno, por si acaso...

Me pongo unos zapatos con los que pueda llegar más rápido al trabajo que la última vez, saludo a mi madre, que está en su habitación vistiéndose todavia (¡nunca pensé que llegara a salir de casa antes que mi madre!) y me voy corriendo hacia el periódico.

Al llegar, ya me ha salido una ampolla en el pie izquiero y se me han roto las medias por tres sitios distintos. Otro día perfecto para la colección. Vuelvo a preguntar en información, esta vez por mi departamento. Es increíble, cubro (bueno, ayudo a cubrir al ayudante del ayudante del ayudante, etc etc etc) las noticias de sucesos. Puede que sea porque me han notado que soy bastante perspicaz. Pero según mi madre es porque en Granada no suele haber muchos sucesos extraños que digamos, y allí no voy a molestar. La chica de recepción, Maria, me comenta que el ascensor está averiado, y que por lo tanto tengo que subir cinco plantas a pie por unas escaleras que son peores que llegar a la cima de una pirámide. Parece que hoy tampoco es mi día. Noto cómo la gente me va mirando cuando paso, puede que por el sudor (al final van a creer que es algo cotidiano en mí), la camisa medio por fuera de la falda, las medias rotas y encima la cojera que llevo a causa de esa ampolla en el pie izquierdo. Y ahora, cinco pisos andando.

- Genial - voy diciéndome a mí misma a media voz, - menuda mierda de día... - pero no había hecho más que empezar.

Llego a la quinta planta, más empapada de sudor si cabe y con los zapatos en la mano a causa del dolor insoportable que me causa la herida. Me los pongo corriendo, y toda digna comienzo a caminar por entre las mesas hasta llegar a un despacho que pone en letras bien grandes: "DIRECCIÓN EJECUTIVA". Ni idea de lo que significará eso, pero con lo que les ha tenido que costar la placa, debe de ser alguien que cobra como el cuádruple que yo. Toco a la puerta y una voz me dice que pase. Y al abrir la puerta, noto cómo me empieza a quemar la cara y me tiemblan las rodillas. No puede ser.

- Laura, ¿no? - me dice mister impertinente con la misma sonrisa en la cara que la primera vez que le vi en el ascensor, - siéntate, vamos, deja que te explique en qué va a consistir tu trabajo.

No soy capaz ni de articular palabra, así que lo más coherente que puedo hacer es sentarme y poner una sonrisa de idiota para lo que resta de conversación.

- Bueno, - dice mientras sigue sonriendo. Parece que le hace gracia la puñetera situación encima... - pues me voy a presentar, soy Miguel, y voy a trabajar contigo. - le miro extrañada. No, conmigo no, ¡yo voy a trabajar para tí más bien! me nota la mirada de incertidumbre y me dice - imagino que sabrás que mi padre me dejó este periódico y que ahora lo llevo yo, pero yo ante todo soy periodista, adoro mi trabajo, y esta sección la que más. Siempre he pensado que la podía llevar yo sólo junto con un par de personas más, pero creo que era hora de que apareciera por aquí alguien nuevo que diera más vidilla a esta planta - no, si al final soy el entretenimiento que sale de la tarta de despedida de soltero...

- ¿Y qué se supone que tengo que hacer? - la voz me ha salido tan baja que Miguel ha tenido que acercarse más para oirme.

- Básicamente traerme los cafés y fotocopiar lo que te mande. - Oh, genial, un gran trabajo. - No, ¡es broma! - me dice echándose a reir - ¿cómo iba a desperdiciar a alguien con tu talento sólo para eso? He leido tu currículum, has trabajado en este último año en dos periódicos, durante la carrera publicaste varios relatos y colaborabas con el periódico de tu facultad, ganaste un certamen de prosa poética... no te voy a mandar hacer mis cafés. Aparte que sólo tomo té. - Siempre tiene que terminar con algo gracioso, es increible... - Así que - dijo levantándose - déjame que te acompañe a tu mesa; está justo aqui al lado. - Salimos y me acompañó a una mesa que estaba a un metro de su despacho. Estaba recogida, apartada del bullicio de la oficina en general, con una gran ventana detrás por donde podía ver a un vecino que estaba rascándose... en general. Bueno, ¡no todo iba a ser perfecto!

- Esta es tu mesa. Normalmente yo te avisaré de los sucesos que tienes que ir a cubrir, más lo que sean de tu propia iniciativa y quieras traer a mayores. ¡Ah! te presento a Sandra, ella es otra de tus compañeras, que va a trabajar contigo - me dijo haciendo señas a la tal Sandra para que se acercara. Creo que lo que pasó acto seguido no fue un delirio mío a causa de la ampolla en mi pie, pero Miguel y Sandra se besaron, alli, ¡delante de todos! Como adivinando mis pensamientos, Sandra se apresuró a explicar:

- Miguel y yo estamos prometidos - y acto seguido me plantó en toda la cara un anillo que no pude ver bien por la extrema proximidad a mis ojos, pero que intuí que era de tamaño considerable. Como veis, mis días siempre empeoran conforme pasan las horas. Me tocaba trabajar en la misma planta que mister impertinente-barra-perfecto y su prometida-barra-meimportamásmianilloqueminovio. Nunca que me llevado bien con las mujeres, sólo lo suficiente para joderla y acabar a leches. Así que, estaba perdida...

- Hoy mismo me han dado un chivatazo de un robo en una joyería, en media hora tengo que estar en Reyes Católicos para ver si consigo pillar algo, así que, si te parece bien Laura, puedes dejar tus cosas en la mesa y nos vamos un unos minutos - me dijo toda decidida Sandra, yéndose a su mesa, justo enfrente de la mía. Y mientras iba hacia alli, me fue diciendo en alto (tan alto que el hombre del edificio de enfrente creo que hasta dejó de rascarse) - ¡ah! y quítate esas medias, queda muy feo que las lleves tan rotas, de camino podemos parar a comprar otras si quieres.

La quemazón de la cara volvió de nuevo. Quise desmayarme en ese mismo momento, eso o saltar al edificio de enfrente. Miguel me sonrió y me dijo:

- Bueno, yo me vuelvo al despacho, los casos de los robos a joyerías ya están muy vistos, pero si encuentras algo realmente interesante, avísame y dejo el papeleo para otro día. - Me guiñó un ojo y se dio media vuelta, entrando en su despacho y cerrando la puerta tras de sí.

Otro días perfecto... Y yo con estos pelos.

servido por elisabethbennet 16 comentarios compártelo favorito

16 Junio 2008

La entrevista de trabajo

"¿No habéis tenido la sensación alguna vez de que las cosas van como tenían que ir?

Yo hace años tuve esa sensación nada más levantarme de la cama. Era algo que me contraía el pecho y de repente enrarecía el aire. Los pulmones parecía que se me iban a encharcar. Tosí un par de veces y me incorporé en la cama. Miré hacia el reloj que tenía colgado en la pared y vi que ya llegaba tarde. Una entrevista de trabajo a la que llegues tarde es mal comienzo...

Me visto a trompicones, tengo que quitarme de nuevo la camisa porque me la he abrochado Dios sabe cómo. La camiseta con la que duermo, lanzada al aire y desperdigada por el suelo. Olor a cafe por entre las rendijas de las puertas.

Me echo a mí misma una carrera por el pasillo hasta la cocina, con un zapato puesto y otro en la mano. Nota mental: no llevar estos zapatos a hacer deporte... Cojo una taza de café recién hecho. Y os preguntaréis, ¿cómo es que el café está recién hecho, si te acabas de levantar, Laura? Es penoso reconocerlo a mis 26 años, pero cuanto antes, mejor. Allá va... es que todavía vivo con mi madre. Y porque mi padre se fue de casa allá por el año 87, cuando yo sólo tenía cinco años. Creo que tenía el pelo ondulado, color castaño, y al sonreír le salían como una especie de hoyuelos y se le achinaban los ojos. Pero puede que me confunda con los padres de las pelis del fin de semana, tengo un batiburrillo impresionante porque cada vez que echaban una, mi madre siempre me decía señalando a todos los padres: "mira hija, tu padre tenía ese mismo pelo", o "tu padre usaba ese tipo de ropa" y cosas por el estilo.

Lo que iba diciendo, que es irremediable, vivo con mi madre. Una mujer de 53 años (si se entera de que he dicho su edad, ¡me cuelga!), pero no aparentados (espero haber resuelto el problema anterior...), con el pelo largo y negro azabache, piel tersa y bien cuidada, figura esbelta y siempre con un traje de chaqueta puesto. De pequeña imaginaba que mi madre había nacido tal cual, con el traje de chaqueta en vez de una barra de pan debajo del brazo.

Pero dejemos el resto de descripciones personajiles para después, que ahora, como ya he dicho, llego muy tarde. Cojo la chaqueta de pana verde oscura y me voy. No, no me despido de mi madre porque ella hace ya bastante tiempo que se fue a trabajar... soy una vaga, lo sé, mira que levantarme a las 10 y media...

Como os iba diciendo, es una entrevista importante, yo estudié periodismo en Madrid, hace años que acabé (no tantos, pero queda muy bien cuando son más de dos), pero he ido de trabajo en trabajo todo este tiempo. Nadie quiere hacer fija a una chica de 26. Qué más les daría, ¡si iba a seguir llevándoles cafés y haciendo las fotocopias de igual forma! El caso es que hoy mismo, a las 11 de la mañana tengo mi esperada entrevista de trabajo, en el periódico Avatares, que se distribuye por todo el sur de España. ¡Vaya! no os lo había dicho hasta ahora, yo soy de Granada, por aqui abajo, sí. Y este periódico no es que sea muy importante, pero por lo menos te pagan bien y te suelen hacer fija. Deben de ser muchos para llevarles el café.

Llego casi sudando,lo cual puede que me dé algo de mala imagen, no sé, a la sede central del periódico. Consigo que entre exalación y exalación me entiendan en información dónde quiero ir y me planto frente al ascensor a la espera de subir a la planta correcta. Os tengo que confesar que voy a la segunda planta, pero no puedo más con mi alma, siento quedar como una antiheroína, que volaría por las escaleras hasta llegar al despacho del jefe. Pero ni me va a atender precisamente el jefe, ni tengo las piernas tan largas como para correr sin cansarme... Mientras espero a que baje el ascensor (ley de Murphy: si esperas a un ascensor para subir pocas plantas, éste tardará más que si llegas a ir andando), un hombre de unos 30 años se para a mi lado. Para esperar también, esto no es una novela romántica ni mucho menos... El caso es que el impertinente de él me dice: "¿tienes que ir al baño o algo?" dijo con una sonrisa de amabilidad y compañerismo. ¿Qué? ¿al baño? "¿perdón?" le respondo con acritud. "Si, es que te estaba viendo dar saltitos y parecía..." creo que la cara de perros que traigo hoy, le asustó un poco... la verdad es que sin darme cuenta, y por los nervios, me había puesto a dar pequeños saltos en mi sitio mientras esperaba al ascensor. ¡Pero eso no es excusa! "Si quisiera ir al baño, no creo que fuera cosa suya, y perdone que llego tarde" le dije y me monté en el ascensor. Vaya, él estaba esperando también, un fallo. Nos montamos los dos y se hizo el silencio. "yo sólo quise..." oi su voz por detrás de mi "no me importa" le corté. Por suerte llegó la planta segunda antes que la quinta, a la que iba él. Sí, es una cuestión matemática, no me preguntéis por qué. "Hasta luego, ya nos veremos" me dijo el metomentodo caradura y maleducado de él. "Pues no creo" dije sin girarme siquiera y me fui directa al despacho donde tenía la entrevista. Pero mientras subía gente en el ascensor, oía que le iban saludando con unas reverencias que llegué a pensar que podía ser el jefe de no ser porque obviamente no podía serlo por su edad. Y bueno, que he de reconocer que era guapo, nunca había visto un jefe guapo en toda mi vida. Porque un moreno con ojos claros no pegaba como jefe. Y menos aún tan impertinente. Pero como siempre, no tengo buen ojo para adivinar. Oigo que alguien bien trajeado le dice: "perdone, tengo que saber si para la junta de mañana va a poder llegar de su viaje a Pekín". Sí, suena como una frase de película, pero es exactamente lo que dijo. En ese momento me giré para mirar al que había armado tanto revuelo. Ya no oi la respuesta porque el ascensor se cerró mientras él me sonreía y agitaba la mano desde ese barullo de gente. Inmóvil, pregunté al primero que pasó por mi lado "perdona, ¿sabes si ése del ascensor, el jovencito, era algún jefe o algo?" "¿algún jefe?" dijo el chico "es el jefe, trabaja aqui desde hace cinco años, su padre le dio en herencia la jefatura del negocio." "gracias gracias" dije yéndome de alli enseguida y dejándole con la palabra en la boca al chico.

Veo el despacho al que tengo que entrar para la entrevista. Adiós a independizarme, a tener un trabajo estable en un periódico, a empezar a vivir, a poder pedir en el banco una tarjeta de crédito.... vamos, todo eso a lo que la gente aspira. En cuanto el jefe vea mi currículum con mi foto, se acabó. Tenía que haber madrugado más, siempre me lo dice mi madre...

Sé que empecé diciendo que tenía la sensación de que las cosas iban como tenían que ir. Estaréis pensando que nunca acierto ni una, pero es que todavía no he acabado..."

servido por elisabethbennet 26 comentarios compártelo favorito

4 Junio 2008

Espejos, ¿nuestro reflejo u otras realidades paralelas?

Hace tiempo leí un artículo de un matemático por internet sobre este particular. Ya había leido sobre la teoría de Everett sobre los Muchos Mundos, pero esto me llamó la atención. No le doy mucha credibilidad científica, como más tarde vosotros comprobaréis, pero lo creo una metáfora muy buena para explicar el complicado tema de la cuántica. Y quién sabe, cosas más disparatadas se han creído como tal y en realidad eran ciertas!

Os copio y pego un fragmento del mini artículo:

La interpretación de Everett de los múltiples universos en los que cada consecuencia probable a un suceso se transforma en una realidad en uno de los universos del Multiuniverso puede aplicarse a los espejos. En realidad cuando miramos a un espejo estamos viendo uno de esos multiuniversos ultraparecidos al nuestro, pero no exactamente iguales. De ahí que los reflejos sean para nosotros iguales, aunque tal vez haya una pequeña variación detectable de forma experimental entre la realidad y el reflejo en el espejo que podría probar esta teoría.

En definitiva cuando nos miramos al espejo estamos viendo a otra persona con su propia vida y existencia en otro universo, el cual en ese momento es muy parecido al nuestro, pero que en los futuros, el nuestro y el del reflejo puede ser muy diferente. Claro que alguien podría decir: “Si me miro día tras día y veo a la misma persona haciendo lo mismo”. Si, pero talvez no estamos viendo el mismo universo, puede que cada vez que nos miramos veamos un universo diferente. Además puede que haya una ligazón entre universos cuando hay un espejo de por medio.

Por tanto cuando miramos la superficie del mar, por ejemplo, y vemos los múltiples reflejos del sol sobre ella, en realidad estamos mirando a través de infinitas pequeñas ventanas a los prácticamente infinitos soles, clones del nuestro en universos paralelos. Quien podía haber imaginado que mirando la superficie del mar veríamos el cosmos en toda su grandeza. Tal vez las puertas a las galaxias distantes estén mucho mas cerca de lo que nos habíamos imaginado. Tal vez el mito del espejo mágico no sea tan disparatado después de todo.

Cuando ponemos dos espejos paralelos entre sí y nos ponemos en medio aparecen muchas copias de nosotros, puede que en este caso se pueda comprobar más fácilmente si hay divergencia, por leve que sea, entre las distintas copias. Por tanto la interpretación de los múltiples universos conectados por espejos parece totalmente factible.

Solo resta (que no es poco) transformar esta idea en ecuaciones y tratar de diseñar un experimento (¿espejos paralelos?) para probarla. Un resultado mucho más general en esta línea de existencia de realidades paralelas sería lo que he llamado TEOREMA FUNDAMENTAL DEL COSMOS: Todo lo posible existe

Este teorema no hace más que seguir la línea unificadora que empezó con Newton uniendo cielo y tierra en su teoría de la gravitación. Siguió con Maxwel uniendo electricidad y magnetismo, Einstein masa y energía, y las posteriores unificaciones electrodébil y grandes teorías unificadas. Este teorema une dos conceptos, posibilidad y existencia, que aunque en nuestro universo observable pueden ser dos conceptos distintos, en el gran multiuniverso de todas las realidades paralelas pueden ser la misma cosa.

La base es buena, pero la interpretación deja mucho que desear. aunque como ya he dicho antes... ¡quién sabe!

servido por elisabethbennet 16 comentarios compártelo favorito

3 Junio 2008

Mis diez manías

Siguiendo el juego de Helen de LDA, me he propuesto comentaros cuáles son mis diez manías aqui, lejos del constante acoso de la CIA que sufro desde hace tiempo en LDA. Pero bueno, esta es mi otra casa, asi que no me importa. Comienzo!

- Siempre tengo que revisar mil veces mi billete de viaje por si me cuelo de bus o de hora o cosas así. Aunque haya viajado cientos de veces a ese lugar. Pero no me fío.

- Tengo que poner el despertador media hora antes de la que me levanto, para ir haciéndome a la idea de que en media hora tengo que levantarme

- Esparzo la bolsita del azúcar en las cafeterías poco a poco y alrededor (dentro, claro!) de la taza. Sé que si lo echo de golpe en el centro va a saber igual, pero bueno...

- No puedo grapar las fotocopias ni apuntes de la carrera, no soporto estropear los folios de esa forma, siempre los apilo para que algún día pueda encuadernarlos como dios manda. Mientras, tengo ahi todo desperdigado.

- Los libros ni los toco casi! En la carrera sé que se subrayan, se escriben con lapiz o boli apuntes al pie o a los lados del texto, se doblan hojas más importantes, etc. Pero mis libros y manuales es como si no los hubiera ni estudiado. No tienen ni una raya fosforita ni nada. Limpios. No podría estropear un libro, aunque sea para estudiar. Si es necesario, hasta lo fotocopio y ya subrayo las fotocopias.

- Hablando de estudios, cuando reparten un examen, nunca lo miro hasta que no he puesto mis datos arriba. Es una forma de ir calmándome. Y hasta ahora, ha funcionado.

- Cuando pelo una patata, una naranja, una manzana o cualquier cosa que tenga que pelar que sea más o menos redonda, siempre intento hacerlo de una sola vez. me da rabia cuando no lo consigo.

- Antes de salir de casa, me miro en el espejo de cuerpo entera y me digo: "hoy estás muy guapa!" y oye, que salgo con unas ganas de casa que hasta hay veces que me dice la gente: "oye, qué te has hecho? hoy estás muy guapa" Que subirme el ánimo funciona, vamos!

- No puedo pasar por delante de un piano sin tocar algo del Claro de Luna. Típica canción, lo sé, pero tan bonita...

- Siempre tengo que leer más de un libro a la vez, suelo leerlos de cinco en cinco más o menos. Y de esta manía, no tengo una explicación lógica!

Tengo muchísimas más manías, soy como la protagonista de Amélie, no puedo evitar fijarme en las pequeñas cosas y convertirlas en pequeñas manías. Pero que la alegran a una la vida, no?

Tags: manias

servido por elisabethbennet 13 comentarios compártelo favorito

31 Mayo 2008

¿Esto es la Educación?

Hace unos días se han dado las notas finales de Bachillerato, para los alumnos que tienen que hacer selectividad este año. En todos los institutos ha habido sorpresas y no tantas sorpresas. Ya sabemos que en cuestión de suspensos, nadie está contento...

Pero conozco a un chico al que le ha pasado algo cuanto menos asombroso. Os pondré en situación. Es un buen chico, respetuoso con todos los profesores, delegado de su curso, no suele salir mucho de fiesta, sino que prefiere a veces quedarse a leer un buen libro en casa o quedar tranquilamente con los amigos. Cierto es que lo de empollón no va con él, pero tampoco es mal estudiante.

Pues bien, este chico estaba esperando las notas finales como agua de mayo para empezar a preparar la selectividad. Ya se había comprado varios libros de preparación, aparte de tener pensado ir la semana siguiente al instituto a las clases de preparación que dan por tan sólo una semana, pero algo es algo...

El jueves pasado por la tarde sacaron por fin las notas. Él estaba nervioso porque quería tener una buena nota media para no ir pillado en selectividad. Sólo dudaba de la nota de una asignatura, la de Geografía, que se le había atravesado durante todo el curso. Tiene la típica profesora que les manda subrayar lo que ella cree que es importante y si en el examen escriben algo más (efectivamente, algo más, no menos) no les da la pregunta como válida. Así que no sabía muy bien si llegaría al seis, con lo cual le bajaría la nota media por desgracia. Y cuál fue su sorpresa cuando al ver el listado de gente, ve que la nota que la profesora de Geografía le ha puesto es un tres.

El chico al día siguiente llega al instituto a las 8 de la mañana, para hablar con todo el que pueda y saber qué ha sucedido, ya que en el resto de asignaturas tiene ochos y sietes. Sólo ha sacado un seis y un cinco. Solamente le ha quedado ésa y por supuesto no puede presentarse ahora en Junio a selectividad, con lo cual la carrera que él quiere hacer, que es una doble titulación en Madrid, no va a tener plazas ya, puesto que son muy limitadas y en Junio le ha dicho esa universidad que se llenan las plazas por completo.

Comienza hablando con el orientador del colegio, el psicólogo, ya que está muy nervioso y prefiere calmarse antes de hablar con el resto de la gente. El orientador le dice que esta profesora es así, y que no sabe si podrá hacer algo. Acto seguido habla con un par de profesores que le paran en mitad del pasillo y con una cara que lo decía todo (yo estuve presente con mi hermana, que va a su clase) le iban diciendo: "ya sabemos lo de la de geografía, hijo, lo sentimos un montón...". Más tarde habla con la jefa de estudios, la cual hasta le dice que solamente vaya a hablar él con la profesora, que a su madre ni se la ocurra aparecer, porque conoce muy bien a la profesora y no la gusta que nadie la moleste, y que de todas formas él cuando vaya, que vaya con la cabeza gacha, para no ofenderla y que no le eche, en otras palabras. Por fin después de tres horas, llega la profesora al instituto y consigue hablar con ella. La pide el examen, pero en ninguna de las diez preguntas del examen final pone una puntuación, solo ve palabras como "incompleto" en alguna parte, y un tres final, pero no se sabe de dónde ha sacado esa nota. Le dice que ella considera que el examen no está para aprobar, y por más que él la dice que por favor le diga qué es lo que tiene mal en el examen, ella no suelta prenda. Se limita a decir que durante el curso iba mal en geografía y que ahora el examen no lo considera digno de aprobar (literal). Y que si quiere, que recurra el examen, pero que no piensa que lo vaya a aprobar tampoco (los que lo corregirían son de su mismo departamento......)

El chico ya sale de allí llorando. Vuelven a pasar profesores, vuelve el orientador, y oigo decir a un par de ellos que ellos estuvieron en la reunión del dia anterior debatiendo sobre sus notas, y por más que la dijeron, no hubo manera de que cambiara de opinión. Sin embargo, es al único al que le han dejado con una asignatura, para más inri optativa, es decir, con muy poco peso para selectividad, y que encima de todo no va a volver a tocar porque lo que quiere estudiar él, no tiene que ver con eso. A la profesora la ha explicado su caso, la ha dicho lo de la universidad de Madrid, la ha contado su vida en verso. Aún así, y sabiendo que está cortando un futuro a alguien, la profesora dice que no ve el examen para aprobar.

Fue hasta al director, el cual dijo que era muy profesional esa profesora, y que si le habia puesto esa nota, sería porque encima tenía menos aún. Como opinión personal he de decir que si hubiera tenido menos, se la hubiera puesto, ya que no le iba a hacer media ahora con nada como para subirle nada, no le iba a importar ver un uno en vez de un tres.... sin embargo creo que con un cuatro, la hubiera sido más dificil haberle suspendido delante de sus compañeros de trabajo y delante del director, quedándole sólo esa asignatura.

Después de verle deambular como alma en pena por todo el instituto hasta las dos de la tarde, y de oir comentarios por todo el instituto sobre lo "buena profesora" (muy entre commillas por supuesto) que era y demás, llegué a una conclusión. Y es que una cosa es ser justa, pero otra cosa es ser persona. Y esta profesora no lo era. No creo que yo hubiera sido capaz de no subirle un punto (en un examen que le corrigió de forma totalmente subjetiva, sin ninguna puntuación en todo el examen, casi se podría decir que a voleo...) y saber que por mi culpa este chico no iba a poder hacer la profesión que él quería.

Más tarde me enteré de que esta profesora se va de este instituto al año que viene. También pude oir el "buen concepto" que tienen todos los otros profesores (porque la verdad es que sobre lo que opinan los alumnos ya ni entro a comentar!) de ella (la frase más amable que he oido decir es, con perdón, "qué esperabas, si es una hija de...."), y eso de un profesor, que son los que más se tapan entre ellos. Pero después de comprobar el sistema educativo tan de cerca, de ver la falta de personalización que hay y lo poco personas que son algunos, creo que esto no se puede llamar educación. Hay quien se podría limitar a dejar un libro a los alumnos y después decirles que lo recitaran entero. Pero sigo pensando que esto no es educación. La educación es saber tratar también con la gente a la que intentas enseñar, saber sus dificultades, intentar solucionar los problemas que tienen con las asignaturas, hacerles ver lo práctico de cada tema en concreto... no sé, enseñarles al fin y al cabo, no mandarles repetir como cotorras algo que, obviamente por el sistema de estudio que se les obliga, olvidarán justo después del examen.

La mayoría de los chicos de hoy en día están desmotivados, se dan a vicios varios para intentar llenar su mente y olvidar sus inquietudes. No comprenden para qué les sirve estudiar, y es que nadie se lo explica. Creen que simplemente hay que rellenar folios en los exámenes. Y luego queremos que llegue la reforma universitaria europea.... primero reformemos a estos profesores, dejémosles en el lugar en el que deberían estar, y no es precisamente en la enseñanza, sino en una pajarería llena de loros que reciten todo lo que ellos les digan. Pero todo llegará. Todo llegará.

servido por elisabethbennet 14 comentarios compártelo favorito

24 Mayo 2008

Un suceso increible en la Feria del Libro de Salamanca 2008

Increíble pero cierto. Quiero dejar constancia aquí del pequeño incidente, por lo menos para sacar los colores a más de uno... Estaba paseando el fin de semana pasado por la feria del libro de Salamanca. Iba mirando todos los libros, costumbre que tengo antes de decirirme a comprar ninguno, y cogiendo de aquí y alli marcapáginas de los puestos. Azafatas me iban inundando de igual modo con los marcapáginas conmemorativos de esa edición de la feria del libro y otros menesteres, cuando me detuve en el puesto de la Diputación de Salamanca (o la consejería de turismo, o cultura, o una cosa de éstas en las que ponen información de la provincia y demás). La señora estaba enfrascada en una conversación liviana con una pareja que había acaparado todo el puesto desde hacía un buen rato (y cuando digo buen rato, digo BUEN rato). Así que, ya que era el último puesto que me quedaba por ver antes de comenzar a comprar algún libro, me metí por el medio un poco, a ver lo que se ofrecía allí. Sé que este tipo de puestos la gente los suele pasar por alto. No hay libros de moda, ni clásicos ni ninguna oferta, pero yo acostumbro a ver todos y cada uno de los puestos, para no hacer de menos a unos o a otros, no sé, manías mías. Pues asomando la cabeza como pude, vi unos marcapáginas monísimos, con una letra cada uno. Había de cuatro letras, ya no recuerdo cuáles, pero alargué el brazo como buenamente pude hasta los montoncitos (intactos, por otra parte, alli no se había asomado nadie en toda la feria del libro...) y comencé a coger. Debí de coger del primer montón un par de ellos, es de esas veces que de tan juntos que están, ni se separan (y menos con la poca maniobrabilidad que tenía asomando un ojo y media mano por entre la pareja charladora). Y noto que me arrancan (literal) de la media mano que tenía asomada los marcapáginas y me dice una voz: "perdona, puedes coger uno de cada montón, espera que ya te los cojo yo". En aquel momento (por fin!) me dejaron espacio para acercarme y ver lo que alli se exponía. Pero no tuve tiempo, porque comenzó un quita y pon de marcapáginas. La señora no me dejaba ni acercarme a ellos ni a su puesto, y mientras, la pareja, incómoda porque me había acercado al puesto y les había quitado unos segundos para hablar. Estuve un minuto alli hasta que vi que la señora debía de tener mucho apego a los marcapáginas, porque no había manera de que me diera cuatro míseros trozos gratuitos de papel. Así pues, la quité de las manos el montón de marcapáginas, y los fui colocando de nuevo en sus montones diciéndola: "mire, déjelos, cada uno colocado en su montón, que veo que es una molestia demasiado grande para usted y no quiero incomodarla más tiempo", yéndome acto seguido. Pues, ¿os podéis creer que tanto la pareja como la señora se me quedaron mirando y cuchicheando como si fuera una ladrona? Como diciendo: "Esta juventud, son unos caraduras, figúrate, quería coger mis marcapáginas!". Fue lamentable, de verdad, os juro que llegué a pensar que es que los estaba robando de verdad y en realidad había que pagar por ellos! Imagino que la señora tendría una familia muy grande a la que dar marcapáginas, porque sino, no me lo explico. Lo que sí que me explico es por qué en toda la feria del libro no se acercaba la gente a ese puesto. Y lo digo con conocimiento de causa, porque tengo que pasar por la Plaza Mayor todos los días para ir a la Universidad...

La moraleja es la siguiente: Cuando veáis un puesto de la diputación con una señora al frente, ni se os ocurra acercaros, yo tuve suerte y huí a tiempo, pero la leyenda cuenta que si permaneces alli más de dos minutos e intentas coger uno de sus marcapáginas, sufrirás terribles consecuenciassssssss...............

servido por elisabethbennet 21 comentarios compártelo favorito

23 Mayo 2008

Las cosas que dejamos atrás

Esta es una carta para tí, sí, tú que nunca llegarás a leerla. Es un canto al pasado, a ése tuyo y mío, al que habíamos formado juntos, al que ya nos habíamos acostumbrado.

Pero con el amor no basta. Te quise, es cierto, y sé que tú también a mí. Pero mi alma me dice que no, que esto acabó. Soy muy mala para las despedidas... Por eso intento convencerme a mí misma de que es un hasta luego, que nunca se sabe y demás frases hechas. Pero no, mi alma sigue diciéndome que no, que todo terminó.

Nuestro amor acabó, de la misma manera que surgió hace ya más de un año. En realidad fue poco tiempo pero intenso. Lo suficiente como para darnos cuenta de que en realidad íbamos por caminos distintos. Y un amor que no camina al mismo tiempo, no es amor al fin y al cabo.

Hasta luego te digo, como te dije hace días. Sé que es un adiós en el amor, pero quiero creer que es un hola en amistad, difícil pero no me rindo. Hasta luego entonces, hasta que tú me permitas volver a saludar.

servido por elisabethbennet 14 comentarios compártelo favorito


Sobre mí

Soñadora compulsiva, viajera empedernida, amante del arte. Aunque unas pocas palabras no creo que describan a una persona, lo que es cierto es que a veces para conocernos mejor, hay que escribir. Y por eso ha nacido este blog, e imagino que otros muchos... Hit Counter
Free Counter

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera