Francisco Ibáñez es historia viva de nuestro cómic. Pasan los años y su humor sigue siendo el mismo. Ya sea en papel y tinta o en persona, el padre de
Mortadelo y Filemón es una persona que cae bien a la primera. Ayer lo demostró una vez más ante más de 400 escolares de 11 colegios de la Comunitat que le sometieron a un divertido interrogatorio.
¿Por qué en Mortadelo y Filemón no ocurren historias de amor? ¿Cuánto cobraste por tu primer cómic? ¿En quién te inspiras para crear a tus personajes?... fueron tan sólo algunas de las cuestiones que le plantearon los estudiantes presentes ayer en la Biblioteca Valenciana en el ciclo de Encuentros con Escritores.
El dibujante fue respondiendo una a una a las preguntas satisfaciendo la curiosidad de todos los presentes. La respuesta a sus inicios en el cómic no tiene desperdicio. "Fue cuando pude aguantar un lápiz con mi mano. Hice en una esquinita de una página de periódico un ratón que mi padre se guardó con mucho cariño en su cartera durante toda su vida", explicó un emocionado Ibáñez.
Ante la pregunta de cuántas horas dedica al día para dibujar las increíbles historias de los agentes de la TIA, Ibáñez fue muy claro. "Cuando son las doce de la noche, retraso el reloj una hora como si estuviera en Canarias para seguir trabajando". Respecto a si hay amor en sus historietas, el padre de Pepe Gotera y Otilio afirmó que "sí", pero que es una amor "muy peculiar". "Ofelia está enamorada de Mortadelo. Su idilio es muy divertido porque ella es una mujer de mucha 'envergadura'". Sobre su jubilación -y es que los niños lo preguntan todo- confirmó que será el día que la imaginación le "falle", aunque indicó que todavía "le queda cuerda para mucho rato".
Previamente al encuentro con los jóvenes, el autor de Rompetechos o 13 Rue del Percebe señaló a los medios que le produce "tristeza" cuando los niños abandonan la lectura para jugar con los videojuegos. "De por sí, el niño siempre ha tenido aprensión a esos bichos negros que se llaman letras y con el cómic conseguíamos que las frases, acompañadas de una ilustración, llamaran la atención al niño con lo que perdía el horror a las letras. En los videojuegos ese horror no existe porque no hay bichos, todo es imagen y sonido" señaló Ibáñez. "Los niños no están acostumbrados a las letras y no se sabe que pasará con la literatura en general dentro de unos años" afirmó.