Doña Urraca, la mujer de negro
Curioso personaje al que siempre pintaron como siniestro o pérfido, pero que en mí sólo despertó, la mayoría de las veces, cierta lástima. Vestida de negro, de los tobillos a la cabeza (sus zapatos eran de otro color y el paraguas también), Doña Urraca levitaba por las viñetas de sus historietas porque, al caminar, ninguno de sus pies reposaba en la calzada, suspendidos ambos en el aire, impulsados por su almidonado tupé y dirigidos por el paraguas que oficiaba de timón delantero.



Doña Urraca tenía fama de terrible. De hecho lo era. Se pasaba la vida cometiendo gamberradas y fechorías de toda índole: desde timos hasta vulgares sustos para niños, pasando por estraperlos y otros negocios de indudable ilegalidad. Era una mala persona en el sentir de todos y de ella misma. En el Almanaque navideño de Pulgarcito del año 1971, el propio personaje, presa de un ataque de sentimentalismo y soledad, se retira a un rincón para llorar sus penas y, al terminar, se reafirma esperanzada: "El resto del año haré de las mías otra vez".

La nariz ganchuda, cabalgada por sus gafas, acentuaba su fealdad y el personaje tal vez represente al colectivo de solteronas de su época. Doña Urraca fue creada por Miguel Bernet, alias Jorge, allá por 1948. La muerte del dibujante, acaecida en 1960, hizo que este esperpéntico personaje fuese pasto de la pluma de otros ilustradores: Torá y Martz Schmitz (el del Doctor Cataplasma). A finales de los 50, Jorge por presiones censoras que consideraban a la Doña demasiado cruel (véase "Cuando los cómics se llamaban tebeos. La Escuela Bruguera 1945-63" de Antoni Guiral), creó su contrapunto: Caramillo, un buen tipo, vestido de rojo y calzado con gorra, que desde ese momento será el destinatario de todo tipo de burlas y chanzas de esta mujer teñida de negro.
Curiosamente, al navegar por Internet para buscar imágenes de Doña Urraca, me tropiezo con un salón de streptease y despedidas de solteros que lleva su nombre. ¿Qué tendrá que ver lo uno con lo otro? ¿Se imaginan ustedes a la Doña haciendo la barra, mandingas al aire, con su paraguas, eternamente cerrado, en una mano y el tupé enhiesto? Yo, no, desde luego.
_____________________________________________________________ Hermezo
Ad maiorem tebeorum gloriam