PARA SIEMPRE

PARA SIEMPRE…
Para siempre es demasiado lejano.
Para siempre es demasiado eterno, demasiado tiempo. Y quería haberlo tenido para despedirme de ti, para decirte que a pesar de tu carácter difícil, te quería mucho, pero como siempre te has ido sin avisar y nos has dejado aquí con un palmo de narices y sin saber por qué.
No fui a tu última despedida, a tu adios definitivo, pero aunque hubiese ido no te hubiese querido ver, prefiero mantenerte en mi mente con tu semblante aceituna, tu expresión seria, mirando lejano y pensativo, sentado en un banco del parque, o regando en la huerta del pueblo, tu santuario, con tu traje de faena y tu gorra, regabas a todas horas, ¿Te acuerdas?; o en casa partiendo lomo y jamón mientras la abuela hacía la comida; o en tu coche, que tanto querías, camino de Molina o de Sigüenza para comprar el pan, el periódico y comer un torrezno, ¡Como te gustaba comer!, para ti la diabetes fue el peor castigo.
Cuando pienso en ti, es gracioso pero siempre te imagino en nuestro querido pueblecito de verano, o conmigo cuando yo era pequeña y me llevabas al parque, me dabas todo lo que yo quería, todo, y a veces me llevabas a la tienda de los Gonzalez, y me decías:
-Escoge lo que quieras.
Lo pasamos bien en el pueblo, ahora ¿sabes?, ya no hay casa, ni huerta, aunque tu probablemente podrás estar allá sin hacer ruido, sin que nadie te vea, en tu antiguo cuarto y en tu huerta, porque la huerta siempre será tuya.
Y ahora ya hace dos años que te fuiste, en aquel maldito 17 de agosto...
Un día me dijiste que querías llegar a los 93 años, porque tu padre se fue de tu lado con 39 años, no lo has conseguido pero no importa ¿verdad?, ahora ya estás con él.
Adios abuelo, siempre te querré muchísimo. Me tortura pensar que no pude despedirme de tí, y que llebava algunos meses sin hablar contigo, y que cada día que pasaba decía: mañana le llamo sin falta, pero al final no lo hacía, y así hasta que llegó el día en que mi hermano me dijo por teléfono que te habías muerto... espero que desde algún rincón del cielo me oigas. Te quiero, gracias porque fuiste un gran abuelo para mi, y porque sé que me querías mucho. Adios…para siempre.

jacaranda dijo
Estoy segura que allí donde esté sonreirá si llega a saber lo que has escrito.
Siempre hubo una relación muy especial entre los dos, aunque al final -siempre por su carácter- se deterioró bastante.
Es curioso cómo recordamos de las personas, cuando ya se han ido, las cosas buenas, sus cualidades. En algunos casos es muy difícil hacer el ejercicio de buscarlas. Él, al final de su vida, muy al final, supo callar, permanecía muchos ratos en silencio y, por contraste, hablaba mucho de su niñez, de sus padres, de su infancia desgraciada que, posiblemente, explica -aunque no justifica- otros episodios de su vida.
3 Septiembre 2006 | 10:12 PM