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<title>El Neumococo Chochiflán</title>
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<description>Pon el dedo en la llaga si es necesario... pero no lo retuerzas.
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	<title>El Neumococo Chochiflán</title>
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<title>EXTRAÑA BELLEZA</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/07/27/extrana-belleza</link>
<pubDate>2006-07-27T16:42:41+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">RELATOS INCONEXOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<div><img src="myfiles/elneumococochochiflan/Beirut_Evening.jpg" width="400" height="204" class="imgcen" /></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>A</FONT>lzó la cámara fotográfica instintivamente y miró por el visor. Sus ojos, bien entrenados en docenas de circunstancias similares, escudriñaron el encuadre en milésimas de segundo. No cabía duda. Era una imagen poderosa y de una extraña belleza.</p>
<p>El niño tendría algo menos de cuatro años y el pelo revuelto y ensortijado. Sus ojitos oscuros y vivaces se perdían en el infinito. Su pequeña boca sonrosada describía un arco de curiosidad pueril, inocente pero algo resabiada. </p>
<p>Las rodillas estaban llenas de pequeños cortes, algo típico de los críos de su edad. Debía ser bastante travieso. La inquietud parecía apoderarse de su estampa de chiquillo moderadamente rebelde. </p>
<p>Sin embargo, en una actitud que desmentía su aire de independencia, no había dejado de abrazar la pierna de su compañera.</p>
<p>La chica era otra cosa, desde luego. </p>
<p>Con toda probabilidad era su hermana mayor. Se podían reconocer ciertos rasgos comunes, pero ahí acababa el parecido. Su mirada era más dura, sin dejar de retener cierta dulzura incomprensible, y sobre todo inexplicable, en su interior. </p>
<p>Era difícil aventurar su edad. Su rostro aparentaba ser el de una típica adolescente, pero su cuerpo era el de toda una mujer. </p>
<p>Su piel era trigueña pero ligeramente brillante, sus caderas bien marcadas y redondas, sus brazos -fuertes y delicados a un tiempo- rodeaban al niño como queriendo sustraerlo de su entorno. Sus pechos se adivinaban turgentes bajo la blusa de color parduzco que llevaba, la misma que dejaba entrever un delicioso ombligo por el que más de un Ricardo III hubiera dado su reino. Las piernas estaban ligeramente flexionadas, como si soportaran el resto de su imponente figura con desgana. Y bajo el arco de su nariz, sus labios carnosos, se mantenían entreabiertos, levemente cubiertos por una capa de la tierra rojiza que tanto abundaba alrededor de ellos. Era tan terrenal como infinitamente sensual.</p>
<p>Se sintió avergonzado ante su propia excitación. Temía que el niño se percatara de la lascivia que había tras el objetivo de aquella cámara. Pero sabía que eso nunca ocurriría.</p>
<p>Bajó la cámara y se atrevió a mirarles a los ojos, sin que ninguna herramienta se interpusiera entre ellos. </p>
<p>Se encontraba desnudo y sucio, pero no por su deseo. Eso era algo natural. Su suciedad estaba más adentro, en su conciencia.</p>
<p>- ¿Vas a hacer la foto de una puta vez o qué? No tengo todo el día.</p>
<p>Miró con perplejidad a su colega. Lo sentía más ajeno a él que nunca.</p>
<p>- No puedo... no está bien...</p>
<p>- ¿No está bien? ¿Y ahora me lo dices? ¡Pero si has hecho miles de fotos así antes!</p>
<p>- No de ellos dos... Son diferentes. ¡Bueno, no lo son, pero lo soy yo! Me parece distinto ahora...</p>
<p>- ¡Maldita sea! Sube al coche y vámonos de aquí entonces. Van a regresar de un momento a otro.</p>
<p>Se alejaron a toda velocidad sin dirigirse la palabra durante más de diez minutos, ¿o fueron veinte? </p>
<p>¿Quién sabe? </p>
<p>Peor aún. </p>
<p>¿Quién puede decir que sabe?</p>
<p>Su redactor intentó iniciar la conversación una vez más.</p>
<p>- Un cadáver es un cadáver. Haces las fotos y te vas. A estas alturas no tendría que decirte estas cosas.</p>
<p>- A lo mejor me estoy haciendo viejo.</p>
<p>Lo dijo sin convicción. Le parecía como si por primera vez en su vida hubiera abierto los ojos.</p>
<p>Escucharon los silbidos de los F-16 acercándose mientras abandonaban el perímetro.</p>
<p>Anochecía ya en Beirut cuando llegaron al hotel.
</p>
</div></div>]]></content:encoded>
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http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/07/27/extrana-belleza#comentarios
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<title>VENTANILLA Nº5</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/07/10/ventanilla-na-5</link>
<pubDate>2006-07-10T16:32:31+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">RELATOS INCONEXOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="myfiles/elneumococochochiflan/SamE2.gif" width="235" height="340" class="imgcen" /></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>E</FONT>l mostrador se alzaba ante él, sólido, majestuoso, imperturbable. Era la última frontera. El límite, más allá del cual se dirimían las cuestiones que marcaban a fuego las vidas de quienes se atrevían a enfrentarse a sus aristas. Tras esta barrera -por encima del bien y del mal, del espacio y del tiempo- se vislumbraba la figura recia de Don Cosme.</p>
<p>Se detuvo a contemplarlo durante un par de segundos antes de pasar a la acción. El conjunto le impresionó más de lo que hubiera esperado. </p>
<p>Sin duda, Don Cosme conservaba todavía gran parte del porte orgulloso que le había caracterizado desde mucho antes de alcanzar la categoría de mito en los altares de la burocracia. Pero ahora, a su imponente sobriedad se había sumado un aire ligeramente plomizo. Un tufillo a piloto automático que corría el riesgo de devenir apatía. O quizá era esta una percepción distorsionada por los prejuicios que se habían escuchado durante meses en los pasillos del ministerio.</p>
<p>Era el momento de dar la cara. Llevaba semanas ensayando sus diálogos. Sabía que este era un hueso muy duro de roer. En situaciones así, el éxito y el fracaso de una interpretación están separados por milímetros. Sobre sus cabezas colgaba un viejo cartel con la legendaria inscripción "<em>Ventanilla Nº5</em>" </p>
<p>Tragó saliva. Se mentalizó sobre la marcha. La vacilación es un lujo. La mejor defensa es un buen ataque.</p>
<p>- Buenos días, he venido a solicitar una cédula HGX-7 -dijo sin pestañear. </p>
<p>Don Cosme levantó fugazmente la mirada del montón de legajos que tenía entre manos. Durante un instante hubo contacto visual entre ambos.</p>
<p>Rápido y con el grado de insolencia justa. Había empezado bien.</p>
<p>El anciano funcionario volvió a hundir sus ojos entre papeles, dejando que transcurrieran un par de segundos antes de murmurar:</p>
<p>- De modo que una HGX-7, ¿eh?. ¿Ha traído toda la documentación pertinente?</p>
<p>Ni un músculo fuera de lugar. Cada palabra sonaba como si hubiera sido masticada en el interior de la faringe durante siglos antes de ser pronunciada. La cadencia era de una precisión tal que provocaba escalofríos. El reto que ese formidable oponente suponía era tan excepcional como estimulante.</p>
<p>- Por supuesto -sentenció sin amilanarse- tres sellos DK-9 de doce y cinco TR-4 de dos con cincuenta. El timbre Delta Verde, y los permisos Z correspondientes a los lunes. Los ocho.</p>
<p>Dejó escapar un leve tono triunfalista en su voz. La provocación estaba servida.</p>
<p>Don Cosme no consideró necesario dejar de cotejar mecánicamente los expedientes que diseccionaba con sus expertos dedos, pero era evidente que su concentración se había visto mermada, al menos por el momento.</p>
<p>- Cada sello requiere una autorización sectorial específica que...</p>
<p>- Lo sé. He dado por sentado lo de las autorizaciones. Es obvio que me he encargado de los trámites anexos a los párrafos 56 y 921 del artículo 13 de la LOBEI de 2001.</p>
<p>- Aquí no damos NADA por sentado, jovencito.</p>
<p>El énfasis había sido un punto a su favor. Don Cosme no había bramado, pero al menos matizaba. Todo iba según lo previsto.</p>
<p>- Espero que no haya olvidado que sin las correspondientes fotos recien...</p>
<p>- Tres por cada uno de los trámites -dijo como una ametralladora- Tamaño carnet, sobre fondo blanco y recien salidas del horno -se permitió incluso el descaro de chasquear la lengua- ¿Por quién me ha tomado? Yo he hecho los deberes, abuelo. </p>
<p>Si esto último no lo hacía reaccionar, nada lo haría.</p>
<p>Don Cosme cambió notablemente de color. Todo en él era furia contenida mientras se ajustaba las gafas. Luego, soltó todos los papeles con exquisito cuidado y con una mirada directa y fulminante espetó:</p>
<p>- Yo no soy su abuelo, pollo. Le sobra a usted alegría y ligereza y le falta un sobre tamaño...</p>
<p>- F45, aquí lo tengo.</p>
<p>- ¡No me interrumpa! -al fín había alzado la voz- También necesita un volante de certificación y un permiso de...</p>
<p>Por toda respuesta, sacó de su carpeta los formularios restantes y se abanicó con ellos sin el menor pudor.</p>
<p>Don Cosme se levantó de la silla -¡qué gran triunfo!- y gritó:</p>
<p>- ¿Y acaso pretende hacer todos estos trámites de una sola vez, mocoso de mier... jovenzuelo impertinente?</p>
<p>Ya podía saborear su éxito.</p>
<p>- Por supuesto, vejestorio.</p>
<p>El puñetazo en la mesa se escuchó en toda la planta.</p>
<p>- ¡Pues sepa, que según especifica la Disposición Adicional Quinta del <em>Reglamento Interno de Trámites Relativos al Pago de Servicios Prestados un Lunes y No Establecidos A Priori en el Estatuto General</em>, necesita usted una copia compulsada de una solicitud D-60 para la resolución por trámite únicoooooo!</p>
<p>Los ojos de Don Cosme estaban más vivos y llenos de odio que nunca. Todo su cuerpo temblaba como una lavadora en pleno centrifugado. </p>
<p>Aquello era más que suficiente. Decidió poner fín a la farsa con clase y discrección.</p>
<p>- ¡Ah! Pues eso sí que no lo tengo.</p>
<p>Don Cosme cogió todos sus papeles exultante.</p>
<p>- Pues sin eso, que tiene que recoger en la Dirección General de Resoluciones Estrafalarias, sita en la calle del Olvido, 340, todos estos papeles no sirven para nadaaaaa. </p>
<p>El célebre viejo rompió cada impreso en mil pedazos delante de sus narices antes de recuperar la compostura y finalizar con un seco <em>¡Buenos días!</em></p>
<p>En la planta baja fue recibido con vítores y aplausos prolongados.</p>
<p>- Enhorabuena -le dijo el jefe de personal- Ha conseguido usted que reaccionara como en sus mejores tiempos. ¡Qué vitalidad!</p>
<p>- Gracias, gracias... La verdad, me había preparado a conciencia.</p>
<p>- Ha sido un logro descomunal, amigo mío. Des-co-mu-nal. Lo hemos hablado entre todos y hemos acordado pagarle el triple de lo convenido.</p>
<p>- No sé que decir. Me siento muy honrado...</p>
<p>- No diga nada... ¡Es usted un artista! La señorita Larrañaga, allí en la caja, le pagará con este vale. ¡Tenga muy claro que le llamaremos de nuevo!</p>
<p>Una última duda le asaltó antes de retirarse.</p>
<p>- ¿Me permiten ustedes una pequeña observación?</p>
<p>- Usted dirá</p>
<p>- ¿No es un poco cruel todo esto?</p>
<p>- De ningún modo -atajó rápidamente el jefe de personal- Don Cosme es una institución reconocida en todo el aparato del Estado. El decano de nuestros funcionarios. Su intransigencia es motivo de universal envidia y unánimes alabanzas, vertidas desde los ministerios de todo el orbe. Pero ya nadie le presenta desafíos. La gente se achica ante su sola presencia. Así las cosas, el único modo de conseguir que mantenga su reputación sin mácula es contratando a gente como usted. Aunque he de decir que, hasta ahora, nadie había llegado tan lejos.</p>
<p>Ruborizado, recibió una ronda más de entusiastas elogios y se despidió de sus empleadores acompañándolos hasta la puerta.</p>
<p>Camino de la caja, no dejaba de pensar en la horrible tarea de Don Cosme, condenado de por vida a ser el dios que destruyera las esperanzas de los miles de sísifos que pasaban a diario por su mostrador.</p>
<p>La voz de la señorita Larrañaga le sacó de sus meditaciones.</p>
<p>- Disculpe caballero. Para hacer efectivo este pago necesito que me adjunte una cédula HGX-7.</p>
<p>-¿Perdón? ¿Cómo ha dicho?</p>
<p>- No se preocupe. Para obtenerla sólo tiene que solicitarla en la segunda planta. Ventanilla número cinco.
<div>
</div></div>]]></content:encoded>
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<title>160</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/05/15/160</link>
<pubDate>2006-05-15T15:49:52+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">RELATOS INCONEXOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.lacoctelera.com/jurfendu/imagen/puente_de_silva.jpg" width="400" height="300" class="imgcen" /></p>
<p><strong>80 km/hora</strong></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>A</FONT>l principio sólo fue un flirteo sin importancia. Ella no era especialmente guapa,   pero halagaba su vanidad. Ya no era ningún crío. Le sentaba bien saberse deseado por una compañera que aún no había alcanzado la cuarentena.</p>
<p>El juego comenzó a interesarle al segundo mes. Pasaba la mayor parte del día fuera de casa. Una canita al aire no perjudicaría a nadie. </p>
<p>En la fiesta de Navidad ocurrió lo inevitable.</p>
<p><strong>90 km/hora</strong></p>
<p>El resto de sus compañeros guardó silencio. Era una de las normas no escritas de la casa. No entrometerse en los asuntos personales de los demás. En cualquier caso, él procuró mantener todo aquello en secreto.</p>
<p>Un secreto a voces.</p>
<p>¡Maldita sea!</p>
<p>Apretó un poco más el acelerador.</p>
<p><strong>100 km/hora</strong></p>
<p>Continuó haciendo un tortuoso repaso mental a sus errores. </p>
<p>Le embelesaba su manera pícara de mirarlo. </p>
<p>Sentir de nuevo ese hormigueo entre las piernas. </p>
<p>Su pelo mojado contra su pecho. </p>
<p>Su lengua entretenida en devorarle los lóbulos de las orejas. </p>
<p>Su cálido aliento en la nuca...</p>
<p><strong>110 km/hora</strong></p>
<p>¿En qué momento había perdido el control de la situación?</p>
<p>Sus manos temblaban, asiendo el volante con inseguridad.</p>
<p>Nunca había tenido control sobre la situación.</p>
<p>Era un poco tarde para darse cuenta.</p>
<p><strong>120 km/hora</strong></p>
<p>Primero fueron un par de quejas cariñosas. Un "<em>trabajas demasiado</em>", acompañado de caricias intencionadas, que él ni siquiera fue capaz de percibir.</p>
<p>Luego llegaron las miradas esquivas, los sollozos sin sentido, los reproches mudos, el dolor de la certeza que se resiste a serlo, la distancia insalvable...</p>
<p>Él vivió su mentira. apurándola hasta el fondo, hasta que se convirtió en un acto reflejo, en un deber diario, en una carga asumida.</p>
<p>En otra rutina más.</p>
<p><strong>130 km/hora</strong></p>
<p>Hasta sus amigos empezaron a advertirle. Intentaron que abriera los ojos. Que viera lo lejos que todo aquello estaba yendo. </p>
<p>Él recibió sus consejos con una mezcla de incredulidad y orgullo. Insistían en que no les quedaba otra opción.</p>
<p>Habían esperado que él mismo se diera cuenta.</p>
<p>Habían esperado a que él tomara una decisión.</p>
<p>Hasta que alguien la tomó por él.</p>
<p><strong>140 km/hora</strong></p>
<p>Era el momento de más trabajo de la mañana. Ella lo sabía. Podría haber esperado hasta la hora del descanso.</p>
<p>Ciertas cosas no admiten demora.</p>
<p>La llamada fue breve pero intensa. Directa a la yugular.</p>
<p>Lo sabía todo.</p>
<p>Había llegado al punto en que no le importaba lo que él hiciera. Pero aún le importaba su vida.</p>
<p>Las palabras "<em>me voy</em>" sonaron como una sentencia. No estaba dispuesto a subir al cadalso sin luchar. Hizo caso omiso a las amenazas de su supervisor. Cogió las llaves de la furgoneta de reparto más rápida.</p>
<p>Se aferró a la esperanza de los que ya no tienen nada que perder.</p>
<p><strong>150 km/hora</strong> </p>
<p>Sus manos dejaron de temblar.</p>
<p>Llegaría a tiempo. Ninguna guagua salía de Agaete antes de media hora.</p>
<p>Aceptaría su culpa. Reconocería su error. Haría valer su verdad.  Imploraría, pero manteniéndose sereno y firme.</p>
<p>Su única seguridad era que aún la amaba.</p>
<p>La carretera estaba despejada a esa hora. </p>
<p>Su futuro también. </p>
<p>Había tomado las riendas y no las pensaba soltar. Estaba ya muy cerca.</p>
<p>Pisó a fondo.</p>
<p>-------------------------------------------------------------------------------------------------------</p>
<p><strong>80 pulsaciones/minuto</strong></p>
<p>Sabía que la valla de seguridad estaba rota por aquella altura. Corrió a buen ritmo. Encontró el hueco sin dificultad.</p>
<p>Se encaramó de un salto al borde. Estaba decidido.</p>
<p>Había jurado que no desfallecería</p>
<p>Llevaría a cabo el plan con precisión quirúrgica.</p>
<p>Era importante no mirar antes. Ya tendría tiempo de sobra para verlo todo mientras caía.</p>
<p>Sin embargo, el viento parecía obligarlo a desviar su determinación.</p>
<p>La tentación era demasiado fuerte.</p>
<p>Miró hacia abajo.</p>
<p><strong>90 pulsaciones/minuto</strong></p>
<p>Sintió las fuerzas de atracción y de repulsión a un tiempo.</p>
<p>El vértigo.</p>
<p>Sacó el móvil de su bolsillo derecho. Intentó concentrarse en el pequeño artilugio que de tanto le serviría en su venganza.</p>
<p>A sus pies, el vacío le seguía esperando.</p>
<p><strong>100 pulsaciones/minuto</strong></p>
<p>Miró a su alrededor para confirmar que no había nadie alrededor del puente. Se repitió a sí mismo los motivos que le llevaban a estar allí, al borde de la muerte.</p>
<p>Con apenas dieciséis años, sentía como si hubiera experimentado cuatro vidas. Estaba de vuelta del amor, de la traición, de la vida...</p>
<p>Había dejado de ser un niño como los demás.</p>
<p>Un hombre es el único dueño de su futuro.</p>
<p><strong>110 pulsaciones/minuto</strong></p>
<p>Buscó su número en la agenda del teléfono.</p>
<p>Le temblaba el pulso.</p>
<p>Inspiró profundamente. Probó a cerrar los ojos.</p>
<p>No fue capaz.</p>
<p>Una sensación nueva le recorría la medula espinal. </p>
<p>Reptaba por su espalda, enroscándose en su cuello, adhiriéndose a cada poro de su piel, erizando cada vello, impregnándole de sudor frío e inundándole por dentro.</p>
<p>Era miedo.</p>
<p><strong>120 pulsaciones/minuto</strong></p>
<p>Imaginó su rostro una vez más.</p>
<p>Sus facciones se le antojaban más aniñadas que nunca en este instante. Sin embargo era muy mujer. Era la mujer de su vida.</p>
<p>Lo supo desde el primer segundo en que sus miradas se cruzaron en aquel desvencijado patio de instituto.</p>
<p>Había vencido su timidez. Había dejado de tartamudear delante de las chicas. Estaba preparado  cuando ella se le acercó aquella tarde.</p>
<p>Cierto. Ella había tomado la iniciativa. Ella inició los escarceos. Ella lo manejó un poco a su antojo. Al principio, se reía de él.</p>
<p>Pronto dejaría de reir.</p>
<p><strong>130 pulsaciones/minuto</strong></p>
<p>Le costaba recordar los acontecimientos en orden cronológico. La memoria le estaba jugando una mala pasada. Los flashes de momentos felices, eternos, interminables, cruzaban su mente colisionando con la conversación de la noche anterior.</p>
<p>Hasta entonces ella le había enseñado casi todo.<br />
Le había enseñado a besar, a amar, a sonreir...</p>
<p>Le había destrozado el corazón.</p>
<p>Él le enseñaría lo que era un corazón roto.</p>
<p><strong>140 pulsaciones/minuto</strong></p>
<p>En casa nadie podía entenderlo. Ella, en cambio, sabía lo que pensaba sin esfuerzo aparente.</p>
<p>Supo cuando había llegado el momento adecuado. Sus padres habían salido esa mañana. Nadie se enteraría de que habían hecho novillos. </p>
<p>Él estaba realmente nervioso, pero ella lo condujo sabiamente. Lo tranquilizó, le dirigió con dulces palabras, lo arropó con su cuerpo de diosa. Le dejó hacer.</p>
<p>La hizo suya con la pasión del primerizo, pero con la seguridad del experto.</p>
<p>Al menos eso había creído él.</p>
<p><strong>150 pulsaciones/minuto</strong></p>
<p>¿Cómo era posible que encontrara a otra persona?</p>
<p>No existía nadie más. No para él. </p>
<p>No había sobre la faz de la Tierra una traición comparable.</p>
<p>Le haría pagar con creces. Escucharía el sonido de su muerte como si fuera una sentencia.</p>
<p>Volvió a mirar al vacío, con desdén. </p>
<p>Sus manos dejaron de temblar.</p>
<p>Su única seguridad era que aún la amaba.</p>
<p>Allá abajo, el barranco estaba despejado a esa hora. </p>
<p>Su futuro también. </p>
<p>Había tomado las riendas y no las pensaba soltar. Estaba ya muy cerca.</p>
<p>Se dispuso a marcar el número.</p>
<p>Dio un paso hacia adelante.</p>
<p><strong>160 pulsaciones/minuto</strong></p>
<p>El teléfono comenzó a vibrar. Pudo sentirlo en la palma, quemándole como el fuego.</p>
<p>Trastabilló. Perdió pie. </p>
<p>El abismo reclamaba lo que le pertenecía. Su sacrificio no admitía demora.</p>
<p>Era ella, seguro que era ella. Todo había sido una estupidez. Todo se iba a arreglar. Iba a pedirle perdón...</p>
<p>Sintió la fuerza de la gravedad absorviéndole.</p>
<p>No.</p>
<p>¡AHORA NOOOO!</p>
<p>En milésimas de segundo lo vio todo claro, cristalino.</p>
<p>Se había comportado como un bebé. La vida era más importante que una traición. Esa traición podría olvidarse. Ella haría cualquier cosa para que la disculpase.</p>
<p>No estaba dispuesto a caer del cadalso sin luchar.</p>
<p>Se aferró a la esperanza de los que ya no tienen nada que perder.</p>
<p>Tensó sus músculos como los de un atleta.</p>
<p>Arqueó todo su cuerpo hacia atrás en una filigrana casi imposible.</p>
<p>Le arrancó a la suerte una oportunidad. Pataleó en las fauces del abismo y consiguió caer hacia el interior. </p>
<p>Rompió lo poco que quedaba de valla y rodó por la calzada, seguro de sí mismo,  sabiéndose a salvo.</p>
<p>Eufórico, levantó la vista.</p>
<p>-------------------------------------------------------------------------------------------------------</p>
<p><strong>160 km/hora</strong></p>
<p>A mitad del Puente de Silva se encontró con el jovencito que rodaba por la carretera. </p>
<p>¿De dónde había salido?</p>
<p>Le miró a los ojos un segundo antes de la colisión.</p>
<p>Dio un volantazo a la derecha con todas sus fuerzas. Clavó el pie en el pedal de freno.</p>
<p>Sintió como la furgoneta, encabritada, pasaba por encima de aquel chico. Casi pudo escuchar como le quebraba las vertebras del cuello.</p>
<p>Antes de poder asimilarlo, se golpeó la cabeza contra el techo mientras el vehículo se despeñaba.</p>
<p>Dicen que, en esos momentos, toda tu vida pasa ante tus ojos.</p>
<p>Comprobó que esa afirmación es gratuita.</p>
<p>-------------------------------------------------------------------------------------------------------</p>
<p>A unos treinta metros del cuerpo inerte del infortunado adolescente, la pantalla de un teléfono móvil parpadeaba anunciando la llegada de un mensaje.</p>
<p>Era una promoción del operador telefónico.</p>
<p>Le regalaban 160 euros gratis en llamadas.
<div>
</div></div>]]></content:encoded>
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http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/05/15/160#comentarios
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<title>NADA DE PARTICULAR</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/05/08/nada-particular</link>
<pubDate>2006-05-08T19:05:13+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">RELATOS INCONEXOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="myfiles/elneumococochochiflan/PLUMA.gif" width="250" height="250" class="imgcen" /></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>E</FONT>l primer disparo le atravesó la nuez. Carlos pudo sentir el aire escapando de su garganta, fluyendo libremente fuera de su control. Las formas que le rodeaban devinieron siluetas carentes de profundidad, meras manchas de una paleta de tonalidades grisáceas.</p>
<p>El segundo le alcanzó en el pecho, dándole el tiempo justo para que su agonizante cerebro enviara una última orden a su mano derecha. Esta se cerró firmemente en torno al objeto que había precipitado su muerte. Los guardaespaldas rodearon el cuerpo y se dispusieron a registrarlo. En el jardín reinaba el silencio más absoluto. Habían empleado silenciadores. </p>
<p>Desde el exterior del recinto amurallado, aquella noche no parecía tener nada de particular.</p>
<p>-------------------------------------------------------------------------------------------------------</p>
<p>La visita de don Evaristo Iturralde no dejaba de ser rutinaria. Era, sencillamente, uno de esos clientes de privilegio del banco. Como otros miembros de la antigua oligarquía, cuyas familias habían sabido sobrevivir -en una posición envidiable- a más gobiernos de los que convenía recordar. Incluso en los tiempos de Velasco se las arreglaron para nadar y guardar la ropa. Siempre lo suficientemente cerca del poder como para garantizarse las comisiones y prebendas pertinentes. Siempre lo suficientemente lejos como para poder evitar las salpicaduras de sangre y corrupción que acompañaban cada caída.</p>
<p>Carlos sabía tratar con tiburones como don Evaristo. Su director decía que tenía don de gentes. Él creía que bastaba con ser profesional y educado. Aquellos que habían amasado su fortuna explotando la ineficacia del sistema agradecían, en cambio, su aptitud y diligencia. Una paradoja más en una ciudad repleta de ellas. Los viejos palacios que se alzaban aún orgullosos en la antaño llamada “<em>ciudad jardín</em>” se alternaban con infraviviendas propias de un tugurio. Y esa maldita humedad, esas omnipresentes nubes bajas parecían querer recordar a los ciudadanos su condición de eternos desposeídos, sin más aspiraciones que la de escapar a la miseria, un mes más.</p>
<p>Sin embargo, ni todos sus años de experiencia le habían preparado para entender el extraño ingenio financiero de su esposa. En los escasos tiempos muertos de que disponía a lo largo de su interminable jornada laboral, jugueteaba con el regalo que María le había hecho por su último aniversario. Había transcurrido más de un mes desde entonces y aún no había sido capaz de deducir de dónde había podido ahorrar lo suficiente para comprarle una pluma de oro de auténtico lujo. </p>
<p>No se cansaba de repetirle que le bastaba con su presencia reconfortante para ser feliz. Pero ella siempre encontraba una nueva manera de sorprenderle. Había halagado su minúsculo ego de contable con aquel presente. </p>
<p>Se sabía víctima de la paciente campaña diaria de María en contra de la rutina, del abandono, de la costumbre… Y sabía que, por culpa de ese empecinamiento, no podía evitar amarla.</p>
<p>Entretenido en estas cuestiones estaba cuando don Evaristo se acercó hasta su mesa, rodeado por un nutrido grupo de gorilas que parecían encontrar algún placer malsano en restregarle al resto del mundo su condición de esbirros armados. Carlos atendió de inmediato a su ilustre cliente, sin dejar de reparar en el notable aumento del número de guardaespaldas del señor Iturralde. </p>
<p>- Se ha dado cuenta, ¿verdad? –dijo don Evaristo con voz cansada.</p>
<p>- ¿Perdón? ¿Decía usted don…?</p>
<p>- No he podido evitar percatarme de su sorpresa. –interrumpió Iturralde con afables maneras y una voz susurrante- Sí. Cada día llevo más protección. Son los malditos <em>terrucos</em>. Me envían amenazas desde hace años, pero hoy día están por todas partes. Mientras eran una cuadrilla de cholos de mierda no me preocupé demasiado. Ahora campan a sus anchas por la capital. ¡Imagínese! Mi médico me ha ordenado que deje de leer los diarios. Soy hipertenso y cualquier día sus atrocidades me mandarán al otro barrio sin tocarme siquiera.</p>
<p>- Lo lamento… -dijo Carlos, incapaz de reaccionar ante las confidencias de aquel prepotente. Un engreído, que conocía mejor Miami que cualquiera de los pueblos de la sierra exprimidos en su beneficio, se atrevía a definir la realidad nacional en dos frases y a lamentarse amargamente. Era el colmo del cinismo. </p>
<p>- No se preocupe. Todos tenemos que cargar con nuestra cruz. La suya, como siempre, es explicarme todo este mar de papeles ja, ja, ja… </p>
<p>La leve carcajada sonó grotesca en la mente de Carlos, que optó por volver a su papel de profesional de la banca y fue recuperando aplomo mientras explicaba cada pequeño detalle con infinita paciencia. Al terminar, cedió su flamante pluma a don Evaristo para que procediera a firmar.</p>
<p>¿Cómo era posible que gente así siguiera rigiendo los destinos –más bien desatinos- de todo un país, desde sus fortalezas residenciales? Seguían, tan ufanos como de costumbre, enviando a sus cómplices del momento  invitaciones para obscenos “<em>almuerzos de trabajo</em>”, mientras él recorría el jirón de La Unión en busca de un <em>chifa</em> decente donde poder comer rápidamente, antes de regresar al banco.</p>
<p>Conocía de paporreta los motivos. Su estirpe estaba marcada a fuego por aquella genealogía del fracaso que le daba la razón, pero no los dólares suficientes para hacerla valer. </p>
<p>Ensimismado en sus hirientes certezas, apenas pudo reaccionar a tiempo cuando observó que don Evaristo guardaba su pluma en el bolsillo interior de la chaqueta.</p>
<p>- Disculpe, ¿me permite mi pluma? – se atrevió a decir esbozando la sonrisa servil que le ubicaba en la orilla de los perdedores.</p>
<p>- Pero Carlos, ¿tanto trabajo tiene ya que se le ha oscurecido el entendimiento? –esgrimió Iturralde con nada disimulado disgusto- ¿Cree que no reconozco mi propia pluma?</p>
<p>Sintió los ojos del director clavarse en su nuca. En treinta años de trabajo jamás había atraído tanta atención sobre sí mismo. Quedó paralizado en la silla, hundido en el mar de su propia insignificancia, mientras don Evaristo se levantaba y le recomendaba cordialmente que se tomara unas vacaciones. </p>
<p>Ni siquiera fue capaz de acompañarle hasta la puerta como acostumbraba. </p>
<p>-------------------------------------------------------------------------------------------------------</p>
<p>La primera semana no pareció darse cuenta, pero una tarde, pasados quince días desde el incidente, la encontró llorando junto al teléfono del dormitorio y, por absurdo respeto, no se atrevió a cruzar el umbral. </p>
<p>Hablaba, entre sollozos, con su amiga Lucía. Podía reconocer su voz chillona al otro lado de la línea. </p>
<p>- Jamás perdería una cosa así…. Lo conozco demasiado bien… Te digo que ha encontrado a otra. No… No… Mi Carlos jamás dejaría que le robasen un regalo de aniversario… Es mi culpa… No he sabido mantenerme joven. Y él todavía tiene su planta… Seguro que… -no pudo terminar la frase-  Ay, Lucy… él es toda mi vida… ¿Qué voy a hacer si no me quiere a su lado...?</p>
<p>Carlos volvió sobre sus pasos como un pulgarcito humillado por su propia sombra. Alcanzó la calle titubeando y vagó durante horas por las calles atestadas. A punto estuvo de ser atropellado por una combi cerca de Sucre. Una mezcla de culpa y vergüenza le hizo arrastrarse hasta Barranco y allí permaneció mientras anochecía. Con el Pacífico como único testigo de su impotencia.</p>
<p>Consideró las opciones posibles. </p>
<p>Hablar con don Evaristo era impensable. Sería su ruina y le convertiría en el hazmerreír de sus compañeros. </p>
<p>Contarle la verdad a María sería aún peor. Reconocer ante aquellos ojos tiernos y profundos su única miseria. </p>
<p>Su pobreza moral. </p>
<p>¿Qué clase de hombre habría dejado que le ocurriera eso? </p>
<p>Sabía Dios los sacrificios que tenía que haber hecho ella para comprar aquella pluma. Con aquel mismo instrumento había desgarrado el corazón de la única persona que aún creía en él.</p>
<p>Llegó a la conclusión de que había una única salida posible. Un único remedio digno en ese mundo de indignidad que había creado a su alrededor. El hedor de su cobardía impregnaba hasta la marea. </p>
<p>Tenía que sacudírselo de encima.</p>
<p>Tomó un taxi hasta La Molina. Conocía la residencia de don Evaristo porque el banco le había enviado allí una mañana en que, convaleciente de una leve gripe, este se había sentido indispuesto para ir directamente a la oficina. </p>
<p>Sabía incluso el camino más corto hasta el despacho y el cajón donde guardaba sus plumas el viejo truhán.</p>
<p>Rodeó la cuadra varias veces antes de encontrar un punto muerto para las cámaras de seguridad. </p>
<p>Se infundió valor recordando la conversación telefónica de María. </p>
<p>Recordó también cuando, con veinte años y todo el futuro por delante, el único futuro que le importaba era el que albergaba aquella sonrisa pícara e inocente, aquellas caderas de chocolate, aquellos hoyuelos sensuales y aniñados. </p>
<p>Tomó aliento. </p>
<p>El mismo que habían compartido cada día durante tres décadas. </p>
<p>Cogió carrerilla.</p>
<p>La misma que había tomado cuando cruzara el umbral de su primera casa, con ella en brazos.</p>
<p>Y saltó el muro.</p>
<p>-------------------------------------------------------------------------------------------------------</p>
<p>La policía tomó declaración a don Evaristo en el mismo jardín de su casa. </p>
<p>Ratificaron que su identificación era correcta. </p>
<p>Un ministro llamó directamente al jefe de policía para solicitar una resolución inmediata del caso. </p>
<p>Los agentes elaboraron un escueto informe confidencial, para uso exclusivamente interno:</p>
<p><<<em>El sujeto, Carlos Aburto Jara, empleado de banca, no iba armado. </em></p>
<p><em>El móvil parecía ser el robo. Aburto Jara conocía la residencia del señor Iturralde por haber estado allí con anterioridad cumpliendo con sus obligaciones profesionales. Sorprendido en el acto, huyó llevando sólo consigo una pluma de oro con la que señaló al  personal de seguridad del señor Iturralde.  En la oscuridad, estos creyeron que era un arma de fuego y dispararon en lo que parecía ser defensa propia. </em></p>
<p><em>Existe todo un dossier de amenazas senderistas contra el señor Iturralde. El error de sus guardaespaldas fue debido a un exceso de celo totalmente comprensible. </em></p>
<p><em>Nos hacemos cargo del cuerpo y de su adecuado "tratamiento". Permaneceremos a la espera de que su familia presente denuncia y sea declarado oficialmente "desaparecido". </em></p>
<p><em>En atención a la delicada salud del señor Iturralde se archiva el caso y se le repone la pluma robada.</em>>></p>
<p>Don Evaristo despidió personalmente a los agentes lamentando los inconvenientes causados. Mientras veía a los coches de policía alejarse en silencio, miró de reojo la inscripción que María había hecho grabar sobre el interior del capuchón de la pluma. </p>
<p>La misma inscripción cuya existencia, en su precipitación, había olvidado Carlos. </p>
<p>Se acordaba de haberla leído, sorprendido, la misma tarde del día en que acudió al banco.</p>
<p>Sabía que sólo su orgullo le había impedido devolver la pluma.</p>
<p>Negó con la cabeza repetidas veces, sacudiéndose el peso de la culpa de un "<em>plumazo</em>" (tal expresión le hizo sonreir y alejó definitivamente los fantasmas de su mente). Luego entró en su residencia, regresó a su opulenta cama y ordenó que le trajeran el desayuno. </p>
<p>Desde el interior del dormitorio, aquella mañana no parecía tener nada de particular.
<div>
</div></div></<<em>]]></content:encoded>
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<title>DISTRACCIÓN</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/04/26/distraccion</link>
<pubDate>2006-04-26T19:54:36+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">RELATOS INCONEXOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="myfiles/elneumococochochiflan/DISTRACCION.jpg" width="400" height="314" class="imgcen" /></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>- M</FONT>e ha llamado el tutor de Pedro esta mañana. Cuidado, me estás haciendo algo de daño.</p>
<p>- Levanta un poco más la cadera. Si estuvieras más cachonda no te dolería. ¿Qué te ha dicho? ¿Va todo bien?</p>
<p>- Quiere que vayamos el martes de la semana que viene. Y si tú usaras más a menudo la lengua, estaría más lubricada. Así está mejor. Métemela más adentro. Dijo: “<em>el chico sufre un serio déficit de atención</em>” o algo así.</p>
<p>- Profesores… Siempre metiéndose donde no les llaman. Tu hijo no será una lumbrera, pero no es ningún subnormal. Date la vuelta. Quiero correrme en tu culo.</p>
<p>- No se dice “<em>subnormal</em>”. Es “<em>deficiente mental</em>” o… -ponme un poco más de lubricante en la entrada, ¿quieres?-  “<em>retrasado</em>”. Luego dirás “<em>subnormal</em>” con el tutor delante y creerá que somos un par de paletos.</p>
<p>- No pienso ir el próximo martes. Tengo partida.</p>
<p>- ¡Joder Ricardo! ¿Es más importante la partida que tu hijo?</p>
<p>- Ya había quedado y son mis mejores colegas. A José no lo veo desde hace cinco años. Yo no te digo nada cuando vas al teatro con tus amigas. Sigue moviéndote así, eso es. Seguro que no es para tanto. Si se pone muy pesado ya iré la próxima vez, ¿vale? Uuuuf, estoy a punto...</p>
<p>- No te pares... Rómpeme el culo, cabrón. Al final, yo soy la única que se preocupa de Pedro. Podías quedar con José para ir a cenar el viernes.</p>
<p>- Se marcha el miércoles. Por eso adelantamos la partida esta semana. Dale, sácamelo todo.</p>
<p>- ¿Quieres que vayamos a cenar de todos modos?</p>
<p>- Vale, el viernes salgo antes del curro. Me voy a correr ya. No aguanto... más.</p>
<p>- Me encanta sentir tu leche caliente. Descárgate. Muuuuy bien. ¿Vamos al <em>Da Nicola</em>?</p>
<p>- No puedo… aparcar en el centro –tómalaaaa- un viernes… por la noche… Luego las multas las… pago yo.</p>
<p>- No, no la saques aún. Vacíala toda. ¿Vamos a <em>Casa Luis</em>, entonces?</p>
<p>- Sí, sí… me parece bien.</p>
<p>- ¿Qué tal estás? Te noto agotado.</p>
<p>- Es esta puta vida sedentaria que llevo. Debería ir a correr por las mañanas, como el vecino de abajo.</p>
<p>- ¿Tú corriendo? No me hagas reír. Como no sea en un banco rodante... No te levantes todavía. Quiero decirte algo. Mírame a los ojos, para variar.</p>
<p>- Tú dirás.</p>
<p>- Te quiero. Eres lo más maravilloso que me ha pasado en la vida. </p>
<p>-¡Mierda Elena! ¿A qué viene eso ahora? Sabes que me jode que me distraigas cuando hacemos el amor. ¿Eres incapaz de callarte la puta boca por una vez?</p>
<p>- Lo siento, se me ha escapado.</p>
<p>- ¡Ya me has jodido la noche, hostia!</p>
<p>El portazo siguió resonando largo rato en las paredes desnudas del dormitorio.</div>
]]></content:encoded>
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<title>OCULTO EN TU CULTO</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/04/24/oculto-tu-culto</link>
<pubDate>2006-04-24T04:41:26+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">VIDA Y DESVENTURAS DE PIERRE DEFOTO</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="myfiles/elneumococochochiflan/v1.jpg" width="310" height="213" class="imgcen" /></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>L</FONT>a delicada tela se deslizó por entre mis dedos como una cascada de rocío. Los colores que se extendían en su superficie eran tan indescriptibles como su textura. Cálida, húmeda y escurridiza a la vez.</p>
<p>Sólo podía entrever los ojos de la muchacha que me la ofrecía. Pero bastaba con eso para soliviantar mi entrepierna de modo notable. Dificilmente podía adivinar sus curvas bajo el uniforme. No obstante, mi mente se empecinaba en dotarla de atributos harto sugerentes. Desde que arribara a puerto, la única alegría que le había proporcionado al cuerpo había sido el aire acondicionado del hotel.</p>
<p>Antes de qué pudiera preguntar por el precio de metro y medio de aquella prodigiosa mercancía, Saud me tomó el brazo con inusitada fuerza y me sacó del bazar a trompicones.</p>
<p>- ¿Qué crees que estás haciendo? -le increpé sorprendido.</p>
<p>- No. ¿Qué crees que estás haciendo tú? -replicó con sorna- ¿Has venido a derrochar riales alegremente, como un turista? ¿O piensas pagar en especie, Lawrence de patio?</p>
<p>Su mirada era como un signo de interrogación insondable. Por algún motivo, que no alcancé nunca a comprender, me hacía sentir vergüenza y respeto a la vez.</p>
<p>Souk al-Hareem no es el lugar más apropiado para pasar desapercibido -añadió- Estás aquí para trabajar ¿no?.</p>
<p>De súbito, bajó el volumen de su voz de tal modo que tuve que aproximarme a menos de cinco centímetros de su rostro.</p>
<p>- Se ha confirmado la reunión. Vendrán los dos, tal y cómo estaba previsto.</p>
<p>- ¿En serio? -acerté a decir- No hay noticias en la prensa. Ni siquiera una pequeña reseña.</p>
<p>- Es una visita privada, Pierre. Irán a la sede central de ARAMCO para un oficio religioso.</p>
<p>- ¿Ambos?</p>
<p>- Sí, Abdullah y George, juntitos -dijo mostrando la más cínica de sus sonrisas.</p>
<p>- ¿Qué oficio religioso pueden compartir esos dos? En mitad de la mayor crisis energética de la historia. Esta noticia va a ser un bombazo...</p>
<p>Saud me miró sumamente alarmado.</p>
<p>- Si cuentas lo que vas a ver esta noche no saldrás vivo de Dammam. Serías un fugitivo.</p>
<p>- Ya lo soy, Saud, ya lo soy...</p>
<p>Su cara cambió de color a ojos vistas.</p>
<p>- ¡No te equivoques! Esta vez sería la inteligencia saudí quien te persiguiera. No tendrías la menor oportunidad. Antes de Al-Juma serías un cadáver anónimo más. Y ninguna dependienta te sacaría de la fosa.</p>
<p>- Cierta parte de mi anatomía agradecería el <em>rigor mortis</em> -afirmé impertinente- ¿de qué me sirve estar allí si no lo puedo contar?</p>
<p>- Con el tiempo, puede que esa información llegue a ser publicable. Labor de investigación, ya sabes... Lleva años hacer un artículo decente. </p>
<p>- Me gustaría investigar lo que hay tras esos ojos de los que tan amablemente me has apartado.</p>
<p>- No intentes tomarme el pelo, Defoto. No te pega esa pose sofisticada. Ahora atiende bien. Te haré pasar por un oscuro agregado secundario de la embajada británica. Un insignificante funcionario. ¿Qué tal tu acento? No te vayas a exceder con la afectación, como otras veces.</p>
<p>- Luego, ellos también estan al corriente.</p>
<p>- ¿Los británicos? Por supuesto. Pareces un colegial haciendo esas preguntas. </p>
<p>Se mojó la comisura de los labios con la lengua mientras inspiraba profundamente.</p>
<p>- Esta noche, necesito que pienses con la cabeza que tienes entre los hombros y no con la que te cuelga. No sé cómo puedes ir por ahí, proclamando a los cuatro vientos que eres "<em>el insigne reportero estrella de la prestigiosa publicación <<br />
<Hogar y Cactus>></em>" y todo lo demás. Eres un bastardo pomposo. </p>
<p>- <em>¿Bastardo pomposo?</em> ¿Quién está sonando demasiado británico ahora? Menuda afectación más cursi.</p>
<p>Por toda respuesta, Saud me recordó la hora y el lugar de la cita y se esfumó entre la multitud. </p>
<p>Para ganar seguridad en mí mismo, dirigí mis pasos de nuevo hacia Souk al-Hareem. ¡Al diablo con todo! Aquí nadie me reconocería. </p>
<p>La chica que me había atendido seguía allí. Su destello hería mis ojos como una pequeña gema, oculta entre la arena del desierto. </p>
<p>Seguro que al hablarle de "<em>Hogar Y Cactus</em>" le parecería un cliente mucho más interesante...</p>
<p>-------------------------------------------------------------------------------------------------------</p>
<p>La ceremonia comenzó al anochecer.</p>
<p>Ni siquiera llegaron a presentarme a los <em>invitados de excepción</em>. Aumentaba, por momentos, mi sensación de ser un "<em>testigo incómodo</em>". </p>
<p>Fuera lo que fuera lo que esos dos se traían entre manos, no podía ser nada bueno.</p>
<p>Y yo aquí -pensé- desarmado, presa del sudor frío y tan acojonado que hasta la erección que traía desde que dejé el bazar, ha fenecido sin pena ni gloria.</p>
<p>No había nada ni remotamente excitante en aquella lujosa y sobria estancia sin ventanas. Los dos <em>elegidos por la divinidad</em> rezaban en silencio, con la mirada fijada en una vasija diminuta y profusamente decorada que una especie de sacerdote, inexpresivo y levemente cojo, sostenía sobre sus cabezas. </p>
<p>Mi mente estaba tan adormecida que optó por salirse por la tangente biblíca. Pensé, en ese mismo instante, que, de estar en el lugar de Salomé, yo hubiera pedido esas dos bolas de serrín en una bandeja. No la de un iluminado, tan harto de sustancias psicotrópicas, que era incapaz de mantener la <em>moral</em> suficientemente alta como para resultarle útil a la bailarina más lujuriosa de ese cuento de cuentos. </p>
<p>¡A la mierda la erótica del poder! Yo nunca hubiera tenido ese problema. Tendría las cabezas de estos malnacidos colgadas de la pared y la de Salomé fundiéndose en mi sexo, devorando las pocas creencias que me quedan a lametazos. Aferrándose a mi única certeza. Saciando su saludable gula. Extrayendo mi más eximio tesoro del fondo de la tierra baldía y reseca que cubre todos mis sueños de húmedos oasis. </p>
<p>¿De que vale la diplomacia -esa hipocresía oficial e ilustrada- ante la evidencia de dos cuerpos que se desean, que se aproximan al único cielo verdadero: el de ver la urgencia del placer en las facciones del otro? ¡Chúpate esa, Condolezza! </p>
<p>Una imprudente risita se me escapó cuando mi flujo de pensamientos dio con esa patética rima, tan infantil como política. Saud tensó todo su cuerpo como accionado por un secreto resorte. Pero la cosa no fue a mayores. Estaban todos demasiado absortos en la contemplación de su dios, encerrado en una vasija, como un vulgar efrit pluriempleado que tiene demasiados amos como para complacer a ninguno. </p>
<p>Somos los hombres los que hacemos a los dioses a partir del barro, les insuflamos vida con nuestra verborrea y nuestro fanatismo y luego nos hundimos en las tinieblas de una pataleta existencial cuando se quiebran. Y yo creyendo que mi rima era pueril...</p>
<p>Era el momento más solemne de aquella mascarada triste. Todas las farsas que se toman en serio resultan amargas y esta no podía ser menos, con tan ilustres actores. La vasija fue pasando de mano en mano con reverencial parsimonia. </p>
<p>El oficiante de tan anodina representación pidió que le trajeran telas preciosas con las que cubrir -al término del ritual- el caliz de la desvergüenza, que era lo único que podría unir a los presentes.</p>
<p>Un espigado funcionario árabe me precedió en la <em>lista de premiados</em>. Cuando tuve a dios entre mis manos, intenté echar un vistazo de reojo a lo que contenía aquel idolatrado recipiente.</p>
<p>Entonces la ví. Llevaba las más hermosas telas en sus brazos. Seguía cubierta de arriba a abajo pero sus ojos se cruzaron con los míos y el efecto en mi alma, mortal y pecadora, fue como el de un choque de trenes expreso. </p>
<p>Me reconoció de inmediato y no pudo evitar soltar un breve gemido de alarma. Mi maldita lengua me había perdido una vez más. Que razón tenía Groucho: <em>La lengua es ese órgano sexual que algunos degenerados usan para hablar.</em> Y yo había sido el degenerado más inconsciente que Arabia conociera.</p>
<p>Juro que no lo hice a propósito, ni para distraer la atención de la muchacha. </p>
<p>Se me cayó la vasija de forma totalmente accidental, impregnando el aire de un rancio olor a gasolinera de interiores. Sentí como el odio de los aistentes me taladraba, emponzoñado con el veneno de la intolerancia. Oriente y occidente, juntos y en mi contra.</p>
<p>Sólo se me ocurrió decir:</p>
<p>- ¿Han... considerado ustedes las ven... tajas del politeísmo?</p>
<p>Lo peor es que no pude disimular mi erección.</p>
<p>-------------------------------------------------------------------------------------------------------</p>
<p>La comida no es tan mala como dicen y Saud ha prometido que se armará un escándalo en Occidente en cuanto consiga pasar la información a sus contactos.</p>
<p>Pero lo cierto es que no tengo tiempo para disfrutar de más escándalos a mi costa. </p>
<p>En dos días seré ajusticiado, en mitad de ninguna parte. Lo hará un verdugo cualquiera, que me reducirá a la condición de número por última vez</p>
<p>Y todo por fijarme en una chica en una ceremonia de genocidas, adoradores de un dios que resultó ser una vasija llena de petróleo sin refinar. Me está bien empleada esta muerte tan vulgar. Es condenadamente pertinente.</p>
<p>Las palizas han sido soportables y me han asegurado que se respetará mi último deseo.</p>
<p>He pedido que me desaten las manos media hora antes del final y que me permitan unos minutos de intimidad y onanismo.</p>
<p>Necesito hacerle un último homenaje a mi Salomé de bazar.</div>
</Hogar>]]></content:encoded>
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</item>

<item>
<title>DICTADO URGENTE</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/04/11/dictado-urgente</link>
<pubDate>2006-04-11T12:39:52+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">RELATOS INCONEXOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="myfiles/elneumococochochiflan/B0002AOU2C.16._AA260_SCLZZZZZZZ_.jpg" width="260" height="260" class="imgcen" /></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>L</FONT>a secretaria contempló su rostro congestionado. Sabía que eso significaba que le iba a dictar algo urgente. Con los años, las reacciones se convierten en tics y este resultaba claramente identificable. Se dispuso a tomar nota y apuntó con celeridad cada una de las acciones que debían tomarse aquella mañana. </p>
<p>Sin duda, era un balance muy completo. </p>
<p>Él hablaba a tanta velocidad que parecía como si, a ratos, le faltara el aire. El estrés era evidente en sus agotadas facciones. </p>
<p>Los ojos parecían salirse de sus órbitas. </p>
<p>Pasaba la lengua con frecuencia por la superficie de los labios, secos y cuarteados. </p>
<p>El sudor recorría su sien sin pudor.</p>
<p>Cuando hubo terminado, se apoyó bruscamente sobre el respaldo de su asiento de cuero y alzó la cabeza por un momento. Luego, como recordando de súbito lo más importante, golpeó el borde de la mesa con su brazo izquierdo. </p>
<p>La secretaria regresó sobre sus pasos. </p>
<p>El dictado aún no había concluído.</p>
<p>- Avise al consejo de administración de que no asistiré a la reunión de las once -le dijo mostrando un rictus de preocupación- Todo lo que he dispuesto deberá estar terminado para esa hora. Una copia de cada documento le será entregada a cada miembro del consejo.</p>
<p>Ella asintió con la cabeza.</p>
<p>- En el tercer cajón de mi archivo hay una carpeta con el perfil de los principales candidatos al puesto. He marcado en rojo los que me parecen más oportunos. Asegúrese de que tengan también una copia de esos <em>currícula</em>.</p>
<p>Se desanudó la corbata tembloroso. Durante un par de minutos permaneció en silencio. Ella temió que, por primera vez, estuviera a punto de perder el control sobre sí mismo. </p>
<p>Pero no fue así.</p>
<p>- Cuando hayan terminado de limpiar el despacho, recoja el sobre marrón que he dejado en mi bandeja de "<em>asuntos personales</em>" y proceda a cumplir las instrucciones que he detallado en los documentos incluídos.</p>
<p>Entonces pareció relajar todos sus músculos. Tan sólo un leve temblor en el mentón denotaba el estado de crispación en que se encontraba.</p>
<p>La miró directamente a los ojos. Luego se aferró al escritorio y dijo:</p>
<p>- ¿Crees que debo avisar a mi familia?</p>
<p>En veintitrés años de trabajo en común jamás la había tuteado. </p>
<p>Se sintió incomoda.</p>
<p>Perturbada incluso.</p>
<p>- ¿Crees que debo avisarles de que <em>no iré a cenar</em>? -insistió.</p>
<p>La secretaria respondió de forma casi automática.</p>
<p>- No es necesario. Ya están más que acostumbrados.</p>
<p>Volvió a recostarse en su asiento, más tranquilo, con la mirada perdida y el gesto ausente.</p>
<p>- Puede retirarse -agregó entre dientes.</p>
<p>Ella musitó una despedida de forma inaudible y salió del despacho. </p>
<p>Podía oirla a través de la sólida puerta de madera noble.</p>
<p>Podía escucharla descolgando el teléfono y tecleando nerviosamente.</p>
<p>Podía sentir como sus peticiones se llevaban a efecto de forma fluída y ordenada.</p>
<p>Poco a poco, el sonido fue alejándose de él. Pero la certeza de que todo se haría según había previsto le tranquilizaba.</p>
<p>- Otro trabajo bien hecho -murmuró, para sí, satisfecho.</p>
<p>Y acto seguido, expìró.</div>
]]></content:encoded>
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http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/04/11/dictado-urgente#comentarios
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</item>

<item>
<title>EN SILENCIO</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/04/04/en-silencio</link>
<pubDate>2006-04-04T04:29:01+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">RELATOS INCONEXOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="myfiles/elneumococochochiflan/lonely.jpg" width="220" height="241" class="imgcen" /></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>C</FONT>uando volvió en sí, se incorporó y acudió corriendo hacia el dormitorio con el corazón en un puño.</p>
<p>Ella yacía desnuda, desarticulada como una muñeca rota, con la mirada perdida y las manos cerradas sobre el auricular del teléfono. </p>
<p>Apenas podía moverse y sólo el leve sonido de su respiración entrecortada la relacionaba con el mundo de los vivos.</p>
<p>Retiró parcialmente la sábana, manchada de sangre, que la cubría y pudo contemplar, con sus propios ojos, las marcas oscuras e indelebles en sus costillas, las cicatrices abiertas, los labios rotos, las quemaduras -visibles e invisibles- en su piel...</p>
<p>Los restos -en suma- de una pesadilla.</p>
<p>Con lágrimas en los ojos acarició su rostro. Cubrió la hinchazón de sus pómulos y de su párpado derecho con sus finos labios.</p>
<p>Restañó la sangre que resbalaba en su cuello y espalda con la lengua.</p>
<p>Delineó su silueta con las yemas temblorosas de sus dedos. </p>
<p>Se abrazó lentamente a ella acoplándose a cada pliegue de su epidermis. </p>
<p>Pudo escucharla emitir un leve gemido que brotaba del fondo de la garganta al tiempo que su dureza hacía mella en la castigada carne de aquellos glúteos.</p>
<p>Con gran cuidado giró su cuerpo hasta poder observarla de frente. Se levanto con parsimonia y se deshizo de la ropa. Luego tapó, con su espalda, la luz que hería aquellos ojos hinchados. </p>
<p>Descendió a la altura de la clavícula y saboreó la sal de la tierra, hasta llegar a sus senos. Dedicó su lengua a uno de los pezones mientras su mano izquierda jugaba con el otro.</p>
<p>Una gota de sudor recorrió la cintura de ella y le marcó el camino a seguir. La miró una vez más a los ojos, antes de internarse entre sus muslos con vehemencia. </p>
<p>Un nuevo gemido escapó, en dirección indefinida, uniéndose al aire cargado de la habitación.</p>
<p>Adhirió su boca al clítoris de tal manera que se le antojó ser un tatuaje en su sexo. </p>
<p>Aquel sabor le resultaba maravillosamente familiar. </p>
<p>Aquel olor era el sentido de su existencia. </p>
<p>Levantó sus nalgas con las palmas de las manos y accionó sus caderas como las de un juguete dulce y esponjoso.</p>
<p>Doblemente erguido la traspasó mientras susurraba en sus oidos y acompasaba sus movimientos con los de ella. </p>
<p>- Demasiado pronto -pensó antes de vaciarse por completo en su cálido y confortable interior.</p>
<p>Su último grito de éxtasis coincidió con el sonido del timbre de la puerta.</p>
<p>-¿Quién cojones...? -murmuró mientras se anudaba una toalla a la cintura.</p>
<p>Apenas le dio tiempo a reaccionar. Entraron en tromba. </p>
<p>La buscaban. </p>
<p>Lo retuvieron por la fuerza mientras se dirigían al dormitorio. Se sentía impotente ante la evidencia. La rabia mordía sus visceras con violencia. Pero no era suficiente para cambiar la situación. </p>
<p>Iba a fracasar de nuevo. </p>
<p>Como en tantas otras ocasiones. </p>
<p>Como en tantos otros lugares.</p>
<p>Temía que podía ser su último fracaso. </p>
<p>Apenas conteniendo la ira, musitó una plegaria a Dios para que terminara con este mal sueño de una vez. </p>
<p>Rezó con fervor. </p>
<p>Rezó con miedo. </p>
<p>Rezó con desesperación.</p>
<p>La identificación fue positiva. </p>
<p>El mundo se colapsó a su alrededor. La buscó una última vez con la mirada mientras se agitaba con furia. </p>
<p>Sabía que se la habían arrebatado para siempre. </p>
<p>Que su vida ya no valdría la pena. </p>
<p>Que estaría muerto el resto de sus días.</p>
<p>Intentó recordar su hermoso rostro cuando lo introdujeron en el furgón policial.</p>
<p>------------------------------------------------------------------------------------------------------ </p>
<p>Cuando ella regresó del hospital, cerró la puerta y apoyó la cabeza en la mirilla dando un suspiro de alivio. </p>
<p>Sin aspavientos, como de costumbre.</p>
<p>Podía sentir la garra de la soledad atenazándola. </p>
<p>La angustia liberándose de su guarida en la boca del estómago.</p>
<p>La incertidumbre de empezar desde cero una vez más.</p>
<p>Pronto llegaría la noche y, con ella, el fantasma de su ausencia.</p>
<p>Sabía que volvería a sentirse hueca.</p>
<p>Que volvería a abrazar el vacío.</p>
<p>Que volvería a llorar.</p>
<p>Pero nunca... </p>
<p>...nunca más...</p>
<p>...lo haría en silencio.</div>
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<title>LA PARANOIA Y LAS MONJAS VOLADORAS</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/04/03/sobre-paranoia-y-monjas-voladoras</link>
<pubDate>2006-04-03T05:11:23+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">VIDA Y DESVENTURAS DE PIERRE DEFOTO</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><em><img src="myfiles/elneumococochochiflan/2003-4-14wyp.jpg" width="200" height="282" class="imgcen" /></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>L</FONT>a realidad se sustenta sobre frágiles engranajes convencionales. Ninguno de ellos tiene importancia por sí mismo, pero todos juntos hacen posible la continuidad en nuestra percepción de normalidad.</p>
<p>Quizá el pilar más esencial de ese delicado equilibrio esté constituido por las monjas que pueblan los aeropuertos de medio mundo.</p>
<p>No importa hacia dónde vayas o en qué dirección del recinto aeroportuario mires. Más tarde o más temprano las verás. Están ahí. Suelen ir en parejas o en pequeños grupos (es decir, que su organización numérica es análoga a la de una película porno, aunque sus diálogos son más abundantes...)</p>
<p>Uno de esos grupos ocupaba por completo el campo visual de Pierre Defoto, convertido en fugitivo de la justicia por las veleidades del azar y de la Agencia Tributaria. </p>
<p>Parapetado tras un ridículo equipaje, -demasiado insignificante para el viaje que pretendía realizar- demostraba su condición de inexperto en las lides del "<em>arte de la fuga</em>". </p>
<p>Nuestro aprendiz de Bach maldecía su mala suerte en el momento en que apareció su contacto.</p>
<p>- Pierre, Pierre... ¿Qué coño estás haciendo ahí plantado, como un pasmarote?</p>
<p>La voz de Fernando sonaba entre incrédula y divertida.</p>
<p>- Tengo la sensación de que aquel grupo de monjas es más de lo que aparenta ser -dijo el insigne articulista de la prestigiosa publicación "<em>Hogar Y Cactus</em>" y bla, bla, bla... circunspecto.</p>
<p>- Hacienda no tiene espias en nómina, Pierre, y mucho menos disfrazados de forma tan llamativa. No seas cretino.</p>
<p>- ¿A tí te parece normal ver a tantas monjas juntas en un aeropuerto?</p>
<p>- Llevo quince años realizando operaciones de todo tipo en este aeropuerto y no ha habido ni una sola ocasión en que no haya visto monjas. Además, sólo son cinco. En este momento debe haber cien abogados por aquí. Y doscientos carpinteros. Y quinientos funcionarios... Sólo que no los reconoces porque no llevan "<em>uniforme</em>". Las monjas son un conjunto muy poco numeroso en realidad.</p>
<p>- ¿A cuántas has interrogado en esos quince años? No me mientas...</p>
<p>Fernando le miró de reojo, con severidad, dando a entender que no era conveniente hablar de su trabajo en mitad de la terminal. Luego, sin apenas darle tiempo para que esbozara una disculpa, extrajo un pequeño pañuelo del bolsillo interior de su chaqueta.</p>
<p>- Aquí tienes tu nuevo pasaporte. -dijo más bien ufano- No metas la pata esta vez. </p>
<p>Defoto observó con disimulo el documento que Fernando le tendía. Alzó una ceja con desaprobación.</p>
<p>- ¿Era necesario este apellido?</p>
<p>- Eres el mayor experto del mundo en los entresijos de esa familia. Son muchísimos y los has entrevistado a todos infinidad de veces. Todo el mundo creerá que eres uno más.</p>
<p>La monja más anciana parecía dar ordenes a las demás, que cuchicheaban sin rubor alguno.</p>
<p>- Estoy nervioso -susurró Pierre.</p>
<p>- ¡Olvídalo! Estás paranoico. Te crees demasiado importante. No se inicia una investigación internacional cada vez que alguien deja de donar semen a Hacienda. ¡Métetelo en la mollera! Este es un documento perfectamente legal. Destierra tus miedos. ¡Y ahora vete, que perderás el avión!</p>
<p>Por toda despedida, ambos se estrecharon las manos. Luego Defoto se dirigió al mostrador con cara de cordero degollado. </p>
<p>Fernando tuvo tiempo de escuchar a la chica que le atendía mientras se alejaba.</p>
<p>- Muchas gracias, señor Jurfendu.</p>
<p>Pierre pasó el control policial y se perdió entre la multitud en el preciso instante en que una de las monjas se acercaba a Fernando y le preguntaba la hora. </p>
<p>- ¿Cómo lo conociste? -dijo la superiora entre dientes.</p>
<p>- Coincidimos en Egipto mientras él escribía sobre unas crónicas arqueológicas del viejo Ayerch que podían suponer un peligro para la seguridad nacional. Tuve que distraer su atención, dejándole caer en qué trabajaba, pero sin mencionar el verdadero motivo de mi estancia allí..</p>
<p>- Ahora no podremos seguirle con facilidad. En ese destino que ha escogido las ordenes religiosas están prohibidas y no tenemos otros agentes disponibles...</p>
<p>- Oye, -interrumpió Fernando- ¿habéis probado a disfrazaros de otra cosa alguna vez?  ¡Que sé yo...! De abogados o carpinteros o funcionarios... Así nadie sospecharía. Creo que hasta el idiota ese se lo ha olido esta vez.</p>
<p>- ¡No digas gilipolleces! Todo el mundo sabe que las monjas deambulan por los aeropuertos como Perico por su casa. Es un fenómeno natural más que constatado y una coartada perfecta para nosotros. No podemos abandonar las prácticas clásicas más efectivas de la profesión. ¡Hala! ¡A disfrazarnos de cualquier otra cosa por tus caprichitos! Todavía hay normas en la "<em>compañía</em>", ¿sabes? Y una de ellas es no proporcionar documentación a un fugitivo. Explícame qué pretendes con todo esto...</p>
<p>Fernando empezó a sonreir abiertamente.</p>
<p>- Pierde cuidado -dijo-. He descubierto que hay un estúpido en Internet que describe cada uno de los movimientos de Defoto en su bitácora. Ya no tendremos que mover ni un dedo.</div>
</em>]]></content:encoded>
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<title>DESCUIDANDO LA HACIENDA</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/03/29/descuidando-hacienda</link>
<pubDate>2006-03-29T19:44:36+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">VIDA Y DESVENTURAS DE PIERRE DEFOTO</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="myfiles/elneumococochochiflan/3132005171733.jpg" width="300" height="300" class="imgcen" /></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>A</FONT>ntes de que se preguntara porqué le habían hecho pasar a una habitación vacía, sin luz natural y con apenas un espejo y un diván por todo mobiliario, la funcionaria le alcanzó un bote de plástico.</p>
<p>- Aquí tiene, procure no derramar nada por fuera, por favor. Si lo requiere, hay revistas “<em>especializadas</em>” en la cajonera que hay bajo el diván.</p>
<p>Defoto comprobó su propia cara de estupefacción en el espejo y acertó a decir:</p>
<p>- ¿Perdón? ¿Qué se supone que debo hacer con esto?</p>
<p>- ¿Me está usted tomando el pelo? –respondió, levemente airada, la funcionaria. Luego, al ver el rostro de Pierre, comprendió que la pregunta iba en serio. </p>
<p>- ¿Usted qué cree? ¡Eyacular! Para eso le hemos llamado ¿no?</p>
<p>Esta vez, Defoto si que no podía dar crédito a sus oídos.</p>
<p>- ¿Desde cuando la <em>Agencia Tributaria</em> es un banco de semen?</p>
<p>- Vamos a ver… ¿A usted no le han explicado nada o qué?</p>
<p>- No. Yo sólo vine porque recibí una notifica…</p>
<p>Por toda respuesta, la funcionaria abandonó la habitación haciendo un gesto con la cabeza para que Defoto la acompañase. De nuevo en la sala contigua, le invitó a sentarse mientras consultaba su expediente ante el ordenador.</p>
<p>- ¿Su nombre es Pierre Defoto?</p>
<p>- Sí, soy el mítico reportero de la revis…</p>
<p>- ¡Joder! Sí, “<em>Hogar y Cactus</em>”. De acuerdo. Es la enésima vez que dice usted eso en este puto "<em>blog</em>". Responda sencillamente a las preguntas y no me cabree… ¿estamos?</p>
<p>- Yo prefiero llamarlo “<em>cuaderno de bitácora</em>”. “<em>Blog</em>” suena tan imperso…</p>
<p>- ¡¿Estamos?!</p>
<p>- Estamos, estamos.</p>
<p>- Bien – la funcionaria tomó aire antes de continuar, como si invocara a la paciencia desde su pequeño cubículo físico y mental- Según tenemos entendido, usted mantiene relaciones sexuales con una extranjera.</p>
<p>- Oh, es mucho más que eso. Nosotros est… ¡Oiga! ¿Y a usted qué le importa? Es mi vida privada.</p>
<p>- Créame, a mí me importa una mierda su vida privada. Pero al Estado le incumbe. Y el Estado somos todos.</p>
<p>Entre la sorpresa y la curiosidad, Pierre se animó a preguntar:</p>
<p>- ¿Cuántos son todos exactamente?</p>
<p>-¿Y eso a qué viene ahora? </p>
<p>- Bueno, yo… sencillamente me gustaría saber cuánta gente se entera de a quién me estoy follan…</p>
<p>-¡Señor Defoto! -tronó la funcionaria- Mi paciencia tiene un límite… ¿Se está usted folland… digoooo… mantiene usted relaciones con una extranjera, sí o no?</p>
<p>- Será extranjera para usted. Para mí es como mi propio hogar. Y no todo es folleteo, ¿eh? Hay mucho más...</p>
<p>- ¡Responda a la puta pregunta, cenutrio!</p>
<p>- Sí, si… relájese. ¿Venden <em>valium</em> aquí? Si quiere le compro uno. La veo altera…</p>
<p>-¡Cállese! ¿Usted se ha creído que esto es una farmacia?</p>
<p>-¡Coño! Yo que sé… Como se dona semen…</p>
<p>La funcionaria decidió coger el toro por los cuernos y acabar cuanto antes con el absurdo compromiso que había adquirido con tan petulante contribuyente.</p>
<p>- Mire, se lo voy a explicar rápidamente. Usted le debe semen al Estado, ¿se entera? Es parte de sus impuestos.</p>
<p>-¡No jodas!</p>
<p>- Con usted ni aunque me atasen, gilipollas. Si vuelve a faltarme al respeto le corto lo poquito que le cuelga. </p>
<p>- Me callo</p>
<p>- Hace bien. La cuestión es que está usted desperdigando alegremente bienes nacionales en territorio foráneo.</p>
<p>Defoto cada vez comprendía menos.</p>
<p>- Oiga, sin ánimo de ofender. ¿Qué es lo que ha dicho que estoy haciendo? Es que no me entero.</p>
<p>- ¡Que está usted corriéndose alegremente en, sobre, dentro, alrededor y/o debajo del cuerpo de una sudaca, cojoneeeeees!</p>
<p>- ¿A usted quién le enseño las preposiciones, señorita? ¿<em>Coco</em> el de <em>Barrio Sésamo</em>? Muy mal ¿eh? Le sobra…</p>
<p>-¡Soy señora! Y me está usted inflando los ovarios…</p>
<p>Pierre intentó ser prudente.</p>
<p>- No se preocupe. No volveré a… Tengo pastillas de esas para la aerofagia en mi maletín. Si quiere le deshincho los… -la mirada de la funcionaria atravesó a Defoto de lado a lado- Así que señora, je, je… ¿Y tiene usted críos? ¿Pequeñitos quizá?</p>
<p>El bufido se escuchó a varios años luz de distancia.</p>
<p>-¡Basta! La cuestión es que usted debe donar al menos un cuarenta por ciento de las <em>emisiones</em> que deposita en propiedades extranjeras.</p>
<p>- ¿Y eso cuánto se supone que es?</p>
<p>- Bueno, este no es un país totalitario. No le espiamos para saber cuántas veces… Digamos queee... no le espiamos tanto ¡vaya! Dejémoslo así. O sea, que nos atenemos a la media de tres veces por semana. Eso hace un total de…</p>
<p>- Tres veces por semana lo hará usted, frígida de… Es decir... que me niego, ¡coño!</p>
<p>- Está usted incurriendo en desobediencia civil y en fraude fiscal –dijo la funcionaria sin pestañear.</p>
<p>- ¡Pues me largo de aquí alegremente, porque me sale del fraude! –resolvió Pierre levantándose y dirigiéndose hacia la puerta.</p>
<p>La funcionaria cambió súbitamente de actitud  e intentó quemar una última nave.</p>
<p>- ¿Dónde está su sentimiento patriótico? ¿Qué va a ser de la unidad nacional? Con tanto inmigrante, sus hijos serán unos delincuentes callejeros e ignorantes como todos los latinos. Hablarán como en una puta telenovela barata. ¡En <em>espanglish</em>, además!</p>
<p>Defoto se volvió una última vez hacia la funcionaria. La seguridad había vuelto a formar parte de su tejido nervioso.</p>
<p>- Mis hijos, si me da la gana de tenerlos, hablarán como Cortazar, como Borges, como Rulfo, como Fuentes, como Gallegos, Como Bryce Echenique, como Julio Ramón Ribeyro, como Martí, como Benedetti, como Gabo y como tantos otros –españoles también, no crea- que, al contrario que usted, persiguen sus sueños sin importarles el coste. Prefiero eso mil veces a que vegeten tras una mesa, de nueve a cinco, esperando un cheque a fin de mes pagado por ese Estado que tan interesado está en saber con quién me acuesto. ¡Métase la “<em>unidad nacional</em>” y su <em>espanglish</em> por el “<em>blog</em>”!</p>
<p>- Desde este momento es usted un prófugo de la justicia. Ya me encargaré yo de ello –añadió la funcionaria con un profundo odio y rencor.</p>
<p>Por toda respuesta, Pierre Defoto (¿hemos dicho ya que es el insigne colaborador de la prestigiosa publicación “<em>Hogar y Cactus</em>"? Ah, ¿sí?) dio un portazo y abandonó el edificio.</p>
<p>Una vez en la calle, tomó aliento y, abriendo su teléfono móvil, marcó un número de memoria.</p>
<p>- ¿Cariño? Sí, soy yo. Tengo una buena noticia y una mala… sí… la mala es que soy un fugitivo… sí, como lo oyes… Hacienda. Ya te contaré… Tendré que enviar mis artículos por correo electrónico… No te preocupes… ya hablaré yo con el redactor jef… ¿Qué? ¿Qué cuál es la buena noticia? La buena es que… toda esta situación…esto de huir y tal… sí… en fin que… vamos… cómo te diría… ¡me pone cachondo!</div>
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<item>
<title>OBJETOS SIN VALOR</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/03/29/objetos-sin-valor</link>
<pubDate>2006-03-29T07:50:31+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">RELATOS INCONEXOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="myfiles/elneumococochochiflan/typismall.jpg" width="200" height="267" class="imgcen" /></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>M</FONT>iró con detenimiento la cifra –a todas luces insuficiente- que el joven dependiente había garabateado en un trozo de papel antes de empujarlo con disimulo hacia su esquina del mostrador. </p>
<p>Se sorprendió a sí mismo reflexionando acerca de los posibles motivos que el empleado podría albergar para actuar así: ¿Vergüenza? ¿Discreción? ¿Desprecio? Irrelevante, en cualquier caso.</p>
<p>Su propia voz le sonaba lejana cuando se atrevió a decir: - <em>¿Es todo?</em></p>
<p>- <em>¡Un momento, por favor!</em> -le increpó el dependiente, súbitamente agobiado, mientras atendía a una señora de mediana edad. Conrado pensó que bien podría ser su madre, o su amante o alguien más a quien pasar una notita con absurdo descuido. </p>
<p>De inmediato, su mente rechazó la idea de que las personas fueran meros caracteres intercambiables. Puede que fueran los restos de antiguas convicciones, tan endebles como su determinación, los que le inducían a rechazar suposiciones como aquella. </p>
<p>Solía ser bueno captando la cara oculta de los cosas. Cogiendo los indicios al vuelo. Hasta que comprendió que no existe nada oculto. Todo y todos somos tan malditamente transparentes…</p>
<p>- <em>Caballero, es más de lo que estoy autorizado a ofrecer por este artículo</em> –le dijo el chico, que volvía a ocuparse de él, esbozando una sonrisa forzada de conmiseración.</p>
<p>Conrado contempló su vieja máquina de escribir con otros ojos. -“<em>Artículo</em>” –pensó- <em>así que en eso te has convertido. En un artículo.</em></p>
<p>El joven volvió a clavar su mirada en la de Conrado. En un esfuerzo por resultar más amable, añadió: - <em>Mire, no se trata de que no tenga utilidad en sí. Se trata de su valor en el mercado. Hay muchas máquinas de esa época. Muchas, incluso del mismo modelo. No son nada especial, ni único. Ni siquiera pueden considerarse verdaderas antigüedades.</em></p>
<p>- <em>Yo sí que soy una antigüedad auténtica</em> –replicó Conrado- <em>¿Me darías más si yo estuviera encima del mostrador y la máquina fuera el cliente?</em></p>
<p>Esa salida le demostró que aún era capaz de arrancar una carcajada sincera. Sin embargo, no pudo evitar dudar de su efectividad. Al fin y al cabo, no había ninguna ironía en lo que decía.</p>
<p>- <em>Oiga, me cae usted bien. Pero no puedo hacerle un trato de favor. Todo el mundo pretendería lo mismo, ¿comprende? Le dejo un ratito para que se lo piense y me diga lo que quiere hacer.</em></p>
<p>El espejismo había durado segundos. El chico volvió a entrar al almacén mientras él miraba a su máquina de escribir una vez más.</p>
<p>¿Cómo se mide el valor de algo? ¿Y el de alguien? ¿Quién coño es el mercado para decidir lo que vale y lo que no? Aquel artilugio le había costado seis meses de sueldo. </p>
<p>Hacía más de medio siglo de eso. </p>
<p>Aquella máquina había logrado para él la independencia. El minúsculo pedacito de libertad que aún somos capaces de creer conquistada.</p>
<p>Con ella había escrito sus primeras cartas de amor a Elisa. </p>
<p>Los artículos que mecanografió costearon su hogar y hubieran pagado los estudios de los hijos que nunca pudieron tener. </p>
<p>Ante esas teclas había creado poemas y relatos. </p>
<p>Había ideado miles de pliegos de descargo. </p>
<p>Había solicitado su pensión de viudedad y reclamado en vano un aumento en su cuantía. </p>
<p>Pero ante esta realidad no cabían pliegos, ni solicitudes. </p>
<p>Ni tan siquiera súplicas. </p>
<p>Sólo cabía hincar las rodillas a tierra como tantas veces tantos otros habían hecho. </p>
<p>Con la moral y las percepciones de toda una vida hechas trizas por el azar y el tiempo, confabulados en su contra, sin acritud ni piedad, de forma sencillamente implacable. </p>
<p>¡Iluso! –se repitió como en una letanía- Creíste que la experiencia era un grado. Que todo aprendiz necesita un maestro. Que un ciclo complementa a otro. Pero, ¿de qué sirve la maestría donde nadie tiene tiempo de aprender? ¿Cuál es su valor?</p>
<p>- <em>Perdone</em> –le interrumpió el dependiente- <em>pero es casi la hora de la comida. Como le he dicho, el precio es definitivo. ¿Qué decide?</em></p>
<p>Negó varias veces con la cabeza. Concluyó que los seres humanos agotamos nuestras energías buscándole un sentido a un porvenir que adivinamos probable.</p>
<p>Conrado hizo entonces lo posible por darle, en aquel preciso instante, un verdadero sentido a su vida pasada. </p>
<p>A todos aquellos días de esfuerzo, anhelos, trabajo, felicidad, sinsabores y esperanzas.</p>
<p>- <em>Creo que aún le puedo sacar algo de partido</em> –contestó iluminado por la lucidez- Gracias de todos modos. </p>
<p>Acto seguido acarició con cariño su vieja máquina de escribir, la cargó con sus manos -marcadas por la edad y por la artrosis- y salió por la puerta, con la mirada risueña y una serena sonrisa, en un penúltimo acto de valentía.</p>
<p>Los diarios no hicieron mención alguna a sus lustros dedicados al periodismo. </p>
<p>Ninguno aportó datos sobre sus libros de relatos –hacía mucho tiempo descatalogados- ni a sus breves –y mediocres- escarceos con la poesía. </p>
<p>Sin embargo, todos aclaraban que el cuerpo se había mantenido sumergido durante largo tiempo porque Conrado había atado una pesada máquina de escribir antigua a su pierna izquierda.</p>
<p>Le había encontrado una última utilidad.</div>
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http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/03/29/objetos-sin-valor#comentarios
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</item>

<item>
<title>MEDIANOCHE</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/03/29/medianoche</link>
<pubDate>2006-03-29T07:49:35+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">RELATOS INCONEXOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.lacoctelera.com/jurfendu/imagen/MIDNIGHT.jpg" width="318" height="400" class="imgcen" /></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>L</FONT>a primera palabra que Suqât aprendió a decir fue "<em>aguafiestas</em>".</p>
<p>No sólo fue un hijo no deseado. Además escogió la noche más desapacible del año para nacer prematuramente y a una hora intempestiva. </p>
<p>Con apenas siete meses, estaba tan mal ubicado en el útero materno que fue necesario practicar una cesárea de alto riesgo.</p>
<p>La operación dejó tan maltrecho el bajo vientre de su progenitora que desde aquel momento lo consideró  un castigo divino al que debía tolerar. Pero no por ello dejó de detestarlo con vehemencia. De un modo u otro, aquel diablillo debía pagar por el daño que había causado al venir a un mundo donde nadie lo había llamado.</p>
<p>Suqât arruinó también todas las posibilidades que tenía el médico de guardia de beneficiarse a la enfermera más deseada -y habitualmente inaccesible- de todo el hospital. </p>
<p>Aquella noche, el incauto doctor se las prometía felices. Celebraba su vigésimo aniversario como residente y tuvo así la excusa perfecta para servir algo de champán a su admirada musa de bata blanca.  El <em>flunitracepam</em> que discretamente había añadido a la copa le hacía albergar muchas esperanzas, pero todas se desvanecieron tras varias horas de ardua y penosa intervención. </p>
<p>Cuando por fín hubo terminado, ni dos toneladas de ginseng hubieran podido levantar a la pobre enfermera del diván donde la había dejado. De hecho, a esas alturas habría hecho falta levantar algo más para consumar los deseos del fogoso cirujano.</p>
<p>Suqât no tuvo una infancia difícil porque ni siquiera tuvo infancia. Sus padres apenas le hacían caso y sus hermanos menores adoptaron diferentes actitudes respecto a él. </p>
<p>El primero prefirió evitar futuros conflictos. Optó por escaparse del útero materno y lanzarse de cabeza contra una bañera decorándola con reguerillos de sangre de espesor irregular que se fusionaban con las burbujas que el jabón creaba cerca del sumidero. </p>
<p>El segundo fue más valiente, pero realizó toda una declaración de principios afirmando su independencia por medio de su condición de sordomudo.</p>
<p>Así las cosas, no es extraño que Suqât fuera carne de guardería. De hecho pasó tanto tiempo entre las cuatro paredes del jardín de infancia que cabría definirlo más bien como "<em>churrasco</em>" de guardería.</p>
<p>A partir de los cinco años, la vida fue mucho más sencilla... para sus padres, que decidieron ingresarlo en un internado nada elitista pero sí lo suficientemente alejado de su hogar como para justificar la ausencia de visitas a lo largo del curso escolar. </p>
<p>Ya en la adolescencia Suqât, decidió que había tenido suficiente y escapó como pudo de su oscuro pasado de viejos pupitres y veladas amenazas. Pasó más de un lustro sobreviviendo en pensiones inmundas, sin oficio ni beneficio conocido.</p>
<p>Entonces su talento fue descubierto por las personas adecuadas.</p>
<p>Le entrenaron con presteza.</p>
<p>Le enfrentaron con sus absurdos escrúpulos y con sus estúpidos prejuicios.</p>
<p>Le enseñaron a sentirse necesario.</p>
<p>Desde entonces, Suqât ejerció el dificil oficio de ser medianoche.</p>
<p>A cada cenicienta le llega en algún momento.</p>
<p>En cada vida, hace su aparición y estimula el aprendizaje.</p>
<p>Y yo iba a escribir un cuento, pero Suqât se me ha adelantado hoy.</p>
<p>He decidido aprovechar su presencia estelar y devolverle la pelota.</div>
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<title>LA COMUNIÓN DE LOS FIELES</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/03/29/la-comunion-los-fieles</link>
<pubDate>2006-03-29T07:47:46+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">RELATOS INCONEXOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Monólogo Subterráneo</p>
<p><img src="myfiles/elneumococochochiflan/london-underground-thumb.jpg" width="300" height="208" class="imgcen" /></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>H</FONT>oy el vagón de metro huele a iglesia románica, a piedra húmeda impregnada del incienso de los siglos. Casi he podido sentir el tacto, la aspereza acolchada del musgo pujante entre la sillería. Llevo un libro entre las manos. Mis ojos recorren la Alejandría de Justine de forma mecánica. El resto de mis sentidos se ha confabulado para arrastrarme mucho más al norte. Pienso, divertido, que es una pequeña venganza por la tiranía que les impone la mirada. Siempre desde la barrera, mis oídos absorben los minúsculos auriculares de mi celda de aislamiento sonoro. Ansían tornar ese retazo evocador en unidad absoluta. Levanto la vista y por un instante saboreo el don de la ubicuidad. Luego, todas las señales se concentran en una sola, sutil pero poderosa, como una enorme multinacional anatómica. Durrell y sus polvorientas calles ocupan otro asiento a millones de vagones de allí. Y yo dejo de mirar y comienzo a ver.</p>
<p>La sensación es plena, totalizadora. Enfrente, varias personas se entregan a ese misticismo ritual tan urbano, consistente en esquivar su obligado contacto mutuo. Encapsulados en sus plegarias de indiferencia son, sin embargo, la viva imagen los unos de los otros. Aspiro de nuevo ese olor, extasiado en la contemplación del oratorio subterráneo. Este es el tiempo de Charlie Parker me digo. Hablo en voz alta sin pronunciar una sola palabra. Con esa peligrosa autoconciencia que censura lo previsible de tus pensamientos apenas estos se producen. ¿Otra vez embaucándote en tu tocayo, viejo? ¡Si hasta pensás en porteño, sonso!. Sonrío con sorna. ¡Vaya mierda no poder correr más rápido que yo! Aunque baje la guardia siempre me alcanzo. Pero encajo bien esa derrota y me felicito por el triunfo. Al menos no tengo los píes en la tierra, sino debajo de ella. </p>
<p>¿Cuál es el culto que nos halla aquí congregados? Hasta donde yo sé, soy tan ateo como puedo permitirme sin caer en otro dogma. Desconozco cuántas confesiones se agolpan en esta suerte de oruga ecuménica, de campo de refugiados rodante con alambradas mentales de acero y plástico. Tal conocimiento es irrelevante. Falsos valores, prejuicios y supersticiones de todo tipo y condición son arrojados con el lastre y se pierden en el vacío, que es su lugar de origen. El vaivén marca el compás del órgano y mantiene el trance colectivo. Ahora lo siento. Este es el vudú rutinario de lo cotidiano. Parece impersonal, imprescindible, y tan concreto, que hoy he llegado a olerlo</p>
<p>Y sin embargo, qué oportunidad única para la abstracción común. El universo cabe en trayectos de media hora. Estoy absorbiendo toda su energía. Soy el agujero negro de este vagón, el último del tren. En mi macuto, el casete se detiene con un chasquido seco. Ya no necesito comprar pilas, construyo mi propia armonía de contradicciones asumidas. Continúo absorto en el ceremonial. Permanezco ajeno a él, como todo sumo sacerdote. Una orgía de partículas de aire compartidas baila con los acólitos, fusionados gracias a sus diferencias individuales. Y me invade la certeza de que más que avanzar; fluimos. </p>
<p>Al cabo de mil y una jornadas, nuestra Sherezade se interrumpe con un pitido. La música se detiene y los pies me impulsan a favor de la corriente, lejos de mi cálido púlpito. Abandono el harén con apenas un leve déjà vu automático de andén y ascensor entre mis posesiones. La luz del día hiere el templo con su temprano aliento mientras lucho por escapar al coágulo de creyentes. ¿Qué habrá ocurrido en el mundo exterior entretanto? Me conduzco cerca de una fila de periódicos apilados a medio metro de la boca que nos escupe. Inquieto, vuelvo sobre mis pasos para atisbar el reflejo gráfico de la nueva conciencia de especie surgida minutos antes. Leo los titulares a cierta distancia: "<em>Crece la tensión entre israelitas y palestinos</em>".</p>
<p>¡Hay que joderse! Después de todo no hemos avanzado un ápice.</div>
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<title>SU SEÑORÍA NO ESTÁ DE HUMOR</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/03/29/su-senoria-esta-humor</link>
<pubDate>2006-03-29T07:43:47+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">RELATOS INCONEXOS</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="myfiles/elneumococochochiflan/right_image_cj.jpg" width="305" height="257" class="imgcen" /></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>D</FONT>e entre todos los objetos inanimados, el espejo es el más insolente, el único que se atreve a pagarnos con la misma moneda nuestras traiciones, vanidades, hipocresías, adulaciones e indiferencias. Hay quien achaca este insidioso comportamiento a una irritante falta de personalidad, pero tales acusaciones resultan del todo falaces. Porque el espejo conoce la utilidad de la ironía como arma y si bien nos devuelve despectivamente las imágenes que pretendemos proyectar sobre él, no por ello deja de tomarse la molestia de invertirlas. Esta inversión no es baladí en tanto en cuanto cada vez que invadimos su intimidad con nuestras caras lo que nos muestra implacable- son nuestras cruces.</p>
<p>Al juez no le contrariaba esta actitud. Al contrario, se le antojaba imprescindible esa mirada desdeñosa y sin embargo, ecuánime del espejo. No dejaba de examinarla a diario.</p>
<p>Porque el juez albergaba un absurdo anhelo en sus entrañas. </p>
<p>El conmovedor deseo de alcanzar la objetividad más absoluta. </p>
<p>Su fervor obsesivo hacia el trabajo bien hecho mantenía viva en él esa meta. Las metas más ingenuas son las más imperecederas. El juez lo sabía muy bien, pero estaba decidido a intentarlo todo.</p>
<p>Había comenzado por su aspecto externo. A las dos semanas de proponérselo con gran afán, el juez lucía la indumentaria más neutra imaginable. De hecho, estaba más allá de lo imaginable, porque la imaginación es demasiado veleidosa para detenerse ante visiones tan anodinas. </p>
<p>Luego, concentró sus esfuerzos en su cuerpo, en especial en lo concerniente a su rostro. Este proceso le llevó mucho más tiempo. Renunciar en vida a toda forma de expresión corporal, a toda manifestación lúdica, sentimental o de tristeza requirió lo mejor de su voluntad. Fue doloroso incluso. Pero los músculos terminaron por rendirse ante tan férrea determinación y se relajaron hasta tal punto que a las arrugas les daba pereza asomarse al exterior.  El juez adoptó entonces una serenidad aséptica, inescrutable y digna, pero carente de toda majestad o altivez. </p>
<p>Se sabía cerca.</p>
<p>De todos modos, el deseo le seguía atormentando a su manera sibilina y subcutánea. Las sentencias se acumulaban sin que lograra desprenderse del fantasma del arbitrio. No podía entrever un final para ese gólgota de toga y mazo y, por primera vez, se atrevió a considerar la futilidad de sus tormentos. </p>
<p>Presa de un atisbo de desesperación llegó a la conclusión de que necesitaba un claustro que se correspondiera con su sobria y uniforme fachada. Y la simplicidad de la solución le golpeó con inusitada fuerza. </p>
<p>Su única necesidad era no estar de humor. De ningún humor, ni bueno ni malo. </p>
<p>Esta súbita comprensión le allanó el camino a sus esperanzas de éxito. No precisó mayores esfuerzos. El conocimiento de un hecho tan nimio era la clave última de su propio enigma. Sólo tuvo que dejarse llevar por ese flujo transmutatorio que le invadía.  Por fin, hasta el espejo de su despacho le devolvía una imagen incolora, levemente compasiva, desprovista de su habitual malicia. </p>
<p>Inquieto ante su hallazgo, presintiendo la inminencia de lo inevitable llamó a la secretaria judicial para que lo acompañara a sala y esperó</p>
<p>El juez se sentó tras su mesa desgastada por la acumulación de archivadores, expedientes y sinsabores y se dispuso a recibir los dones de la imparcialidad total. Experimentó un escalofrío que le hubiera producido gran satisfacción de haber sido capaz de saborear goces ya olvidados.</p>
<p>Fue entonces cuando adquirió conciencia de su colosal logro. Por primera vez era capaz de discernir las motivaciones que regían el universo sin verse enturbiado por prejuicios o concepciones morales de ningún tipo. Era uno con la naturaleza. Por un segundo, se preguntó, sin falsas modestias ni pretensiones, si su actual estado no lo habría equiparado a Dios.</p>
<p>La secretaria judicial, abrió la puerta del despacho después de tocar repetidas veces sin obtener respuesta. El despacho estaba vacío y tampoco había rastro de su señoría en el cuarto de baño privado. Sólo un espejo que parecía reflejar las cosas en blanco y negro. Desorientada, se frotó los ojos y salió de nuevo al pasillo en dirección a la sala. Sin duda, él ya se encontraría allí. Mientras accionaba el pomo de la puerta pensó divertida- para qué querría el juez una silla más tras la mesa del despacho. </p>
<p>En especial una tan vieja y destartalada.</div>
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<title>CRÓNICAS ARQUEOLÓGICAS DE AYERCH JURFENDU</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/03/29/cronicas-arqueologicas-ayerch-jurfendu</link>
<pubDate>2006-03-29T07:33:09+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">SAGA JURFENDU</category>
<content:encoded><![CDATA[<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>E</FONT>dición revisada.</p>
<p><img src="myfiles/elneumococochochiflan/fig19.jpg" width="400" height="423" class="imgcen" /></p>
<p>Poco antes de ingresar en prisión, mi editor me pidió que escribiera una introducción para la inminente aparición de una edición revisada de la famosa obra "La Historia y Yo: Una aproximación a la incongruencia" del sin par historiador Ayerch Jurfendu. La gran sorpresa que supuso la aparición de este libro sólo es comparable a la que se llevó el doctor Livingstone cuando encontró a su mujer haciendo manitas con un pelícano en la bañera de un motel de Las Vegas. Su principal novedad radica en que Jurfendu escribió su particular visión de la Historia en forma de diario. De esta manera el lector entra en contacto con la ardua labor investigadora del historiador. Alguien dijo en cierta ocasión que este diario era "<em>la Historia en ropa interior</em>". No podría estar más de acuerdo con ese alguien (aunque discrepamos seriamente acerca del color del liguero).</p>
<p>Se discute mucho sobre los cambiantes estados de humor del profesor Jurfendu durante la elaboración de este texto. Es sobradamente conocido el hecho de que atravesaba una profunda depresión tras su ruptura sentimental con Ebceiart Zpeer. Esta mujer continúa siendo un misterio para los estudiosos de Ayerch. Desconocemos su procedencia y si heredó el nombre de su familia o se trataba de un pseudónimo obviamente desafortunado. Se sabe que ambos habían coincidido una noche en la representación de una comedia griega (aunque en teatros distintos). A partir de ese momento mantuvieron una breve pero intensa relación que hizo muy feliz a Jurfendu. Se trata sin lugar a dudas de la etapa más creativa del profesor, ya que durante ella no escribió ni una sola línea. Gran parte de la doctrina considera que la ruptura antes mencionada es responsable del estilo nervioso y de escaso valor literario que abunda en la obra. Unos cuantos autores, sin embargo, opinan exactamente igual (sin duda con el mero propósito de llamar la atención).</p>
<p> De cualquier manera, y en la esperanza de que el lector sabrá valorar dichos altibajos estilísticos por sí mismo, presentamos en estas páginas un anticipo de lo que nos puede deparar esta nueva edición.</p>
<p>Al Itosis Múltiple,</p>
<p>Catedrático de Historia de la Estación de Autobuses de Oxford.</p>
<p><strong>19 de Julio:</strong> Proseguimos con las excavaciones en el Valle de los Reyes. Hemos optado por girar en la quinta momia de la izquierda. La excitación es grande y presiento que nos hallamos en la antesala de un hallazgo de grandes proporciones. Esta premonición nos mantiene pletóricos de fuerzas, aunque ayer el profesor Hopskins fue hallado ebrio invitando a cenar a mi camello (y teniendo en cuenta que no era más de mediodía, temo que no podamos contar en exceso con su antaño preclaro cerebro).</p>
<p>Ebceiart sigue sin contestar a mis cartas. Supongo que está demasiado atareada preparando nuestra boda. Además el servicio de correos en este país deja mucho que desear. Es curioso cuánto me acuerdo de ella al observar las dunas. Debo llevar un gorro más a menudo...</p>
<p><strong>22 de Julio:</strong> La excavación prosigue infructuosamente. Aún no hay resultados y estoy considerando volver a dedicarme por entero al estudio del siglo XIX. Creo que yo no he nacido para ejercer la arqueología. Es demasiado polvorienta para mi gusto y yo padezco alergia a las pirámides. Además, empiezo a tener serias dudas sobre la doble intención de mi criado Hachib cuando me dijo que el verano era la época ideal para acudir al Valle. ¡Rata vengativa! En fin... se lo descontaré del sueldo. Lo único que mantiene mis esperanzas es que no creo que tarde en llegar una carta de Ebce.</p>
<p><strong>28 de Julio:</strong> ¡Por fin se ha producido el gran hallazgo que todos esperábamos! Hemos encontrado un inmenso camión cisterna en las proximidades del sarcófago de Ptolomeo IV. A pesar de ello, la alegría general se tornó decepción cuando un egipcio afirmó que aquella pieza que creíamos única tenía como máximo treinta años de antigüedad y nos pidió que le permitiéramos venderla en el zoco. Mis dudas aumentan casi tan rápidamente como la erupción cutánea que padezco desde que llegué a este infausto lugar. </p>
<p>Empiezo a preocuparme por Ebce. ¿Le habrá ocurrido algún percance? No consigo apartarla de mi pensamiento. Por si fuera poco, el profesor Hopskins se ha fugado con mi camello y se rumorea que le ha montado un pisito en la Costa Azul.</p>
<p><strong>4 de Agosto:</strong> Mis fuerzas están a punto de extinguirse por completo. A la vista de los hechos -o más bien de la ausencia de hechos en lo que a descubrimientos se refiere-he tomado la determinación de comenzar mi tratado histórico sobre el Antiguo Egipto basándome en las escasas pistas de que dispongo y en mi infalible intuición.</p>
<p>Creo que empezaré por narrar la inédita relación entre Cleopatra VI y el Mariscal de Campo Rommel. En mi opinión, Cleopatra nunca se recuperó del insulto a ella dirigido por Napoleón cuando, tras ser recibido en audiencia pública por la reina y en presencia de sus tropas, este la señaló diciendo algo así como: "<em>Ante vosotros, dos mil años os contemplan</em>". De todos modos, no debemos hacer mucho caso de esta aseveración típicamente napoleónica ya que, como todos sabemos, este gran estratega procedía de Córdoba. ¿O era Pittsburgh?... ¡Bueno! El caso es que, desesperada, Cleopatra ofreció a Rommel su ayuda, sus encantos sexuales y un moldeador último modelo que había heredado de Alejandro Magno. El Mariscal aceptó el aparato encantado, pero escandalizó a toda la corte cuando intentó utilizarlo por vía anal. (Para mayor información sobre este punto, confrontar "<em>Rommel: Fetichismo y Gastronomía</em>" del mismo autor -N. del T).</p>
<p>Finalmente, tras numerosas decepciones amorosas, Cleopatra decidió cambiar de identidad y huir a otro país. Lo último que se supo de ella fue que se hacía llamar Manolo y que se dedicaba al contrabando de serpientes light en Melilla. Rommel, por su parte, intentó hacerle un moldeado explosivo al Führer. Este encontró la idea tan divertida que procuró enviar al Mariscal a practicar tales habilidades ante un pelotón de fusilamiento. Ante el poder de convicción de Hitler, Rommel decidió abandonar su afición al mus definitivamente.</p>
<p><strong>9 de Agosto:</strong> Hace más de un mes que no pagamos a los exploradores locales que habíamos contratado y estos, diligentemente, se han encargado de recordárselo al profesor Higgins. El bueno de Higgins acudió, en consecuencia, a sus propias exequias con todos nosotros. Debo decir que presentaba un magnífico aspecto (con la posible excepción del enorme pico que llevaba incrustado en el cráneo y que dificultó enormemente la adopción de una postura decorosa en el féretro).</p>
<p>He pedido a algunos antiguos colegas europeos que me envíen información sobre mi amada Ebce. Sin embargo, por el momento todo lo que he recibido de ellos es un cúmulo de comentarios hilarantes referentes a un par de protuberancias en mi cabeza que no alcanzo a comprender.</p>
<p> Mi erupción cutánea está empeorando por momentos. Cada día me asemejo más a la "<em>Galatea de Esferas</em>" de Dalí. Un curandero de El Cairo me ha vendido a precio de saldo unos botes excelentes de oxígeno envasado al vacío que, según aseguraba, son maravillosos para remediar mis males. Pero aún no presento mejoría alguna.</p>
<p><strong>15 de Agosto:</strong> Hoy he sido informado de la dolorosa verdad. ¡Ebce me engaña! Su profesor de dicción me ha enviado una delirante misiva en la que relata sus esfuerzos para lograr que Ebce pudiera vocalizar con un enorme pepino en la garganta. Y acto seguido me informa de que ambos se han casado el pasado jueves. ¡Así, sin más! Me siento morir...</p>
<p>He anunciado mi marcha al resto de componentes de la expedición. Pero, teniendo en cuenta que soy el único miembro que aún permanece en Egipto, la noticia no parece haberles perturbado en exceso</p>
<p>Nunca debí embarcarme en esta maldita experiencia.</p>
<p><strong>20 de Agosto:</strong> ¡Increíble! Hace dos días, sumido en la más profunda de las desesperaciones, intenté suicidarme con una bomba de relojería que yo mismo había preparado. Al encender la mecha, me quemé el dedo con tal intensidad que arrojé el artefacto unos quinientos metros más allá. Su explosión reveló el mayor yacimiento arqueológico jamás encontrado. Expertos de todo el planeta han acudido hasta aquí sorprendidos con todos los objetos preciosos hallados. Les llama la atención especialmente un antiquísimo ropaje con una inscripción escrita en un lenguaje desconocido cuyos caracteres configuran dos palabras: "<em>Elvis Presley</em>". Parece estar elaborado con un material similar a las lentejuelas.</p>
<p>Súbitamente soy famoso y aclamado en todo el mundo. Las condecoraciones me llueven por los cuatro costados y las mujeres consideran que mi erupción cutánea es de lo más atractiva e interesante. Incluso he recibido una invitación a una fiesta que celebra mi antiguo camello (ahora llamado señora Hopskins).</p>
<p>Esta tarde he dado una rueda de prensa con cobertura mundial. A la pregunta -formulada por el insigne periodista Pierre Defoto, de la prestigiosa publicación <em>Hogar y Cactus</em>- acerca de cuál era el secreto de mi gran éxito he respondido con mi aplomo característico: "<em>La perseverancia. En ningún momento he dudado que lograría mis objetivos. No he pensado en ninguna otra cosa hasta hallar el yacimiento.</em>" Acto seguido el improvisado auditorio prorrumpió en aplausos ante mis sinceras declaraciones.</p>
<p>Decididamente soy un gran tipo.</div>
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<title>BREVE COMENTARIO A UN TEXTO FUNDAMENTAL DE DRAPLOKE JURFENDU</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/03/29/breve-comentario-un-texto-fundamental-draploke-jurfendu</link>
<pubDate>2006-03-29T07:16:38+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">SAGA JURFENDU</category>
<content:encoded><![CDATA[<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>P</FONT>or Pierre Defoto</p>
<p><img src="myfiles/elneumococochochiflan/1684a.jpg" width="300" height="400" class="imgcen" /></p>
<p><<<em>Treforzias lepuf drasvoña talique. ¡Uh  sihtro kara Perzuwth travise...! Flo, Flo...ezquiter dre aeranz mondokolo cuzpla bakorite. Grabadu micior poserra dre flasto. Lepuf travise. Voc tirti panuplo garzt laciol flasto prus flasto (enfornico triviloque).</em></p>
<p><em>Trivi dre elezcumt prus aeranz asplanda lef willibastrofecia sistarsis omsala. Perzuwth bacorite, bacorite Perzuwth. Quadrop verstri psilote liteco pursi locinefu</em>>>. </p>
<p>Draploke Jurfendu </p>
<p>La interpretación de esta famosa cita del doctor Jurfendu es tan amplia como grande era la verruga de su nariz. Por lo tanto mi intención en este articulo es la simple aclaración de ciertos puntos oscuros (de las comas oscuras hablaré más adelante) en esta teoría. Puntos que proceden de una errónea consideración de la doctrina (acostumbrada a pensadores mediocres mucho más digeribles desde su obsoleto punto de vista) como consecuencia de la infame influencia de la tristemente famosa leyenda fucsia surgida en torno a la figura del insigne maestro. </p>
<p>Ante todo, queda clara en este texto la sincera admiración que Jurfendu siempre profesó por Perzuwth. De hecho es vox populi que en vida de Perzuwth, Jurfendu (a excepción de los días 32 de cada mes a partir de 1928, en que jugaba a las muñecas con Hoover), le untaba diariamente las orejas con ketchup, con sus propias manos. (Detalle que tanto Perzuwth como la lavandería municipal de Leipzig agradecieron infinitamente.) Cuentan las malas lenguas que durante una estancia de ambos en Niza en el otoño de 1892, se toparon con Edvard Munch, que se baso en su reacción al ver a Perzuwth para pintar el más famoso de sus motivos: El Grito. En unas notas de la época, halladas por don Claudio Sánchez Albornoz en una bodeguilla de Noruega, el propio Munch recuerda esta situación: <<<em>Iba caminando con dos amigos por el paseo -el sol se ponía- el cielo se volvió de pronto rojo -yo me paré- cansando me apoyé en una baranda y los vi - sobre la ciudad y el fiordo azul oscuro no veía sino ketchup, sangre y lenguas de fuego -mis amigos continuaban su marcha y yo seguía detenido en el mismo lugar temblando de miedo y de diarrea mental -y sentía que un alarido infinito penetraba toda la naturaleza-. Mas tarde comprendí que unos muchachos lo habían provocado al darle un balonazo fortuito a un tenor local en sus partes más íntimas</em>.>> </p>
<p>En cierta ocasión, interrogado sobre el destete precoz de la ovejas camboyanas, Jurfendu respondió utilizando la famosa interjección <em>"¿eh?"</em>, que Perzuwth propugnaba con frecuencia en sus manifiestos (sobre todo a partir de su incipiente sordera producida por la explosión de un mosquito caucasiano que sobrevolaba su pabellón auditivo.) </p>
<p>Pero adentrémonos en las lagunas de la teoría jurfenduana. El verdadero nudo de la cita que nos ocupa es el celebre fragmento: <<<em>Trivi dre elezcumt prus aeranz asplanda lef willibastrofecia sistarsis omsala.</em>>> que provocó tal consternación el año de su publicación (1929), que incluso se produjeron trastornos en Wall Street (parece ser que, afortunadamente, sin consecuencias graves.) </p>
<p>La comprensión de este fragmento se basa en los dos pilares básicos de la filosofía jurfenduana: </p>
<p><strong>1. La extrapolación catártica de la vanagloria en los crustáceos y su relación intrínseca con la crisis financiera del mercado bursátil de Villamastuerzo del Morrazo de Arriba y sus aledaños históricos más pintorescos e infravalorados. </strong></p>
<p>Es sintomático el hecho de que ninguno de los discípulos de Jurfendu se atreviera a discutir los puntos débiles (por otra parte escasos) de este postulado. Ello se debe fundamentalmente a que nunca llegaron a encontrar el más mínimo sentido en el mismo.</p>
<p>Hay que recordar que Jurfendu desarrolló esta idea tras una indigestión de Testigos de Jehová que sufrió durante un safari en Calatayud. Luego las connotaciones ateas de sus razonamientos son escandalosamente evidentes y comprensibles. (Como pone de manifiesto su libro titulado "<em>144.000 razones para preferir ser un hermafrodita en paro a llevar una plaquita negra en el bolsillo izquierdo de la camisa</em>")</p>
<p>¿Implica esto que los crustáceos que se vanaglorian son ateos siempre y cuando se extrapole catárticamente esa característica? No necesariamente, puesto que la verdadera implicación clave en este postulado es la irónica referencia ejemplificadora a los cangrejos como crustáceos-tipo. (Recuérdese que caminan hacia atrás). Luego para Jurfendu, los cangrejos, no sólo pueden ser religiosos si les viene en gana, sino que además resultan indigestos si se ingieren en cantidades superiores a cuatro toneladas diarias. El hecho de que no todos los cangrejos sean rojos explica por qué los que no lo son, lejos de avergonzarse de caminar hacia atrás, se enorgullecen de semejante estupidez aún no teniendo poder adquisitivo suficiente para adquirir un retrovisor en el rastro. A partir de ahí  sus acciones carecen de valor. Así que todos los accionistas pretenden venderlas, y estando su sede en los ríos que circunvalan desde hace siglos el pueblo de Villamastuerzo del Morrazo de Arriba (que obviamente está sobre un islote por tal motivo) la crisis financiera de su mercado bursátil de los jueves es inevitable. Entretanto, los cangrejos ya han abandonado el lugar para cuando comienza la catástrofe financiara y se las dan de avezados por haber escapado a tiempo. Como consecuencia, se manifiesta en ellos la vanagloria a la que el gran maestro hacía referencia y queda aclarada esta parte de su teoría. </p>
<p><strong>2. La Willibastrofecia y sus derivados.</strong> </p>
<p>¡He aquí la gran obra maestra del razonamiento jurfenduano! Sin lugar a dudas la tesis de la willibastrofecia es el mayor avance filosófico y científico del siglo XX (Hoy en día sabemos a ciencia cierta que cuando Nietzche se enteró de este hecho irrefutable prefirió morirse en 1900 antes que soportar tal humillación).</p>
<p>La inmensa densidad de este tema (que francamente, es difícil que llegue a explicarse jamás en su totalidad y que suele utilizarse en los más modernos tratamientos del insomnio) me ha llevado a Alaska en tres ocasiones, a una botella de whisky en mas de cien ocasiones y a una ninfómana especializada en Jurfendu en una inolvidable ocasión, pero sobre todo me ha inducido a resumirlo todo lo posible, limitándome a resaltar lo que para mí resulta fundamental como si se tratara de un paisaje impresionista que tuviera su origen en la percepción momentánea de una escena entendida como símbolo de la existencia humana.</p>
<p>El resultado de mi síntesis queda expresado de la siguiente manera:</p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>"?... !"</FONT></p>
<p>lo que dada su espectacular concisión y colosal dualidad me hará ganar la chochona en la próxima tómbola del barrio.</p>
<p>El próximo mes les hablaré de si Jurfendu consideraba más ético el pepperoni o un ukelele hecho en Segovia.</p>
<p>Pierre Defoto.<br />
Cuñado del director de esta editorial.</div>
</div></<<em></<<em></<<em>]]></content:encoded>
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</item>

<item>
<title>EL DIARIO DE CHOP-ENJAGÜE (III)</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/03/29/el-diario-chop-enjague-iii-</link>
<pubDate>2006-03-29T07:07:18+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">EL DIARIO DE CHOP-ENJAGÜE</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="myfiles/elneumococochochiflan/masaiIII.jpg" width="208" height="272" class="imgcen" /></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>L</FONT>una Tercera:</p>
<p>En la jornada posterior a mi encuentro con los tontos de la tribu Vespa-Niola, han sucedido gran cantidad de acontecimientos sorprendentes gracias a los cuales pude ampliar considerablemente mi vocabulario aborigen:</p>
<p>· He sido objeto de la hospitalidad de los indígenas que tras una breve conversación, alternada con golpes diversos, crearon dos relámpagos artificiales ante mis ojos y mis orejas. Tamaña estupidez responde al nombre de "<em>fotos</em>". Luego me han alojado en una colosal cabaña destinada a huéspedes y visitantes lejanos que llaman "<em>Hotel</em>".</p>
<p>· He comprobado que existen muchos hoteles diferentes y que cada uno recibe un nombre distinto. También me comentaron que ahora residía en uno denominado "<em>Alcalá-Meco</em>".</p>
<p>· Según mis averiguaciones, la calidad de estos hoteles se cuantifica por su número de estrellas. Pero estas no tienen nada que ver con los dioses menores del cielo sino que dependen del número de habitantes que conviven en cada estancia. Cuantos más salvajes y menos espacio haya, más estrellas.</p>
<p>· De acuerdo con mis cálculos este hotel debía, en consecuencia, tener una calidad realmente asombrosa.</p>
<p>· Para no parecer descortés con estos pobres ignorantes decidí permanecer algún tiempo en el <em>Alcalá-Meco</em> estudiando las costumbres que rigen el comportamiento de los aborígenes en dicho lugar.</p>
<p>· Para empezar, fui amablemente persuadido para que me despojara de mi taparrabos y de todos los objetos que llevaba. A cambio, me proporcionaron unas túnicas muy burdas con una inscripción numérica. A este ropaje se le denomina "<em>pijama</em>", y el mío parece bastante inadecuado para mis dimensiones. Afortunadamente he podido esconder mi diario en lugar seguro.</p>
<p>· Luego me condujeron rápidamente hasta mis aposentos, que como ya he mencionado anteriormente, compartí con unos cincuenta miembros de la tribu Vespa-Niola. Una vez allí, mis compañeros de estancia me dieron un cálido recibimiento consistente en arrojar mi colchón al lugar más recóndito del habitáculo y chasquear la lengua de forma un tanto peculiar.</p>
<p>· En cuanto me fue posible, procuré comunicarme con estos indígenas. Tras varios intentos fallidos terminé averiguando que los residentes llaman al hotel "<em>la trena</em>" y que manifiestan una grave preocupación por no poder salir de las estancias más que cuando el cocinero del lugar, un tal "<em>alcaide</em>", lo permite. Después de comer junto con todos ellos me di cuenta de que este cocinero es un sinvergüenza. Su comida era tan repugnante que tiene que retener a los huéspedes por medio de amenazas. No pude consentirlo, ni siquiera respetando la cultura de estos retrasados Vespa-Nioles.</p>
<p>· Propuse a todos mis compañeros de estancia irnos a otro lugar mediante un sencillo viaje astral colectivo. Por toda respuesta, estos empezaron a reírse desaforadamente y a preguntarme dónde escondía algo llamado "<em>la coca</em>".</p>
<p>· En vista del poco éxito de mi proposición tomé la decisión de hacer algo por esta panda incorregible de ignorantes. Mediante un gran esfuerzo los trasladé a todos fuera del hotel. No tuve tiempo de calcular el lugar de nuestra llegada. Afortunadamente acerté a situarnos en un parque de amplias proporciones, aunque en unas condiciones paupérrimas. El césped no llegaba a levantar un palmo del suelo. Al fondo había un grupo de niños bastante bien desarrollados dando saltitos. Sus ropajes llevaban inscripciones numéricas al igual que los nuestros, pero en la espalda.</p>
<p>· Súbitamente, los compañeros del grupo de huéspedes que trasladé del hotel empezaron a dar saltos, a abrazarme, a llamarme jefe y a correr por el parque. Uno de ellos me dijo: "<em>La madre que te parió ¿Cómo has hecho para traernos al Santiago Bernabeu?</em>" Como no tengo ni idea de cuál de ellos es ese señor ni de cómo es posible que sea madre, guardé un confuso silencio.</p>
<p>· Por último salimos del parque perseguidos por un indígena de extraño aspecto al que mis compañeros llamaban "<em>míster</em>", algo que les producía grandes risotadas.</p>
<p>· En estos momentos el dios menor amarillo ya se ha ocultado y mis compañeros, que parecen haberme tomado mucho cariño, me están proponiendo nuevas actividades para las siguientes lunas. Insisten en una denominada "<em>atracar un puto Banco</em>" que parece muy interesante. Esto va por buen camino.</p>
<p>Seguiré informando:</p>
<p>Chop-Enjagüe.</div>
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<title>EL DIARIO DE CHOP-ENJAGÜE (II)</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/03/29/-luna-segunda-rayos-del-dios-menor-amarillo-me-han</link>
<pubDate>2006-03-29T07:00:01+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">EL DIARIO DE CHOP-ENJAGÜE</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="myfiles/elneumococochochiflan/masai-man.jpg" width="251" height="380" class="imgcen" /></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>L</FONT>una Segunda:</p>
<p>Los rayos del dios menor amarillo me han despertado sin la violencia propia de los montes de Kunst. Se ve que los aborígenes Vespa-Nioles le importan bien poco. A través de la minúscula cabaña o Qué-Asco, como la llaman aquí, apenas puedo divisar nada reconocible. El camino que tomé para llegar parece cubierto de una extraña niebla negruzca, que poco tiene en común con la del hogar Naïf.</p>
<p>En el exterior, mi primera sorpresa es encontrarme rodeado de multitud de indígenas que caminan en todas las direcciones a una velocidad considerable. Sus ropajes son completamente ridículos. Las mujeres ocultan sus pechos como si fueran motivo de vergüenza y los hombres llevan sogas de colores colgando del cuello. Intento entablar algún contacto con ellos pero todo el mundo me ignora y sólo algunos se vuelven brevemente para decirme "<em>No tengo nada</em>" o <em>"¡Búscate un empleo vago!". </em>Me temo que el gran libro de Dik-Chon-Ario no hace referencia a ese concepto. Apunto en mi lista de cosas por hacer: "<em>Averiguar qué o quién es un empleo vago</em>". </p>
<p>Compruebo que la mayoría de los bárbaros se dirigen hacia una abertura abierta en mitad de la tierra, sobre la que se alza un cartel aborigen de vivos colores con la inscripción "<em>Avenida De América</em>". Con la decisión que me caracteriza les sigo y me introduzco en la abertura. La tierra presenta un desnivel muy extraño con el espacio justo para que quepan los pies de esta tribu de enanos. Casi me mato intentando descender al mismo ritmo que ellos. Empiezo a comprender cuál es el ritual que realizan todos. Parece ser una especie de competición llena de peligros. Al primer desnivel siguen otros que ¡se mueven por sí mismos! Sin duda debo estar sobre el lomo de algún animal cuyo tamaño me aterra. </p>
<p>La siguiente prueba es de fuerza y agilidad. Unos troncos de un material frío muy resistente impiden el paso. Algunos aborígenes empujan los troncos y dejan otros nuevos colocados en el mismo lugar. Otros, en cambio, prefieren no desperdiciar sus fuerzas y los saltan limpiamente. Decido imitar a los segundos. </p>
<p>En cuanto sorteo el obstáculo veo a lo lejos a un indígena vestido completamente de negro que se acerca corriendo y gritando. Debe ser el tonto de la tribu. Me río escandalosamente para no parecer un extraño. Sin embargo, mi risa parece encolerizar a ese pobre imbécil que extrae una curiosa lanza de pequeñas dimensiones de su taparrabos y se abalanza sobre mí. Como no quiero llamar la atención le quito la lanza de las manos y le doy con ella en la cabeza enérgicamente para llamar su atención e indicarle que se comporte civilizadamente ante sus congéneres. Por toda respuesta, el muy tonto se arroja a mis pies con los ojos cerrados y no mueve ni un músculo. Debe ser un amante de los excesos. Los demás nos miran y salen corriendo del lugar invocando a los dioses llamados "<em>socorro</em>" y "<em>policía</em>". Yo decido hacer lo mismo y bajo por otro desnivel gritando. Me cuesta seguir a estos salvajes porque cuanto más me acerco a un grupo de ellos más deprisa corren.</p>
<p>De pronto penetramos en un recinto alargado cuyos extremos terminan en dos oscuras grutas. Sigo corriendo y en ese momento un gigantesco gusano de color blanco sale de una gruta como un rayo chorreando sangre. ¡Que espanto! Me llevo el mayor susto de mi vida, si exceptuamos el del día en que nuestro viejo hechicero se quitó la careta. Aterrado pero dispuesto a no dejarme amedrentar por tamaña bestia, lanzo la pequeña lanza del tonto de la tribu contra los ojos del animal. Uno de ellos se quiebra como consecuencia del impacto y el animal se detiene. </p>
<p>Antes de determinar cuál será mi próximo movimiento me veo rodeado por los hermanos del tonto. Todos vestidos de igual manera. Sin mediar palabra empiezan a golpearme con sus lanzas y he de reconocer que hacen bastante daño. Invoco a "<em>socorro</em>" y a "<em>policía</em>" para que crean que soy uno de ellos, pero en vez de eso me pegan más fuerte y empiezan a preguntarme por algo llamado "<em>documentación hijoputa</em>".</p>
<p>Para lograr salir de esta ignominiosa situación echo un vistazo a mi diario e intento repetir las amables palabras que me dijera el aborigen que me regaló su cabaña. Las empleo de forma aleatoria para que no crean que las estoy leyendo. Digo: "<em>Hostias chaval......mierda medio en pelotas...a mí no me jodas...</em>". Algo deben haber entendido porque, aunque al principio me golpean más fuerte, luego me levantan y uno de ellos dice que me voy a enterar. Puede que por fin consiga algo de información fidedigna. De momento sólo he conseguido un agudo dolor en todo el cuerpo pero vislumbro el futuro de mi misión con optimismo.</p>
<p>Seguiré informando:</p>
<p>Chop-Enjagüe.</div>
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<item>
<title>EL DIARIO DE CHOP-ENJAGÜE (I)</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/03/29/el-diario-chop-enjague-i-</link>
<pubDate>2006-03-29T06:47:02+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">EL DIARIO DE CHOP-ENJAGÜE</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="myfiles/elneumococochochiflan/masai.jpg" width="227" height="300" class="imgcen" /></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>D</FONT>urante siglos, la tribu de los Naïf, ha vivido aislada en los lejanos e inaccesibles montes de Kunst. En ese largo período han aprendido a convivir en paz y armonía y han alcanzado el dominio del complejo arte de los viajes astrales. Su civilización ha experimentado un desarrollo sin precedentes en aquellos lares. Y la curiosidad les ha impulsado ahora a lanzarse a un nuevo reto desconocido. Conscientes de la existencia de otras culturas han resuelto explorar esos mundos desconocidos con el único afán de comprender la existencia de otros seres que habitan más allá de los confines de su entorno inmediato.       </p>
<p>Con tal propósito y tras una dura selección, el intrépido y valeroso joven Chop-Enjagüe, ha sido elegido para viajar, gracias al esfuerzo colectivo de todas las mentes de la tribu, a través del delicado velo del espacio y del tiempo para materializarse en un lugar cuidadosamente escogido...al azar. Desde allí el diestro e impetuoso enviado deberá tomar contacto con los seres que encuentre y describir detalladamente todo lo que aprenda en un diario especialmente elaborado para él. No en vano ha sido iniciado por los sabios del lugar en el empleo de todas las lenguas bárbaras que se guardan en el gran libro sagrado del ancestro llamado Dik-Chon-Ario.</p>
<p>Lo que van a leer a continuación es el legado que este hombre extraordinario nos deja sobre lo que descubre con cada nuevo amanecer. Un documento único que la revista <<<em>Hogar Y Cactus</em>>> les ofrece por cortesía del curandero Nitch-Eé, el único con hierbas frescas al oeste del río Jeg-Hel:</p>
<p>Luna Primera:</p>
<p>Cuando mis sentidos se desperezan tras el esfuerzo compruebo con dicha que el viaje ha resultado tal y como se esperaba. Mi primera impresión es visual. Observo a mi derecha dos grandes sendas de un material duro y compacto que se extenderían más allá de la línea del horizonte....si hubiera. En su lugar diviso una gran inscripción en caracteres bárbaros. Tras un rápido trance de consulta interior y sosiego, considero que tales caracteres responden a la lengua que el gran Dik-Chon-Ario llamaba "Vespa-Niol". Tras rememorar su pronunciación he llegado a articular los sonidos correspondientes a la inscripción. El mensaje que contiene es algo así como <em>"¡Jornada de 35 horas ya!"</em>. No alcanzo a comprender su plena significación pues, según el gran libro, la tribu Vespa-Niola, fragmenta el tiempo en unidades llamadas horas y cada jornada, equivalente a nuestras lunas, tiene sólo 24 unidades. No cabe duda de que estos signos forman una extraña invocación religiosa para pedir control sobre los dioses menores del cielo. Es mi primera decepción con esta cultura. Debe ser muy primitiva cuando no ha descubierto aún que los dioses siempre hacen lo que les viene en gana.</p>
<p>Avanzo en línea recta por una pequeña cornisa muy plana de colores apagados con diversos desniveles y abundancia de lo que parecen ser excrementos orgánicos. Súbitamente descubro una pequeña cabaña de formas muy simples con una sola abertura a través de la cual asoma un miembro de la tribu en estudio.</p>
<p>Armado de valor me aproximo al indígena y le pregunto por la cabaña en su lengua bárbara. Me observa a través de unos ridículos adornos transparentes que sujeta ante sus ojos. Es un momento tenso. Tras ver con detenimiento todo mi cuerpo exclama algo que procedo a anotar de inmediato: <em>"¡Pero qué cabaña ni qué hostias chaval! Hoy es domingo y no estoy para montar números en el quiosco. Si quieres ir por ahí medio en pelotas es problema tuyo, pero a mí no me jodas con tus visiones, drogata mierda</em>."</p>
<p>Me veo en un serio apuro para interpretar al aborigen de la cabaña minúscula. La decoración está hecha con papeles de colores llenos de inscripciones bárbaras. El conjunto conforma una autentica apología del mal gusto. Pero lo más sensato es volver a interactuar con el salvaje para extraer más información. Pausadamente le explico que me gustaría tomar muestras de la decoración de su qué-asco  para informarme mejor de los caracteres que la componen. Le propongo un trueque civilizado. Un adorno metálico de 30 Kilos de lo que en su tribu llaman "<em>oro</em>" a cambio de algún papel pintado de los que él posee. Con asombro compruebo que empieza a dar grandes saltos, sale de su cabaña y me ofrece que me quede con ella mientras carga con el adorno que le he ofrecido y sale corriendo. Los intercambios comerciales tampoco deben estar muy desarrollados en esta tierra.</p>
<p>Tras un examen minucioso de la decoración descubro que los papeles llevan multitud de caracteres pegados junto con extrañas imágenes de muros, partes del cuerpo, cabañas, y esculturas impensablemente horrendas. Como no veo a ningún otro aborigen por las proximidades opto por encerrarme en la cabaña y examinar estos papeles tan extraños. Parece realmente algo apasionante y muy instructivo por lo que voy a consagrar toda esta jornada (como dicen aquí) a su análisis.</p>
<p>Estas son las conclusiones a las que he llegado tras decodificar todos los caracteres que decoraban la cabaña:</p>
<p>· La decoración por medio de papel se hace compacta agrupando varios trozos cortados de igual forma y amontonados de una manera ridícula.</p>
<p>· Tras comprobar que las imágenes se corresponden a los caracteres que las rodean deduzco que en esta cultura arcaica tienen extrañas denominaciones para los muertos. A un anciano muerto lo llaman "<em>jubilado</em>", a unos pocos jóvenes muertos "<em>nuevas generaciones</em>" y una gran cantidad de niños muertos "<em>daños colaterales</em>".</p>
<p>· La mayor cantidad de papel de cada uno de estos montoncitos está llena de caracteres relativos a un extraño ritual denominado "<em>fútbol</em>".</p>
<p>· Los caracteres más pequeños suelen ser muy redundantes. Se repiten mucho los signos como "<em>pintor económico</em>", "exterior <em>y céntrico</em>", "<em>oportunidad única</em>" o "<em>señoritas liberadas</em>".</p>
<p> · Se emplean multitud de signos simples codificados con un significado implícito que debe deducirse. Por ejemplo, los signos "<em>O.N.U.</em>" significan Organización de Nula Utilidad.</p>
<p>· Bajo los caracteres que forman la expresión "<em>opinión</em>" suele haber dibujos o imágenes de gente muy fea.</p>
<p>· Por último, es evidente que este papel es de mucha más utilidad para encender un buen fuego.</p>
<p>Al terminar de escribir este párrafo, el dios menor amarillo ya está agonizando, así que decido pernoctar en la cabaña de los papeles y ahorrar fuerzas para una nueva exploración más avanzada.</p>
<p>Seguiré informando:</p>
<p>Chop-Enjagüe</div>
</<<em>]]></content:encoded>
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http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/03/29/el-diario-chop-enjague-i-#comentarios
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</item>

<item>
<title>EMPLEADO DEL MES</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan/post/2006/03/29/empleado-del-mes</link>
<pubDate>2006-03-29T06:37:44+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/elneumococochochiflan">VIDA Y DESVENTURAS DE PIERRE DEFOTO</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.lacoctelera.com/jurfendu/imagen/cementerio.JPG" width="400" height="263" class="imgcen" /></p>
<div align="justify">
<FONT SIZE=+1>I</FONT>ntentó llegar a una solución pacífica.</p>
<p>- ¿Podemos llegar a un acuerdo? – dijo con su más flemático acento.</p>
<p>- Lo dudo mucho. Esta postura es incomodísima. No pienso tolerar que me entierren así, de cualquier manera. Tiene usted que comprenderme. </p>
<p>Otro cadáver recalcitrante. Ya era el quinto este mes. Y además era un puñetero crío. Algo debía estar funcionando mal en alguna parte. Los engranajes de la muerte emocional se habían descompasado a ojos vista. </p>
<p>Se produjo un silencio incómodo. Vergessen llevaba en este negocio más tiempo del que le importara recordar y nunca había tenido que enfrent