VENTANILLA Nº5

Se detuvo a contemplarlo durante un par de segundos antes de pasar a la acción. El conjunto le impresionó más de lo que hubiera esperado.
Sin duda, Don Cosme conservaba todavía gran parte del porte orgulloso que le había caracterizado desde mucho antes de alcanzar la categoría de mito en los altares de la burocracia. Pero ahora, a su imponente sobriedad se había sumado un aire ligeramente plomizo. Un tufillo a piloto automático que corría el riesgo de devenir apatía. O quizá era esta una percepción distorsionada por los prejuicios que se habían escuchado durante meses en los pasillos del ministerio.
Era el momento de dar la cara. Llevaba semanas ensayando sus diálogos. Sabía que este era un hueso muy duro de roer. En situaciones así, el éxito y el fracaso de una interpretación están separados por milímetros. Sobre sus cabezas colgaba un viejo cartel con la legendaria inscripción "Ventanilla Nº5"
Tragó saliva. Se mentalizó sobre la marcha. La vacilación es un lujo. La mejor defensa es un buen ataque.
- Buenos días, he venido a solicitar una cédula HGX-7 -dijo sin pestañear.
Don Cosme levantó fugazmente la mirada del montón de legajos que tenía entre manos. Durante un instante hubo contacto visual entre ambos.
Rápido y con el grado de insolencia justa. Había empezado bien.
El anciano funcionario volvió a hundir sus ojos entre papeles, dejando que transcurrieran un par de segundos antes de murmurar:
- De modo que una HGX-7, ¿eh?. ¿Ha traído toda la documentación pertinente?
Ni un músculo fuera de lugar. Cada palabra sonaba como si hubiera sido masticada en el interior de la faringe durante siglos antes de ser pronunciada. La cadencia era de una precisión tal que provocaba escalofríos. El reto que ese formidable oponente suponía era tan excepcional como estimulante.
- Por supuesto -sentenció sin amilanarse- tres sellos DK-9 de doce y cinco TR-4 de dos con cincuenta. El timbre Delta Verde, y los permisos Z correspondientes a los lunes. Los ocho.
Dejó escapar un leve tono triunfalista en su voz. La provocación estaba servida.
Don Cosme no consideró necesario dejar de cotejar mecánicamente los expedientes que diseccionaba con sus expertos dedos, pero era evidente que su concentración se había visto mermada, al menos por el momento.
- Cada sello requiere una autorización sectorial específica que...
- Lo sé. He dado por sentado lo de las autorizaciones. Es obvio que me he encargado de los trámites anexos a los párrafos 56 y 921 del artículo 13 de la LOBEI de 2001.
- Aquí no damos NADA por sentado, jovencito.
El énfasis había sido un punto a su favor. Don Cosme no había bramado, pero al menos matizaba. Todo iba según lo previsto.
- Espero que no haya olvidado que sin las correspondientes fotos recien...
- Tres por cada uno de los trámites -dijo como una ametralladora- Tamaño carnet, sobre fondo blanco y recien salidas del horno -se permitió incluso el descaro de chasquear la lengua- ¿Por quién me ha tomado? Yo he hecho los deberes, abuelo.
Si esto último no lo hacía reaccionar, nada lo haría.
Don Cosme cambió notablemente de color. Todo en él era furia contenida mientras se ajustaba las gafas. Luego, soltó todos los papeles con exquisito cuidado y con una mirada directa y fulminante espetó:
- Yo no soy su abuelo, pollo. Le sobra a usted alegría y ligereza y le falta un sobre tamaño...
- F45, aquí lo tengo.
- ¡No me interrumpa! -al fín había alzado la voz- También necesita un volante de certificación y un permiso de...
Por toda respuesta, sacó de su carpeta los formularios restantes y se abanicó con ellos sin el menor pudor.
Don Cosme se levantó de la silla -¡qué gran triunfo!- y gritó:
- ¿Y acaso pretende hacer todos estos trámites de una sola vez, mocoso de mier... jovenzuelo impertinente?
Ya podía saborear su éxito.
- Por supuesto, vejestorio.
El puñetazo en la mesa se escuchó en toda la planta.
- ¡Pues sepa, que según especifica la Disposición Adicional Quinta del Reglamento Interno de Trámites Relativos al Pago de Servicios Prestados un Lunes y No Establecidos A Priori en el Estatuto General, necesita usted una copia compulsada de una solicitud D-60 para la resolución por trámite únicoooooo!
Los ojos de Don Cosme estaban más vivos y llenos de odio que nunca. Todo su cuerpo temblaba como una lavadora en pleno centrifugado.
Aquello era más que suficiente. Decidió poner fín a la farsa con clase y discrección.
- ¡Ah! Pues eso sí que no lo tengo.
Don Cosme cogió todos sus papeles exultante.
- Pues sin eso, que tiene que recoger en la Dirección General de Resoluciones Estrafalarias, sita en la calle del Olvido, 340, todos estos papeles no sirven para nadaaaaa.
El célebre viejo rompió cada impreso en mil pedazos delante de sus narices antes de recuperar la compostura y finalizar con un seco ¡Buenos días!
En la planta baja fue recibido con vítores y aplausos prolongados.
- Enhorabuena -le dijo el jefe de personal- Ha conseguido usted que reaccionara como en sus mejores tiempos. ¡Qué vitalidad!
- Gracias, gracias... La verdad, me había preparado a conciencia.
- Ha sido un logro descomunal, amigo mío. Des-co-mu-nal. Lo hemos hablado entre todos y hemos acordado pagarle el triple de lo convenido.
- No sé que decir. Me siento muy honrado...
- No diga nada... ¡Es usted un artista! La señorita Larrañaga, allí en la caja, le pagará con este vale. ¡Tenga muy claro que le llamaremos de nuevo!
Una última duda le asaltó antes de retirarse.
- ¿Me permiten ustedes una pequeña observación?
- Usted dirá
- ¿No es un poco cruel todo esto?
- De ningún modo -atajó rápidamente el jefe de personal- Don Cosme es una institución reconocida en todo el aparato del Estado. El decano de nuestros funcionarios. Su intransigencia es motivo de universal envidia y unánimes alabanzas, vertidas desde los ministerios de todo el orbe. Pero ya nadie le presenta desafíos. La gente se achica ante su sola presencia. Así las cosas, el único modo de conseguir que mantenga su reputación sin mácula es contratando a gente como usted. Aunque he de decir que, hasta ahora, nadie había llegado tan lejos.
Ruborizado, recibió una ronda más de entusiastas elogios y se despidió de sus empleadores acompañándolos hasta la puerta.
Camino de la caja, no dejaba de pensar en la horrible tarea de Don Cosme, condenado de por vida a ser el dios que destruyera las esperanzas de los miles de sísifos que pasaban a diario por su mostrador.
La voz de la señorita Larrañaga le sacó de sus meditaciones.
- Disculpe caballero. Para hacer efectivo este pago necesito que me adjunte una cédula HGX-7.
-¿Perdón? ¿Cómo ha dicho?
- No se preocupe. Para obtenerla sólo tiene que solicitarla en la segunda planta. Ventanilla número cinco.

Nocturna dijo
Aun a riesgo de peligro por no tener la cédula HGX-7 para comentar en tú blog...te digo que conseguiste la primera sonrisa del día y la verdad es que para eso no hace falta ninguna cédula pero si algo de originalidad...Saludos de ...Noc_
10 Julio 2006 | 05:49 PM