Amigos...

¡Historias Urbanas de Ciudades Llamadas Cosmopolitas!
15 Junio 2008

23 Marzo 2008
De Rafael y Pili, lo último que llegué a saber fue que viven como pareja en Estambul. Ella colabora con ONG encargada del cuidado de animales abandonados. Todo ha sido así cómo te lo he contado. La relación con Efraín, terminó sin más; él optó por afianzar la suya con Francisco, que no llegó ni a ocho meses, luego intentó volver conmigo, pero ya no quedaba nada de lo que existía, era irreversible el daño. Es ahora cuando lo siento, hasta me he apoderado de la voz de ésta historia, gracias a quién la escribe; puedo contar las cosas tal y como las siento y como fueron vividas.
-Ahora estás tú frente a mí. Escuchando cada palabra que digo y que no podía guardar más.
-Creo que lo importante en estos momentos Yago, es que yo te quiero. Dijo Darío, mientras le abrazaba por la espalda
Era una habitación azul profundo y sólo una pequeña lámpara luchaba para poder iluminarla satisfactoriamente. Hacía algo de frío, pero no era problema cuando se está a gusto en pareja. La conversación continúo:
-Lo sé y a lo mejor esa mezcla inexplicable de felicidad y dolor efímero, es la que me hace hablar. Replicó Yago, dándose vuelta y trayendo consigo la parte del edredón con el que se abrigaba
Se detuvo a contemplar a Darío, a mirarle a los ojos. Sabía que era cierto, una vez más el amor podía suceder, tan sólo debía darse una oportunidad. Le besó en la mejilla muy cerca de los labios, mientras cerraba sus ojos y percibía el olor a madera que emergía de su cuerpo –le recordó por unos instantes al de su padre- y le agradó. Darío, le abrazó fuertemente y fue cuando nuestro protagonista pudo sentir la seguridad que le ofrecía aquel extraño hombre que era y sería parte de su vida.
5 Marzo 2008
De allí en adelante para Yago la reunión se convirtió en un monologo interno con voz en Off, -ya sabéis todos que a veces suele pasar-, reflexionaba acerca de la crueldad de la vida, de sus amores, pleitos familiares –ésos que nunca terminan- hasta que el pariente con quien los tienes muere y llegas a lamentar su ausencia en la mayoría de los casos -¡somos así!-, qué se le puede hacer.
Los otros chicos llegaron sonriendo, con miradas de picardía por algo que ellos, sólo sabían que habían hecho, a lo mejor iniciaban una relación o tan sólo la confirmaban y la mantenían en secreto. Éste no era el problema; las cosas se complican cuando crees que tienes la vida en calma y parece que has encontrado lo que buscabas. Aún, después de muchos años de relación, no llegas a pensar que algunas cosas puedan pasar. Recordé las letras de un maravilloso escritor que decía: “Uno tiene los polvos contados, y si no los usa, los pierde”, así de claro era el párrafo, pero lo que olvido decir acerca de ello, es que a veces es mejor perderlos que echarlos mal, y éste era mi caso. Por nada del mundo, compartiría fluidos –llamémosle así- con un tipo de persona, como la que tenía enfrente, lo peor de los casos, era que la persona por quien tenía un sentimiento sea capaz de hacerlo. No había opción, o mejor dicho sí que las había.
Terminaría de cenar con mis dos auténticos amigos y abandonaría las cosas en manos del tiempo. He visto que es quien siempre, pone las cosas en su lugar y la verdad es mejor poder verla a tiempo, no cuando ya no tienes opción ni fuerza para enfrentarlas, sino morir resignado y aguantar.
-Sonreí- Sí, no me juzguéis por ello. No olvidemos que la felicidad es un estado muy personal, que no debe depender de nadie, a lo mejor adaptable a las situaciones, pero siempre será algo muy íntimo.
Puse mi atención en la gentil Pili, en la que se produjo un cambio total de expresión al explicar, acerca de un supuesto artista que era capaz de dejar morir de inanición a un perro sin dueño en una exposición de Nicaragua. Era una de las defensoras que esto no ocurriera más y creó una página en INTERNET , para que todo él que deseara firmar en contra de ello pudiera hacerlo. Cosa que me pareció noble de su parte y más aún por los llamados “Sin Voz”…
3 Marzo 2008
Un amistoso camarero les recibió con una sonrisa y les invitó a pasar, el lugar hacía honor al modesto orgullo de los portugueses, sencillo con un toque elegante y una buena carta. Tomaron asiento en la primera mesa que les fue señalada por él, todas gozaban de una excelente vista de la ciudad. Pili y Rafael, algo incómodos, por tan suntuosa invitación a sabiendas que corría por cuenta de Yago. Francisco, algo excitado –en el buen sentido de la palabra- buscó asiento cerca de anfitrión, sin dejar en ningún momento de flirtear con él. El primero que jugaba con ventaja –llamémosle de ésta manera- no dejaba de pensar en las ironías de la vida y las situaciones que te ofrece para llevar a cabo las hazañas más extrañas de las que hayas podido realizar, más aún cuando el tema es el amor.
Pili dijo que iba al lavabo y Rafael al igual que ella, necesitaba ir también –era el momento preciso- para Yago, poder estar a solas con su pertinaz pretendiente.
-¿Dime Francisco, qué deseas hacer ésta noche? Yago, fue lo más directo que pudo
El joven le miró con cara de asombro y sonriendo a la vez
-¿Es acaso esto una proposición? Dijo mientras le miraba directamente a los ojos
-No lo es, tan sólo pretendo saber algo de tu vida, ¿si tienes a alguien?, esas pequeñas cosas que se pregunta la gente al conocerse.
Francisco, rió a carcajada, la que apagó a tiempo para no parecer estruendoso.
-En honor a la verdad, estoy saliendo con alguien que no termina de interesarme del todo –Digamos que se trata una especie de pasatiempo
Yago, trató de disimular su asombro. Sabía que estaba frente a alguien en cierta manera, llamémosle “peligroso”, una de ésas nuevas especies sueltas en la ciudad y que hacen de las suyas basándose en el poder que les otorga la belleza y simpatía efímera de la juventud.
-¿Entonces, quieres decir que no estás interesado del todo en él? -¿Es joven cómo tú?
-¡No lo es! Se trata de un editor de libros, algo creído para su edad, nada interesante
Dio la impresión de querer dejar el tema hasta ahí. Yago, casi no podía simular su disgusto entremezclado con cierta especie de mala alegría al escuchar los comentarios del joven por quién le había cambiado Efraín.
20 Febrero 2008
Rafael, ayudó a Pili a guardar su mochila en el maletero del coche de Yago, luego hizo lo mismo con la suya; ambos reían de sus anécdotas y sus escritos, los comentarios que se hacían uno al otro y de la inspiración que llegaba cuando le daba la gana, como un amante travieso, él, que se apodera de tu mente y luego se marcha una vez hecha su tarea.
Una vez dentro del coche, Pili con suspicacia femenina dejó que Francisco, ocupara el puesto delantero al lado de Yago. Le dirigió una mirada de complicidad a Rafael, quien entendió perfectamente el papel de celestinos que ambos compartían. Yago, por otro lado mantenía su mente ocupada con un torrente de pensamientos que ni el mismo entendía del todo.
Camino hacia el restaurante, la música fue la protagonista del silencio momentáneo de todos los ocupantes del coche; cada uno por su lado miraba perplejo las calles estrechas y pintorescas de Lisboa, aquella triste luz de la que tanto se habla y ese aire decadente que le hacen tan única, como una consorte unida al Atlántico por siempre al que rendía con beneplácito cualquier tipo de pleitesía. La radio del coche adlátere perfecto de tan especial momento. Yago, conducía despacio, no había prisa alguna, confirmando Pili los comentarios de los amigos madrileños acerca de la idiosincrasia de los portugueses.
Una versión de la famosa “La Vie en Rose” complementó la escena. Una versión en Fado de la misma, les ocasionó una especie de romántico estupor; fue en ése justo momento en el que Yago, le dirigió una mirada de cierta complacencia a su joven rival -ahora a su lado- e interesado sobremanera en su peculiar persona. Al detenerse frente al restaurante y con un –“hemos llegado”- Yago, detuvo su coche frente al mismo, mientras que el portero se apresuraba a abrir las puertas del mismo. Yago, entregó las llaves para que el vehículo fuera aparcado, una vez entre risas y palabras, éste les invitó a acceder al lugar. Se trataba de un lugar del más puro estilo Manuelino, llenos de hermosos capiteles iluminados de estratégica manera, lo que provocaba una placentera sensación a los ojos de nuestros personajes. Yago, satisfecho de la elección, al ver la cara de sus invitados, especialmente la de Francisco; que tomó sus manos para sonreírle complacido, ya que siempre había querido ir a aquel singular lugar…
2 Febrero 2008
“El amor siempre mueve los hilos de la vida, quieras o no. Al final todos parecen tener lo merecido. Luego culpan a la vida del resultado de sus acciones y de su desgracia. Pero en su momento, no se detuvieron a pensar el daño ocasionado por sus infidelidades y actos…” Nota del autor.
Una reunión realmente amena con mayor éxito del esperado. Charlaron de grandes escritores y de los pequeños, éstos que no llegan a ser memorables por su extraordinaria sencillez, pero que de una forma u otra, marcaron algún momento especial de nuestras vidas. Cine de autor. Entre otros. Yago realmente relajado, habiendo olvidado el dolor vivido la noche pasada. Que su bello y agradable rival, merecía un premio por su natural seducción con el público que le daba oídos, era realmente interesante escucharle –lo meditaba a momentos- con tal no perder ni una sola palabra. En cierta manera, pudo comprender a Efraín. Francisco, era un joven inteligente, guapo y con don de palabra. No obstante, al platicar de cualquier tema, no quitaba sus ojos de nuestro preciado Yago –creo que sentía una especie de afecto inesperado por él-. -ésta es tan solo mi opinión-.
Mientras que Pili, compartía asiento con Yago en un cómodo sofá marrón oscuro. Poco a poco todos pudieron expresar su opinión y quedo confirmado la calidad de personas que eran. No debemos olvidar el efecto desinhibidor del vino portugués, que comenzaba a hacer de las suyas.
Curioso es que todos los congregados, no podían simular su pasión por Kafka y Dostoyevski, llegaron a la conclusión unánime que eran los mejores y entre risas y comentarios jocosos, jugaron a cambiar la trama de alguno sus grandes libros, sin que esto representara ofensa intelectual alguna.
Decir que las horas transcurren muy rápido cuando se está a gusto, sonaría a repetitivo, pero necesito usar esta frase para mostraros, cómo se encontraban nuestros personajes. Por lo que no tuvo final allí, una invitación por parte de Yago a una cena en un restaurante con vistas a la romántica Lisboa, iniciaba otra fase en esta pequeña historia…
27 Enero 2008
Acicaló su cabello y se puso su chaqueta marrón dentro del coche, al ver su rostro en el pequeño espejo retrovisor, pudo ver a un hombre cansado y sus ojos tenían un aspecto triste –no era para menos- aún así, sonrió, para darse ánimos y salió del auto y se dirigió hacia donde se encontraban todos reunidos.
Al llegar allí, les pudo ver en el centro del salón, charlando animadamente y cada uno con sus maletas y bolsos aún. Brindaban. Sonreían. Estaban felices. Al dar cada paso, su corazón se lleno de una extraña alegría. Conocer a alguien al que conoces, pero nunca has abrazado, es una sensación extraña, pero le hacía sentir bien. Una vez allí, Pili fue la primera en abrazarle acaloradamente y darle unos cuantos besos.
-¡Al fin!... Mi Querido Yago. Dijo mientras besabas sus mejillas.
Rafael, esperaba por su turno, mientras tanto, su cara de felicidad lo decía todo, al estar frente a Yago, le abrazó fuertemente.
-Es un placer Yago –El mío también Rafael. Contestó Yago, mientras le abrazaba.
Yago, no había notado la presencia de una tercera persona allí, a parte de su encargado en el evento. Una vez disipada la alegría y con un poco de lucidez, no podía dar crédito a lo que veían sus ojos. Su cara de asombro fue notada por los demás, por lo que Pili, rompió el silencio, así la situación se tornaría más normal.
-Yago, este es mi amigo Francisco, del que te he hablado –Quiero que lo conozcas
Ambos estiraron sus manos derechas, pero la de Yago, temblaba ligeramente. No se podía creer que el hombre que tenía en frente era su rival, el hombre con el que Efraín le engañaba. Pensó en instantes, sí, él le conocía, pero, por su expresión de tranquilidad, creo que era ajeno a cualquier conocimiento, por lo que Yago disimuló, él tampoco conocerle.
Mientras Pili y Rafael, continuaban pletóricos y dispuestos a disfrutar del encuentro… La primera le miró con cierta malicia y complicidad, cómo queriendo preguntar si, su amigo era del gusto de Yago, pero no lo hizo.
23 Enero 2008
Pudo dormir apenas unas pocas horas. Cuando su mente cesó de pensar en lo sucedido. Al despertar, eran las diez y tantas de la mañana. Se incorporó rápidamente del sofá y corrió hacía el lavabo, con el fin de darse una buena ducha y sentirse despierto de un todo. Llegaría tarde a la cita, no había tiempo para ir al aeropuerto en busca de los invitados –ya lo haría otro encargado por él- olvidó llamarle para decirle que no asistiría, así que en ese mismo momento, tomó su teléfono móvil y llamó a uno de los encargados del evento. Deseaba saber, cómo iban las cosas y confirmarle que estaría en el salón de eventos dentro de 45 minutos aproximadamente.
Abrió el grifo del agua y dejo que la misma corriera un poco antes de estar en su punto, le gustaba que estuviera algo caliente. Aún se sentía fatigado y algo paranoico, no deseaba afligirse de esta manera, odiaba que sus pensamientos dependieran de una situación. Una vez bajo el agua tibia, enjabonó todo su cuerpo e hizo lo que desde su juventud resultaba un remedio a todo su estrés. La espuma del jabón proporcionada una grata sensación –como las mil caricias sobre su piel- su virilidad pedía a gritos ser vaciada y se dispuso a proporcionarse un grato orgasmo que le sacará del limbo donde se encontraba. Una vez consumado, dejo que el agua hiciera su tarea, lavara su cuerpo caliente por el placer y los restos de su naturaleza. El agua continuaba cayendo intensamente sobre su cabeza y de allí se distribuía por toda su preciada humanidad. Recostó la frente sobre la pared porcenalizada del baño y comenzó a llorar nuevamente. Tan solo fue un rato, porque luego salió corriendo en busca de la toalla que tenía a mano y se apresuró a secarse, puso algo de desodorante y un perfume de Vetiver sobre su cuerpo, antes de comenzar a vestirse.
Unos minutos después estaba camino al lugar donde estarían todos los invitados; él tendría que conocer uno a uno, antes de iniciar la charla de bienvenida. Sentía mucha ilusión al conocer a cada uno y desvelar quién era el dueño del blog llamado “¿Lo sabe tu madre?”. Un titulo algo sugestivo de lo vivido y que servía de consultorio sentimental y psicológico a todos sus lectores, entre ellos una gran amiga virtual de Madrid, llamada Pili, quien poseía un lugar en la red, con el fin de conseguir dueño a todos los animales abandonados del país –era una gran obra- según nuestro protagonista, y le conmovía enormemente esta labor llevada por esta joven chica. Otro era, Rafael, un joven divorciado, quien había decido contar su soledad a todo el que quisiera leerla. Pensaba en ellos, mientras aparcaba frente al sitio donde ocurriría el esperado encuentro… Rafael, era un chico español con residencia fija en Estambul.
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