La lata de piña
Hoy en el Trópico se ha terminado la comida. La nevera está poniendose morena y descongelándose en la orilla de la playa porque está de vacaciones. He hablado ya varias veces con el ministerio de de la Merienda pero ellos no saben nada, no se hacen responsables de la falta de "krispis" del tigre Tony, galletitas Yayitas ni pan de molde con Nocilla. Así andan mis subditos famélicos mirando las alturas desde el balcón.
De pronto,no se como ha llegado a mis manos un bote de piña natural de esas que no tienen ni azucar ni nada, "en su jugo" pone. Ser o no ser, esa es la cuestión, ser una persona-alimaña que come cosas que tienen pinta de equilibradas o no serlo y continuar con mis principios de nutrición basada en hiperglucemias constantes...
Esta noticia de la lata de piña ha corrido como la polvora por todo el palacio y todos están espectantes esperando que dicte la sentencia. Aquí, en el Trópico, hace tiempo que los druídas que fundaron esta tierra acordaron la sustitución de las tres comidas (desayuno, merienda y cena)por cuatro meriendas, aunque hay algunos que han decidido consagrar su vida a merendar y se llevan todo el día practicando. Ante esta situación todos miran muy de cerca cual será mi actitud ante tal alimento de bajo valor calórico.
Reflexionando en mi espacio-guarida, de pronto me veo sobresaltada por la aparición de "La Sombra". Esta personaje vive en las afueras del trópico porque hace tiempo que le dió la espalda a la nación sarantrópica y a su modo de vida. Se acercó a mi con rostro lánguido que parece estar diciendo "hola soy un apio" y alargó su escuálido brazo celeste hacia mí. -No lo pienses más joven Empretriz- me dijo -Se que tienes la lata- Mi cara fue de sorpresa total, aquella siniestra personilla me daría la solución
